domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 8




Y sonaba a sentencia.


Ben, lentamente, baja las nalgas del muchacho hasta que el agujero dilatado y chorreando todavía semen, frota de la esponjosa cabeza de su verga, quemándole. Y Bobby se muerde los labios notando que su culo palpita violentamente, esperando ansioso. Necesitado de más güevo. La cálida cresta se frota y se mete fácilmente entre los dilatados labios hinchados de ese esfínter masculino. Temblando, echando la cabeza hacia atrás, Bobby siente como palmo a palmo se le va clavando, todo, hasta que sus duras y turgente nalgas quedan aplastadas contra el regazo de su suegro.


Ese güevo palpita salvajemente en sus entrañas, creciendo, alimentándose de las enloquecedoras y dulces apretadas que le da casi sin saberlo. Era un culo virtuoso y el suegro estaba educándolo para que sirviera a los hombres de verdad.


-Oh, si… -gruñe Leo con una sonrisa.- De eso es que estoy hablando. De lo rico que es ver a un bonito chico rubio forrado en músculos disfrutar de las vergas de los hombres.


-A Bobby le encantan. Nació para amarlas. –informa Ben.


Terminándose la cerveza, Leo se pone de pie y desata el cordón de sus pantaloncillos, los cuales se deslizan muy lentamente por sus muslos recios como troncos de árboles. A medida que cae, Bobby abre más y más sus ojos, viendo ese monstruoso tolete que va exponiéndose a su mirada. Parecía que nunca iba a acabar y cuando finalmente el pantaloncillo se detiene únicamente de la cabeza de la barra, cae al suelo, dejando a la vista, alzándose como impulsada por un resorte, su impresionante verga dura. El muchacho rubio, mejillas rojas, jadea ante la palpitante y venosa verga oscura, gruesa y larga, alzándose recta en su cintura.


Bobby no puede evitarlo, en serio, pero mientras sube y baja sobre la verga de su suegro, gozando del roce del duro tolete de ese hombre que le soba por todos lados, mira la de Leo y aprieta salvajemente su agujero sobre la palpitante barra que lo atraviesa, imaginándose ya cómo se sentiría la tranca de Leo en su culito.


Cuando Leo se agacha para tomar asiento nuevamente, esa vaina parece que va a llegarle a los pectorales.


-Hijo de puta. –ríe Ben, acariciando el torso de su joven y musculoso yerno.- El culo se te estremeció cuando la viste, ¿verdad? Esa verga enorme hace que tu culito afeitado se muera de hambre, lo noto, hijito; estás apretando y ordeñando mi güevo con verdadero frenesí.


-Eres tan puto. –ríe Tony mirando a su cuñado.- Vamos, Bobby, demuéstrales a todos qué clase de puta eres.


Tony, Eduardo y su cuñado, mientras ríen y miran al muchacho subir y bajar con ganas sobre la verga de su suegro, con ímpetu, gimiendo agónico de placer, aplauden al coro de “puta, puta, puta”.


Y esas palabras horribles deberían detenerle, pero Bobby gime y comienza a subir y bajar de manera aún más frenética, apretándole el güevo a su suegro con su culo, con tanta fuerza que el hombretón comienza a gemir sintiéndose en la gloria, como todo carajo cuya tranca es molida por un sedoso culo de muchacho, mientras le pellizca las erectas tetillas con fuerza. Las azuladas pupilas del culturista brillaban con fiebre mientras miraba al enorme hombre de ébano que no perdía detalle de sus movimientos, sobándose la verga en todo momento, como ofreciéndosela.


-Bobby, déjame ver como tu culo afeitado y rojo muele la verga de tu suegro. –ordena Leo.- Levanta las piernas para que pueda comprobar el hambre de tu agujero de putita caliente.


Sonaba tan sucio, tan dominante, tan degradante para el muchacho, pero este sólo puede gemir ronco, ahogándose de lujuria mientras se recuesta del abdomen y tórax de su suegro, quien mete las manos bajo sus rodillas, levantándole las piernas hacia atrás, empujando hacia delante su culo redondo aferrado con fuerza a ese güevote palpitante.


-¿No es hermoso? –pregunta Ben.


-Soberbio. –jadea Leo.- chico, mueve tus bolas para que pueda ver mejor. –y Bobby lo hace, jadeando.- Joder, muchacho. –jadea excitado.- Es la visión más erótica que he visto en mucho tiempo. Ver la verga de burro de tu suegro aplastando y abriéndote los hinchados labios del culo es la cosa más sucia y deliciosa del mundo. Te ves tan… natural ahí, penetrado por la verga de un hombre grande, como si hubieras nacido para eso, que es perfecto. Esta vaina bien podría salir retratada en una revista Hustler.


-A la mierda, si. –medio ríe Tony.- Bobby es todo un culo follador. Con su culo caliente puede sacarte la leche del cerebro y uno quiere dársela todita.


El chico empieza a gemir y retorcerse de manera realmente enloquecedora para todo hombre con sangre en su verga cuando Ben, su suegro, comienza a empujarle con fuerza su güevo por el culo, dentro y fuera, en un forzado ángulo que lo abría un poco más, entendiendo Leo, de pasada, cómo poco antes pudo aceptar dos barras palpitantes por ahí.


Ese tolete rojo y rígido, caliente y babeante le golpeaba las entrañas con fuerza, dándole bien donde era. Sube y cae, totalmente empalado, los labios de su culo abrazándolo todo, dejando tan sólo un centímetro afuera de la gruesa barra, y todavía se frotaba de manera circular. En un momento dado el hombretón comienza a alzarle y bajarle teniéndole atrapado por las rodillas; la roja cabezota de la verga queda justo en la estirada entrada del muchacho y todos pueden ver como ese culo lucha por mantenerla adentro, atrapándola, chupándola lo mejor que podía, poco antes de que se le clave en lo más hondo con una sonora bofetada de nalgas contra regazo, sintiendo Bobby el estremecer de las enormes bolas del hombre bajo él.


Una y otra vez el hombre le penetró, dentro y afuera, con ganas, mientras gemía con la boca muy abierta, mordiéndole y chupándole el cuello. El muchacho sentía esa verga cada vez más gruesa, dura y caliente, hasta que finalmente se la clavó toda, dejándole allí, mientras gruñía ronco y bajo.


-Aquí tienes, hijito, toma toda la esperma caliente de tu papi en tu rico coño de putito. Tómala toda, Bobby. Toda esta esperma es sólo para ti, bebé. –gruñe mientras estallaba en semen caliente.


Bobby gritó agónico, cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás, sintiendo los cálidos disparos dentro de su cuerpo mientras la gruesa verga se estremecía aún atrapada por su agujero ávido. El hombre se corrió con fuerza, mordiéndole cariñosamente un hombro, mientras el muchacho no dejaba de cerrar su culo, deseando ordeñar hasta la última gota de leche.


-¿Estás listo para mi ahora, Bobby? –pregunta Leo.- Creo que no habrá problema, tú puedes manejar con tu dulce culo afeitado el monstruo que tengo entre las piernas, ¿verdad?


El muchacho no sabía qué responder, aunque miraba fascinado esa verga. Es cuando Ben, todavía jadeando, pega sus labios de su oreja, casi cariñoso.


-Vamos, bebé, respóndele al señor. Dile lo que quieres en verdad.


Todavía jadeando, la mirada atrapada en la verga de Leo, el rubio y joven culturista asiente con la cabeza. Ben, pulgada a pulgada, lentamente, saca su güevo que todavía se ve erecto, empujándole hacia Leo. Tembloroso de piernas, también algo cohibido de estar actuando como una puta desenfrenada frente a esos hombres, Bobby va a su lado. Leo le rodea la cintura con sus manos enormes, guiándole para que terminara sentado en su regazo, pecho con pecho.


A Bobby le fascina, es como chocar con una ancha pared de ladrillos, y la negra e inmensa verga era como una lanza de duro metal caliente que se alzaba entre sus blancas y redondas nalgas, casi llegándole, le parece, a la mitad de su espalda. Totalmente perdido de putito, Bobby no puede resistirse, y apoyando sus manos en esos recios hombros, comienza a frotar hacia abajo, recorriendo esos pectorales impresionantes, esos brazos fornidos, pero también meciendo suavemente sus nalgas contra la ardiente barra del macho, al tiempo que las manos de este acarician con deleite los hermosos globos que eran sus glúteos, rodando ávidas hacia su raja, frotando y estirando la entrada de su culito ahora ya tembloroso por más.


-Oh, si, bebé… tu culo afeitado y rojo esta hambriento. ¿Te gusta mi cuerpo?


-Respóndele al señor, hijito.


-Si. –jadea Bobby, mirándole intensamente.- Es tan grande y caliente.


-Me alegra que te guste. Voy a meter una buena parte de él dentro de ti. Haré que grites de gusto, pequeña putita de los grandes güevos. Debo confesarte, a ti y a “tu papi”, que no eres el primer chico que me calienta la sangre. Estoy acostumbrado a todos esos muchachitos guapos y musculosos, con complejos de hombres que luego terminan gritando como perritas calientes para que les entierre mi enorme verga en sus apretaditos culos de debutantes. ¿Vas a ser mi putita caliente esta tarde, Bobby? –sonríe al notar el respirar agitado del muchacho. Obviamente con sólo oírle el rubio culturista estaba ya frenético.


-Si, señor. Seré su putica caliente. –responde con lujuria incontenible.


-Buena chica. Linda chica. Voy a depositar bastante de mi semen en tu culito ya embarrado y te va a encantar. Anda, inclínate para que tu culo se levante para mí.


Algo mareado, Bobby aprieta su torso aún más del de Leo, quien se echa hacia atrás, cargando con él, atrapando su verga con una mano y empujando la amoratada cabezota hacia su agujero palpitante, posicionándolo en la entrada. Luego, sin aviso, apoya las manos en los hombros del muchacho y le empuja hacia abajo. Bobby grita cuando siente como los labios de su culo son dilatados a límites imposibles. Por suerte, piensa entre respiraciones corta, había sido tan cogido y su culo estaba tan lleno de esperma, que el titánico tolete logra enterrársele todo, centímetro a centímetro, sin mayores complicaciones.


Cuando estuvo toda enterrada, palpitándole en las entrañas, el muchacho grita de manera demente, siente como su propio culo sufre espasmos alrededor del tolete, de manera salvaje mientras desea lanzar alaridos, encoger los dedos de los pies o dejarse llevar en un desmayo de gozo. El muchacho no lo entiende, pero era como… como si su culo estuviera sufriendo un poderoso y maravilloso orgasmo, y era algo que no le dejaba pensar o reflexionar, cosa de por si difícil para el hombre que tiene un güevo clavado hasta la empuñadura en su culo.


-Joder, papá, ¿qué le pusiste en ese trago a Bobby? –pregunta Tony ronco y bajito, excitado y sonriente.


-Los polvitos mágicos. –sonríe este, ojos brillantes.- Pero esto ya no es el calienta culo ese, creo que se trata de él. Creo que el trabajo está hecho y ahora Bobby sólo servirá como perra en celo para los hombres. Su vida como hombrecito terminó, y lo siento por mi Alice, pero ahora sólo es una musculosa, sexy y hambrienta puta que siempre deseará ser sometida, usada y llenada de güevos masculinos. –sentencia cruel, sonriendo.- Y sabes lo que eso significa…


CONTINUARÁ...  9                                       

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