-Bobby, este es Tom. Su hijo también practica culturismo y parece que ha competido contigo en algunas exhibiciones.
El muchacho asiente con la cabeza, notando, ruborizado intensamente, como a la mirada de Tom no escapa que está sobre el regazo de Leo. El hombre, al igual que muchos amigos y conocidos de su suegro, era un sujeto grande y fornido, pecho ancho, pectorales poderosos, cabello corto casi al rape, forrado de músculos. Y, adivinando, Bobby está seguro de que en algún momento también practicó culturismo siendo más joven. Tom, acercándose, le estrecha la mano, mirando con intensión el regazo del hombre negro.
-Un placer, Bobby. Mi hijo Frank siempre ha deseado tener unas piernas como las tuyas. Tal vez puedan reunirse y ejercitar juntos, ¿no? Estoy seguro de que a Frank le encantaría.
-Suena bien, ¿no es así, yerno? –responde ben. El joven no puede contestar porque se muerde los labios cuando Leo aprovecha ese momento para empujar un tanto su verga, dándole duro en la próstata.- Veo que sigues ejercitándote. –sonríe cruel, mirando luego a Tom.- Está trabajando sus glúteos. Para endurecerlos más. A Bobby le encantan bien duros.
-Así es. –sonríe Leo.- Y mira que son duros. Deben sentirlos. –ofrece, empujándole hacia adelante un poco.
El muchacho enrojece terriblemente, sabiendo que en cualquier momento cualquiera vería la negra y gruesa barra bien clavada en su culo redondo y afeitado. Puede sentir en cada nervio de su cuerpo como unos ochos centímetros de dura verga se deslizan fuera de su agujero, quedando el resto bien metida, atrapada por su esfínter que no desea que salga. El joven está mareado, de miedo y deseo. Toda la situación era ridícula y humillante, su suegro y su entrenador lo sabían ensartado en una verga, y aun así llamaban la atención del tal Tom al respecto. Pero por otro lado… Bobby desea que esa verga le cepille una y otra vez la pepa de su culo, con fuerza, haciéndole gemir, gritar y estremecerse, que le dé duro hasta que su culo, más que su propio miembro, estalle en uno de esos desconocidos, intensos y bien mojados orgasmos.
-Ya lo sé, pero siempre es un placer comprobar el adelanto de mi yerno. –comenta sardónico Ben, rodeándoles, notando el roto shorts y la negra verga semi clavada dentro del redondo orificio que lo traga.
Era tan humillante, piensa el joven, bajando la mirada, pero la eleva y jadea cuando siente una mano de Ben acariciándole las nalgas redondas y duras, esos dedos bajando a su raja, un dedo recorriendo los hinchados labios de su culo, luchando por meterse. Bobby tiene que afincarse para no saltar.
-Tom… -gruñe Ben, la vista clavada en Bobby, quien con las mejillas rojas y la boca abierta, le mira asustado.- Tienes que venir aquí y sentirlo por ti mismo… -ofrece.- Tienes que ver las cosas que hace mi querido yerno.
Allí, ¡en pleno gimnasio!
-Quizás en otra ocasión. –ríe Tom, alzando una mano.- Debo terminar mi rutina de ejercicios. Más tarde tengo que ir con mi mujer al teatro. Te llamo después, Ben, y veremos qué planeamos. –se despide con un levantamiento de cabeza del joven y rubio culturista.
-Maldito muchacho. –le gruñe bajito Ben a su yerno, quien es ese momento cae totalmente sentado sobre la negra verga que lo dilata al máximo.- Tu culo ama sentirse lleno de güevo, ¿no? Te gusta que te lo abran de esa manera, ¿verdad? Oh, Bobby, mira lo que me haces, hijito. Creo que me calientas más de lo que excitas a mi hija. –le indica, y Bobby puede ver en su entrepiernas una escandalosa erección que moja.- Me encantaría poder sacármela y clavártela en la boca, verte mamar es tan excitante, y luego, cuando estuviera bien mojada, metértela en el culo, al lado de la de Leo. Te gustaría, ¿no es así? Seguro que pensar en ser penetrado como la puta caliente que eres por dos vergas enormes, te hace chorrear ese culo de gusto.
A pesar de que parecía imposible, tales palabras despiertan poderosas imágenes en la mente del joven que provocan un violento tic en el ojete de su culo, apretando salvajemente la verga de Leo, quien ríe.
-Oh, si, la quiere, Ben. Este culo quiere más vergas. –y cuando el rubio, incapaz de contenerse comienza a subir y bajar con rapidez, apretándola con fuerza, el hombre negro comienza a jadear pesadamente, ese agujero era la cosa más rica del mundo donde un hombre podía meterse.- ¡Mierda! ¡Mierda! –y atrapándole por la cintura le retiene contra su regazo, mientras la verga parece endurecer aún más, estando increíblemente caliente.
Bobby gime al sentir como algo todavía más ardiente recorre la verga, sale a chorros y le baña las hambrientas entrañas, al tiempo que la enorme mano del tembloroso Leo debe cubrirle la boca cuando él mismo, recorrido por pulsaciones poderosas, se corre dentro de su suspensorio y shorts. Ese güevo en su culo dispara una y otra vez, dejándole bien inundado de semen caliente. Excitado como el desgraciado que era, Ben jadea por la boca abierta mientras forza la entrada de un dedo en ese culo, presionándolo contra la temblorosa y nervuda verga de Leo, y lo desliza en su interior, frotando los labios de ese palpitante coño de muchacho, halando y abriéndole hasta que un poco de esa leche espesa logra escapar. Leo, lentamente, le alza y saca el monstruoso tolete de su agujero.
-Joder, Bobby… -jadea sonriente.- Tu culo es increíble. Dios, me encantaría joderte durante un buen rato más, pero Kent me habló de algunas cosas que necesitan de mi atención. Tomate un tiempo, tal vez podamos vernos más tarde, ¿verdad? –se pone de pie, dándole una sonora nalgada, subiéndose los shorts y medio acomodándose la verga todavía dura. Lo cubre todo con la franela, alejándose.
Bobby, rojo de cara, sintiendo su culo todavía palpitante (no había alcanzando el orgasmo por ahí), mira hacia el piso. Se sobresalta cuando un fornido y pesado brazo de Ben cae sobre sus hombros.
-¿Te gustó esa buena cogida, yerno? Me alegra. Los chicos bonitos como tú, de dulces culos, merecen divertirse con los hombres. Terminaré mi rutina también y luego me iré a casa. Te veo allá. –le palmea la espalda… y aprieta una nalga antes de alejarse.
Tal vez el muchacho debería haber recapacitado más sobre lo que hacía. O lo que ocurría, porque las cosas pasaban casi como si ni cuenta se diera. El que su suegro y Tony, su cuñado, le cogieran como a una perra, presentándole luego a sus amigos para que también le usaran, debería despertarle inquietudes y sospechas. Pero el pobre niño grande no puede pensar en mucho más por ahora, no estando como estaba, todavía tembloroso de piernas, sintiendo su culo dilatado y algo mojado por la buena cogida y la corrida mayor de Leo. Dios, ¿y si alguien notaba algo?
Con paso inseguro se dirige a los vestuarios, intentando cubrirse lo más posible con la camiseta, no sólo la rotura de sus shorts o la visión de su culo, sino las manchas de semen que le mojaban por todos lados, y que, al menos a él, le parecían muy olorosas. Debía tomar una ducha y salir de ese gimnasio antes de que Leo volviera por más. Afortunadamente no hay nadie en los vestuarios y sale de sus ropas con movimientos bruscos y rápidos, envolviéndose en una toalla bastante pequeña para tipos grandes como los que andaban por ahí. Tomará una ducha, lavará bien su culo (todavía gotea semen) y se pirará del lugar.
El agua tibia corre por su joven, musculoso, dorado y lampiño cuerpo. La mano enjabonada se pierde entre sus musculosas y turgentes nalgas, lavándose la raja y la entrada del culo; pero el pase, el roce hace que se estremezca y que no pueda detenerse. Los dedos cepillan una y otra vez su ahora titilante culito, con uno se frota la entrada y se estremece, deseando como nada en este mundo metérselo. Un ruido lejano le trae a la realidad y con un sobresalto deja lo que hace, cerrando el agua, tomando la toalla, secándose y disponiéndose a partir…
Hasta que pasa por el cuarto de vapor. Se asoma y lo ve vacío. Cosa que estaba bien, necesitaba relajarse un poco, pero también detenerse y pensar en lo que ahora era su vida.
Tomando aire, entra en la sala. En realidad no había mucho vapor, era necesario que alguien agregara un poco de agua sobre las piedras calientes, pero no sería él. Así como estaba era perfecto. Tomando asiento en el banco inferior, arruga la cara. Su culo todavía estaba dilatado y sufriendo espasmos por lo grueso de la palpitante y nervuda verga que lo había llenado. Curioso, el joven alza los pies, colocándolos sobre el banco, echando un tanto su cintura hacia delante y sacando culo. Con una leve mueca baja una mano y con un dedo recorre su sensible entraba, los labios de su culo estaban hinchados y seguramente muy rojos. Ese dedo…
Rozar la entrada de su culo despierta automáticamente las cálidas sensaciones que lo recorren todo. Imprudente mete un dedo y nota un espasmo en sus entrañas, que lo atrapan hambrientas. Lentamente lo mueve y siente que ser ahoga de lujuria, debe tomar aire por la boca, rojo de mejillas. El esfínter titila sobre el dedo, abriéndose y cerrándose. Casi tiene que morderse los labios para no gemir cuando lo saca un poco y vuelve a hundirlo, mareado, pensando en las vergas de su suegro, de su cuñado, de los amigos hispanos de estos, en la de Leo. Pensar en esa verga enorme le hace perder la cabeza y mete un segundo dedo, gimiendo suave, labios tan rojos como sus mejillas. Dios, se sentía tan bien meterlos y sacarlos así de su culo, con rapidez ahora, cogiéndose. Era como si tuviera un clítoris que se inflamaba, necesitando de más…
Y es justo cuando la puerta se abre y entra un enrome y musculoso semental joven, un tipo fornido que Bobby no había visto nunca…encontrándole con dos dedos clavados en su culo húmedo y ardiente.
-¡Ey, muchachos! –grita el recién llegado hacia la puerta.- ¡Creo que lo encontré!
Y Bobby casi grita y salta del banco cuando otros cuatro chicos, tan grandes y fornidos como el primero, entran y le miran. Casi salta, casi grita, pero no lo hace porque no puede moverse. Tanto es así que todavía tiene los dos dedos de su mano clavados hasta el puño en el culo.
-Joder… -ríe ronco el primero.- Kent tenía razón. Miren qué culo tiene. Redondito y sin un pelo. Y parece que está bien caliente además.
Bobby, tartamudeando sin voz, incapaz de pensar en algo que explique por qué tiene dos dedos clavados en su agujero, simplemente los retira al fin, baja los pies y acomoda su toalla.
-¿Quiénes coño son ustedes? –le pegunta a los cincos tipos enormes en la entrada.- No vi a ninguno ejercitándose antes. –el primero en entrar, se echa a reír.
-Somos compañeros de equipo de Kent, ya sabes, en el futbol universitario. Generalmente venimos por la mañana, pero hace poco nos envió un mensaje diciendo que el cuarto de vapor estaba desocupado y que había algo muy interesante para ver. Nos encanta el vapor, relaja bastante, ¿no te parece? –pregunta mientras camina hacia Bobby, rodeado de sus amigos. El hombre toma asiento a un lado del joven culturista, otro de ellos ocupa el lugar opuesto y tres quedan de pie, todos envueltos en pequeñas toallas, frente al muchacho
-Eh, si, es agradable. Creo que es hora de una ducha y afeitarme… -el muchacho se sonroja cuando los otros ríen.- Ya saben, practico culturismo y debo estar lampiño y… -intenta ponerse de pie.
-¿Posas en trusas? ¡Genial, amigo! –ríe el primero que habló, atrapándole un hombro con mano firme haciéndole caer de culo en el banco.- Soy Troy. Kent nos dijo que había un chico nuevo de muy buen ver por sus rutinas de ejercicios. Eres Bobby, ¿no? En verdad que eres un hijo de puta grande, chico. –admite recorriéndole con la mirada.
-Ustedes también son grandes. –replica inocente.
Pero era cierto, eran cinco jóvenes atletas enormes, todos forrados de músculos, varios de ellos habrían podido, de ser menos velludos, posar en las exhibiciones de culturismo como él. Algo menos nervioso (como corresponde a todo tío que es sorprendido por otros cinco con dos dedos clavados en su culo), Bobby les mira mejor. El tipo de barba a su izquierda parecía hispano, sus pectorales eran dos enormes losas de músculos duros que daban a una cintura estrecha y unos muslos gruesos. El que había hablado, Troy, era un irlandés de cabello negro e intensos ojos azules por encima de una mandíbula cuadrada con una ruda pelambre de varios días sin afeitar. Y a pesar de que estaba acostumbrado a estar rodeado de musculosos tipos grandes, en las exhibiciones, estos parecían intimidantemente distintos.
-Soy Vincent. Este amigo es Jorge. –presenta el hispano a uno de los que están de pie.- Este otro es Patrick y el tercero, el hermano de color, es Steve. –le sonríe.- Te veías muy bien haciendo lo que hacías cuando entramos.
-Muy, muy bien. –medio ríe y concede Patrick.- Si quieres, puedes continuar. A nosotros no nos molesta.
-No, yo…
-Oh, vamos, Bobby. No hay problema. –asegura Troy.- ¿Verdad, muchachos? –y sonriendo recorre a sus amigos con la mirada, dándole a entender a Bobby que no tiene nada que temer.
El corazón del joven culturista comienza a bombera con fuerza. Esos hombres atractivos, masculinos y hermosos le miraban con ojos brillantes, predadores, esperando y deseando que él se moviera, que alzara sus pies, se abriera de culo nuevamente frente a ellos y se metiera los dedos. El miedo y la excitación corren a raudales por sus venas. Pero…
Joder, sí lo hacía, ahí, frente a esos cinco sujetos, quién sabe en dónde podría terminare todo. Y traga saliva, intentando alejar la imagen de él mismo, abierto de piernas, siendo cabalgado por todos y cada uno de ellos que se turnaban para cogerle, enterrándoles sus güevos hasta lo más hondo, llenándole uno a uno el culo de esperma caliente.
Y teme, teme mucho… porque el culo ya le arde y palpita con deseo.
CONTINUARÁ... 15

No hay comentarios:
Publicar un comentario