domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 9




-Los polvitos mágicos. –sonríe este, ojos brillantes.- Pero esto ya no es el calienta culo ese, creo que se trata de él. Creo que el trabajo está hecho y ahora Bobby sólo servirá como perra en celo para los hombres. Su vida como hombrecito terminó, y lo siento por mi Alice, pero ahora sólo es una musculosa, sexy y hambrienta puta que siempre deseará ser sometida, usada y llenada de güevos masculinos. –sentencia cruel, sonriendo.- Y sabes lo que eso significa…


-Vamos, perra, eso es. Sigue dándote en tu punto G. Baila tu culito afeitado sobre mi verga. –Leo gruñe entre dientes, subiendo y bajando sus caderas, metiéndole bien hondo y con fuerza la titánica barra que hace gemir al muchacho.


Bobby casi no puede reaccionar, recorrido como está por esa blanca y desmayada sensación de placer puro que sólo se alcanza en el clímax, pero que parecía provenir de su culo utilizado por el maculoso hombre negro que le retenía las lampiñas y sonrosadas nalgas con fuerza. Nota como su suegro se pone de pie y va hacia ellos. Puede sentir sus dedos hurgando en la entrada de su culo, uno ahora muy abierto por la verga del otro.


-Caramba, los labios de su coño de hombre ahora si que están abiertos y bien estirados. Mi musculoso yerno tiene un culo realmente hambriento. –sonríe satisfecho, logrando colar un dedo dentro del agujero ocupado, provocándole un gemido al muchacho que todavía continuaba sobando el ancho pecho del hombre que le enculaba duro mientras apretaba, amasaba y chupaba esa verga con sus entrañas. Con hambre.- Voy a la cocina por más cervezas. ¿Te traigo otra? –pregunta Ben.


-No te molestes.-responde Leo.- Iremos contigo. Bobby, agárrate bien.


El rubio muchacho apenas tiene tiempo de rodear con sus brazos el recio cuello cuando ya el culturista más viejo se pone de pie. El más joven envuelve con sus piernas la cintura del otro mientras su dura, gruesa y larga verga negra continúa alojada en su rojo culo. Así, conectados, siguieron a Ben al interior de la vivienda. Cada paso que daba Leo deslizaba la enorme tranca dentro y fuera de su culo y Bobby sentía unas ganas horribles de gritar y agitarse en sus brazos en busca de más, totalmente desesperado por ser cogido y sentir nuevamente ese orgasmo de culo.


Sonriendo, Ben camina por uno de los lados de la isla que divide la cocina por en medio, mientras Leo, con su güevo bien clavado en el muchacho, tomaba el otro, encontrándose todos a la mitad. De manera increíble aún para el propio Bobby, embotado como está por el placer que el güevo de ese hombre estaba dándole a estar bien metida en su culo, se siente alzado en peso, por lo que tiene que soltar los nudos de sus manos y piernas alrededor de Leo, el cual le hace girar sobre su estómago, acostándole sobre la división, separándole las piernas, dejando al descubierto el redondo y abierto culito rojo justo a la altura de su verga babeante y pulsante. Esta entra, toda, lentamente, quedándose en su interior y disfrutando de los halones que las jóvenes y ardientes entrañas le daban.


Mareado de lujuria, Bobby oye la risa de Ben, de pie frente a su rostro, caminando hacia la nevera, con su verga aún medio dura y bañada en la leche de los otros que le habían cogido previamente. El güevote de Leo, entrando y saliendo, despertaba en él unas ganas terribles que le hacen contrae y aflojar sus glúteos, buscando atraparlo. Es tanta la emoción que el rubio chico deja caer el rostro sobre el mesón, de lado, mirando hacia su recio y musculoso suegro.


Ben se acerca llevando dos cervezas en las manos y le tiende una a Leo.


-¿No te dije que tenía un culo de cuento?


-Dios, tu yerno es toda una perra; este culo de puta es… -gruñe Leo, sintiéndose deliciosamente atrapado, sufriendo esa poderosa succión que padece todo carajo cuando entierra su verga dura y caliente en lo más hondo del culo de otro hombre, cuyas paredes son suaves y calidas, pero más apretadas que el de las mujeres. Sobre todo si el culo era de un muchacho guapo y musculoso como Bobby.


-Es cierto, el yerno me salió muy puto, míralo. –ríe Ben, quien al detenerse cerca del muchacho, la cabeza de su verga quedaba a centímetros de su boca abierta y jadeante.- Anda, hijito, tómala. Toma el regalo de tu papi.


Sin importarle ya qué dijeran o pensaran, o las risas excitadas de los dos hombres, Bobby la tomó. Cubrió la verga de su suegro con la boca y comenzó a chuparla con fuerza mientras Leo continuaba embistiéndole con ritmo el culo con su gruesa y larga tranca de carne negra. Ahora el muchacho tenía dos güevos para él solito, llenando sus agujeros ávidos, uno en lo más profundo de sus entrañas y el otro bajando por su garganta, lamiéndolo ávido cuando cruza sobre su lengua.


Ben y Leo hablan tranquilamente mientras le cogían con fuerza, como si el muchacho no estuviera allí. Bobby no era otra cosa que un alto, fuerte y musculoso culturista joven extendiéndose entre ellos como un culo caliente y una boca húmeda que atendía cada pulgada de sus vergas. Tony, su cuñado, así como Raúl y Eduardo, entraron en ese momento.


-Amigos, la fiesta está increíble y realmente me muero de ganas por llenarle nuevamente el culo a Bobby con mi verga, pero le prometí a mi esposa que estaría en casa para la hora de la cena. Gracias por las bebidas y por ese dulce culo caliente. –dice Raúl.


-No hay de qué. –responde Ben, mientras su yerno continuaba mamándole la verga.- Nos vemos el lunes.


-Espero que esto se repita pronto. –comenta Eduardo.- Goza de las vergas que aún quedan para ti, Bobby. Te encantan y mereces disfrutarlas libremente. Eres un gran chico. –comenta mientras salen y cierran la puerta.


-Ey, papá, llamé hace poco ordenando pizzas, ¿puedes ocuparte? –informa Tony.- Voy a darme una ducha y luego iré a la sala a terminar de ver el juego de futbol. Cuando terminen de llenarle el culo y la boca a Bobby de leche, vengan y coman algo. –pasando junto a ellos, palmea las nalgas del muchacho.- ¿Estás gozando mucho, Bobby? Apuesto que sí. ¡Debes estar tan mojado de ganas! –y ríe mientras se aleja.


Ben y Leo continúan hablando mientras cogen al muchacho por sus agujeros. Bobby sólo chupa, con boca y culo, ávido de esas vergas calientes y babeantes que lo hacen desear más y más. En ese momento suena el timbre. Leo estrella su tolete bien profundo en el muchacho mientras Ben, suspirando exasperado (era duro cuando se debía sacar la verga de la boca de un chico ávido de ella), se retira y toma sus pantaloncillos también, dirigiéndose a la sala.


Mientras Leo sigue quieto, susurrándole palabras sucias sobre lo muy puta que es y lo sabroso que tiene el culo, Bobby todavía puede escuchar cuando su suegro abre la puerta.


-Aquí están sus pizzas, señor Moretti.


-Pete Sanders, ¿eres tú? No te he visto desde la boda de mi hija con Bobby.


-Así es, señor. Estoy ayudando a papá con la pizzería en mis horas libres.


-Muchacho, te ves bien. Pareces un futbolista profesional.


-Gracias, señor. Es por las prácticas de lucha libre. ¿Bobby no le ha contado? Él y yo éramos compañeros de secundaria y del equipo de lucha, aunque él practicaba también con pesas. Nos hicimos buenos amigos, por eso fui su padrino de bodas. Aunque el resto de los amigos se molestaron, cada uno deseaba ser el padrino. –ríe el joven.- También usted se ve genial, señor. Bobby me dijo una vez que también practicaba con pesas, ¿no?


-Gracias, muchacho, así es. Incursioné hace tiempo en el culturismo. ¿Sigue tu papá dirigiendo la selección de lucha libre cuando no está en la pizzería?


-No, señor, es entrenador a tiempo parcial del equipo de lucha libra en mi universidad ahora. Siempre me pregunta por Bobby. Siempre dice que fue uno de los mejores luchadores que han pasado por sus manos. Una vez se enfrentaron y Bobby casi le derrota, aunque papá cuenta, riendo, que seguro le dejó ganar, porque aunque Bobby estaba de panza sobre la colchoneta y papá se le montó encima, sonreía. ¿Cómo está mi amigo del alma? He oído que ahora sólo se dedica al culturismo.


Mientras Pete cuenta su historia, Leo retira y desliza salvajemente su verga en el sedoso culo del joven culturista, metiéndosela hasta lo hondo nuevamente, dejándola allí, dura y caliente, palpitante y babeante, mientras se tiende sobre la espalda del muchacho.


-Ya veo, Bobby. Apuesto a que amabas eso, ¿verdad? –susurra en su oído, la verga temblando en su culo.- El enorme entrenador montado sobre tus nalgas redondas y turgentes, derrotándote, pegando y frotando la enorme verga sobre la raja de tu culo a pesar del traje de práctica. Imagino que soñabas con que apartara un faldón en una pierna de tu traje, exponiéndote el culo y metiendo la gorda y dura verga en tu hambriento, lampiño y titilante agujero de amor. Cogiéndote con fuerza, metiéndola y sacándola con buenos golpes al tiempo que te llamaba putita caliente mientras el resto del equipo miraba excitado, hasta que el entrenador disparaba su buena carga de leche caliente, llenándote a rebosar ese culito salvaje y el resto de los chicos se ponían en fila para atender, llenar y saciar nuevamente tu ardiente coño de hombre puto.


Bobby jadea, mareado por las imágenes que esas palabras conjuran, preguntándose sí sería cierto. Tal vez, ya desde entonces, deseaba ser una putica caliente que brindara placer a los hombres, aunque para esa época todavía salía con chicas, pocas, y en serio andaba con Alice.


¡Alice!


Por Dios, ¿qué le diría? ¿Cómo había podido traicionarla así? El pesar pasa cuando Leo le atrapa con una mano un mechón de cabellos, halándole hacia atrás, y con la otra le nalguea con fuerza, comenzando a cabalgarle de manera alarmante, casi derribándolo del gabinete, despertando nuevamente esas ganas horribles de ser llenado con güevos y semen en su interior.


-¿No te gustaría que tu amigo, Pete, te encontrará aquí siendo usada como la puta caliente que eres? ¿Imaginas que entre y te use también y les cuente a todos tus amigos y que vengan a darte como tanto te gusta? –le gruñe, bajito, Leo.


Y la sola idea hace que el muchacho grite ahogado, mareado, nuevamente sufriendo un orgasmo por su culo. Así de ávido estaba ya.


CONTINUARÁ... 10

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