domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 35


-¿Bobby? –la pregunta le sobresalta, tomado por sorpresa… desnudo y tocándose el culo.

Muy alarmado vuelve el rostro y ve en la entrada que lleva del patio a la casa a Tom, acompañado de otro sujeto, uno tan enorme como él. Mierda, ¿pero qué hacía de regreso tan pronto en casa?

-Eres Bobby, ¿no? –la pregunta le hace caer en cuenta al rubio culturista que no se trata de Tom, sino de un hombre prácticamente idéntico.

-Eh, sí, yo…

-No fue mi intensión alarmarte. Y perdona que entráramos así. Soy Walt, hermano de Tom, y este es Ned, el entrenador de lucha de Tyler en la universidad, aquí presente para la boda. Llamamos a tu suegro y le dijimos que vendríamos a recoger el auto que dejaron anoche, después de la fiesta de despedida de soltero. Dicen que fue increíble y sentí perdérmela, pero mi esposa y yo ya teníamos planes para cenar fuera. Tu suegro dijo que podíamos entrar, tomar algo fresco y retirar el auto. Lo siento si te incomodamos. –informa viéndole fijamente, todavía abierto de piernas y los dedos sobre la entrada de su culo.

Walt, el hermano de Tom, tenía el mismo cuerpo musculoso y poderoso, pero había algo en sus gestos y movimientos, como más avispado, que le dan a entender al chico rubio que es algo menor de edad que el padre de Tyler. Ned parecía mayor, pero si había un ideal para mostrar como modelo de un culturista dedicado luego a la lucha, ese era él. Era enorme y su cuerpo estaba sólidamente constituido, con el cabello oscuro algo canoso por los lados, ojos grises y unas líneas que le hizo recordar aquello de “perfil griego”. Había algo severo en él que le hizo recordar al musculoso muchacho desnudo a su propio entrenador en la secundaria. Joder, no le habría sorprendido verle un silbato alrededor del cuello de toro que tenía.

-Oh, no, no molestan, yo… -enrojece, desnudo y con las piernas flexionadas, unos dedos sobre la entrada de su culo.- Yo… yo… comprobaba mi afeitado. Que estuviera lampiño por todos lados, ya saben, tengo una exhibición de culturismo pronto y… -comenzó con lo primero que se le ocurrió, no sonando convincente ni a él mismo.

-Culturismo, ¿eh? Tienes un buen cuerpo para exhibirlo en trusas chicas. –comenta Ned.- Creo haberle escuchado decir a Tom que practicaste la lucha en la secundaria también. Mi equipo no se afeita, pero sé que entre los culturistas si se estila. Tal vez podamos ayudarte. –ofrece, ojos severos y mandíbula dura, acercándose a donde yace el chico rubio, mirándole a los ojos, controlándole como un buen entrenador, uno grande y fuerte, maduro y viril, recorriéndole con la punta de los dedos sobre un muslo dorado y lisito, provocándole escalofríos, calorones y casi jadeos al joven desnudo y musculoso.

Sus ojos, fascinados, caen ahora sobre los dedos del chico, esos que todavía están colocados en el afeitado culo, y totalmente enviciado, caliente ante el fortachón y poderoso hombre mayor que le recordaba a su entrenador, también a su suegro, y mientras los ojos de ese sujeto están clavado allí, Bobby levanta un poco sus dedos y los deja caer, medio dándose una caricia. Mirándole nuevamente a los ojos, el severo rostro de Ned se aligera con un asomo de sonrisa mueca, la del tiburón que planea saborear un delicado y sabroso bocado, al tiempo que con puño de hierro le atrapa un tobillo, alzándolo, casi obligándole a girar sobre la silla, echado hacía atrás, elevando y exponiendo su culo que todavía es toqueteado por sus propios dedos. Despegando con esfuerzo los ojos de ese sonrosado culo lampiño que es acariciado, clavándolos en los del chico para controlarle con la mirada, la otra mano de Ned se extiende y la punta de sus dedos también recorren los alrededores del hinchado y enrojecido agujero de amor. Y Bobby, su pecho subiendo y bajando con esfuerzo, mejillas rojas, cierra los ojos, entregándose cuando el sujeto deja de mirarle para contemplar su agujero otra vez, que titila con vida propia mientras aparta su mano dejando la del hombre mayor.

-Si… -gruñe bajito.- Vaya que lo tienes suavecito… -los dedos cruzan sobre el pulsante agujero que parece pedirle que entre.- …Pero creo que siento un poco de vellos. –se vuelve hacia su amigo.- Walt, acércate, toca y dime qué piensas. –y eso hizo tragar en seco al rubio culturista. El otro hombre se acerca también, mirando al chico, luego llevando los dedos juntos a los de su amigo, recorriendo los pliegues del tembloroso culo expuesto a sus miradas de machos cabríos y calentorros.

El chico deja caer la cabeza y abre la boca, sintiendo a esos dos tíos enormes tocándole la entrada, tirando de sus labios, alisándole los pliegues… estimulándole el culo. Y era increíble, allí estaba él, soñando hace poco con hombres poderosos que le usaban, con su suegro que jugaba con su agujero, y ahora estaban esos dos carajos acariciándole de manera tan íntima. No sabe que sus nalgas enrojecen, que su culo se abre y cierra, que exhala putez en poderosas oleadas, pero los dos hombres si lo notan, miradas fijas en él, mientras sus dedos acarician alrededor, sin entrar, abriéndole otro poco tirando con los pulgares. La caricia era tan intensa, la idea de los machos tocándole, saberse expuesto a ellos, todo eso logra que un gemido ronco y muy excitado escape de sus labios, ganándole miradas sorprendidas de los otros dos, que luego se miran entre ellos y deciden algo, con leves sonrisas sardónicas y predadoras en sus atractivos y viriles rostros.

-¿Por qué no entramos para ver si podemos afeitar esto mejor? –pregunta Ned, antes de soltar su tobillo, casi obligándole a ponerse de pie y encaminándole hacia la casa, ellos dos siguiéndole, detallando el enorme y joven cuerpo desnudo.- Apuesto que tienes tus cosas de rasurar en el baño, ¿eh?

-Yo… si. –concede el rubio culturista, conduciéndoles por el pasillo hasta su dormitorio, una vez allí penetran en el cuarto de baño. El hombre abre el armario y saca un bote de crema y la afeitadora.

-Hay como poco espacio aquí, ¿verdad? –señala con los utensilios en sus manos.- Tal vez deberíamos ir a donde haya más espacio.

-Me parece bien. –concede Walt.

Los tres salen rumbo al dormitorio, hacia la cama grande que compartía el joven con su esposa hasta no hace mucho tiempo. Enormes como eran los tres, incluso la habitación parecía totalmente copada aunque contiene poco más fuera de la cama grande, las dos mesitas de noche, el televisor de pared y un armario grande donde faltan muchas de las cosas de su mujer, cuyo espejo enfoca a los tres musculosos hombres.

-Vamos, chico, lo necesitas… -comenta Ned, mirando al rubio joven a los ojos, alzando los afeites, pero refiriéndose a mucho más.

Tragando en seco, Bobby va hacia su cama, sentándose; sosteniendo todo con una mano, en medio del silencio de Walt, Ned le aferra un recio hombro y le obliga a caer de panza sobre el colchón, antes de colocar dos de la almohadas bajo su cintura, para elevar su redondo, macizo y magnifico trasero, sonrosado lo que no está bronceado (la breve piel cubierta con la chica ropa de las exhibiciones). Volviéndose para verles sobre un hombro, los dos con rostros concentrados mirando su culo, el joven tiembla de lujuria. Dirigiendo luego los ojos al frente, al espejo, ve la manera en la cual sus glúteos destacaban.

Bobby tiene que contener un jadeo cuando las enormes y firmes manos de Ned caen sobre sus nalgas, erizándolas, palpándolas y separándolas un poco, y como dotado de voluntad independiente fuera de su cerebro, el chico flexiona una de sus rodillas, ayudando a separarlas, cosa que le gana una sonrisa del hombre que le mira en el espejo, mientras recorre de manera emocionada las duras y redondas masas de carne joven.

-A la mierda, Walt… -murmura ronco.- Mira este enorme culo redondo… esos labios hinchados… mira como pulsa…

El joven tiembla de orgullo y gozo, en el espejo ve a esos dos enormes hombres maduros paralizados de sorpresa y lujuria mirando su trasero, su culo que sabe que si, que titila ya despierto y deseoso de lo que sabe que viene. Todo caliente y putón, flexiona más la rodilla, exponiendo aún más su agujero ávido de amor.

-Esto será todo un trabajo, creo que me pondré cómodo. –anuncia Ned, enderezándose, sonriendo al encontrar los hermosos y brillantes ojos de Bobby fijos en el increíble paquete que abulta sus pantalones.

El muchacho le ve sacar la camiseta por su cabeza, exponiendo su recio y musculoso torso, antes de arrojarla al piso, luego desabrochando sus pantalones y dejándolos caer. Sus muslos gruesos, firmes y velludos enmarcan un corto suspensorio blanco, muy ajustado, que apenas puede contener la mole que emerge de su ingle. Y allí se pierde la dulce mirada del muchacho que adora esas vergas grandes.

-Ayúdame a abrir mejor su culo… para afeitarle. –le pide a Walt, quien no ha podido apartar sus ojos ni un momento del redondo agujero rosa del muchacho sobre la cama, todo expuesto.

El joven fortachón cierra los ojos y sus nalgas se tensan un poco cuando las manos del otro macho, tan parecido a Tom, le acarician las nalgas, abriéndolas aún más, su aliento caliente y algo jadeante bañando su hinchada entrada masculina, algo que obliga al rubio a contener un jadeo.

Ned deja escapar un silbido ahora que ese trasero está más abierto, y en el espejo, temblando de ganas, deseándole, totalmente enviciado al encanto de los hombres grandes de vergas duras que se mueren por meterlas en su culo joven que comienza a vivir, Bobby nota cómo bajo su suspensorio la verga la tiene completamente dura, forzando la tela tejida y amenazando con rasgarla. Sus miradas, en el espejo, se encuentran, y como para que entienda que la cosa es seria, lentamente, Ned baja la parte delantera de la breve prenda deportiva por debajo de sus bolas, una gruesa y larga verga casi amoratada de sangre y ganas salta golpeándole el estómago. Y los ojos del muchacho se nublan, sus labios brillan de humedad, sus mejilla enrojecen y, lo sabe, su culo titila de manera intensa, llamando aquella magnifica pieza de macho que ya desea sentir metiéndosele, abriéndole, llegándole y pulsándole bien adentro.

-Maldita sea, si vas a ponerte cómodo, creo que también yo lo haré. –anuncia Walt, antes de salir de su camiseta y dejar caer sus pantalones. Y conteniendo un jadeo, Bobby comprueba que se parece a su hermano más de lo que imaginaba, una lanza de carne dura y enrojecida flotaba frente a él, con algo de humedad en el ojete.

-Vamos, Walt, ayudemos al chico… -sonríe Ned, rociando un poco de crema de afeitar en sus dedos antes de inclinarse y aplicarla, extendiéndola, sobre la raja interglútea y su culo, sus ojos atados en el espejo cuando con un dedo frota y frota la entrada antes de meterlo, centímetro a centímetro, penetrándole, frotándole alrededor, el redondo capullo de ese ano abrazándolo casi alzándose. Lo hizo durante varios minutos, su dedo adentro y afuera, untándole pero también tirando de él, abriéndole, mirándole enrojecer la espalda, tensar sus hombros, su respiración más frenética, las pruebas visibles de lo mucho que un chico disfruta cuando un hombre le mete y saca el dedo de su culo caliente de muchacho con ganas. Notando cómo se arquea un poco, el hombre sabe que ese cuerpo responde totalmente a las atenciones de un macho. La crema de afeitar se expande, se espesa, lechosa, y entra y sale de ese agujero vicioso.

-Esto sólo tomará un segundo, hijo… -las palabras estremece al muchacho, casi creyendo ver a su suegro, a su amado suegro de verga grande y caliente que le llena cuando le apetece.- En realidad no tienes mucho pelo.

Eso lo sabía el joven muy bien, se lo había afeitado un día antes para atender a su suegro antes de que llegaran sus amigos para la despedida de soltero, pero no lo dice. Si aquel poderoso y atractivo macho maduro quiere ayudarle, bien puede dejarle. El paso de la afeitadora nunca se sintió mejor, era lento, suave, siempre bañado por los alientos de Ned y Walt, y a Bobby todo le daba vueltas, ojos cerrados, boca abierta, cabeza sobre la cama, dejándose hacer.

-Ya vuelvo. –anuncia Ned, rumbo al cuarto de baño y regresando con una toalla mojada y una botella de loción, lanzando las dos cosas sobre la cama.- Encontré esto. Imagino que sabes que debes utilizarlos para mantener la suavidad, ¿no? –informa mientras toma la toalla, secando y eliminando lo poco que quedaba de la crema de afeitar antes de abrir la botella de loción y dejar caer un prologando goteo por encima de su culo. Es todo un espectáculo ver como la piel se abrillanta un tanto, como el pequeño arroyo cubre el agujero, como este se cierra por lo frío.

-Aplicaste mucho. –comenta Walt, voz ronca y ojos oscuros de lujuria.

-Sí, hay que regarlo un poco. –concuerda, colocándose tras el rubio joven, con una mano atrapado su tolete y con la cabeza enrojecida le unta la loción, de arriba abajo.

Y Bobby aprieta los dientes, ardiendo, el toque de esa esponjosa pieza contra la entrada de su culo es enloquecedor; pero nada a lo que siente y jadea cuando el glande, quieto, empuja hacia adelante, contra los labios de su agujero. Ese culo ya está entrenado, tiene experiencia, pero aún así es forzado un poco a permitirle la entrada a la gruesa corona. Lentamente, centímetro a centímetro, el largo y grueso tolete va penetrándole, rozándole las sensibles paredes del recto. Un hombre estaba llenando su culo hambriento de atenciones con su titánica herramienta. Y cada pedazo de esa pieza hace temblar de puro placer al rubio y musculoso culturista… cuya vista empañada cae, oh, desgracia, sobre un retrato sonriente de su mujer en una mesita. La recuerda, con algo de vergüenza, estaba en la cama que compartía con ella, el lecho que juró respetar ante Dios. Alice no merecía…

La verga le entra toda, y pulsa de manera intensa, a la par que ardiente, contra las paredes de su recto.

-¡Oh, Dios, si! Si… Cógeme… -se le escapa.- ¡Cógeme duro, papi!       

Continuará... 36                                               

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