domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 15


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-¿Posas en trusas? ¡Genial, amigo! –ríe el primero que habló, atrapándole un hombro con mano firme haciéndole caer de culo en el banco.- Soy Troy. Kent nos dijo que había un chico nuevo de muy buen ver por sus rutinas de ejercicios. Eres Bobby, ¿no? En verdad que eres un hijo de puta grande, chico. –admite recorriéndole con la mirada.

-Ustedes también son grandes. –replica inocente.

Pero era cierto, eran cinco jóvenes atletas enormes, todos forrados de músculos, varios de ellos habrían podido, de ser menos velludos, posar en las exhibiciones de culturismo como él. Algo menos nervioso (como corresponde a todo tío que es sorprendido por otros cinco con dos dedos clavados en su culo), Bobby les mira mejor. El tipo de barba a su izquierda parecía hispano, sus pectorales eran dos enormes losas de músculos duros que daban a una cintura estrecha y unos muslos gruesos. El que había hablado, Troy, era un irlandés de cabello negro e intensos ojos azules por encima de una mandíbula cuadrada con una ruda pelambre de varios días sin afeitar. Y a pesar de que estaba acostumbrado a estar rodeado de musculosos tipos grandes, en las exhibiciones, estos parecían intimidantemente distintos.

-Soy Vincent. Este amigo es Jorge. –presenta el hispano a uno de los que están de pie.- Este otro es Patrick y el tercero, el hermano de color, es Steve. –le sonríe.- Te veías muy bien haciendo lo que hacías cuando entramos.

-Muy, muy bien. –medio ríe y concede Patrick.- Si quieres, puedes continuar. A nosotros no nos molesta.

-No, yo…

-Oh, vamos, Bobby. No hay problema. –asegura Troy.- ¿Verdad, muchachos? –y sonriendo recorre a sus amigos con la mirada, dándole a entender a Bobby que no tiene nada que temer.

El corazón del joven culturista comienza a bombera con fuerza. Esos hombres atractivos, masculinos y hermosos le miraban con ojos brillantes, predadores, esperando y deseando que él se moviera, que alzara sus pies, se abriera de culo nuevamente frente a ellos y se metiera los dedos. El miedo y la excitación corren a raudales por sus venas. Pero…

Joder, sí lo hacía, ahí, frente a esos cinco sujetos, quién sabe en dónde podría terminare todo. Y traga saliva, intentando alejar la imagen de él mismo, abierto de piernas, siendo cabalgado por todos y cada uno de ellos que se turnaban para cogerle, enterrándoles sus güevos hasta lo más hondo, llenándole uno a uno el culo de esperma caliente.

Y teme, teme mucho… porque el culo ya le arde y palpita con deseo.

Sin quitarle los ojos de encima, Vicent le atrapa una mano y la acerca a su culo. Bobby, caliente a pesar de todo, frota de arriba abajo con la punta de los dedos, la entrada.

-No, hazlo como lo hacías cuando te vimos. –le interrumpe Troy, uniendo la acción a las palabras, tomando una de sus rodillas mientras Vicent lo hace con la otra, tirando de ellas hasta que sus pies estuvieron nuevamente sobre el banco, extendiendo sus nalgas y dejándole totalmente expuesto.

El rubio culturista miraba de uno a los otros, con el corazón bombeando fuertemente en su pecho, marginalmente se preguntaba qué estaba haciendo, pero el rozar y frotar el anillo de su culo con los dedos, mientras ellos le miraban con concentración, hizo que los labios rojo de su entrada se hincharan suavemente, titilantes. Expectantes.

-Mierda, ¡mira cómo se excitan los labios de ese coño de hombre! –exclama Steve, y Bobby enrojece de mejillas viendo al hombre negro frente a él, quien se agacha sobre una rodilla, aflojando la presión de la tolla en sus caderas y dejando notar como endurece una buena verga bajo ella.- Ese culo se ve ardiente y travieso. –gruñe, mirando al culturista a los ojos, extendiendo una mano, apuntando con un dedo, frotando el redondo esfínter, logrando que el otro se tense; le sonríe mientras mete el largo de su uña, rotándolo dentro del anillo para luego enterrarlo lentamente en las entrañas del rubio.- Se siente tan apretado y caliente. –le mira con lujuria.- ¿Te gusta jugar y que jueguen con tu coño rosado y lampiño?

Jadeando y mirando a su alrededor, comprobando que el resto de los chicos se han desecho de sus toallas, mostrando enormes vergas medios erectas (¿y cómo no sí ven a un amigo meter una y otra vez el dedo en el bonito culo de un muchacho grande y fornido?), Bobby se pregunta que tan grande pueden ponerse.

-Dale tiempo, Steve. –responde Troy.- Pronto veremos que tan hábil es. Se nota que el dedo que le estás clavando hasta el puño está despertando el hambre de su culo. Creo que aquí hace falta algo más de vapor; Bobby, ¿por qué no pones algo de agua sobre las piedras calientes?

Pensando que era una buena oportunidad de escapar de la situación, Bobby se pone de piel al tiempo que Steve retira su dedo, envolviéndose mejor en la toalla. Aunque el grueso y largo dedo que le penetraba, arqueándose un tanto hacia arriba y rascándole en lo más profundo, estaba realmente despertando las ganas de su culo, deseaba conservar algo de cordura. Pero, joder, ya lo sentía mojado. Cuando se acerca al cubo de agua, inclinándose para tomarlo, casi da un bote al sentir una mano grande y ruda caer en su muslo derecho, subiendo lentamente. Volviéndose sobre un hombro ve al chico que lo hace, el italiano fornido de torso velludo.

Sonriendo, Patrick continúa acariciándole el musculoso muslo de piel suave, levantándole la toalla sobre la cintura, mostrándole a todos la suave raja interglútea sin un pelo; y halando un poco más la nalga derecha, expone completamente su agujero suave, rojizo y lampiño.

Y Bobby contiene un jadeo, porque ese toque, la exposición de su culo, y comprobar que la visión de este termina de poner duros a esos cinco tipos, le hace titilar salvajemente el agujero mientras sus entrañas ya arden. Cinco pares de ojos sobre su cuerpo, sobre su culo vicioso a estas alturas, enloquece al muchacho, provocándole oleadas asfixiantes de lujuria; casi no se da cuenta de que echa el culo un tanto más atrás, abriéndose más de nalgas, enseñándolo mejor, permitiendo que se viera como su esfínter temblaba y abría un poco, invitando a los cinco machos a usarlo y saciarse en él.

Las pesadas respiraciones le rodean como único sonido en la sala de vapor, los cinco están rodeándole en semi circulo a sus espaldas, todos los ojos sobre el titilante agujero.

-Joder, creo que ya está listo. –gruñe Steve.

Y Bobby contiene un jadeo, tensando las nalgas, cuando los dedos del Patrick llegan a su raja y comienza a alisar y halar de los hinchados labios de su culo palpitante.

-Mira como se estremece. –ríe Jorge.

-Amigos, deben sentir este dulce coño. Es tan suave… -jadea Patrick.

-Maldita sea. –gruñe Troy, ronco y espeso.- La última chica que me cogí tras las gradas después de un juego, subió su falda así para que cogiera su chocho por atrás, y se veía igual que este, deseoso y todo mojado por las ganas de verga. –pronto su dedo está sobre el titilante ojete, abriendo los pliegues, junto a Patrick, ambos jugando a medio hundir una uña en él.

Como sabe todo sujeto con cuyo culo han jugado dos tíos, esa manipulación, medio metiendo sus dedos, calienta a Bobby de tal manera que no puede evitar un jadeo, echando su culo más atrás, atrapando sus nalgas y abriéndolas todavía más, lanzando una mirada sobre su costado, viendo las dos enormes vergas erectas, rojizas, llenas de sangre, nervudas y algo babeantes.

-Bobby, ¿por qué no te arrodillas en el banco y le muestras tu dulce coño afeitado a toda la clase? –propone Vicent.- Todos queremos ver ese rico culo caliente y rosado. Tú si que sabes cómo lograr que los hombres se pongan duros, bebé.

Sospechando que el joven culturista no puede ni reaccionar, Vincent le atrapa un hombro, enderezándole y guiándole hacia la banca. El rubio se posiciona y termina apoyando su fornido y ancho torso sobre una banca de las de arriba, mientras sus rodillas caen en la más inferior, con sus musculosos muslos separados, las redondas nalgas abiertas, el lampiño y rojo culo en toda su grandeza, titilando salvajemente.

Mejillas rojas, ojos azules muy abiertos, labios húmedos entreabiertos mientras jadea, Bobby vuelve el rostro y ve a los cinco hombres, cada uno sosteniéndose su verga erecta, sobándolas, mientras se le acercan. Cierra los ojos y su culo va y viene un poco cuando esas manos grandes y rudas caen sobre su cuerpo, cinco pares de manos que acarician, recorren, soban cada uno de sus músculos recios y duros. Algunas bajan y entierran dedos, con esfuerzo, en sus nalgas firmes, mientras otras van directamente a su ojete, alisando los pliegues, abriendo la pequeña y hambrienta boca.

Bobby gime quedamente, dulcemente atormentado por el toque de esos machos cabrios calientes por su cuerpo, cuando Jorge se arrodilla detrás de él, el rostro muy cerca de su ojete, bañándole con su cálido aliento.

-Joder, amigo, mira que es una hermosa hendidura rosa. –se acerca todavía más, sonriendo ante el calor que emana del rubio culturista.- Se ve tan apetitosa que despierta mi hambre.

Y aunque le avergüenza, Bobby grita y alza el rostro cuando las callosas manos atrapan sus nalgas, abriéndole, y un rostro con una sombra de barba áspera se frota de su raja suave. El roce es enloquecedor. Cuando esos labios de macho caen sobre su culo, comenzando a chupar y medio morder con sus dientes, deja escapar un largo gemido, arqueando la espalda. El muchacho tiembla cuando esa lengua aletea sobre su ojete; cuando se mete, cálida y suave, saboreándole, teme correrse de una vez.

-Eso es, cómele el culo. A la nena le gusta. –ríe Vincent.- ¡Qué caliente es esta nena!

-¡¡¡Oh, joder!!! –gruñe Bobby, abriendo muchos los ojos, bizqueando cuando los labios se cierran y chupan, bañándole de saliva.

Tiene que gemir de manera impresionante por todas esas oleadas increíbles de lujuria que despiertan dentro de sí, abriéndose más, empujando su culo hacia atrás, su esfínter abriéndose y cerrando sobre esa lengua que sigue forjándose camino… dándole con fuerza en alguna parte que no es su próstata pero que le excita de forma horrorosa.

-¿Te gusta, Bobby? ¿Te gusta lo que te hace este amigo? –le pregunta alguien, pero tan sólo puede asentir mientras su culo sube y baja sobre esa cara que ahora le lame todo.

-¡¡¡Amigo!!! –exclama Steve viendo al amigo agachado tras Bobby.- ¿Realmente estás lamiéndole el culo a otro hombre? ¡Joder! –sin embargo, al volver el rostro, Bobby nota que se acaricia excitado su muy erecta verga que ya gotea copiosamente.

-Te diré una vaina, amigo… -gruñe Jorge.- Lamerlo es delicioso. De las animadoras del equipo me encanta meter mi lengua en un buen coño caliente y mojado en sus jugos que tiemble de emoción bajo ella. Y este coño sí que se estremece. –informa antes de continuar cogiendo al rubio culturista con su lengua; era excitante verle meterla, lamerle adentro y salir entre chupadas y mordiscos pequeños al tembloroso culo.

-Hazte a un lago, amigo, yo también quiero probar un poco de ese platillo. A mí también me encanta comerles los coños a las putas calientes, y esta se ve bien caliente y bien puta.

Jorge se levanta, acariciándose su ahora palpitante erección, mientras Patrick se arrodilla, atrapa con sus manos las caderas del culturista y se hace cargo de su culo urgido. Cuando su lengua choca, Bobby babea, casi inconciente de tanto gusto. La lengua del italiano sube y baja sobre la entrada varias veces, antes de empujarla dentro del titilante orificio, mientras los labios se cierran totalmente a su alrededor, chupando y salivando. El rubio fortachón gime y se tensa cuando la nueva y cálida lengua le penetra, tan hondo como la de su amigo, despertando ecos de placer en todo su cuerpo.

Sonriendo, Troy toma asiento frente a él, con una pierna a cada lado del muchacho, por lo que su gruesa verga queda muy cerca de su rostro.

Bobby cierra los ojos, el pobre chico está abrumado por todas las increíbles sensaciones que le recorren y que comienzan en esa lengua penetrándole el culo con avidez, pero Troy, con una mano bajo su barbilla, le obliga a elevar el rostro y mirarle.

-¿Te gusta eso, musculoso chico culturista? ¿Te gusta sentir tu culo comido por un macho que te desea? ¿Estás bien mojado ya? Si, seguro que lo tienes hecho un caldo listo para ser tomado. Vamos, nena sexy, respóndeme, ¿te gusta que los machos se coman tu dulce coño?

-Si, me encanta. –gime el muchacho.

-Eres un hombre muy especial, Bobby. Eres un enorme y fuerte semental con una dulce y provocativa rosa caliente en lugar de culo entre tus nalgas redondas y firmes. Y llamas a los hombres. Estos tíos y yo, por lo general, pasamos el día rodeado de otros carajos grandes, pero ni uno de ellos despierta un mal pensamiento. Ninguno es tan guapo como tú, ni huele a deseo y lujuria, a coño en celo. –sonríe cuando Bobby jadea, al tiempo que Patrick le clava la lengua profundamente, aleteándola.- Haces que las vergas de los hombres se pongan duras, Bobby, como la mía… -y sin tocarla, la agita, dejando escapar algo de líquidos.- Nos tienes así a todos. Ahora te pregunto, Bobby, ¿deseas ser follado por cada agujero de tu cuerpo hasta que grites de placer creyendo que te mueres? –le mira fijamente.- ¿Quieres que te cojamos entre los cinco?   

CONTINUARÁ... 16                             

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