domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 16

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-Hazte a un lago, amigo, yo también quiero probar un poco de ese platillo. A mí también me encanta comerles los coños a las putas calientes, y esta se ve bien caliente y bien puta.

Jorge se levanta, acariciándose su ahora palpitante erección, mientras Patrick se arrodilla, atrapa con sus manos las caderas del culturista y se hace cargo de su culo urgido. Cuando su lengua choca, Bobby babea, casi inconciente de tanto gusto. La lengua del italiano sube y baja sobre la entrada varias veces, antes de empujarla dentro del titilante orificio, mientras los labios se cierran totalmente a su alrededor, chupando y salivando. El rubio fortachón gime y se tensa cuando la nueva y cálida lengua le penetra, tan hondo como la de su amigo, despertando ecos de placer en todo su cuerpo.

Sonriendo, Troy toma asiento frente a él, con una pierna a cada lado del muchacho, por lo que su gruesa verga queda muy cerca de su rostro.

Bobby cierra los ojos, el pobre chico está abrumado por todas las increíbles sensaciones que le recorren y que comienzan en esa lengua penetrándole el culo con avidez, pero Troy, con una mano bajo su barbilla, le obliga a elevar el rostro y mirarle.

-¿Te gusta eso, musculoso chico culturista? ¿Te gusta sentir tu culo comido por un macho que te desea? ¿Estás bien mojado ya? Si, seguro que lo tienes hecho un caldo listo para ser tomado. Vamos, nena sexy, respóndeme, ¿te gusta que los machos se coman tu dulce coño?

-Si, me encanta. –gime el muchacho.

-Eres un hombre muy especial, Bobby. Eres un enorme y fuerte semental con una dulce y provocativa rosa caliente en lugar de culo entre tus nalgas redondas y firmes. Y llamas a los hombres. Estos tíos y yo, por lo general, pasamos el día rodeado de otros carajos grandes, pero ni uno de ellos despierta un mal pensamiento. Ninguno es tan guapo como tú, ni huele a deseo y lujuria, a coño en celo. –sonríe cuando Bobby jadea, al tiempo que Patrick le clava la lengua profundamente, aleteándola.- Haces que las vergas de los hombres se pongan duras, Bobby, como la mía… -y sin tocarla, la agita, dejando escapar algo de líquidos.- Nos tienes así a todos. Ahora te pregunto, Bobby, ¿deseas ser follado por cada agujero de tu cuerpo hasta que grites de placer creyendo que te mueres? –le mira fijamente.- ¿Quieres que te cojamos entre los cinco?

Bobby jadea por la boca abierta, dudando, mirando ese rostro sexy, esa hermosa verga gruesa y blanco rojiza que rezuma líquidos, escuchando esas palabras calientes. Duda… hasta que Patrick atrapa con fiereza sus caderas y entierra totalmente el viril rostro entre sus nalgas, cerrando los labios sobre su culo y chupando de una manera impresionante, como una ventosa. Y sí, su culo estaba, realmente, hecho un caldo hirviente.

-Si, Troy, quiero que me cojas. –confiesa con voz ronca.- Quiero que me jodas como si fuera tu chica, que hagas lo que quieras con mi coño afeitado. ¿Lo harás?

-Diablos, bebé, si. Pero será mejor para ti. Todos vamos a cogerte. Los cincos. Será tu más caliente gang bang, y todo será para esa dulce raja lampiña color rosa entre tus nalgas. Las cinco vergas. –tranquiliza y promete mientras empuja su tolete, logrando que la lisa, roja y ardiente cabezota se frote de los labios de Bobby, antes de que este, gimiendo de lujuria, abra la boca y la cubra, chupándola desde la punta a la base, toda sobre su lengua y cerrando su garganta.

Dios, se sentía tan bien tenerla allí, piensa el joven culturista, ronroneando de gusto como le ha pasado a tantos chicos cuando comienzan a descubrir los placeres de mamar una buena verga de hombre.

-Mira como traga. –ríe Steve.

-Lo hace tan bien. Se nota que ya le ha encontrado el sabor a los güevos. Bien por él. –concede Troy, sonriéndole a sus amigos.- ¿Están listos, amigos? Tenemos un rico hueco de culo que abrir a fuerza de aradas.

Bobby se estremece al escucharle, emocionado, mientras la dura verga tapona su garganta, sintiéndola palpitante y jugosa. Patrick deja de comerle con gula el hinchado culo, poniéndose de pie y en seguida apunta con la sedosa cabeza de su verga la ensalivada y enrojecida entrada del rubio culturista, la cual titila de ansiedad. El hombre, gruñendo, empuja. El culo se resiste un poco, hasta que se abre y le permite el paso, lentamente. Pronto unos ocho centímetros de la venosa y gruesa verga estuvo clavada, provocándole espasmos a Bobby, que gime ahogadamente de placer sobre la verga de Troy, la cual chupa con hambre aunque mucha saliva y jugos escapan por sus labios rojos.

Sentir su culo abierto y penetrado por esa barra que quema le provocaba un placer indescriptible.

Le verga entra otro poco, victoriosa, ardiéndole en lo más profundo de las entrañas, rozándole ese clítoris que sospecha tiene allí. Y nada más rozarlo, su culo reacciona entusiasta, atrapando con sus paredes sedosas la gruesa tranca y chupándola, halándola con fuerza. Dios, necesitaba más de ese güevo. Bobby, gruñendo ahogado, con la nariz dentro de los pelos púbicos de Troy, la siente cada vez más gruesa y dura en su orificio, pegando de su clítoris de culo, por lo que enloquecido echa sus nalgas hacia atrás, clavándose él mismo lo que queda de la palpitante verga del macho a sus espaldas, pegando las nalgas totalmente del pubis del otro. Sentirla deslizándose, rozándole, golpeándole con la cabezota su próstata también, casi le provoca un desmayo de calenturas.

Y teniéndolo allí, controlado por un deseo que le enciende como una plancha, Bobby continúa apretándola y chupándola con sus entrañas, frotando decidido sus nalgas de ese pubis, sintiéndola agitarse dentro de su culo, de pronto convencido de que tenía que demostrarle a esos cinco hombres grandes y fuertes todo el poder de su también musculoso cuerpo de putico. Contrayendo sus nalgas, apretando todavía, va retirándose del duro güevo mientras continúa ordeñando cada centímetro del poderoso instrumento, mientras su boca sube y baja con mayor frenesí, mamando como nunca sobre la gruesa verga de Troy, su boca muy abierta y los labios extendidos mal máximo rodeando el bate de ese semental, de la punta a la base, gimiendo al sentirla sobre su lengua, o cuando esta suelta sus jugos sobre ella, saboreándolos y sabiendo que quiere más. Que necesita más del néctar de ese macho.

-Miren eso. –comenta riente Jorge.- Se nota que tiene mucha hambre de las vergas de tipos grandes como nosotros. Se ve que desea ser cogido duro, como la puta que es. Dale con todo, Patrick, sáciale ese culo ávido con tu güevo de caballo.

Aunque continúa trabajándole la dura y ensalivada verga a Troy con su boca y lengua, Bobby tiene que gemir cuando siente las enormes manos de Patrick sobre sus caderas, atrapándole, halándole y empujándole mientras lleva y trae su pubis, clavándosela con fuerza y rapidez, de una manera salvaje que le hacía ver estrellas de lujuria mientras su próstata y todo él por dentro era rozado, golpeado, abierto y mojado por el babeante güevo del poderoso macho. Los musculosos muslos abiertos de rubio culturista permite ver a los tíos que se medio agachan, como la verga roja y nervuda de Patrick entra y sale victoriosa, abriéndole el ojete ávido, mientras las bolas del futbolista le golpean las nalgas.

El hombre le grita que tiene un culo rico, que es el mejor culo que se ha cogido, que apretaba tan bien, tan cálido; y lo gritaba mientras se la clavaba con fuerza, casi derribándole sobre los bancos, sacándola hasta la roja cabeza y clavándosela totalmente hasta los pelos, y una vez allí, empujando más. Y eso mientras Bobby gemía, en la gloria, gozando ser la puta de esos deportistas, y el resto coreaba al amigo que “le reventara el culo a fuerza de leche”.

Patrick grita, cierra los ojos, muy rojo de cara, y comienza a temblar, corriéndose de manera abundante dentro de Bobby, quien gime de manera dulcemente agónica cuando se siente inundado por la ardiente leche del macho que lo baña todo. Y, mierda, era tan rico correrse en el apretado culo de otro hombre, con los amigos viéndolo, que Patrick teme un derrame cerebral de puro placer. Pero Bobby quiere más, y mientras la verga continúa clavada en lo más profundo de sus entrañas, las redondas y firmes nalgas del rubio se contraen y su agujero continúa chupando de aquella pieza de hombre que tanto placer le estaba dando. Sentir su culo abierto y lleno de semen le resultaba enloquecedor.

-Joder… qué culo, nena. –gruñe Patrick, jadeando al terminar sus corridas, sacando lentamente, centímetro a centímetro, su todavía dura verga del mojado agujero. Y el hombre no puede dejar de mirarlo. Troy, sonriéndoles, atrapa la nuca del culturista, clavándole la verga hasta la garganta, mientras el rojo culo titila frenético, manando uno que otro chorrito de olorosa esperma.

-Mierda, ¡se ve tan puta! –grita Steve, enloquecido frente a ese chico grande y rubio con el culo abierto, babeando el semen de uno de sus mejores amigos.

Apartando a Patrick y tomando posición tras Bobby, el hombre negro empuja sin miramientos su gruesa verga en el lampiño agujero dilatado y enlechado (semen de su amigo, piensa el negro cuando el olor le llena las fosas nasales, con un escalofrío de excitación prohibida).

-¿Se siente bien, Steve? –pregunta Troy.

-¡Oh, si! –jadea cuando se le clava toda.- Este rico coño está listo para mi verga. –mira a Patrick.- Lo dejaste bien enlechado.

-Él se lo ganó, ordeña con ese culo como un campeón. –se encoge de hombros.- Vamos a ver si estás a la altura. –le reta.

Steve acepta, sacándola casi hasta la amoratada cabeza y volviendo a clavársela duro, con buenos golpes, estremeciendo a Bobby con la fuerza de sus embestidas, logrando que este sienta como empuja aún más adentro en su culo la leche de Patrick. Era una pieza gruesa y larga, dura y caliente, y el culo del rubio y joven culturista se abre como una flor para recibirla y amarla, como debe hacer toda perra bien entrenada en las artes de satisfacer a los hombres.

-Joder, Bobby… realmente te gustan los güevos grandes en tu culito lampiño, ¿verdad? –le pregunta suave Troy, y Bobby clava en él su mirada nublada de lujuria, mejilla rojas, la boca abierta y dilatada por la enorme pieza del macho que mama.- Lo sé, se nota en tu actitud… Estas en este mundo para esto, para recibir placer de los hombres.

Y mientras disfruta de esa verga que entra y sale con rudeza de su culo, dándole duro y con fuerza donde es, y saborea la rica verga babeante de Troy, Bobby admira sus pectorales anchos y sus brazos musculosos, admitiendo para sí que si, ama a esos machos grandes y viriles que lo llenaban de güevos. Y nunca mejor dicho.

Cada vez que Steve empuja la gruesa verga en su culo, la boca de Bobby parece cubrir todavía más la tranca de Troy, chupándola de forma entusiasta. Y mientras lo hace, mientra su boca y culo son rítmicamente cogidos por esos dos hombres grandes, el joven culturista sabe que todos esos chicos atléticos estaban admirados y excitados al comprobar lo increíblemente adicto que era a los güevos, subiendo y bajando sobre ellos su cuerpo musculoso, contrayendo sus poderosos pectorales de culturista mientra sus dos extremos son llenados de macho.

La negra barra sale, lentamente, nervuda, halando los labios del afeitado coño, para luego entrar nuevamente, empujando, rozándole lo que sospecha es un clítoris en su culo, dándole en la próstata, y Bobby no puede pensar en nada que le emocione más, como no se sentir a un costado el roce de los glandes de Jorge, Vicent y Patrick.

De repente se oye un golpeteo cuando alguien toca la puerta del cuarto de vapor y todos quedan sorprendidos.

-Coño, pensé que te había dicho que aseguraras la puerta.-Troy recrimina a uno de los chicos.

-¡No dijiste un carajo! –replica Patrick, susurrante.

-Necesito un baño de vapor. –oyen decir a una voz afuera.

-De ninguna manera, ya he sudado demasiado. Vamos todos por una cerveza fría. –le responde una nueva voz, siendo coreada por otras dos.

Y mientras escuchan y esperan, todos están muy quietos dentro del cuarto, todos desnudos y erectos, con Bobby arrodillado, paralizado también, su boca imposiblemente abierta sobre la verga de Troy, la cual está pulsando contra su lengua, mientras su culo está totalmente penetrado por la de Steve, quien pega los pelos púbicos y las bolas de sus nalgas.

Con el corazón bombeándole de manera alarmante, Bobby escucha a esa gente afuera hablar y reír nuevamente, preguntándose si al final habrían cambiado de opinión y entrarán al cuarto de vapor para encontrarse con él, musculoso y grande, siendo cogido por ambos extremos por dos hombres, estando otros tres esperando con sus güevos babeantes.

Y la idea, por aterradora que sonara (ser descubierto y tachado para siempre de puta), también le excita a un nivel básico. Porque si, tenía que reconocerlo, desde que cayó en las grandes, callosas y fuertes manos de su suegro se había transformado en una puta deseosa de machos. Casi espera que esos otros tres o cuatro sujetos entren, le descubran y también deseen llenarle con sus güevos, derramando litros de leche en todos sus orificios.

La idea le hace gemir aunque Troy sisea que calle, pero le cuesta, porque estremeciéndose, casi mordiendo la verga en su boca y apretando imposiblemente duro la que tiene entre sus nalgas, llenándole el culo… se está corriendo. Su culo ha alcanzado un orgasmo…

¡Y quiere más!     

CONTINUARÁ... 17                                                 

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