domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 33


-Abre tu coño para mí, bebé. –le ordena Bill, atrapando sus tobillos y alzándolos, juntos, llevándolos casi sobre la cara del culturista, medio ladeándole, alzándole las nalgas, su agujero apenas cubierto, dejándole oculto entre los muslos el saco con las bolas.- Maldita sea, mira esa raja lisita, y ese culo grande y abierto. Tu coño todavía tiene hambre, ¿verdad, nena? Bueno, Bill se hará cargo de eso; pero anda, preciosa, ábretelo, muéstrale tu coño color rosa a Bill. –le pide galantemente.

Las palabras, el trato y la calentura tienen a Bobby totalmente entregado. Y llevando las manos a sus nalgas, acerca los dedos a su raja interglútea, atrapando con uno de ellos la tirita de la tanga, apartándola, y con el resto hala de sus pliegues lisos y lampiños, abriéndose. Casi traga en seco cuando nota el tensar de Bill ante la visión de su culo abierto, titilante, manando todavía semen de uno de sus mejores amigos, cuyo olor fuerte llena la sala, intoxicándoles a los dos que lo perciben totalmente. Y tal vez era la visión de ese abierto coño de chico que esperaba con ansiedad su verga, o por la idea de que Mark la tuvo metida allí poco antes, abriéndolo, llenándolo, corriéndose y su esperma goteando aún, lenta y espesa, y él estaba a punto de metérsela también, introduciéndola donde la tuvo Mark poco antes, deslizándola fácil usando su semen, pero como sea la verga de Bill parece crecer todavía más.

Y Bobby ronronea sobre el mueble, esperándole, muriéndose de calor y ganas, con el enorme deseo de satisfacer a ese hombre grande y poderoso, pero buscando también sentir el placer indescriptible de tenerla adentro, cabalgándole. Quería esa impresionante pieza abriéndole, penetrándole. Sentirla. Todo él exuda lujuria, una que afectaría a cualquier hombre, aún a su padre si estuviera allí, o a sus hermanos si los tuviera. Bobby era la viva imagen del deseo carnal.

¡Su suegro habría estado tan contento y orgulloso de verlo así!

La amoratada y lisa cabeza se frota de la rojiza entrada, que se abre y tiembla de manera ansiosa como dándole la bienvenida, ante las miradas lujuriosas de todos, que se acercan a ver.

-Por favor, bebé, abre un poco más tu dulce coño para mí. –pide Bill.

Bobby tiembla mientras lo hace, rojo de mejillas, ojos brillantes de lujuria, la viva imagen del deseo. Mark, tendiendo un brazo sobre su forzudo cuerpo ladeado, acerca a los labios de Bill la botella de tequila, quien toma un muy largo trago, sin dejar de mirar al rubio por un segundo, enloqueciéndole frotando de arriba abajo su glande de la palpitante entrada. Ese roce liso y cálido, la perspectiva de tener adentro tan enorme pedazo de carne pulsante y que todos gozaran viéndole domarla, tienen al rubio culturista nadando en un mar de hormonas sexuales, su cuerpo responde solo, como los labios de su culo que se abren y medio abrazan la cabeza de aquella verga, deseando atraparla. La botella va pasando de manos hasta llegar a Tom, el padre de Kyle, el cual toma también un largo trago inclinándose luego sobre él, atrapándole el mentón y obligándole a abrir la boca, donde escupe y deja caer el aguardiente. El muchacho, que ya estaba mareado, y volando, lo tomó con avidez, sintiéndose salvaje y deseando perderse totalmente. Y justo en ese momento…

Lentamente Bill comienza a empujar su titánica verga contra aquel culo palpitante, frotándolo de los dedos del fornido chico rubio que lo mantiene abierto para él, sin penetrar.

-Vamos, nena, toma la verga de tu hombre y llévala a tu coño caliente y mojado, métetela como una buena niña. –le ordena, suave, sus miradas trabadas, y un tembloroso Bobby lo hace, soltando sus nalgas atrapa con una mano el fibroso y rugoso tolete negro e inmenso, apretándolo firmemente contrala entrada de su culo ávido, el cual ya sufría espasmos internos, anticipándose al gozo de sentirse lleno, y allí, en la entrada misma, el otro empuja con un certero movimiento todo el largo y grueso instrumento dentro del culo blanco, abriéndole, copándole, llegándole al fondo de las entrañas, arañándole levemente las nalgas con sus crespos pelos púbicos, no muy altos en verdad.

Bobby cierra los ojos, echa la nuca hacia atrás y deja escapar un ronco y bajo gemido, no puede contenerse, ¡era tan grande!, se sentía a punto de estallar, como estirado al máximo por la mole de carne oscura; pero era tan caliente y pulsante, tan rugosa y babeante que pronto lo nota, las paredes de su recto se adhieren a ella y comienza a succionarla, masajeándola ferozmente, estimulándose de una manera salvaje y que debería ser prohibido en un hombre, sentirse tan caliente con el güevo de otro sujeto clavado en sus entrañas hambrientas. Kyle, de pie junto a la pareja, miraba fijamente el punto donde ese enorme manduco negro y venoso se abría paso y entraba hasta los pelos dentro del rojo y lampiño culo de aquel rubio fortachón y en pantaletas, que gemía y se estremecía con evidente placer.

-Joder, ¡miren cómo toma esa enorme verga! Le cabe toda. Y la ama, mírenle la cara, tener una tranca bien metida en el culo es su vida. –el miembro del futuro hombre casado estaba duro como una tabla, balanceándose en la nada a fuerza de pulsadas, una hebra pegajosa de líquido pre seminal colgando del ojete de su glande de pura lujuria ante el increíble cuadro de su mejor amigo metiéndosela a fondo a ese carajo bonito que parecía la propia puta cuando la recibe; y él sabía de eso, de las porristas de la secundaria y la universidad. Parecía que sus amigos realmente la estaban pasando en grande tomando, domando y llenando al joven culturista. Evidentemente su culo, o coño como decían esos locos, era cosa sería.

-Oh, sí, Kyle… -interviene su padre.- A Tom le encantó. –informa, ambos mirándose a los ojos.- He visto a este chico tomar las enormes vergas de tu hermano, y la de su suegro, Ben, sin pestañear.

-¿Frank jodió su culo? –la noticia es como una sacudida eléctrica.- Mierda, él siempre tiene que probarlo todo. –gruño aferrando la botella de un manotón y tomando otro trago, replanteándose toda la noche.

Bill, con su verga bien metida dentro de Bobby, no se cansaba de mirarle, maravillado por los halones, chupadas y apretadas que ese agujero estaba dándole sobre el miembro, algo insospechado. Mierda, de saber que los culos de los chicos se sentían así, tan apretaditos y sabrosos, hace tiempo que habría intentado tomar alguno, en el gimnasio o en las duchas del colegio. Incluso el de Kyle o Mark, piensa con burla. Toma la botella de manos de Kyle, bebió, garganta cerrada de lujuria notando los leves movimientos de las nalgas del chico rubio, masajeando un poco más su tolete. Eso lo decide.

-Bien, es hora de disfrutar del bonito coño caliente de mi nena. –con manos firmes casi le rota sobre el mueble, dejándole totalmente de espaldas, colocando los tobillos del joven culturista en sus hombros, echándose hacia adelante, sonriendo, metiéndosela todavía más, empujando y empujando, teniendo su poderoso y musculoso torso casi sobre el chico rubio, el cual gemía con el culo totalmente lleno con su verga.

Bobby traga en seco, brillante de transpiración, preguntándose cómo era posible que su culo pudiera tomar, en serio, toda esa verga inmensa; también el cómo era siquiera imaginable que tal cosa, estar allí, llenado, sometido, a la merced de los caprichos de ese poderoso chico negro, pudiera ser algo tan increíble.

-La necesita, Bill, dásela, no seas malo. –Mark ríe, ebrio, tomando la botella.

-¿La quieres? –le pregunta Bill, de alguna manera tensándola y moviéndola en sus entrañas al ir sacándosela.- Joder, si que tienes ese coñito apretado. –gruñe deslizando ahora su verga dentro y fuera del abierto culo sedoso, logrando que el rubio gima bajito, boca abierta y frente fruncida, de placer y algo de dolor; llevarla y traerla se sentía increíble ya que ese agujero estaba exprimiéndosela.- Conozco a un montón de chicos en mi equipo que matarían por estar en estos momentos en mi lugar… -la negra y gruesa silueta sale halándole los labios del culo, luego entrando, suave, rítmicamente pero a fondo, cogiéndole una y otra vez.- Les encantaría tenerte en las duchas después de un partido, bebé, rodearte y pasear tu coño hambriento de verga en verga. Te la meterían hasta por los oídos. Oh, Dios, lo tienes tan rico… -ronronea, metiéndola y sacándosela con golpes largos, embistiéndole con cadencia, rozándole las paredes del recto con la rugosa superficie, estimulándole ese clítoris que cree que tiene allí, golpeando una y otra vez sobre su próstata que cada vez dispara sus chorros de placer.

Bobby arquea la espalda llevando las manos a sus pectorales, apretándolos, su verga temblando dentro de la tanga, mojándola copiosamente, disfrutando de la poderosa cogida que ese largo instrumento estaba dándole, ser tomado así por ese inmenso hombre era una experiencia diferente y poderosa. Pero había algo más que eso, disfrutaba de ser usado así por aquel macho que le jodía de manera intensa, diferente. Mark había sido rudo, le había llamado perra y puta mientras usaba su culo ávido, pero Bill, de alguna manera, hizo que se sintiera más femenina, como una porrista hermosa que coquetea con el campeón del equipo y este, después de regalarle flores y un viaje al cine, la hiciera suya en un descapotable, bajo las estrellas de una cálida noche de verano.

El culturista no lo entiende, se sentía totalmente controlado por él, podría ser por el tamaño de Bill, el cual le hacía ver bajito incluso a él; y sin embargo cree que es por la forma de tratarle, de mirarle, de cogerle con aquella intensidad, pero también con preocupación, como si quisiera que disfrutara el ser tomado y no sólo satisfacerse él, como si esperara que alcanzara el climas antes de acabar él; una idea que le dejaba sin aliento. Tal vez por eso actúa locamente, soltando sus erectas tetillas, atrapando los bíceps del coloso negro y alzándose. Parece que Bill lo esperaba, y le recibe, sus bocas se buscan, sus lenguas se atan en un baboso y cálido saliveo, con muchas chupadas, cosa que altera el culo del rubio sobre la gruesa verga negra, que lo resiente y agradece palpitando más. Ahora, mientras se comen a besos, Bill, tendiéndose más sobre él, le coge con mayor fuerza y rapidez, sus entrañas están siendo rastrilladas, su próstata golpeada, todo él estimulado, y goza de manera abierta, abandonada, ignorando que Bill se traga sus copiosos gemidos así como su saliva en aquel beso erótico y escandalosos entre dos hombres.

Cuando esa boca de labios gruesos abandona sus labios, cayendo sobre una de sus tetillas erectas, succionando, Bobby pierde el poco control que le queda y gime realmente como una porrista caliente de teta grandes que está siendo usada y llenada por el capitán del equipo de futbol; sus gemidos erizan las pieles, y es cuando cae en cuenta… hay un gran silencio a su alrededor. Cuando alza la mira encuentra a los otros tres hombres observándoles silenciosamente, ojos oscuros de lujuria, sus enromes y duras vergas goteando mientras se las masturban. Todos sus sentidos están estimulados, los dientes de Bill muerden su tetilla, la verga estaba cabalgándole con fuerza, abriéndole, llenándole, rozándole, estimulándole, angustiándole casi, y esos tipos se tocaban, de sus ojetes manaban líquidos, todos calientes de ganas por la enorme y musculosa puta de coño caliente. Las manos enormes del hombre de ébano sostienen sus redondas nalgas mientras machetea incansablemente dentro del redondo culo, sus pelos rozándole, las bolas golpeándole, la tanga totalmente mojada. La gruesa vena de la cara inferior del tolete oscuro parece palpitar con vida propia cuando va saliendo del orificio color rosa, halando la membrana, para luego enterrarse, de golpe, en toda su extensión, dándole el chico rubio justo donde es para que gruña más.

-Oh, Bill… ¡AHHH! -se les escapa al muchacho cuando las embestidas se intensifican, mareándole, alzándole en las nubes. Se tensa y arquea, pequeñas luces estallan tras sus parpados cerrados mientras su culo se baña de algo caliente, sufriendo violentos espasmos que sorprenden a Bill, quien se medio detiene pero luego continúa, deseando gozar de las contracciones de ese recto. Acababa de sufrir otro de esos clímax extraños, y el placer fue tanto que su verga también se pone imposiblemente dura y se corre, disparo tras disparo de semen que moja, empapa y chorrea fuera de la diminuta pantaletica. Es tanto el goce que alcanza en esos momentos sublimes de gloria, siendo pistoneado en todo momento por el otro, que cree perder el conocimiento por unos instantes.

Pero los gruñidos de Bill le traen al presente, su respiración agitada y el increíble tensar de su verga le indican que está por correrse también; el hombre se alza en todo su tamaño, tomándole por los tobillos, casi despegándole el culo del respaldo del mueble, y se dispone a llenarle las entrañas con su esperma, juntándola a de su amigo Mark, una idea que ambos tienen y que les parece increíblemente sucia y erótica.

-Oh, mierda, cariño, estoy tan caliente… Tómala. Vamos, toma todo mi semen con tu apretado, caliente y hambriento coño mojado. ¡MIERDA, SI! AHHH…

Y de su verga, bien clavada ahora, sale una carga de ardiente esperma que casi alarma a Bobby, los chorros se producen una y otra vez, golpeando su recto, y la sensación de un hombre corriéndose en sus entrañas era sencillamente maravillosa. Y dura y dura. Finalmente se quedaron quietos, Bobby de espaldas sobre el mueble, rojo de mejillas, el cabello rubio sobre la frente, brillante de sudor y lujuria, hermoso; Bill, respirando pesadamente, todavía atrapándole por los tobillos, la verga aún temblando en sus entrañas. Era increíble verlo, la cilíndrica mole de carne oscura taponando el redondo anillo blanco rojizo del otro, de donde sale, sin embargo, algo de semen, que chorrea y pega de la tirita del hilo dental, cayendo finalmente sobre el mueble. El olor a hombres era intenso.

-Dios, fue… -jadea Bill, sacándosela lentamente, la pieza aún dura, amoratada, brillante de su propio semen y el de Mark, intensificando aún más el olor de machos.

Todos siguieron el movimiento, y con las gargantas secas y ojos muy abiertos ven como el hilo dental cae sobre el orificio, no cubriendo un carajo, viéndose mojada enseguida por el semen que mana de allí. Bobby ya tenía la esperma de dos hombres grandes, amigos del alma entre sí, en sus entrañas, nadando en su interior todos esos espermatozoides. Y la idea era increíblemente estimulante, por lo prohibido.

O así se lo parece a Tom, quien toma la silla traída del comedor y se deja caer de culo, su grueso tolete rojizo y babeante descansando en su regazo, y mirando al rubio culturista, flexiona un dedo, llamándole. Todavía jadeante, recuperando el aliento, Bobby se sienta, avergonzándose un poco por el semen que mana de su culo rojizo e hinchado, pero la mirada fija en la gruesa pieza de aquel hombre que le recordaba vagamente a su suegro. Deseándola, tiene que admitir avergonzado. Con piernas un tanto inseguras, va hacia él.

-Es mi turno, Bobby. ¿Por qué no te sientas como un buen chico en mi regazo? Voy a contarte un cuento antes de dormir, bebé. –ofrece abriendo sus piernas, sosteniéndose la verga por la base, una verga que atrae de manera hipnótica la mirada del joven culturista, enviciado como está por los machos.

Hay desafío en los ojos de Tom, y el muchacho, picado (se dice él), eleva una pierna y se monta de hojarasca sobre sus muslos, cara a cara, apartando con el pulgar la tirita del hilo dental empapado por todos lados de semen, de varias espermas cuyos olores llenan el ambiente, y con pericia, ya la tiene, baja su culo rojo sobre la cabezota del nuevo tolete, lisa y húmeda de lujuria, que pega de su entrada empapada y les hace contener un jadeo. Sin apartar la mirada brillante, el culturista baja más, su culo se abre y lentamente va devorando palmo a palmo el grueso y nervudo instrumento del hombre maduro. Sonríe al verle tensarse y jadear, de puro placer. Parecía que Tom había esperado mucho para esto, meter su gran erección en su culito caliente, así que mientras va bajando, muy lentamente, le regala las mejores apretadas que ha dado jamás, metiéndosela sin parar, hasta que sus nalgas caen sobre los muslos, la tranca casi toda enterrada en sus entrenas, visible únicamente un centímetro o dos que se ven frenados por los globos firmes que son sus glúteos. Y así, totalmente empalado por aquella verga, el joven y el hombre se miran, calientes, contentos, lujuriosos.

-Joder, Bobby, esto es incluso mucho mejor de lo que había imaginado todo este tiempo. Tu coño está tan caliente, es tan estrecho y firme cuando chupa que… ¡Ahhhh! -jadea cuando el travieso rubio se la succiona con sus entrañas.- Oh, Dios, muchacho, eres todo un pecado. Sé que tienes a tu papi, chico, pero desde este momento cuentas con otro; otro papi que se ocupará de tus necesidades. –tensa sus muslos y sube y baja un tanto sus caderas, sosteniendo a Bobby en todo momento, metiéndosela y sacándosela solo centímetros, pero es suficiente para que el rubio gima con abandono de putilla, su culo halando todavía más.- Cómo envidio a ese hijo de puta de Ben, que tiene a su dulce nena musculosa en casa para llenar su coño cada vez que lo desea… -le coge una y otra vez, recorriéndole el torso fornido con las manos, pellizcando sus pezones.- Cómo quisiera que fueras mi nena, llegar cada noche a casa y encontrarte de panza sobre mi cama, sonriendo hacia la puerta, con una pantaletica sexy y mínima metida entre tus nalgas alzadas, dándome la bienvenida, tu coño ya mojado por la espera, y llenártelo una y otra vez, follándote hasta que lloraras de gusto y placer… Dime, Bobby, ¿no quieres ser mi nena? ¿No quieres que Frank sea tu hermanito amoroso y yo tu papi y que cada noche te llenemos de güevos este coñito caliente y hambriento que tienes?   

CONTINUARÁ... 34                                    


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