Una grabación… Bobby estaría perdido.
Riendo como una hiena, mientras Bobby tomaba la posición indicada, Tony se apresuró a ir a su dormitorio, regresando casi enseguida con su pequeña cámara digital, deshaciéndose también de sus pantaloncillos.
El rubio culturista, confuso pero excitado viendo esas tres vergas nuevamente duras, por él, se medio sienta en el respaldo del sofá, tomando con una mano sus bolas, halándolas, exponiendo más de su rojo y lampiño culo.
-Eso es, muchacho. –gruñe Ben.- Abre más la otra pierna. Queremos ver bien ese rico coño afeitado entre tus muslos musculosos.
-¿Te lo imaginas con una pantaletica, papá? ¿Una tanguita de encajes metida entre las nalgas y que apenas cubra su culo? –ríe Tony, ronco, enfocando a su cuñado con la cámara.
Sintiendo un hormigueo por todo su cuerpo, el muchacho obedece a su suegro.
-Ahora junta las piernas, cubriéndote entre ellas las bolas. Queremos ver tan sólo ese coño rico. –ordena Leo, ojos brillantes.
Sonaba tan extravagante, piensa el muchacho, pero obedece, medio ladeándose, subiendo más sus genitales, cubriéndolos entre sus muslos, dejando a la vista sus nalgas redondas y plenas, así como el agujero dilatado entre ellas.
-Joder, es tan caliente. Parece el coño de una mujer. –gruñe Tony.
-Es mejor todavía, tan sedoso, caliente y apretado. –concede Ben.
-Eso es, chico, tu coño es perfecto. Ahora, con un dedo, acaríciatelo… si, así. Hunde ese dedo. Anda, mételo. Oh, si, te gusta, ¿verdad? ¿Te gusta meterte un dedo en tu coño caliente? –pregunta Leo, mientras el muchacho obedece, sintiéndose mareado.- Eso es, cógete con él, date como te gusta; mira esa cara, parece una perra posando en Hustler.
Bobby nunca había hecho eso antes, ni soñarlo, pero trata de recordar todo lo que puede de esas revistas pornos de tías guarras. Lentamente se lleva el dedo travieso a los labios, mojándolo y regresándolo a su agujero de amor, recorriendo con él los rojos labios hinchados, lo hunde y siente su culo mojado y pastoso por las corridas de esos cinco hombres en su interior. Y no puede negárselo, meterse el dedo le excita.
-¡Joder! –gruñe Tony, grabando.- Realmente parece una hembra caliente. Miren lo hinchado de su vulva. Cuñadito, serás un culturista grande y forrado de músculos, pero tu culo es un coñito afeitado de puta muy hambriento de güevos.
Gimiendo mientras su propio dedo se hunde, explora, frota y toca, Bobby mira a esos tres hombres que le rodean, con las vergas erectas, masturbándose cada uno de ellos. Tony comienza a respirar con dificultad, dándose más y más rápido sobre la tranca, acercándose, temblando y gritando mientras se corre, cruzando con su espesa carga de semen caliente y oloroso la raja del culo y la entrada del mismo de su rubio cuñado. Antes de terminar sus corridas, gimiendo como un animal, el moreno y sexy italo-americano dobla sus rodillas, mete la cabeza de su verga por allí y Bobby grita al sentir los últimos chorros de leche de su cuñado filtrándose en su interior. Es tan caliente, tan abundante, tan… vicioso, que sus entrañas se estremecen todas.
Ben, por su parte, ojos brillantes de lujuria mirando lo que su hijo le hace a su yerno, se acerca al bonito rostro del rubio y empuja su verga en esa boca de labios entre abiertos, antes de correrse chorro tras chorro, llenándole la boca con su cremosa leche caliente. Tragando con dificultad, tanta lujuria le tenía mal, Bobby pensó en lo curioso de su situación, estaban llenando de semen sus dos aberturas opuestas.
Con un gruñido salvaje y uniéndose al resto, Leo aparta a Tony casi de un empujón, metiendo bruscamente su largo, grueso y tieso tolete en lo más profundo del mojado y lleno culo de Bobby, liberando una y otra carga de esperma en sus entrañas. Tanto él como Ben no dejan de bombear en los dos agujeros del rubio y joven culturista, al mismo tiempo, mientras el muchacho se retorcía entre ellos de puro placer, uno que jamás antes había conocido. Ignora que es el placer de una perra que descubre que su vida está dedicada a servir a los hombres de verdad, sitiándose satisfecha en la tarea.
Finalmente ambos se retiran, dejando al muchacho nadando en esperma, su culo rojo chorrea bastante, de sus labios escapan algunas gotas hacia la barbilla, estaba totalmente agotado, pero sintiéndose ligero y relajado como nunca antes en su vida. Sonriendo, Leo todavía le levanta una pierna antes de darle una sonora nalgada, provocando que chorreara más semen de su agujerito rojo y afeitado.
-Maldita sea, nena; eres una perra verdaderamente caliente. Nunca había conocido una puta tan ardiente. Dios, es mejor que me vaya antes de que comencemos de nuevo y me dejes totalmente seco. Tengo muchas cosas que controlar para el gimnasio mañana.
-Gracias por venir, Leo. Sé que mi querido yerno está muy agradecido también, le hemos dado el mejor cumpleaños de su vida. –sonríe Ben.
-No hay problema. ¿Los veré en el gimnasio esta semana…?
-Por supuesto, hombre. –responde Ben, mirando a su yerno.- A mi querido muchacho sé que le encantará.
Mientras Leo recoge sus ropas, vistiéndose, despidiéndose otra vez y saliendo, Tony bosteza con aspavientos.
-Joder, Bobby me dejó agotado. Creo que voy a ir a recostarme un poco. –sonríe pícaro a su cuñado.- Nos vemos mas tarde, perra… -y abandona la sala.
Bobby toma asiento, sintiéndose adolorido del culo ahora. Incómodo al estar a solas con su suegro, el papá de su esposa.
El hombre le mira fijamente, sonriendo torvo. Cuando decidió emputecer a su yerno, jamás imaginó que resultaría terminando en semejante bestia sexual. Eso no se debía a esas gotitas ácidas que hacían arder el culo, todo eso estaba oculto en el bonito, alto y musculoso muchacho. Debajo de toda esa facha de machito fornido vivía una putita en celo. Y era bueno para él. Le había prometido un buen bono a Raúl por su cumpleaños, que Bobby ignora había sido ayer, y se lo había dado. Disfrutándolo también él, de paso. Ahora había llegado a un acuerdo con Leo para usar su gimnasio, así como algunos de sus empleados. Y pagó es especias, con el dulce culito de su yerno. No estaba mal.
-Ven acá, muchacho. –ronco le atrapa una mano, halándole, poniéndole de pies y abrazándole con fuerza.- Feliz cumpleaños otra vez, hijito… -sus manos enormes bajan a esas nalgas turgentes, redondas, halándolas, llevando la punta de sus dedos a la raja entre ellas, sobre el ojete hinchado, acariciándolo.- Ahora por una ducha y a descansar. Tu mujer debe estar por llegar. Esta semana… será intensa, te lo advierto.
……
Después de su “memorable” fiesta de cumpleaños, a Bobby, un joven de apenas diecinueve años, le llevó tan sólo dos días para recuperarse de las “celebraciones”. Más específicamente a su culo. No era que le habían roto o nada de eso, pero todavía podía recordar vividamente, cada vez que tomaba asiento por ejemplo, lo que fue la invasión de todas esas enormes vergas dentro de él, dilatándole, llenándole de machos, dejándoselo repleto de semen caliente y espeso.
Ahora debía reconsiderar todo lo que era su vida. Los bruscos cambios que había dado en tan poco tiempo. Dos semanas antes había sido un chico como cualquiera, recién graduado del bachillerato y comenzando una carrera de Educación Física en la universidad, casado muy joven, sin entradas de dinero propias y arrimado en la casa del suegro. Ahora, apenas dos semanas más tarde, era otro. Aparentemente un chico a quien le gustaban, tal vez demasiado, los güevos. Cuando le sometieron esos hombres, llenando sus agujeros, cabalgándole, vaciando sus testículos en él, algo había hecho clic en su cabeza. No podía decir si era gay, lo que si sabía era que poseía un afeitado, rojo y ardiente culo hambriento de hombres entre sus nalgas. Y amaba que estos disparan su semen dentro de él. Era la verdad.
También entendió que debía ser más prudente y responsable. Lo ocurrido con Ben y Tony, su suegro y cuñado respectivamente, padre y hermano de Alice, su esposa, respectivamente, no debía repetirse. Era… faltarle el respeto a su mujer. Debía moverse, preguntar, buscar un empleo y mudarse con su esposa (era difícil mantenerse firme en sus resoluciones en esa casa cuando el guarro de Tony insistía en salir del cuarto de baño, todo húmedo, envuelto en una pequeña toalla donde era visible un bulto medio duro). Debía buscar un empleo, era lo primero que tenía que hacer.
Se le ocurrió que una vez una amiga fotógrafa le había dicho que con su pinta, sería un estupendo modelo masculino, no de los delgados y andróginos, sino de los recios y viriles, de los machos (bueno, al menos antes de que varias vergas penetraran su culo); tal vez hubiera futuro para él en ello.
Lleno de determinación fue a algunas agencias, envió fotografías (nada de él sin ropas o posando, algo le decía que no era buena idea), y recorrió oficinas esperando entrevistas.
El jueves por la tarde, mientras esperaba ser atendido por una mujer de modales displicentes (no parecía bien intencionada dado su físico como si se mostraron otras y otros), el teléfono móvil timbra en su cadera. Lo toma y contiene la respiración.
-¿Aló?
-Ey, Bobby… -era Ben.- Escucha, pensé que esta noche podríamos pasar por el gimnasio de Leo como le prometimos. Me llamó esta mañana para recordármelo. –el corazón del muchacho comienza a bombear con fuerza.- Termino de trabajar alrededor de las siete, podríamos encontrados allí. Me dijo que estaría presente y que nos puede dar algunas lecciones. Será un buen entrenamiento.
-No lo sé, suegro…
-Oh, vamos, Bobby… Hazlo por tu papi.
-Me gustaría, pero… -el tono de voz, las palabras, le hacen temblar.- …Ando sin ninguno de mis atuendos deportivos y no creo que salga de aquí temprano.
-No te preocupes, bebé… -y el muchacho debe contener un jadeo.- Pasaré por casa y recogeré algunas de tus cosas, igual que las mías. Nos vemos allá.
Y antes de que el joven y rubio culturista pueda responder algo, ya ha colgado. El corazón de Bobby late con fuerza de infarto… porque le arde todo, comenzando por la verga, pero más intensamente su culo. Algo en la voz de su suegro… Y si, su culo se estremece de anticipación, con cálidas pulsaciones, deseando ser alimentado con un buen pedazo de carne dura y una buena regada de leche caliente. Tal pensamiento le pone totalmente cachondo aunque no lo desea. Pero no puede engañarse.
Lo mejor era no presentarse. Pero… No lo sabe con certeza, pero algo en su cabeza le decía que, decidiera lo que decidiera, sería algo definitivo en su futuro.
¿Deseaba una vida de ser sometido por machos altos, musculosos y velludos que le trataran como a una puta caliente? No lo sabe…
CONTINUARÁ... 12

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