-No, esa será parte de su sorpresa. –y ríen, cada uno sintiendo su verga ya hormigueando…
El regreso de Bobby, enfundado en la pequeña tanga y una corta camiseta, es seguida por la mirada de los cuatro hombres.
-Hijito… -se aclara la garganta Ben.- ¿Por qué no le muestras la piscina a nuestros amigos?
-Seguro, suegro. –asiente el joven, dirigiéndose al pasillo que lleva a los patios, deteniéndose y volviendo el rostro. Los cuatro hombres le miraban el culo.- Yo… me queda como pequeña, ¿verdad? –jadeó, sintiéndose aprisionado por la suave y elástica tela que apenas cubría una parte de sus nalgas, hundiéndose un poco entre ellas. Y rojo de cara, con ese extraño calorcillo en sus entrañas, continúa su camino con Tony, Raúl y Eduardo detrás de él.
El sol acariciaba los cuerpos, o eso le parece a Bobby, quien respira agitado. Mirando las aguas azules de la piscina se pregunta a dónde fue Ben. Y a qué hora llegaría Alice.
-Vamos, cuñado, siéntate aquí. –oye la alegre aunque ronca voz de Tony, quien daba unas palmaditas en la tumbona a su lado.
El joven y fornido rubio, rojo de mejillas, va a su lado, viendo como el cuñado se lleva un dedo a la boca, chupándolo y ensalivándolo, para luego atraparle por un brazo, halándole, obligándole a caer de panza sobre sus piernas. Casi gritó, tensándose, cuando la enorme mano del joven italiano se mete dentro de la tanga, acariciando sus turgentes y redondas nalgas, buscando la raja y frotando circularmente la entrada de su culo, dándole pequeños halones.
-Tony, no… -jadeó, tensándose y retorciéndose sobre sus piernas, subiendo su culo buscando ese dedo, pero aterrado de ser tratado así frente a esos dos hombres a quienes apena conoce. Unos tipos que iban a saber que…
Pero ese dedo acariciaba con fuerza, lentamente metiendo media falange, abriéndolo, rotándolo circularmente, calentándole más. El joven culturista podía sentir la verga totalmente erecta de Tony bajo él, abultando escandalosamente bajo su jeans desgastado. Los dos socios de trabajo les miraban, acercándose riendo, aunque Tony no parecía reparar en ellos.
-Métele el dedo por ese culo. –gruñó Raúl.
-Se ve que le gusta. –acota Eduardo, frotándose el entrepiernas.
-Maldita sea, cuñadito… -gruñe Tony bajando el rostro, casi hablándole al oído.- El coño que tienes por culo se siente tan suave y tan hambriento. Me hala el dedo que da gusto. Se ve que lo quiere bien adentro. Es obvio que tu dulce agujero necesita algo de esperma para saciarse. –y esas palabras lograron que el joven rubio gimiera, apretando salvajemente el culo sobre esa falange invasora, agitándolo un poco. Deseándolo.
Fue cuando Ben salió de la casa cargando un paquete de seis cervezas, varias copas y una botella de tequila.
-Bueno, señores, mi yerno cumple veinte añitos, por lo tanto debemos celebrar.
En cuanto el hombre aparece, Bobby, rojo de vergüenza y calentura, se libra del agarre del cuñado, cayendo sentado sobre la tumbona. Ben, como si no hubiera notado nada, le entregó a cada uno una cerveza y una copa, menos a Bobby, y comenzó a pasar la botella llenándolas con el oloroso y fuerte licor mexicano.
-Veinte años, Bobby… -comenta Tony sonriente, ganándose la mirada de todos, por lo que nadie repara en Ben, vertiendo unas cuantas gotas de aquel frasco en la vacía copa del yerno, que llena a continuación, todo sonrisas.
-Veinte años… -repite, entregándole la copa.
-Gracias, suegro. –se sonroja el rubio. Chocan las copas deseándole salud y felicidad. Beben.
Bobby arruga el rostro. El licor era fuerte, pero el segundo trago supo mucho mejor, provocándole un agradable zumbido en los oídos, comenzando a sentirse mareado.
-Hey, ¡todos a la piscina! –grita Tony.
El rubio no había imaginado que trajeran bañadores, pero algo dentro de él, ardiendo, deseaba ver a esos tipos enormes en pequeñas piezas de baño.
-Claro. –Eduardo es el primero que acepta, quitándose la camisa y desabrochando su pantalón jeans, tirando de ellos, quedando tan desnudo, aunque más crecido, como cuando Dios le trajo al mundo. Su verga, masiva aunque suave, parecía alzarse un tanto como buscando al joven culturista que no podía dejar de mirarla.
-Tal vez… tal vez tenga trajes de baño para todos. –grazna.
-No hace falta, cuñadito. –interviene Tony.- Todos somos chicos aquí. –dijo de pie, al lado del joven, quitándose las ropas.
Su verga estaba semi dura, tal vez de su jueguito de meterle el dedo en el culo. Raúl también se quitó la ropa, dejando a la vista una gorda verga antes de que todos saltaran al agua.
-¿Viene también, suegro? –jadeando, Bobby se puso de pie, inquieto, quitándose la camiseta.
-Todavía no, hijito. Anda tú, pero creo que deberías quitarte la tanga, para no desentonar, ¿no crees?
El muchacho duda, sintiéndose algo tímido, pero el alcohol, o pensaba que sólo era eso, le llena de brios; así que metiendo los dedos dentro de los lados de la tanga, se la quita ofreciéndole al suegro una buena visión de su culo mientras la bajaba por sus piernas musculosas. Al agacharse para recogerla, nota que los hombres en la piscina tenían la vista clavada en su culo rojizo y cerrado.
-Joder, Bobby. –dice Raúl con voz ronca.- Mira esa vaina.
El joven culturista entiende que el sujeto le había dado una buena mirada a su culo afeitado y de color rosa. Sintiéndose arder de vergüenza corrió y se lanzó al agua, como los otros.
Durante algunos minutos todos nadaron, atacándose unos a otros lanzándose agua y otras payasadas de esas. Pero el joven culturista sentía claramente, cada vez que uno de esos tipos se le acercaba y le atrapa para sumergirle, como sus manos grandes se deslizaban por sus nalgas, metiéndose en la raja y medio cepillaban la entrada de su culo ahora inquieto. También sentía como chocaban de él, pegándosele contra sus piernas cuando alguno le atrapaba, las vergas que parecían duras y ardientes.
Bobby estaba caliente, no quería admitirlo, o pensar en ello, pero su culo palpitaba quemándose a pesar del agua de la piscina. Tenía nuevamente esa desesperada urgencia de… Lentamente nada hacia la parte más baja de la piscina y se echa de panza sobre el concreto para ver a su suegro, ese hombre que ya una vez le calmó esos ardores. Ben se había despojado de sus ropas, como el resto, aunque no parecía interesado en entrar al agua.
Cuando nota al guapo yerno mirándole, el hombre sonríe atrapando su gruesa barra con una mano, sobándola de arriba abajo, poniéndose de pie, mirándole fijamente.
Mientras el resto de los chicos nadaban, Ben se sentó en la orilla, frente a su yerno, sonriéndole vicioso, notando en las húmedas y rojas mejillas del muchacho, así como en el febril brillo de su mirada, las ganas que tenía de vergas calientes y llenas de leche.
-Maldita sea, Bobby, pero que culo más rico pareces tener ahí. –gruñe Eduardo con torpeza, en voz baja, mientras mira el musculoso cuerpo del joven, sobre todo los llenos muslos y las redondas nalgas.- Apuesto que haces una gran cantidad de sentadillas, ¿verdad?
-Las hace. –confirma Tony.- Tiene el trasero más bonito y firme de todos los que compiten en un escenario. Y deberías sentir lo suave que es esa piel al tacto.
-¿De verdad? Déjame ver. –gruñe Raúl llegando junto al muchacho antes de recorrerle con una mano grande y callosa los globos duros que tenía por glúteos.- Joder, es como seda caliente.
-Así es. Y su culo es todavía más suavecito. Lo afeita todo. –continúa diciendo Tony.- Deben comprobarlo.
Es todo lo que necesita el par de enormes latinos. Eduardo atrapa una de las nalgas y Raúl la otra y halan de ellas, abriéndolo. Con un jadeo ronco, Raúl pasa sus dedos por la suave y roja raja interglútea, deteniéndose sobre el afeitado culo cerrado. El hombre frota la entrada, pellizcándola. Con su mano libre, Eduardo se le unió, halando también de la entrada del redondo orificio. Los dos hombres, bocas abiertas y ojos lujuriosos, frotaban con sus dedos la titilante entrada del muchacho, masajeándolo, estimulándolo mucho.
Era tan excitante, y por alguna razón estaba tan caliente, que Bobby no se resistió; por el contrario, comenzó a menear sus nalgas, empujando su culo contra esos dedos, buscando macho, permitiéndoles tocarle todo lo que les diera la gana.
-¿No es un dulce y sedoso culito? –pregunta Tony, ojos brillantes mientras ve a los dos hombres con quienes trabaja, acariciándole el culo a su cuñado, el marido de su hermana, que lo mecía desesperadamente.
Sonríe torvo, ese culo debía estar ya en llamas, necesitando desesperadamente de machos como ellos que lo apagaran a fuerza de unos cuantos buenos chorros de esperma. El cuñado, después de hoy, se convertiría definitivamente en una puta caliente, necesitado de hombres de verdad. Sería la putita de su padre, una que este pensaba aprovechar mercenariamente, se dice sonriendo cuando ve dos dedos de hombres diferentes intentando entrar en el cerrado culo de Bobby, quien gime agónicamente.
Si, sería una buena putita. Pero, ahora, primero lo primero, enviciarlo totalmente con vergas; despertar en su cuñadito, a fuerza de cogidas y corridas, una eterna hambre de leche…
CONTINUARÁ... 5

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