domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 5

 


Si, sería una buena putita. Pero, ahora, primero lo primero, enviciarlo totalmente con vergas; despertar en su cuñadito, a fuerza de cogidas y corridas, una eterna hambre de leche…


-¿No es un dulce y apretado culito? –pregunta Tony finalmente, mirando como los dos sujetos con quienes trabaja acarician el ano de su cuñado, cada uno empujando su pulgar contra el palpitante huequito.


-Si. Este culo es tan terso como un buen coño. –silba Eduardo, mientras Raúl tan sólo gruñe su aprobación, cepillándole con los dedos la entrada al rubio muchacho.


-Y deben verlo todavía más de cerca. –sugiere Tony.


Eduardo no necesitaba mucha insistencia al respecto y rápidamente se posicionó tras el joven culturista, con el rostro a escasos centímetros de la raja de su culo. Y el muchacho contiene un gemido de intenso deseo cuando siente la presión de esos gruesos labios húmedos sobre su agujero caliente. El hombre comienza lamiendo y medio chupando, para luego sacar la lengua a todo lo que sale, empujándola profundamente dentro del musculoso joven. Comienza a cogerle con ella, metiéndosela y sacándola con rapidez y avidez. Y mordía un poco y volvía a chapárselo.


-Eso es, guevón, cómete ese maldito culito. ¿Qué tal se siente en tu boca? –pregunta Raúl, viendo a su hermano frente a la ley devorándole el hueco al muchacho. Eduardo, por un segundo, despega su boca y le mira con ojos brillantes de lujuria, con sus fuertes dedos clavados en la dorada y lampiñas nalgas de Bobby.


-Joder, hombre, que es el más suave culo de putita que he saboreado. –gruñe con entusiasmo, volviendo a ese tembloroso agujero sin pelos que le excita tanto. Lame y chupa con tanto entusiasmo, gruñendo y babeando cálida saliva mientras frota su cara de la raja, que Bobby tan sólo puede gemir y estremecerse.


El muchacho quería contenerse, él no era ningún marica, pero… La ardiente lengua se abre paso, quemándole, y jadea agudo, abriendo los ojos y encontrando la mirada divertida y sardónica de su suegro, quien no perdía detalle. Su enorme verga estaba totalmente erecta, pegada a su abdomen, donde lentamente la acaricia.


-¿Estás disfrutando de tu cumpleaños, hijito? –pregunta vicioso.


-Déjame probar también de ese culo de puta, coño. –se queja Raúl, empujando al cuñado a un lado.


Bobby arqueó la espalda y alzó el enrojecido rostro al sentir el roce de la barba del rudo hombre sobre su raja, cepillándole la entrada del culo, antes de comenzar a chapárselo y luego cogerle con su boca mientras gruñía algo como “putita”, una y otra vez.


El joven rubio no podía hacer nada como no fuera estremecerse y tensar sus musculosas piernas, alzando su cabeza, mordiéndose los rojos labios para no gemir por más mientras esa lengua se le metía hondo y los pelos de la barba le arañaban.


-Vamos, Bobby… -dice Tony a su lado.- Súbete a esa silla. –le ordena.


Y tiene que obedecer, Tony le toma de un brazo y le hala, a pesar de que se medio tambalea cuando laz rodillas no le sostienen en firme. ¡Se sentía tan bien esa lengua hambrienta en su culo! El hombre que no ha probado la lengua de otro en su agujero, no sabe lo que se pierde, piensa mareado.


Cuando cae de rodillas sobre la silla, repara en que todo el mundo ha salido de la piscina. Con los ojos intensamente azules muy abiertos, el muchacho se ve rodeado por los cuatro machos, totalmente desnudos, con sus vergas cada una más gruesa, roja y dura, llenas de ganas. De ganas de enterrarse en él. Tal pensamiento, y el no saber cómo terminó rodeado de hombres calientes, le marean y, sin quererlo, comienza a menear un poco el culo, invitador. Joder, le ardía y no sabía por qué.


-En posición, cuñadito. –ríe ronco Tony, empujándole por la espalda. Bobby cae de panza sobre el mueble, con sus musculosas piernas a ambos lados del mueble, cosa que abre realmente sus nalgas redondas y expone su culo algo hinchado y enrojecido por las lamidas y mamadas de Raúl y Eduardo. Y hablando de ellos, los hombres toman asiento en las sillas a los lados del muchacho.


-¿Qué vas a hacer, Tony? –pregunta, riente, su padre.


-Quiero comer un poco de este culo de putita caliente, papá. –responde el muchacho mientras se arrodilla detrás del cuñado y entierra su rostro entre las turgentes nalgas, quien gime al sentir la dúctil y húmeda lengua que lame, la boca que chupa, los dientes que muerden, el rastro de barba que le roza la raja.


A pesar de gemir, totalmente enrojecido y brillante aún por el agua de la piscina, Bobby se las ingenia para abrir los ojos, descubriendo que Eduardo y Raúl acarician, cada cual, su propia verga erecta.


-Coño, Tony, se ve que te encanta comerle el culo al maridito de tu hermana, ¿eh? Es increíble que este muchacho tan alto y musculoso esté tan hambriento de machos. –comenta Raúl.


-Y no han visto nada todavía. –responde Tony.


Bobby jadea contenido, entre decepcionado y expectante, cuando Tony deja de meterle la lengua en el culo, cogiéndole con ella. Nota como se levanta y se echa hacia delante. Lo siguiente que el joven rubio lampiño y musculoso siente es la esponjosa cabeza del güevo del otro pulsando contra la entrada de su culo. A Bobby los oídos le zumbaban, sus entrañas ardían horriblemente y tan sólo deseaba esa verga penetrándole. Su culo se abría y cerraba espasmódicamente, casi halando la verga que va abriéndose paso lentamente. El rubio toma aire y gime mordiéndose los labios cuando ocho centímetros de verga gruesa y dura ya se han clavado en su orificio de amar.


-¡Coño’e la madre! –exclama Eduardo sonriendo sorprendido.- ¡Mira como ese culito rosado se traga esa güevo de caballo!


La dura barra entra toda y Bobby grita tensándose, arqueando la espalda, recorrido por oleadas cálidas de lujuria. Era lo que necesitaba, el güevo de un hombre bien clavado en su culo ávido.


-Así es, ¿notan como este culo hala de mi verga? Bobby es una nena musculosa cuando se trata de aceptar enormes güevos. Tienes un culo muy hambriento y necesitado, ¿no es así, Bobby? –gruñe Tony mientras lo cabalga duramente con su tolete.


-Si, me encanta. –gime el muchacho con un jadeo ahogado, mientras Raúl y Eduardo parecían encantado por el espectáculo del bonito muchacho rubio y musculoso a quien le metían y sacaban una enorme verga de su culo hambriento.


-Dime, Ben… -Raúl se dirige a su jefe en la constructora.- ¿Qué piensas del hecho de que tu yerno sea una puta para buscar hombres?


-Tiene un buen culo, que lo disfrute. –sonríe el hombre velludo, acariciándose su gruesa verga, volviéndose hacia el yerno puta.- Dime, bebé, ¿no quieres chupar un poco del biberón de tu papi?


El muchacho, bañado en transpiración, rojo de mejillas, le mira casi aturdido, confuso él mismo por la intensidad de sus ganas. El güevo de Tony en sus entrañas les excita todavía más. Quiere más.


-Ponte cómodo. –Tony se vuelve hacia Raúl.- Eh, cuñadito, vamos, es hora de que le des a probar un poco de tu culo rico a los muchachos. –dice sacándole la verga de las entrañas y ayudándole a ponerse de pie.


El joven culturistas, rojo de vergüenza, camina llevado de la mano hacia el enorme latino echado de culo en otra de las sillas. Raúl y Eduardo ríen, y el muchacho no puede sentirse más mortificado, pero con la vista clavada en ese tolete cobrizo, surcado de venas, la cabezota brillante y pulsante. Montándosele a hojarasca sobre las caderas, poco a poco fue bajando su culo palpitante, que se abría y cerraba espasmódicamente, hasta que pegó de la cabezota de la cálida verga.


-¡Joder! –gruñe Raúl.- Tienes un culito tan firme y suave, Bobby. –y apretando los dientes empuja hacia arriba su tranca, metiéndosela toda. Gritando ronco ambos.


El muchacho cae sobre sus muslos terminando de empalarse, apretándola salvajemente con sus entrañas, ordeñándola a fondo. Rodeándole la cintura con un brazo, Raúl le abraza con fuerza hasta sentir los enormes y musculosos pectorales del muchacho, apretándole y acariciándole un bíceps con el otro, duro y redondo como un globo. Lentamente el muchacho sube y baja sobre la verga, estremeciéndose y arqueándose cada vez que la barra le roza la próstata. Cada pase, cada roce le hace arder, su piel está erizada y tiene que doblar los dedos de sus pies. La visión del enorme muchacho rubio subiendo y bajando sobre el otro hombre, sus nalgas redondas, doradas y lampiñas muy abiertas mientras el cobrizo güevo se le mete, hondo, era increíble. Era la imagen del chico saludable que disfrutaba del sexo caliente y rico. Algo a lo que todo chico tiene derecho, piensan los sátiros esos.


Eduardo les observa fijamente, con la verga tiesa como pata de perro envenenado, goteando claros líquidos en cantidades industriales. Tenía que sobársela para sentir algo de alivio mientras miraba como Bobby saltaba salvajemente ahora sobre su cuñado, sobre su güevo que parecía enloquecerle hasta llevarle a gemir roncamente, demostrando que en verdad estaba gozándola a fondo.


-Yo también quiero llenar con mi verga ese culito rico. –grazna suplicante, dejándose caer en una silla al lado de la pareja, agarrándose la verga con la mano, frotándola y agitándola un poco.- Vamos, Bobby, ven por tu regalo de cumpleaños, muchacho. Ven por esta verga que te hará gemir y gozar bastante…


Ben sonríe malévolo viendo como su yerno mira esa otra tranca, hambriento, subiendo sus caderas y dejando la de Raúl. Todo estaba saliendo bien, se dice el hombre mayor. Bobby estaba tan caliente que pronto terminaría como un sumiso y necesitado esclavo de los güevos.


Perfecto.


CONTINUARÁ... 6                                                   


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