-Tranquilo, bebé, toda es para ti… -es la ronca y gozosa respuesta.
-Joder, ¡se la metiste toda! –se asombra Walt, ojos muy abiertos.-Oh, mierda, si, sabe cómo acomodarla… -ruge bajito Ned, las rudas manos atrapando las caderas del muchacho, su güevo enterrado hasta los pelos en aquellas entrañas calientes y suave que le succionan y halan de manera intensa.- Tu hermano estaba en lo cierto, este es un coño increíble dulce y apretado. –suspira ruidosamente.- Dios, ¡cómo aprieta y chupa! –su panza va de adelante atrás, sin moverla de sus entrañas, pero la siente más aprisionada.
Jadeando quedo, boca abierta y ojos nublados, Bobby mira el reflejo en el espacio, su cara de puto caliente y los dos enormes hombres detrás de él, uno de ellos aferrando sus caderas mientras le embiste, de adelante atrás, medio ladeado, cogiéndole con fuerza, estimulando sus entrañas, dándole donde es. Y por sus gestos, el joven culturista entiende que eso era lo que fueron a buscar. No el auto. Seguramente Tom, hermano de Walt, les habría contado sobre toda la loca diversión que tuvieron la noche anterior y se habían acercado buscando obtener un poco para sí mismos; tener y encular por todos lados al guapo y joven culturista rubio que adora las vergas en su culo sedoso.
La idea debería ser degradante, considera por un segundo Bobby, su musculoso cuerpo estremeciéndose con fuerza sobre el colchón por los ímpetus de las embestidas del grueso y tieso tronco en su agujero, pero no se queja. No puede porque está totalmente enviciado. Había pasado toda la mañana caliente soñando con lo ocurrido la noche anterior, aquellas cuatro enormes piezas masculinas enterrándose en sus entrañas, jodiéndolas y dejándolas llenas de semen caliente, y eso le tenía a punto para recibir más, admite sonriendo un momento, cerrando los ojos, quedándose muy quieto, apretando mucho sus nalgas, siendo totalmente consciente de la nervuda y rugosa tranca que se desliza en su recto, estimulándole, calentándole, excitándole de manera intensa, dándole en ese aparente clítoris de culo que tiene y sobre la próstata. Estaba nadando en hormonas y ganas, y el enorme sujeto maduro a sus espaldas estaba totalmente dispuesto a gozar del rubio y hermoso muchacho culón.
Le daría algo en qué pensar, se dice el joven culturista, totalmente abierto y lleno por la enorme y gruesa verga que dilata intensamente su esfínter, las bolas de este descansando contra su piel, así que prensó aún más sus nalgas y su agujero, de alguna manera, se abrió y cerró como unos labios sobre un helado pero sobre el cilíndrico tolete, ordeñándolo con fuerza.
-¡Coño! –grazna maravillado Walt, mirando, su verga goteando.
-Oh, Dios, es…-Ned enrojece todo, volviéndose hacía su compinche mientras siente que ese agujero va a arrancarle la verga con sus haladas.- Amigo, espera hasta que sientas este coño apretado trabajándote la verga. Este chico es una putita de lo más talentoso. –se la saca un poco, la membrana totalmente unida a ella, empujando otra vez, su venosa y palpitante moles rozándole las paredes del recto, haciéndole gemir.- ¿Te gusta sentir mi enorme verga en tu coño, muchacho? ¿Tu coño de puto musculoso disfruta de la buena verga de un hombre, hijo?
-Hummm… sí, señor. –jadea el chico rubio, cara roja, brillantes los ojos lujuriosos cuando ese tolete sale y regresa, dándole sabroso.- ¿Podría… podría darme más fuerte, por favor? –oye risas.
-Pero qué puto. –es la respuesta del hombre, así como una nalgada y el incremento de las cogidas, un frenético mete y saca que le arranca otro gemido mórbido de lujuria al musculoso joven.
Las nuevas embestidas le hacen gemir de una forma tan entregada a ese uso, que Walt se acerca más, acariciándose la verga y viéndole el agujero tan lleno de masculinidad. Cuando Ned saca su tolete, lentamente para que el chico disfrute de su paso, Walt extiende la mano y con los dedos recorre el agujero rojizo, abierto, hundiendo uno de ellos en su ardiente interioridad.
-De verdad que parece un coño caliente. –susurra con asombro.- Mira esos labios hinchados.
-Y es un coño de los buenos, de los deseosos de hombres. –gruñe Ned, tendiéndose sobre el muchacho, la punta de su verga rojiza pegando del agujero ya ocupado por un dedo, que se retira.
Atrapándole al joven culturista los fornidos brazos, empujándolos hacia su cabeza, quitándole todo apoyo, presionándole los hombros sobre el colchón mientras su gruesa y dura verga, que quema con fuerza, Ned se abre camino en su sedoso culo ávido de más, porque era un culo realmente necesitado de eso, del consuelo que sólo la verga de un macho puede ofrecer. Y así, inmovilizándole, obligándole a tensar cada musculo (cosa que excita a Bobby quien se mira de costado en el espejo), le coge, sacándosela y metiéndosela con fuerza, cabalgándole duro, sin piedad, como todo hombre desea coger a sus perras, haciéndolas gemir de gusto en el proceso.
Y justo en ese momento es perfectamente audible, a pesar de los quejidos de la cama, de los gemidos de Bobby y los gruñidos de Ned, la puerta de la calle abriéndose y alguien silbando alegremente que entra y lega al pasillo.
-Bobby, estoy en casa, ¿dónde estás, muchacho? –oyen la voz de Ben. Y aunque tanto Walt como él vuelven las miradas a la puerta cerrada, Ned no se detiene, no puede, no con ese culo ardiente y succionante que estaba dándole las haladas y apretadas de su vida, por lo que sigue metiéndola y sacándosela rítmicamente.
-¡ESTOY EN MI HABITACIÓN! –grita el joven, voz estrangulada, todo tenso por la posición, todo tembloroso por el placer que siente.
-Okay, muchacho. Voy a tomar una ducha. Tal vez luego podamos salir, ¿no? –oyen la respuesta, momentos después la ducha corriendo.
Sabiendo que estaba cogiéndose a aquel musculoso muchacho mientras su suegro estaba en la otra habitación, pareció enloquecer a Ned, quien incrementó de manera entusiasta, rítmica y fuerte sus embestidas sobre el rojizo culo abierto. Su tranca casi amoratada de sangre entraba y salía con propiedad, rozándole, llenándole, dándole duro, y Bobby sólo podía gemir quedo, ojos cerrados, rostro ladeado, sonriendo para sus adentros, suponiendo acertadamente qué era lo que excitaba tanto al otro, cogerse al yerno de un tío que andaba por ahí, seguramente imaginando que hacía algo muy eróticamente sucio y secreto, ¡gozar del culo del marido de la hija de otro! Obviamente ignoraba que Ben le había visto siendo jodido una y otra vez.
El colchón se agitaba todo, y endureciendo su agujero alrededor de la rígida barra pulsante, Bobby abre los ojos, casi bizcos, mientras sufre uno de esos clímax de culo que no entiende, pero tan reales como intensos y maravillosos, uno que le llena de infinito placer, tanto que su agujero es como una verdadera ventosa cerrada sobre la pieza que le penetra. Y Ned lo siente, abriendo muchos los ojos y bocas, mirando ese atractivo y emputecido rostro contra la cama, sintiendo su miembro increíblemente halado, sobado y trabajado. Sin embargo, aunque Bobby podía estar sufriendo un orgasmo, su culo no afloja su presa… quería ordeñar la esperma caliente de ese macho rudo tras él. Y quería hasta la última gota de ese semen que se estaba ganando.
-¡OH, MIERDA! –ruge el hombre, olvidada toda precaución.- ¡Qué coño! –y la empuja toda, casi cayéndole encima, reteniéndole por las muñecas, hundiéndole en el colchón aún más.- Tómala toda, nena grande. Toma toda mi esperma en tu coño caliente de putita. –y gruñe bizqueando también, su verga imposiblemente dura disparando carga tras carga de semen dentro del apretado, sedoso y succionante agujero que parece movilizarse cuando lo percibe, a lo lejos oye los gemidos quedos del musculoso chico al sentirlo, su leche ardiente llenándole todo.- Si, tómala, goza toda mi leche en tu coño de musculosa puta.
Cada disparo lanzado por la violenta pulsada de la verga se sintió de forma intensa en las estimuladas entrañas del rubio muchacho, casi golpeándole sobre la próstata, llenándole totalmente. Dios, cómo le gustaba eso, sentir la semilla de los hombres nutriéndole así, sus espermatozoides nadando.
-Ah, fue… fue… -graznas Ned tras el muchacho, soltándole las muñecas, deslizando fuera, suave, su inmensa verga todavía medio morcillona empapada en su propio semen que regó un poco antes de abandonar el sedoso estuche del muchacho. Se pone de pie, y todavía gotea algo de esperma.
-Vaya, hijito, ¿otra reunión con chicos? Estás volviéndose muy parrandero. –se oye una voz desde la puerta, que fue abierta sin que nadie lo notara, y tres pares de ojos se vuelven para encarar a Ben, desnudo a excepción de una corta toalla alrededor de su cintura, sus enormes pectorales, hombros y brazos húmedos de la ducha.
-Oye… -grazna Ned, algo confuso ahora.
-¿Te gustó disfrutar del culo del marido de mi hija? –pregunta irónico, y los tres sujetos madurones se miran.
-Mucho. –ríe Ned y Walt le imita.- No quisimos faltar al respeto. Pero este chico… -abre los ojos y toma aire, recordando cómo le encontraron al llegar, desnudo y acariciándose el culo en la piscina.- Espero que no te moleste que… nos tomáramos algunas libertades.
Ben les mira por un segundo y luego ríe también, acabando con la poca tensión presente; después de todo no había nada qué discutir, eran tres machos alfa en presencia de un sumiso chico guapo y saludable que necesitaba ser tomado, que disfrutaba ser tomado, que exhalaba un aroma que enloquecía a los hombres.
-Por supuesto que no. Me gusta que mi yerno se divierta. Es un chico dulce que ha vivido mucho tiempo sin ejercer su sexualidad, cosa que no es sana. Ahora sí. Y no los culpo, mi muchacho tiene el coño más bonito, caliente y suave que jamás se verá. –tranquiliza, acercándose a la cama, recorriendo con un dedo la raja de su yerno, recogiendo algo de semen y empujándoselo en el agujero ávido, que titila sobre la punta de su dedo.- ¿No se siente genial cuando se la empujas duro y hondo por el coño? –pregunta y Walt le mira con sorpresa.
-¡Gran Dios, ¿has jodido el culo de tu yerno, el marido de tu hija?! ¡Me gustaría ver eso!
-Te gustaría, ¿eh? –contesta Ben, antes de renunciar a la toalla y dejar ver en toda su grandeza la venosa, dura y brillante verga. Siempre estaba lista la pieza de ese hombre para coger.- Vamos, hijito… los señores quieren ver.
Mirándole sobre un hombro, Bobby, cuyo culo sufre un violento espasmo, por fin iba a recibir lo que llevaba días esperando (la verga de su “papi”), se moviliza sobre manos y rodillas, elevando su agujero y acercándolo al poderoso macho, rumbo a sus caderas, hasta que su goteante ano, abriéndose y cerrando, presiona contra el glande del grueso y largo tolete, roce increíble, mientras Ben permanecía muy quieto, manos en las caderas, mirándole con una sonrisa de orgullo y lujuria (bien sabía que sería así de putito cuando comenzó a trabajarle).
Mirando a los otros dos, fascinados ante el espectáculo, Ben siente como Bobby empuja más las nalgas y como los labios de ese culo parecen abrazar la punta de su verga, casi halándola, metiéndosela centímetro a centímetro dentro del usado agujero caliente lleno de esperma. Y mientras se la va metiendo, por fin después de tantos días de abandono, Bobby, totalmente enrojecido, gime con total pasión, atrapándola toda, sintiéndola pulsar y llenarle de calor y jugos las entrañas. Se retira un poco, apretándola, y regresa succionándola con todo, antes de comenzar un ir y venir de locura, deseando el roce, la auto cogida, llenando el ambiente con sus gemidos roncos y las palmadas de sus nalgas contra las caderas de su suegro, ofreciendo a la visita un espectáculo caliente y sucio.
-Este chico… -granza Walt, ojos lujuriosos clavados en ese redondo agujero que se abría de alguna manera para tragar la gruesa mole de carne que lo penetraba.
-Es un gran chico… mi chico… -asiente Ben, dándole una fuerte palmada y Bobby alza la cabeza dejando escapar un gemido totalmente lleno de lujuria.- ¿Y cómo van los preparativos para la boda? –les pregunta mientras el muchacho va y viene sobre él, enculándose con fuerza sobre la dura, larga y gruesa verga de su suegro. Y así comienzan a hablar, mientras la visita miraba al rubio y musculoso culturista empalarse a sí mismo.
Y nuevamente, con lo muy putito, o muy viciado o apasionado que había terminado siendo, Bobby decide que quiere más. Si, puede satisfacer a esos hombres con su musculoso culo, puede brindarles un gran espectáculo mientras va y viene sobre la gruesa verga de Ben, pero también quiere que este se sienta satisfecho. Ahora sabe que también tiene dones, no es sólo un coño caliente (así lo pensó, un “coño”), necesitado y urgido de ser llenado por los hombres. También podía dar…
Muy lentamente va ascendiendo sobre la larga tranca de su suegro, palmo a palmo, apretando con fuerza, sintiendo contra las increíblemente sensibles paredes de su recto el pulsar de cada vena de la dura y ardiente lanza de carne. Cuando llega a la punta, sintiendo el engrosamiento del glande, tira de él con los labios hinchados de su culo. Tomándose su tiempo, dándole apretadas con el esfínter, comienza a descender lentamente, nuevamente sintiéndolo recorrer sus entrañas, rozándose, abriendo, llenándole de pulsante carne, tomándolo todo. Ben gruñe de satisfacción y eso hace sonreír al joven, quien comienza a ir y venir sobre ella de manera frenética, dándole las apretadas de su vida, para hacerle gozar, pero también para disfrutar el roce y las pulsaciones de la titánica barra contra las paredes de su recto. Es todo un espectáculo verle tomar y soltar ese instrumento enorme. pero, sobre todo, comprobar lo puto que es, lo mucho que necesita de un güevo caliente y duro en sus entrañas.
Walt, mirada fija, se acerca más, su tieso tolete muy erecto y goteante frente a él, bajando una mano de dedos abiertos, posándolos a los lados del muy abierto agujero, cuya membrana sale y entra mientras continúa empalándose, y aprieta, atrapando levemente el tolete de Ben, el cual latía con fuerza mientras aparecía y desaparecía dentro del rubio y musculoso culturista.
-¿Hay esperma tuya en el coño de mi muchacho? –Ben le pregunta.
-No, todavía no. –responde Walt. Ben, dando un paso atrás, retira su tranca del titilante agujero abierto de su yerno.
-Anda, toma tu turno. Vale la pena. –se lo ofrece.
Estaba “prestándole” a otro carajo, se dice Bobby, cara roja y transpirada, sabiendo que debería sentirse muy humillado, pero su culo sólo puede palpitar más a la vista de la tercera tranca que puede tomar en esos momentos. El tercer güevo grande y babeante que llenará su coño hambriento. Vuelve la clara y bella mirada al frente, y por el espejo ve al hermano de Tom agarrándose la verga, colocándose detrás de él, y empujársela toda, de golpe, en las entrañas. Se desliza, dura y caliente, y las paredes de ese recto sedoso y apretado lo cubren, halan y aprietan.
Walt, quien parecía un hombre algo callado hasta ese entonces, al sentir ese culo cerrarse hambrientamente sobre su falo, dándole semejante chupada, deja escapar un ronco gemido de sorpresa y gusto. Por Dios, el culo de ese muchacho rubio y musculoso era algo realmente serio, podía sentir cada palmo de su tranca totalmente estimulada y trabajada. ¿Serían así los culos de todos los chicos deportistas?
-Oh, mierda, ¡pero qué coño! –ruge, atrapándole con manos firmes las caderas, sacándola y metiéndosela duro, halándola casi hasta el glande para luego enterrarle cada palmo de gruesa y nervuda barra en las entrañas, una y otra vez, sintiéndose en la gloria, amando, como hace todo hombre, cuando oye al chico gemir de placer, arqueando la recia espalda, gozando sus cogidas.- Tómala toda, putita de coño alegre, toma toda mi verga. ¿Te gusta, chico grande? ¿Te gusta sentir mi hombría llenándote y dándote gusto? Eres un culturista de músculos grandes pero tienes un coño ávido de machos bien caliente, muchacho. –y embiste, una y otra vez, llenando el cuarto de las bofetadas pelvis contra nalgas.- Tómala, nena, tómala toda por tu coño dulce…
Ben, le mira a través del espejo, sus ojos se encuentran, sonríe leve, va y toma asiento en un sillón al tiempo que acaricia su erección. El chico rubio entiende, su suegro, su hombre, quiere un espectáculo; comienza a ir y venir contra la pelvis de Walt, machacándole la verga con su culo, atrapándola de manera intensa, ladeando sus nalgas para sentirla por todos lados, como sólo saben hacerlo unos cuantos.
-Joder, amigo, tu yerno es… -Walt se la clava duro, empujando más, mirando a Ben.- ¿No te molesta que a tu yerno…?
-No, amigo, me gusta ver que mi muchacho la está pasando bien. Pasó mucho tiempo con un complejo de heterosexual, ahora es libre para ser una putita que goza de las vergas de los verdaderos machos. Su coño dulce y caliente, siempre mojado, necesita de mucha masculinidad. –informa.
-Mierda, si, es tan puto. –ladra Ned, escuchando lo que hablan, viendo el hermoso cuadro del atractivo, saludable y musculoso joven rubio moviéndose entusiasta mientras su culo es abierto una y otra vez por la gruesa verga de su amigo.- Quiero más de eso… vamos, Walt, haz espacio y vamos a clavárnoslo entre los dos. Le sacaremos la mierda de tantos güevazos… -amenaza.
Y Bobby gime, tensándose sobre la cama, presa de otro clímax anal, exhalando su aroma a perra en celo que termina con los escrúpulos de Walt, quien asiente. Iban a cogerlo entre los dos. Dos machos para él, y la idea le hace nadar en endorfinas como siempre. Las ordeñaría para su suegro, las trabajaría y las agotaría y Ben miraría su culo abierto manando un verdadero río de semen caliente.
Ben sonríe, como si le adivinara; si, Bobby era una puta. Su putita. Y lo sería para siempre.
-Vamos, señores, menos charlas y más movimientos. Llénenle el coño de vergas a esa putita caliente… -les anima.
-Joder, amigo, tu yerno es… -Walt se la clava duro, empujando más, mirando a Ben.- ¿No te molesta que a tu yerno…?
-No, amigo, me gusta ver que mi muchacho la está pasando bien. Pasó mucho tiempo con un complejo de heterosexual, ahora es libre para ser una putita que goza de las vergas de los verdaderos machos. Su coño dulce y caliente, siempre mojado, necesita de mucha masculinidad. –informa.
-Mierda, si, es tan puto. –ladra Ned, escuchando lo que hablan, viendo el hermoso cuadro del atractivo, saludable y musculoso joven rubio moviéndose entusiasta mientras su culo es abierto una y otra vez por la gruesa verga de su amigo.- Quiero más de eso… vamos, Walt, haz espacio y vamos a clavárnoslo entre los dos. Le sacaremos la mierda de tantos güevazos… -amenaza.
Y Bobby gime, tensándose sobre la cama, presa de otro clímax anal, exhalando su aroma a perra en celo que termina con los escrúpulos de Walt, quien asiente. Iban a cogerlo entre los dos. Dos machos para él, y la idea le hace nadar en endorfinas como siempre. Las ordeñaría para su suegro, las trabajaría y las agotaría y Ben miraría su culo abierto manando un verdadero río de semen caliente.
Ben sonríe, como si le adivinara; si, Bobby era una puta. Su putita. Y lo sería para siempre.
-Vamos, señores, menos charlas y más movimientos. Llénenle el coño de vergas a esa putita caliente… -les anima.
Continuará... 37

No hay comentarios:
Publicar un comentario