Métesela, cabrón… -grazna Bill, su verga titánica increíblemente llena. -Calma, perro, necesito algo para ayudarle, algo de lubricación. –informa Mark, mirando a Bobby a los ojos con una mueca libidinosa y burlona, golpeándole la entrada del culo, una y otra vez, con la roja cabeza de su gruesa tranca, quemándole y untándole de sus claros líquidos pre eyaculares..
-¡¿Papa?! –es cuando Kyle exclama.
Bobby no sabe por qué lo hace, perdido como está por las ganas que despiertan en sus entrañas ese glande liso y caliente, levemente mojado de líquidos pre eyaculares que se frota de su entrada. Pero lo averigua pronto. En medio de cierta sorpresa, Tom se agacha tras ellos, y su lengua ávida va hacia el rojo culito del culturista, luego de apartar el hilo dental, y comienza a metérsela, azotándole y lengüeteándole, con la verga de Mark casi apoyada contra su mejilla. Cuando Bobby gime por la caricia, su agujero se abre invitador y esa lengua le penetra, dejándoselo bañado en saliva. Cerrando aún más sus dedos sobre los pectorales de Mark, el rubio musculoso se deja llevar por la estimulante caricia, recordando lo mucho que a Tom le gusta comer de los coños… Los coños que su otro hijo, Frank, dejaba llenos de esperma caliente. Imagina que el maduro semental debía estar disfrutándolo mucho en esos momentos.
-Maldita sea, Kyle, a tu viejo le encanta comer coños, ¿eh?
-Ya lo había escuchado. –comenta este, fascinado por el cuadro de su padre, desnudo, fuerte y fibroso, inclinado entre las piernas de su amigo, con la gruesa verga de este rozándole la cara y metiéndole la lengua a otro joven tío por el culo. Y se notaba que le gustaba y sabía comerlo, se dice, viéndole meterle la lengua con sapiencia, haciendo gemir y estremecerse al chico culturista. Frank, su hermano mayor, sonriendo, siempre le decía que a su papá le gustaba meter la lengua en los coños de sus amigas, ahora se pregunta…
-Joder, haces un buen trabajo, Tom. –concede Mark, metiéndole fácilmente dos dedos a Bobby en el culo, siendo lamidos también por la lengua del papá de su mejor amigo.- Así ayudas a tus compañeros a que puedan meter sus vergas en el coño de esta putita, aunque podrías ayudarme más. –el tono provoca escalofríos en todos, sobre todo en Kyle, que observa con interés como su padre abandona el agujero tembloroso y mira al tío tatuado, que se agarra la gruesa tranca con la mano libre, agitándola.- ¿Por qué no te aseguras de ensalivar también mi verga? –y este, respirando algo agitado, mira la enrome mole que se levanta frente a él, gruesa, nervuda, palpitante. Caliente. Rápidamente mira a Kyle.
-Vamos, papá. Ayúdalo.
Antes de volver la lengua a culo de Bobby, Tom escupe sobre el glande de Mark, la saliva brilla, espesa, bajando muy poco. Y cerrando los labios sobre el tembloroso agujero depilado del chico rubio, succionando, mira el tolete a centímetros.
-No basta, Tom. –señala Bill, ronco, ojos oscuros de lujuria, sobándose su enorme instrumento.
Y lo hace, Tom, allí, frente a su hijo y los amigos de este, lleva su lengua a ese glande grueso, recorriéndolo, untándole la saliva. Escupiendo más y regándola, provocándole un estremecimiento en las bolas al más joven (joder, estaba bien caliente, y una lengua le recorría la cabecita, y era el papá de su amigo ahí presente, ¿qué se podía esperar?). Kyle, fascinado, siente que gotea también porque cree adivinar algo de su padre. No, lo sabe de cierto; aunque lo hace rápido, aunque parece que sólo unta la saliva para lubricar esa verga, sabe que su padre está saboreando los líquidos pre eyaculares de Mark, llenándose la lengua con ellos, degustándolos y tragándolos. Gustándole.
¿Mamaría güevos su padre? ¿Se atrevería a mamar el…?
Y tal vez es que Tom se deja llevar un poco demás en su deseo de mostrar ayuda a sus compinches de parranda, o quiere probar, eso se sabría luego, pero ahora, muy cerca, bañando culo y glande, deja car otro espeso salivazo sobre la cabeza de la verga de Mark, sus labios rozándola suavemente de nuevo, untándola bien, luego agarrándole y untándole el palpitante y grueso tronco, con una decisión de hacerlo que hace que a todos les fascine, y guía la cabezota lisa y mojada hacia el agujero de Bobby, presionando contra sus labios gordos, lampiños y lisos. Iba a penetrarle, y tomando aire, el rubio culturista se prepara para ser llenado con aquella gruesa barra. La roja cabezota se frota y presiona, separando el esfínter, empujando, abriéndose camino.
Muy erguido y rojo de cara, tan musculoso pero con las caderas apenas cubiertas escasamente con aquella pantaletica de mujer, Bobby muy quieto, ojos cerrados, espera ser penetrado. Su agujero sufre espasmos mientras la siente abriéndose, llenándole el recto lentamente, deslizándose dentro de sus suaves pero a la vez apretadas interioridades, cosa que parece encantarles siempre a los hombres cuando se lo meten por primera vez. La mano de Tom se aparta, Mark tensa sus muslos y empuja la barra al tiempo que Bobby se deja caer, gimiendo contenido entre sus labios cerrados, rojos y sensuales, sintiéndola totalmente metida en su interior. Era condenadamente gruesa, y dolía un poco arroparla, pero sus rugosidades, sus venas llenas, su palpitar intenso le parecían maravilloso. Ese güevo en su culo se sentía tan…
-Oh, sí, eso es, Bobby… Cae y atrápala toda, nene. Ahora tienes la verga de un hombre de verdad toda enterrada en tu coño dulce y caliente. Dime, ¿te gusta? ¿Te gusta cómo se siente mi verga dentro de tu coño putón? –le pregunta Mark, riente, soberbio, quieto, sintiendo rico su tranca tan apretada y succionada ahora.
-Si… -fue todo lo que pudo gemir el culturista, su pecho subiendo y bajando, totalmente emocionado. Ese tolete estaba calentándole de maneras que no puede ni procesar.
-Dime… Dinos a todos, ¿qué es lo que te gusta?
-Tu… tu verga. –susurra apenas consiente, su redondo anillo abierto exageradamente para rodearla.
-¿Dónde? –sigue con las preguntas del macho que domina a sus perras.- ¿Dónde te gusta tener mi verga gorda y dura?
-En mi culo… -reconoce con un jadeo, abriendo los ojos nublados por la intensa emoción que está viviendo.- Me gusta sentirla llenándome el culo…
-No, ¿en dónde te gusta sentir mi verga, llenándote? –insiste.
-En… en mi coño. –le mira a los ojos, sometido y entregado, gozándolo como nunca, reconociendo la superioridad sexual del otro.- Me encanta tu verga gorda y dura en mi coño mojado y caliente… papi.
Al parecer esto era lo que el tatuado y poderoso chico deseaba escuchar. Sonriendo, mirándole a los ojos, colocó las manos fuertes sobre sus caderas y comenzó a subir y bajar su miembro gordo, metiéndoselo todo y sacándolo de igual forma de su redondo culo, cerrando sus muslos algo velludos de las turgentes, redondas y lampiñas nalgas del chico rubio, quien gemía y se estremecía totalmente emocionado. El cilíndrico tolete iba y venía, sin detenerse, penetrándole, poseyéndole duro. Notar la gruesa barra deslizándose dentro y fuera de su recto, se sentía tan bien que Bobby no puede imaginar por qué pensó que podía dolerle o ser molesto. Nada de eso, así era como le gustaban, reconoce echando la cabeza hacia atrás cuando Mark intensifica sus arremetidas, adentro y afuera, macheteándole una y otra vez el culo de una manera que tiene a los otros tres espectadores, erectos, goteantes y completamente excitados.
Totalmente perdido por todo el goce que estaba llegándole desde ese tolete caliente y duro, Bobby se bambolea sobre su regazo, sus muslos gruesos arriba y abajo, sus nalgas redondas abriéndose y cerrándose, la pantaletica cubriéndole apenas el tolete. Y mientras lo hace, mientras responde con intensidad y pasión al placer que le recorre siendo llenado por aquel macho, se refriega de él, de su torso y panza plana, sus manos recorren esos hombros recios, esos brazos poderosos que aún le retienen por las caderas. Bobby quiere rendirle pleitesía a ese hombre poderoso que le controla mientras goza las idas y venidas de ese tolete dentro de su culo, dándole en la próstata en todo momento.
-Joder, si que eres una perra… Este coño es… -gruñe Mark, sonriéndole lujurioso, caliente y burlón.- Es bueno que tengas esas bragas puestas, ocultando tu pequeño clítoris, así la ilusión es perfecta. –las manos se cierran más sobre las caderas, reteniéndole sobre su pubis, medio alzándose de la silla y clavándosela más, haciendo que Bobby grite de puro placer.- Ahora eres mu puta, Bobby. Mi musculosa puta de coño goloso. Lo que tienes sobre mi verga, rodeándola, apretándola, succionándola, es todo un coño de hembra, tan afeitado como hambriento, ¿entiendes? No es un culo, es un coño maravilloso y enloquecedor que necesita ser saciado por los verdaderos hombres. –se medio alza más, demostrando su gran vigor físico.- Vamos, nena, muéstranos cómo una chica cachonda como tú, monta sobre los güevos duros. –y cae sentado de culo.
Echando las manos tras su cabeza, Mark se recostó de la silla, disponiéndose a verle dar un buen espectáculo. Y echándose también hacia atrás, Bobby comenzó a saltar sobre sus piernas, de arriba abajo de manera intensa, apretándoselo duro mientras subía y bajaba su cálido agujero de amor. Ese ir y venir, ese roce intenso con las sensibles paredes de su recto, la sensación de llenura y pulsadas que partían del ardiente miembro le tenían delirando de puro placer, olvidado totalmente que una vez creyó ser un heterosexual como todos, que incluso llegó a casarse y que todavía tenía una esposa en sabía Dios dónde. Pero nada de eso le inquieta ahora, no cuando sus blanco rojizas nalgas redondas, lampiñas y musculosas van y vienen, enmarcando el redondo agujero de su culo que era atravesado una y otra vez por la gruesa mole de carne de joder, que parecía demasiado grande para él, pero lo dominaba y cabalgaba. Eso era caer, gemir duro, cerrar su anillo y refregarse de ese pubis para darse mayor placer.
Tom, arrodillándose otra vez, llevó una mano y frotó el punto exacto donde el güevo de Mark y el culo de Bobby se unían.
-Hombre, esto es jodidamente increíble. –graznó ronco de lujuria, todo él tenso al ver al enorme y rubio culturista subir y bajar su culo del tolete de aquel muchacho al que conocía bien.- Miren como los pliegues de ese coño, esos labios hinchados, salen y entran empujados por el grosor del tolete cuando la vulva sube y baja.
Bill se acercó y se paró junto al papá de su amigo, ojos fijos en el increíble espectáculo, uno de sus mejores amigos dándole duro por el culo a otro tío; su propia verga todavía más larga y dura. Y Mark bizquea cuando el culo de Bobby sufre violentos espasmos, apretándosela intensamente. Ignora que al chico rubio le enloquece ver esa titánica pieza negra tan cerca y que ya soñaba con ordeñarla con su agujero ávido de amor, aunque tampoco quería bajarse de la de Mark. Bobby era joven, saludable, sensual y totalmente goloso, lo quería experimentar y vivir todo. Cuando las manos grandes de Mark caen sobre sus pezones, el rubio se tensa. Ese apretar le hace gemir, su culo totalmente mojado parece ganar vida propia, subiendo y bajando más.
Estaba atrapado, lo sabía y reconocía de una manera íntima que le erizaba la piel y le cerraba la garganta. Esos cuatro viriles hombres estaban totalmente borrachos, calientes y cachondos, forrados de músculos y con vergas enormes, y él, Bobby, era su juguete de esa noche de juerga. Y la verdad es que el muchacho no cambiaría ese momento de su vida por nada, tan sólo lamentaba… la ausencia de su suegro. Estando él allí, sería sencillamente perfecto. Grita, sorprendido, cuando Mark comienza a embestirle, a cepillarle con fuerza el culo otra vez, cogiéndole duro, a fondo, haciéndole gemir nuevamente, de una manera abandonada, entregada, el de la de la putilla que es feliz mientras los machos la sacian.
-Si, perra, así. Hazlo así. –gruñó Mark.- Gime como una verdadera putita para mí. Tu coño está bien lleno con un buen pedazo de carne de hombre y debes mostrar gratitud. Y debo decirte que lo amo. Ahora sé cómo eres, puta. –le aprieta las tetillas, oyéndole gemir, sus miradas atrapadas.- A veces noto a chicos así, en el gimnasio, actuando como si fueran hombres de verdad, obsesionados con los músculos; pero son como tú, nena. Y tú no eres más que una putita de los gimnasios, un hambriento coño buscando machos poderosos y transpirados. Dime, nena, ¿estás lista para recibir un poco de esperma espesa y caliente de tu hombre? ¿Estás lista para quedar embarazada de mí?
Esas palabras hacían hervir a Bobby, quien con las mejillas rojas y sus hombros cubiertos de gotitas de sudor, asiente y cierra los ojos, gimiendo cuando Mark intensifica sus embestidas, metiéndosela bien adentro, dejándola allí y casi empujando más. La respiración del musculoso chico tatuado se hace más espesa y el rubio culturista, con un nuevo espasmo de culo, sabe que pronto se correrá, llenándoselo, dejándoselo todo inundado de esperma caliente. Y la sola idea le estimulaba aún más.
-¡JODER, SI! –grita Mark.- Tómala toda, pequeña puta. ¡TOMA TODA MI LECHE CALIENTE! –atrapándole nuevamente por la cintura le retiene con fuerza sobre su regazo mientras se corre una y otra vez.
Bobby casi desfallece, la siente, como esa gruesa verga se pone imposiblemente dura, toda palpitante, cómo el semen hirviente va recorriéndola, saliendo, estallando en poderosas oleadas que golpean su interior, bañando prácticamente su próstata. Y cada pulsada de la tranca, cada leve roce cuando se dilata, cada disparo de esa maravillosa leche, estimula más y más las paredes del recto del rubio que gime, ¡y ocurre otra vez! Su culo sufres nuevos y poderosos espasmos mientras alcanza otro de esos clímax extraños, cómo sí realmente tuviera un clítoris allí.
Esos estremecimientos del rubio culturista, que se traducen en haladas impresionantes de su culo sobre la verga todavía enterrada, que ha terminado de correrse, son tan sorprendentes que cuando Bobby abre finalmente sus ojos, nublados, mareado de tanto placer sexual, encuentra la desconcertada, pero agradada sonrisa de Mark, quien le guiña un ojo.
-Mierda, ¡qué coño tan impresionante! Gracias, Bobby, lo necesitaba. Ha sido una de las corridas más intensas de mi vida; qué manera de succionar tienes, bebé. –ahora mira a los otros.- Okay, ¿quién sigue? ¿Tu, Bill? ¿Deseas llenarle el coño con tu verga de caballo?
-Claro que sí, me tiene todo caliente. –responde el chico negro, de pie y mirándoles mientras tiraba de su verga inmensa.- Vamos, quiere ver tu bonita cara cuando te haga mía, nena.
Atrapándole de un hombro le insta a ponerse de pie y Bobby lo hace, su culo redondo y rojo deja salir la todavía dura verga de Mark, permitiendo que algo de semen escape de él, siendo guiado hacia los muebles de la sala, donde el chico negro le hizo volverse, mirándose uno al otro, empujándole sobre el sofá, donde cae de espaldas, sus caderas sobre el apoya brazos del cómodo sofá, sus piernas muy abiertas sobre la alfombra, la tanga femenina más encogida, cubriendo aún la babeante tranca.
-Abre tu coño para mí, bebé. –le ordena Bill, atrapando sus tobillos y alzándolos, juntos, llevándolos casi sobre la cara del culturista, medio ladeándole, alzándole las nalgas, su agujero apenas cubierto, dejándole oculto entre los muslos el saco con las bolas.- Maldita sea, mira esa raja lisita, y ese culo grande y abierto. Tu coño todavía tiene hambre, ¿verdad, nena? Bueno, Bill se hará cargo de eso; pero anda, preciosa, ábretelo, muéstrale tu coño color rosa a Bill. –le pide galantemente.
Las palabras, el trato y la calentura tienen a Bobby totalmente entregado. Y llevando las manos a sus nalgas, acerca los dedos a su raja interglútea, atrapando con uno de ellos la tirita de la tanga, apartándola, y con el resto hala de sus pliegues lisos y lampiños, abriéndose. Casi traga en seco cuando nota el tensar de Bill ante la visión de su culo abierto, titilante, manando todavía semen de uno de sus mejores amigos, cuyo olor fuerte llena la sala, intoxicándoles a los dos que lo perciben totalmente. Y tal vez era la visión de ese abierto coño de chico que esperaba con ansiedad su verga, o por la idea de que Mark la tuvo metida allí poco antes, abriéndolo, llenándolo, corriéndose y su esperma goteando aún, lenta y espesa, y él estaba a punto de metérsela también, introduciéndola donde la tuvo Mark poco antes, deslizándola fácil usando su semen, pero como sea la verga de Bill parece crecer todavía más.
Y Bobby ronronea sobre el mueble, esperándole, muriéndose de calor y ganas, con el enorme deseo de satisfacer a ese hombre grande y poderoso, pero buscando también sentir el placer indescriptible de tenerla adentro, cabalgándole. Quería esa impresionante pieza abriéndole, penetrándole. Sentirla. Todo él exuda lujuria, una que afectaría a cualquier hombre, aún a su padre si estuviera allí, o a sus hermanos si los tuviera. Bobby era la viva imagen del deseo carnal.
¡Su suegro habría estado tan contento y orgulloso de verlo así!
CONTINUARÁ... 33

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