-Las quieres las dos, ¿verdad, putita? –le pregunta Walt, notando los violentos espasmos de ese apretado, suave y ardiente agujero alrededor de su verga, sacándosela, empujándole hacia su amigo sentado en la cabecera de la cama, la verga erecta entre sus piernas.- Súbete en ella, nena.
Temblando, el joven y musculoso rubio casi gatea, pasa una de sus piernas a hojarasca sobre el hombre, mejillas algo rojas de vergüenza por la sonrisa del otro, pero aún más de calentura, y su culo redondo e hinchado desciende, pega de la lisa cabeza, se tensan ambos porque eso siempre es rico y excitante, y se lo va clavando palmo a palmo. Bobby no puede evitar el jadeo de alivio gozoso que escapa de su boca cuando la siente penetrando. Sentirse lleno con una enorme pieza de hombre le hacía delirar.
-¡Qué puto! –grazna Ned, apretando los dientes cuando ese culo lo atrapa.
-Y hay para todos. –sentencia Ben, sonriendo.- Vamos, Walt, mi chico necesita de sus hombres.
Escucharles tiene a Bobby totalmente enloquecido, su culo va y viene, jadeando al sentirla tan adentro, llenándole con su dureza, sus palpitaciones, calores y jugos; cuando las rudas manos del hombre atrapan su cintura se siente en la gloria.
-Joder, Bobby, me encanta tu coño dulce y caliente. –le gruñe Ned a la cara, sus bocas muy cercanas mientras las abiertas y musculosas nalgas del rubio van y vienen sobre el grueso tolete que se clava entre ellas, el güevo de un hombre de verdad, idea que hace delirar internamente de lujuria al muchacho.
Arrastrándose sobre la cama, Walt se les acerca, y por el espejo, el rubio culturista le ve atrás, apoyando una de las grandes manos abiertas sobre su espalda, echándole hacia Ned, sus bocas casi rozándose, mientras baja el rostro hacia sus nalgas, hacia su sedoso y ocupado culo. Y en un momento cuando subía, retirándose totalmente de la gruesa verga de Ned, la sintió, los labios de Walt cayendo sobre su culo, lamiéndolo y chupándole… Seguramente encontrando algo del semen dejado allí por su amigo Ned poco antes.
-Hummm… si… -le oyen gemir mientras recorre con su lengua ese culo afeitado.- Mierda, me encanta comer coños y el tuyo es increíble. Sé que a Tom también le gusta, y podría apostar que probó el tuyo. –sigue pasando la lengua, para un segundo después provocarle un espasmo y un gemido a Ned cuando le recorre la lisa cabeza de su güevo, y Bobby, ojos en el espejo, le vio lamerlo de arriba abajo, antes de atraparlo con la mano y empujárselo otra vez por el culo.
-Parece que tu hermano y tú han compartido algunas chicas, ¿eh? –pregunta Ben, desde donde está sentado, masturbándose con la imagen de todos esos hombres calientes por el sexo y las guarradas.
-Claro que sí. –responde Walt.- Nos gusta usar juntos algún dulce coño, y comerlos cuando están algo… condimentados. Él lo ha hecho por mí, saborear un humeante coño usado por mí, y yo he probado su salsa en otros. Cosas de hermanos, hombre. Si nos estamos cogiendo a alguna chica al mismo tiempo, sentir las vergas pegadas y frotándose se siente del carajo. Todo tío debería probarlo. –continua acomodándose contra la espalda del rubio, atrapándole con las manos los musculosos pectorales, apoyando la cabeza de su verga contra el agujero ya ocupado.- Coger a una putita junto a tu hermano o tu mejor amigo, los dos a un tiempo, haciéndola gemir de gusto, los dos llenando, abriendo, rozándose…
-Menos charla y más acción. –aconseja Ben, divertido ante la visión de su joven yerno subiendo y bajando su afeitado culo sobre la gruesa barra de aquel desconocido.
-¿Crees que podrás manejar esto, perra? –le pregunta Walt al oído.- ¿Quieres dos vergas grandes en tu caliente coño de putita?
Recorrido por poderosas olas de placer como era por las cogidas que la verga de Ned le daba, y la perspectiva de más placer, Bobby no responde, tan sólo incrementa el ritmo de sus idas y venidas sobre la verga en su culo al tiempo que echa la cabeza hacia atrás, apoyándola en un hombro de Walt. Quien lo toma como un sí, y lo siguiente que sabe el rubio culturista es que la cabeza de esa otra verga se presiona contra la de su amigo, abriéndose paso, metiéndose, extendiendo al máximo su agujero y colándose. Bobby grita de gusto, ojos cerrados cuando la siente deslizarse también en sus entrañas, metiéndose, casi alcanzando la de Ned, las dos quietas, clavadas, pulsando y quemando en su culo vicioso que ama, que en verdad ama, sentirse lleno de hombrías.
Les oye gruñir, seguramente por el roce que su recto les daba, o porque por la posición las venas de sus toletes se frotan, y cada uno sentía el güevo de su mejor amigo; como sea, al rubio fortachón solo le queda gemir agónicamente cuando esos toletes van y vienen, uno se lo mete cuando el otro se la saca y la sensación de los dos poderosos machos trabajándole el vicioso culo le obligan a gemir, a casi sollozar de intenso placer.
Bobby no puede dejar de gritar ronco, de placer, mientras esos dos gruesos cilindros de carnes duras entran y salen de su blanco, casi ovalado y depilado culo. Walt gruñe contra su oreja mientras le coge y le atrapa los pezones erectos, acariciándoselos y pellizcándoselos, mientras Ned se echa hacia atrás, las manos tras su nuca, y parece que le sale más güevo. Y las sentía, las dos, muy profundamente metidas en sus entrañas. Totalmente perdido de placer, siendo atendido como todo chico calentorro merece; se echa hacia adelante, cargando con Walt, y recorre con las manos el recio torso del otro.
-Eso es, perra. Siente mi cuerpo, acarícialo mientras te jodo ese coño vicioso de putita de secundaria. –resopló este con una sonrisa.- Vamos, así, toca a tu enorme papi mientras te folla el coño. Eres un musculoso putito bonito. –le dice mientras le coge más, medio agitando su culo sobre la cama, incrementando los gemidos del muchacho, también los roces con la verga de Walt.- Oh, mierda, mírate. Cómo te gusta estar así, ensartado entre dos machos, cogido tu dulce coño hambriento. Verte me pone más caliente.
-¿Te gusta? ¿Te gusta mucho? –le pregunta entre gemidos Walt.
-Hijito, enséñales qué clase de putito eres. –se oye la voz de Ben.
Y Bobby, ensartado entre esos dos hombres, comienza a subir y bajar su culo sobre los dos gruesos toletes, apretándolos duramente, él mismo gimiendo de gusto ante las sensaciones que lo recorren.
-¡Mierda! –exclaman a dúo Walt y Ned, sorprendidos y maravillados, sus trancas nunca habían sido tratadas de esa manera.
Eso hace sonreír más a Bobby, orgulloso. Esos hombres poderosos no eran nada para él, podía con los dos. Y más.
-Muchacho, debería llevarte a mi universidad y dejar que todo el equipo de lucha intente reproducirse llenando tu coño con sus leches sobre las colchonetas del gimnasio. Son bastante, todos grandotes, sus vergas también. Y te gozarías cada una. Apuesto que en una competencia podrías atender también a los chicos del equipo contrario, con todo y sus entrenadores. Vamos, muéstranos lo que una chica como tú quiere.
Mientras le escucha, Bobby tiene que luchar aún más intensamente para vencer el mareo de erotismo que lo envuelve, pero respondiendo. Su culo va y viene, apretando, halando, chupando de los dos gruesos güevos que ahora se mueven acompasadamente, luchando por ver quien se mete más adentro. La cama chilla mientras se agita por los tres hombres que se menean. Si, loco de gozo al sentirse tan lleno de machos, Bobby usa las rodillas para ir y venir, pero también Ned, atrapándole por la cintura otra vez, empuja su verga, igual que Walt. Los tres van y vienen, los brillantes cuerpos grandes se agitan en aquel hermoso ballet de bolas y güevos, de machos gimiendo, de fuerza masculina totalmente desatada. Bobby casi chilla cuando Walt, apretándole duro los pezones, casi le muerde en un hombro mientras le gruñe:
-Mierda, que coño tan rico, nena. Toma, aquí tienes algunos de mis bebés para ti, quiero que mis espermatozoides naden en tu vientre. –le ruge.
El atractivo culturista rubio jadea con ojos cerrados y una sonrisa en los labios, sintiendo como la ardiente leche de ese hombre estalla, con violentas pulsadas escapa bañándole, y como sigue dándole güevo, sin detenerse mientras se corre junto a su amigo, esa leche sale de su agujero resbalando por el tolete de Ned y bañándole las bolas.
¿Fue eso tan excitante para Ned como para Bobby? No se sabe, pero mientras el semen de Walt todavía resbala por su falo, Ned ruge, aprieta los dientes y se la clava toda, hasta el fondo, todavía sintiendo los aspamos de la del amigo. Y Bobby apretó su agujero, con una sonrisa ávida, gritando ronco al sentir la esperma manando otra vez de ese tolete, llenándole más, las paredes de su recto nutriéndose, ese clítoris que tiene allí estallando en otro orgasmo poderoso.
-¡Joder! –brama Walt con un silbido, retirándose de ese culo tan lleno, estremeciéndose del roce con la verga de Ned.
-Qué caliente eres, chico. –gruñe Ned.
-Gracias, señor. –enrojece el muchacho, orgulloso, levantándose, su culo chorreando la leche mezclada de esos dos machos, cayendo de panza sobre la cama.
-Amigo, tu yerno… -le dice Walt a Ben, el cual se pone de pie, acercándose.
-Lo sé. Cuando mi hija lo trajo a casa supe que sería un apasionado amante de los hombres y sus vergas grandes. –mientras habla hace gemir con caricias a Bobby entre dientes, una sonrisa soñolienta en su cara, agotado, boca abajo sobre la cama. Y sin embargo tensándose cuando el suegro le acaricia los redondos glúteos, unos dedos metiéndose en su raja, acariciándole el enlechado culo hinchado.- Buen trabajo, hijito. Lo has hecho realmente bien; pudiste tomar esos dos toletes con sapiencia. Has hecho que me sienta muy orgulloso de ti. –esas palabras erizan al muchacho, quien alza la mirada, notándole la verga dura y rojiza entre las piernas.
-Gracias… papi.
-¡Joder, Walt! –exclama de pronto Ned, mirando su reloj de pulsera.- Tenemos que regresar si queremos estar listos para la boda. Nuestras esposas deben estarse preguntando dónde estamos y qué estamos haciendo que tardamos tanto.
Ambos salen de la cama y se visten rápidamente, hablando con Ben, despidiéndose, el hombre acompañándoles a la salida. Bobby, tomando una almohada enrolla sus fuertes brazos alrededor de ella, cerrando los ojos con una sonrisa de satisfacción sexual. Les oye a los lejos, despidiéndose todavía, la puerta cerrándose. Se siente bien adormilándose con su culo goteando lentamente el semen de aquellos dos hombres que le habían usado. Bueno, usado no, él bastante que había gozado entre sus cuerpos, sobre sus vergas.
Casi duerme cuando siente un cuerpo pesado cayendo sobre él, y cómo una verga dura, gruesa y caliente busca, encuentra, frota (incluida la leche que sale) y se mete dentro de su culo, fácilmente por lo untado que está de semen, totalmente, hasta los pelos púbicos, las bolas cayéndole sobre las nalgas. Aún con los ojos cerrados, el rubio culturista gime, alzando su trasero, buscando el tolete y amasándolo.
-¡Ahhh!, por fin tengo a mi musculosa nena que tanto amo. –ruge Ben contra su oído, su peludo culo subiendo y bajando mientras le sacaba y metía la gruesa verga del redondo culo de donde mana el semen de otros.- Pasé por aquí esta mañana antes de irme para el trabajo y te vi con esa pequeña tanga tipo hilo dental de mujer, toda embarrada de esperma. Durante todo el día en la construcción en lo único que podía pensar era en tu coño hinchado y en cómo quería llenarlo con mi verga y dejarlo rebosante con mis espermatozoides. Me encanta ver como se lo das a nuestros amigos, como te lo llenan de vergas y de esperma porque sé que te hace bien, que te sientes realizado y satisfecho como debe sentirse todo chico bueno que goza su sexualidad; pero me gusta más cuando soy yo quien coge tu cuerpo grande de musculoso culturista con un agujerito rosa que necesita ser atendido. Tu coño le pertenece a tu papi, hijito.
Al escucharle, Bobby se sintió totalmente caliente, pleno, incluso mejor que cuando otra gruesa verga le llenaba. Con esfuerzo empieza a empujar su culo con más fuerza contra el tolete de su suegro, quien se frota de él, que mete sus manos y atrapa entre los dedos abiertos sus pectorales, alcanzando sus pezones, pellizcándolos mientras le coge una y otra vez, aplastándole contra la cama, delirando los dos de gusto. Y ojos cerrados, sonriendo suave, el muchacho disfruta de los besos del hombre sobre su cuello, al tiempo que se pone imposiblemente rígido, su verga pareció arder en llamas, y carga tras carga su suegro le llenó nuevamente el culo de semen. Sentirlo chocar de las paredes de su recto, quemarle, resbalar en su interior, le hizo gemir de gusto, corriéndose a su vez sobre la cama, ladeando el bonito rostro, justo lo suficiente para recibir un beso apasionado, mordelón y chupado de su suegro.
-Tu coño es realmente algo serio, hijito… -le gruñó ronco, poniéndose de pie, dándole una palmadita en el trasero.- Descansa, perezoso, pero mañana salimos temprano para el gimnasio. Tienes una semana para prepararte para tu nuevo trabajo modelando trajes de baño en la convención de la próxima semana.
-¿Qué?
-Tu jefe llamó mientras dormías. Ya te toca. Sé que te irá bien, tu cuerpo… -calla, mirándole todavía de panza en la cama, las nalgas rojizas, el culo botando leche.- Vas a triunfar, hijito.
……
La semana pasó con rapidez y pronto Bobby se encontró recibiendo un telefonema de su nuevo jefe, Ken, quien le dio todos los detalles. Expandiendo sus mercados fuera de los bañadores, pensaba presentar una línea más directa con los ejercicios, así que alquiló un Stand en un evento de Expo/Culturismo, y deseaba que el joven rubio modelara prendas interiores diseñados por su esposa, Terry, quien estaría en el evento.
El trabajo no sonaba difícil, y aunque para cualquiera debía ser algo intimidante la idea de pasar toda una mañana vistiendo en público únicamente chica ropa interior para demostrar cómo se veían, no lo era para ese mocetón forrado de músculos que estaba tan orgulloso de su cuerpo. Al contrario, estaba emocionado.
Cuando llegó a la Expo, Ken le recibió con sonrisas y le llevó al almacén que habían alquilado para las cajas de ropas a vender, si las prendas gustaban, diciéndole que podía cambiarse y dejar allí sus ropas, tendiéndole una chica prenda negra. Tomándola, Bobby se encontró con una tanga negra, pequeña pero estándar de lycra. Ya totalmente emocionado, se desnudo, se metió dentro de la pequeña prenda acomodándosela bien sobre su magnífico cuerpo y fue al Stand, consciente de las miradas que le seguían; sus hombros, pectorales, muslos y espalda eran muy vistos, pero siendo su trasero, redondo, duro, apenas contenido por la tanga, el que ganaba toda la atención.
-Hey, Bobby, no creo que conozca a mi esposa todavía, Terry. Cariño, este es Bobby.
-Muy apuesto. –sonrió ella, tendiéndole la mano al joven con algo de inconsciente coquetería femenina; de cintura estrecha, piernas largas, grandes tetas y muy rubia, era bonita.
-Un placer. –respondió Bobby mirándoles en conjunto; juntos conformaba una hermosa pareja.
Charlaron de algunas cosas hasta que ella salió de detrás de la barra del Stand para ir a revisar la competencia, especialmente en lo referente a la ropa femenina. Una vez a solas, Ken le recorrió de arriba abajo con la mirada para comprobar cómo se veía el traje. Se le acercó por detrás y metió un dedo por el borde en la baja espalda, recorriéndola lentamente.
-¿No está demasiado apretado? –le preguntó con voz oscura por sobre un hombro.
-No, está bien. –le contestó Bobby, respiración algo afectada, y más cuando esa mano comenzó a deslizarse dentro de la tanga, los dedos recorriendo sus nalgas bajo ella, la palma caliente, rumbo a su raja, frotándole sobre el culo.
-Se siente bien… La tela es de calidad. –le oye susurrar ronco, dos dedos rastrillando de arriba abajo sobre su ojete, que sabe ya comienza a titilar. Y lo hacía allí, tras la barra de un Stand prácticamente abierto por todas partes, con su esposa cerca, fuera de muchas otras personas que van y vienen.- Te afeitaste el culo… que bueno. –y la punta de uno de ellos desaparece entre los jóvenes pliegues de ese culo que se abre, lo acepta y lo hala, con Bobby, mejillas muy rojas, jadeando contenido.
-Vaya, ¿se divierten? –la pregunta les sobresalta.
Continuará... 38

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