Espero que lo disfruten...
Cuando Bobby decidió comenzar con sus prácticas de físico culturismo a sus padres no les gustó la idea para nada, pero contó con el apoyo de su futuro suegro, Ben, quien cuando joven también fue culturista y participó en varios eventos hasta que renunció al casarse y tener dos hijos, dedicándose al negocio de la construcción, donde ahora, Tony, su hijo mayor, le asistía. Eso fue lo segundo que molestó a los padres de Bobby, con tan sólo dieciocho años, era tanta su admiración por Ben que le instruía desde los quince años en el gimnasio cercano, que se enamoró y casó con su hija, Alice.
Con la noticia, los padres de Bobby se llevaron las manos a la cabeza. Legalmente era adulto, pero Bobby apenas podía mantenerse y Alice era tan insensata como él. La pareja parecía creer que de alguna manera saldrían adelante, eso sin tener ningún plan fijo. Unas veces se quedaban con su familia, otras en casa de Ben, mientras todavía estudiaban. Incluso a Ben le disgustó, él deseaba que Alice estudiara y se preparara antes, pero a la chica el joven fornido y de atractivo corpachón terminó cnvenciéndola de abrirse de piernas.
A Bobby le gustaba quedarse en casa de Ben, quien se calmó y se interesó en su desempeño como culturista, eso después de que se le pasara la rabia por la boda, por llevarse de esa manera a su dulce e inocente niña (quien era una gata salvaje en la cama, a quien el muchacho apenas podía seguirle la marcha).
A Bobby le agradaba ese tipo de cuarenta y cuatro años, fornido y masculino que era la envidia de muchos hombres más jóvenes, y el cual entendía su fascinación con el culturismo. Cuando Bobby se lo comentaba, Ben reía feliz de la vida, quitándose la camisa y mostrando el ancho pecho, exclamando que antes era por el gimnasio pero otra era obra del trabajo duro en la construcción; y el joven debía admitir que sí, que sus pectorales poderosos y sus brazos musculosos hablaban de esfuerzo físico. El hombre, con su cabello negro, su aire italiano, la sombra de barba y su piel muy bronceada de una vida de trabajo bajo el sol, le daban un aire de capataz de construcciones.
Para alegría de Bobby, Ben parecía pensar que también él estaba muy bien hecho para sus dieciocho años, casi diecinueve. Claro, no era como su suegro o su cuñado Tony; ellos eran velludos y morenos, Bobby apenas tenía una pelusa clara en el cuerpo, como su cabello rubio oscuro que usaba al estilo rape militar. Ben y Tony le decían siempre “lindo”. En algunas exhibiciones donde se había presentado, con su cuerpo aceitado y sus pequeñas y ajustadas trusas, aún desfilando entre muchos otros hombres guapos y bien constituidos, Bobby era conocido como el “niño bonito” por sus ojos azules y sus labios carnosos. El muchacho estaba orgulloso de su cintura estrecha, sus hombros anchos, su torso esbeltamente musculoso… aunque le preocupaban sus nalgas redondas.
Para él era mortificante que mientras otros competidores desarrollaban muslos y espaldas, él destacaba como el culón. Sus nalgas eran dos enormes masas tersas y firmes, cinceladas por el ejercicio, de un color blanco puro y suave. En parte era genética, su madre era culona, pero el resto era debido a su dedicación en el ejercicio.
Como muestra de apoyo a su reciente yerno, Ben siempre asistía a las competiciones para aplaudirle, ya que a Alice esas cosas le repugnaban. También le acompañaba a un gimnasio cercano donde los dos realizaban algunas rutinas. Fue así, durante unas competencias en un poblado cercano, que a los dos hombres les tocó compartir una habitación. Fue una prueba intensa donde Bobby, todo sonreído, recibió el aplauso del público, aunque no había puntuación, era tan sólo una exhibición. Con el pecho henchido de orgullo, el joven regresó a la habitación para tomar una larga ducha y quitarse los aceites del evento, así como el sudor, los talcos y otras cosas. Cuando salió envuelto en una toalla, Ben entraba y parecía complacido.
-Le fue bien, yerno. Le felicito.
-Gracias. –le sonrió orgulloso por su aprobación, algo que extrañaba de su propio padre.
-Voy a tomar una ducha. Oye, Tony viene para que nos tomemos una copa, ¿puedes esperarle para abrirle cuando llegue?
-Claro, suegro. –respondió sonriendo. Le agradaba también su cuñado.
Mientras Ben entraba al cuarto de baño, y antes de que le diera tiempo de vestirse, llamaron a la puerta. Botando aire, Bobby abre, seguro que se trata de Tony, quien es, en efecto. Tony era cuatro años mayor que Bobby, pero era tan fornido y masculino como su padre. Era un hombre realmente llamativo para las mujeres, con su cuerpo musculoso, una barba en candado corta y unas manos enormes.
-Hola, Bobby. Papá dice que te fue bien, sabía que así sería con ese cuerpo… -saludó con una sonrisa pícara mientras recorría el cuerpo alto y fornido del cuñado envuelto en la pequeña toalla, al tiempo que dejaba sobre una mesa una botella de whisky y una bolsa pequeña.
-Hola, Tony, ¿cómo estás? –sonriendo le tendió una mano, pero el cuñado le sorprende dándole un rápido abrazo, fuerte, pegando su mejilla rugosa de barba del joven lampiño mientras sus manos grandes y caliente recorren la espalda ancha del más joven.
-Déjame vestirme. –susurra algo acalorado Bobby, una vez que Tony le suelta.
-No, no, tranquilo. Quisiera ver tu progreso.
Bobby, confuso, se pregunta de qué habla Tony, quien sirve dos copas, antes de sonreír torvo, agarrar la toalla y halarla. Bobby enrojeció como un ladrillo aunque, después de todo, Tony le había visto muchas veces semi desnudo posando en trusa.
-Gran cuerpo, cuñado… -le recorre con la mirada.- ¿Y papá?
-Tomando una ducha.
-Oye, ¿no hay hielo?
-Claro. –Bobby dudó en moverse desnudo como estaba, pero fue a la pequeña nevera dándole al cuñado una buena visión de su culo.
Sin quitarle la vista de encima, Tony se hace con el pequeño frasco que le dio su padre de un bolsillo de la chaqueta, lo destapa, oprime la goma del gotero, lo saca y lo lleva a uno de los vasos; vigilando a Bobby que busca en la neverita, deja caer diez gotas. Guarda rápidamente todo mientras Bobby regresa sin darse cuenta de nada. Tony deja caer dos cubos en cada vaso.
-A tu salud. –sonríe con todos sus dientes.
-Gracias. –susurra la mar de confuso e incómodo Bobby, tomando la copa de un licor que no le gusta mucho, expuesto totalmente a los ojos de su cuñado. Lo bebe y el licor le quema, mucho, despertando una oleada cálida en sus entrañas.
-Te traje un regalo. Para tu próxima competencia. –sonríe abiertamente Tony, dejando su copa, tomando la bolsa y arrojándosela al muchacho.- ¿Otra copa?
-No lo sé, Tony, no debería beber. Tú sabes.
-Oh, vamos, sólo otro vaso. Yo ya me he tomado cuatro y no me gusta beber solo. –llena las dos copas y Bobby lo bebé algo forzado por las circunstancias.- Oye, posa para mí. Déjame ver cómo va ese cuerpo.
-¿Desnudo?
-Deja las tonterías. Somos hombres, ¿no?
A regañadientes, Bobby comienza una rutina de poses, flexionando los brazos, abultando los bíceps, girando la espalda y apretando sus piernas logrando que su culo suba viéndose aún más redondo.
-Hermoso… -comenta Tony, voz oscura, mirándolo de arriba abajo.- Apuesto que tienes a todas las mujeres de tu escuela loquitas por ti. Si no estuviera mi hermana seguro que te gastas la verga en tantas citas, ¿no?
-Pues, no, no es así. –Bobby enrojece. Era cierto que muchas chicas y mujeres que conocía deseaban tirársele encima, pero él siempre había sido my retraído y tímido, sólo Alice había logrado penetrar esas murallas.
-¿En serio? ¿No eres un perro huele vaginas como papá y yo? Creo que mi hermanita tiene suerte contigo. –en ese momento, con total sincronía, Ben sale del cuarto de baño envuelto también con una toalla, todo su enorme cuerpo todavía un poco húmedo, la gotitas de agua brillaban en su torso velludo.
-¿Suerte? ¿De qué hablan? –pregunta caminando hacia la botella, tomando un tercer vaso y sirviéndose algo de whisky, como si encontrarse al yerno totalmente desnudo y posándole al hijo no tuviera nada de extraño.
-De puticas, claro está. –rió Tony sirviéndose otro y entregándole uno al dudoso y enrojecido Bobby.
-¿Qué hay en esa bolsa? –pregunta Ben, señalando la bolsa en manos del yerno.
-Un regalo para Bobby. Ábrelo, cuñado.
El joven lo toma, mira y frunce el ceño, vuelve la bolsita y algo cae en su mano, no está seguro de qué es hasta que la brillante telita se abre.
-¿Que coño es esto? –preguntó Bobby.
-Es una trusa nueva para que la uses en tus exhibiciones. –respondió con entusiasmo.
El joven deja caer la bolsa en la cama, mete los dedos en los tirantes de la prenda y la mira fijamente. Era de un azul intenso que hacía juego con sus ojos, pero no era algo que usaría en una exhibición, era increíblemente pequeña y…
-Pero Tony, esto no es una trusa de exhibición. Es demasiado pequeña. Mira la parte posterior, esto apenas cubriría mis nalgas. Ni siquiera creo que sea algo para un hombre… parece una tanga de chica.
-¿En serio? –preguntó compungido.- No lo sabía, tan sólo la vi y la tomé en la tienda. Bueno, si no te gusta supongo que puedes echarla a la basura, no hay devoluciones en esa tienda. –y miraba a su padre con una mirada de entendimiento que Bobby no podía entender.
-Bobby, hijo, es un regalo honesto y de corazón de tu cuñado, no puedes botarla. Intenta ponértela y vemos. –acota Ben.
El joven, sintiéndose cada vez más acalorado y no sabía por qué, decidió que lo mejor era ponérsela, que vieran que era una tanga de mujer y pudieran pasar a otro tema. Así que la abrió y metió sus musculosas piernas donde se suponía que debía hacerlo. Era inquietantemente chica, aunque elástica, amoldándose a su paquete y sobre sus nalgas.
-Ven acá, déjame ver cómo te queda. –llama Tony.
Se acerca y casi da un bote sobre sus pies desnudos cuando Tony mete sus dedos por las tiritas de las caderas, subiéndola más. El frente es pequeño, casi dejando ver el nacimiento de los recortados pelos púbicos; Tony, mirándola, metió una mano acomodando sus genitales para que colgaran con gracia. Bobby enrojeció de sorpresa pero no quería parecer mojigato, aunque se sentía todo cortado. La verdad es que no estaba tan bien dotado en ese aspecto. Sí, su verga era de tamaño regular, pero en las fotografías de exhibición de su suegro parecía que su verga estaba a punto de hacer estallar el frente de sus trusas. Era posible ver incluso la suave silueta de su verga y sus bolas más abajo.
Tony deslizó sus dedos debajo de los tirantes de la tanga sobre sus caderas, volviéndose hacia su espalda. Un dedo recio y caliente corrió por los bordes de la prenda, sobre su nalga derecha, halándola y metiéndosela dentro de las nalgas… junto con su dedo. Ahora las nalgas estaban semi cubierta una, desnuda la otra, mientras toda la tela de ese lado se tensaba dentro de la raja del muchacho. Volviéndose frente al cuñado, Tony cruza los brazos por sus caderas y sus manos abiertas recorren ahora esas nalgas turgentes, tersas y lisitas, hasta que sus dedos van a la raja entre ellas y las yemas de los dedos acaricien fantasmalmente sobre la entrada de su culo. Dejándole, Tony da un paso atrás y Bobby tiembla de pronto, sintiéndose débil y frágil.
-Mierda, papá, mira esa vaina.-exclamó riente, y Bobby imaginaba que quería decir que aunque la prenda era bonita, realmente no era una que usaría un hombre grande y musculoso como él para una exhibición.
-Ya lo veo, hijo. –comenta Ben sirviéndose otro whisky, sin apartar los ojos de su joven yerno, tomando asiento sobre una de las dos camas.
-¿Qué te parece, papa?
Confuso, Bobby se vuelve hacia su suegro, quien sentado cómodamente sobre las almohadas, muy abierto de piernas, sonríe divertido, mientras con una mano medio acomoda la tolla que cubre su cintura. Pero no lo hizo bien, notó Bobby con un estremecimiento, en el fondo de la tolla podía ver sobresaliendo la rojiza cabella de una verga grande. El muchacho imagina que la toalla era demasiado corta para ocultar todo su asunto.
-Creo que Bobby se ve realmente dulce usando esa tanga, hijo. –le responde a Tony, mirando intensamente a Bobby, acomodándose mejor sobre la cama, dejando ver más de su verga blanca medio morcilluda.
Las manos de Tony, grandes, callosas y rudas caen sobre la cintura de Bobby, obligándole a volverse hacia Ben, mientras le daba la espalda a él, deslizando otra vez el dorso de una mano sobre sus nalgas, llevando la punta de sus dedos a la raja.
-Si, papá, se ve realmente dulce. –su voz era burlona, sus dedos tocaban suavemente sobre la entrada del culo.- Bobby, ¿te afeitas el culo? Imagino que para la competencia, ¿no?
-Si… -tan sólo pudo graznar, esos dedos tocaban, la verga de Ben parecía más consistente ahora.
-¿Cómo lo haces?
-Me las arreglo. Alice me ha ayudado un par de veces.
-¿Ah, si? –y estalla en risas.- ¿Puedes imaginar a Alice depilándole el culo a su marido, papá?
-¡Pobre chica! –grazna el mayor.
-Bueno, ¿y cómo hago? –pregunta, algo incómodo, Bobby, volviéndose sobre un hombro y mirando a Tony, quien sonríe sin detener el roce de los dedos entre sus nalgas.
-Podrías pedirle ayuda a papa o a mí, cuñado. Para eso es la familia. ¿Quieres que vea si están bien recortados?
-¿Qué…? –comienza Bobby pero Tony le aclara lo que quiere decir.
Antes de que pudiera reaccionar, sintiéndose pesado y algo embotado, Tony le empujó por la espalda hacia delante, por lo que Bobby cae de rodillas sobre la cama. Atrapando sus caderas, Tony hala hacia atrás, exponiendo más de esas nalgas musculosas, obligando al joven a apoyar las manos sobre la cama para no caer sobre Ben, quedando en cuatro patas, con la cara muy cerca del entrepiernas del suegro, el cual abrió sus piernas dejándole mirar más de su verga más erecta ahora, colgando, con las bolas más abajo, peludas, apoyadas sobre la almohada.
Confuso como estaba, Bobby abrió mucho sus ojos mirándola crecer, impresionado, preguntándose cuánto mediría ese monstruo una vez duro. Pero no pudo concentrarse en el problema ya que a sus espalda, mejor dicho frente a su culo, Tony rió gruesamente, mientras metía un dedo entre sus nalgas, atrapando un borde de la tanga y halando tan sólo un poco exponiéndole por fin el redondo, rosado y depilado culo.
El corazón de Bobby bombeaba a toda máquina, estaba aterrado, sorprendido y caliente. Una calentura que le nacía en las entrañas y le hacía respirar más de prisa. Casi pega un bote cuando una enorme mano de Ben cae sobre su nuca, acariciándole el sedoso y corto cabello.
-Relájese, yerno, su cuñado tan sólo quiere comprobar que esté preparado para su prueba de fuego.
-Oye, papá… -la voz de Tony era ronca, bañando con su aliento el culo de Bobby que se estremecía.- ¿Recuerdas aquella catira caliente que tú y yo castigamos con nuestras vergas en Las Vegas hace dos meses? Bobby tiene un culito más dulce todavía, parece un lindo coño afeitado.
-Ah, si, me acuerdo de ella. La muy perra gritaba como loca ensartada entre nuestras vergas, pidiendo más y más. –comentó, y mientras lo hacía, Bobby notaba como su güevo parece engordar y alargarse más, tal vez afectado por el recuerdo.
-¿Y por qué no iba a estar en la gloria? –rió Tony, pasando su pulgar una y otra vez sobre el titilante culo virgen de su cuñado.- La chica se había ganado dos buenas vergas italianas que alimentaron su dulce coño toda la noche. Y mira que ese coño parecía hambriento…
Ben rió también, estimulado por el recuerdo, acariciando todavía la nuca de su yerno, mientras con la otra mano atrapaba la base de su güevo definitivamente más largo y grueso, asombrando al muchacho de lo grande que iba descubriéndose. Era una vaina gruesa, nervuda y blanca rojiza que se veía palpitante. Bobby vio, hipnotizado, como esa mano subió, cubriendo el glande rojizo, y bajó, descubriéndolo, permitiendo que una gota transparente y espesa rodara del ojete.
-Joder, cómo quiero comerme un rico coño de hembra caliente… -gruñó Tony y Bobby casi grita cuando siente que algo húmedo, consistente y flexible se pega de la entrada de su culo.
Sorprendido se vuelve a mirar, pero sólo ve el negro cabello del cuñado antes de que la recia mano de Ben le obligue a regresar el rostro. Para ese momento su verga estaba totalmente erecta, botando calor y olores fuertes, una erección imponente frente al rostro del confuso muchacho. Cuando va a preguntar qué pensaban hacer, Bobby se tensa y contiene un jadeo, esa cosa húmeda y caliente estaba cepillándole la entrada del culo y parecía querer clavársele. Era increíble, pensó Bobby con el corazón palpitante y su propio tolete medio duro dentro de la tanga; Tony, su cuñado, estaba comiéndole el culo, pasando vorazmente su lengua una y otra vez, abriéndole con los pulgares e intentando metérsela por ahí.
Gritó y debió sostenerse de sus manos para no caer cuando esa cosa babosa y reptante logró entrar, lengüeteado y azotándole. El muchacho abrió las piernas y bajó el rostro para levantar el culo, totalmente sorprendido de lo caliente que estaba, de lo excitante que era esa cosa. La lengua entraba y entraba mientras la boca besaba, chupaba y le dejaba lleno de saliva caliente. Bobby gimió largamente, agónico, recorrido por el intenso placer.
-¿Te gusta, yerno? ¿Te gusta sentir tu coño bien atendido por un hombre? –rió ronco, Ben, acariciándole el rostro al muchacho, disfrutando de ver sus dulces mejillas rojas y su mirada nublada de lujuria.- A Tony le encanta comerle los coños a todas sus putas antes de llenarlas de güevo… -informa mientras se masturba y ofrece su enorme tranca erecta.- Tienes suerte, muchacho, Tony va a desvirgarte y te hará subir al cielo de las putas felices.
Y Bobby, tragando saliva, siente que su culo se contrae con un fuerte espasmo de anticipación.
CONTINUARÁ... 2

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