domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 19


Si, jura que no asistirá, pero mientras va acercándose el sábado, Bobby no puede dejar de sentirse caliente y frío imaginando una reunión con Kent y sus amigos. Sabe que estarán allí esos que le conocieron tan íntimamente en el sauna, pero así mismo irían novias y porristas, ¿verdad? También había invitado a Alice, es decir, no estaban pensando en emboscarle, tan sólo era una típica reunión social de atletas jóvenes. Y él necesitaba amistades, gente de su edad que hablara de otros asuntos que no fuera que todavía no encontraba trabajo, o frases como las de Tony cruzándose tras él al salir del comedor, pegándole las caderas del culo y preguntando quien quería zamparse una buena salchicha… mientras ven un juego en la televisión.

Y, viéndolo bien, entre ejercitarse, presentarse en una que otra competencia y buscar trabajo, no tenía tiempo para nada más. Nada. Y Alice ya comenzaba a quejarse de ello.

Todo eso lo piensa el muchacho mientras levantaba las pesas con el impulso de sus piernas, procurando distraer la atención de lo que realmente estaba ocurriendo. Intentaba agotarse con los ejercicios, pero aún así era consiente de que mientras cruzaba el gimnasio con sus ropas ajustadas, buscaba la mirada de interés de algún tío. Aunque nadie parecía darse por enterado. Se pregunta si su nuevo gesto perenne, de preocupación e irritabilidad, unido a su impresionante tamaño y musculatura no intimidaba a los demás. Le veían grande y fuerte, y no podían imaginar que bajo toda esa fachada latía un culo ansioso de ser atendido por verdaderos machos. Y a pesar de todo, el joven se resistía también a recaer en la práctica.

Tenía que ser un hombrecito serio, no dejarse arrastrar por ese deseo extraño que su suegro, sin querer (creía él) había despertado en su culo. Seguramente también Ben andaría ahora preocupado por todo lo ocurrido, por su hija…

No sospecha el inocente muchacho lo que el vil suegro planeaba para él.

El cual continuaba torturándole. No quiere pensar en ello, en hombres, en su suegro o en su cuñado, pero llegar a casa y encontrar a Ben y Tony, en bermudas, mirando algún juego por televisión, reparar en sus brazos fuertes, en sus piernas recias, le trastorna. Intentaba coordinar ideas y controlar la voz mientras estos, sin prestarle mucha atención, indagaban sobre su día. Al muchacho le costaba porque la respiración se le dificultaba, su mirada iba a esos entrepiernas y tan sólo podía recordar, con añoranza y ganas, sus enormes vergas clavadas en su culo. Pero no debía…

Y, claro, no era por ello que saliera del cuarto de baño, todo húmedo, envuelto en diminutas toallas, o que tomara largos baños en la piscina con sus speedos más pequeños, que clasificarían fácilmente de tangas. No, no es que estuviera buscando provocar una reacción de los otros dos hombres. Aunque, Dios, estaba tan caliente… Pero resistía.

A la noche siguiente, con Alicia trabajando hasta tarde, tomó una ducha caliente y se acostó desnudo, sin malas intensiones, aunque la puerta de su cuarto quedara medio abierta en un “descuido”. Su corazón palpita locamente cuando oye llegar la camioneta del suegro, regresando de la construcción con Tony. Les oye hablar, Ben va a la cocina, Tony sube por algo. Ojos cerrados, tenso y ardiendo por dentro, finge mecer su culo en medio del sueño, con las piernas separadas, ofreciendo una maravillosa vista de su culo redondo, rojo y lampiño. Oye la puerta abrirse un poco más, escucha el jadeo contenido de Tony. Y no, él no quiere, se dice mientras ese coño que tiene por culo se moja y palpita. No quiere ceder, tal vez por ello no se mueve, no alza las nalgas abriendo su hambriento culo invitándole a alimentarlo con su buena pieza de carne. Y frustrado imagina que eso es lo que disuade al otro (seguramente pensando que las cosas con el marido de su hermana habían llegado muy lejos), que cierra la puerta y se aleja.

El muchacho, a solas, jadea golpeando el colchón. No lo entiende. No quiere buscar machos, pero se estaba ofreciendo en bandeja de plata y el joven hijo de puta de su cuñado no se aprovechaba.

……

Sonriendo, ojos brillantes, Tony entra en la cocina donde su padre bebe una cerveza. El joven toma otra.

-Está caliente, papá. Bastante. Dejó la puerta y su culo bien abiertos. –informa, bebiendo con ansiedad.- Y cuesta bastante rechazar ese dulce melocotón.

-¿Crees que no lo sé? Con esas trusas diminutas en la piscina es capaz de parársela al heterosexual más grande de este mundo. –gruñe Ben, mirando hacia las escaleras que suben. Seguramente considerando lo increíblemente caliente que sería subir y penetrar a su yerno en la cama que comparte con su hija, haciéndole gritar de lujuria por más. Bota aire tan frustrado como Tony (y el mismo Bobby).- Pero hay que aguantar.

-¿Supones que…? –sonríe maligno.

-¿Lo de la fiesta de Kent con Alice a su lado? Si, se volverá loco y hará una escena. Es una puta ansiosa. Su culo pide a gritos machos. Lo supe cuando Alice lo trajo a casa y se quedó mirando mis brazos y tu entrepiernas. El pobre chico es un dulce y confundido marica que se cree hombre. –toma más de su cerveza, sonriendo.- Creo que casi le hicimos un favor cuando le enseñamos su papel en esta vida. Como perra de los hombres sí quedará satisfecho y será feliz.

-¿Enseñamos? –Tony ríe como una hiena.- Papá, lo enviciaste. Hiciste que ese culo se le calentara nada más con ver, escuchar u oler a un hombre.

-¿Y no te gusta la idea? ¿Tener a mano a una putita caliente que nunca pedirá nada ni se preñará para meter tu verga las veces que te de la gana?

-Pero Alice… -duda.

-Eso terminará pronto. En la fiesta de Kent.

……

Aunque contento por la decisión de Alice de acompañarle a la reunión, Bobby no dejaba de sentirse algo inquieto cuando la tarde del sábado va cayendo. Tomando una larga ducha, y afeitándose totalmente según es su costumbre, no quiere pensar en ese fuego en sus entrañas. Imaginando que será algo informal de un caluroso sábado por la tarde, el joven viste un viejo y desteñido jeans, bastante ajustado, así como una camiseta sin mangas. Mirándose al espejo, aprobadoramente, el joven se dice que no desea verse menos que esos reconocidos atletas.

-Debimos invitar a Tony. –comenta Alice, subiendo al coche.

-Lo hice, pero no me respondió nada. –informa él, conduciendo hasta la dirección dada por Kent días antes. Una vez frente a la vivienda encuentra un lugar para estacionarse y con un mensaje de texto indica al deportista su llegada.

-Bonito lugar, se nota que le va bien. –comenta Alice y Bobby no puede menos que mirarla, ¿acaso le insinuaba algo?

Llaman al timbre y Kent en persona, enorme y musculoso, aparece en el marco de la puerta.

-¡Bobby! –mira a la bonita morena de largas pestañas.- ¿Alice? Es un placer, soy Kent. –y galante besa su mano, ella le sonríe. Se vuelve hacia el joven culturista.- Me alegro que hallan llegado. Permíteme decirte, Bobby, que te ves bien.

-Debe verse. -comenta Alice algo aguda.- Se pasa horas ejercitándose.

-Alice…

-La perfección cuesta, preciosa. –Kent le guiña un ojo y ella sonríe halagada, entrando, cuando Bobby llega a su altura, dice más bajo.- Si, Bobby, te ves muy caliente… -y sin que la mujer lo note, atrapa con una de sus enormes manos una de las redondas y tersas nalgas del joven, haciéndole enrojecer de nervios y emoción, obligándole a entrar.

-Oh, pensé que era una fiesta. –comenta Alice, entrando en la sala.

Bobby, confuso y algo decepcionado, nota que no hay tantas personas como esperaba. Tan sólo unos diez chicos y algunas chicas que ríen en voz alta, tomando algo, medio bailando al son de la música, distribuidos en pequeños grupos.

-¿Son todos? –Bobby le pregunta a Kent.

-Bueno, me metí en problemas con mi novia, así que no vino y no dejó que asistieran las porristas. Muchos de los chicos, para no perder… -le sonríe a Alice, quien entiende y sonríe también.- …Privilegios, decidieron seguir con ellas. –ríe mirándoles.- Supongo que eso los hace míos, ¿no? Vamos a tomar asiento.

-¿Becky? –exclama en ese momento Alice, mirando a una joven pelirroja, quien al verla grita y ríe, acercándose.- Bobby, mira, es Becky. –hay un intercambio de saludos.- No te veía desde la graduación.

-Trabajo mucho y… -mira a los chicos.- …Trato de divertirme de vez en cuando, no tengo tiempo para mucho más. Bobby, te ves genial. Amiga, me cuentan que eres asistente de chef.

-Pues si, se me da bien. Estoy aprendiendo todo lo que puedo para algún día abrir mi propio sitio.

-¡Genial! –y mientras intercambian informaciones, Alice comentando que hay un curso en marcha en París al que le encantaría asistir, se alejan en busca de una bebida.

-Parece que sólo seremos tú y yo. –Kent regresa a Bobby al presente.

-Así parece. –susurra, mirando todavía a Alice, hablando de su gran sueño de ir a Europa y aprender con los grandes de la cocina. Sabe que la mujer le adora, pero se pregunta si no estará algo arrepentida de una boda tan súbita.

-Vamos. No te queda el preocuparte. –le gruñe Kent, atrapándole un hombro y llevándole hacia un sofá, cayendo ambos en él.

Bobby se tensa, el muslo firme y musculoso de Kent se aplasta contra el suyo. Con la boca algo seca, el rubio culturista sigue con la mirada al grupo de chicos y chicas, en especial a Alice que ríe mientras habla con la tal Becky y un sujeto de tipo italiano que las mira como considerando proponerles montar un trio. La enorme mano de Kent cayendo en su espalda, le sobresalta, trayéndole al presente, reparando de pasada en la mirada brillante y húmeda del otro, preguntándose qué tanto habrá bebido ya Kent.

-¿Te dije lo bien que te ves? Esos pantalones se aferran muy bien a tu trasero, aunque me gustaban más aquellos shorts que llevabas en el gimnasio, abiertos sobre la raja de tu culo.

-Eh, si… -el muchacho se sonroja violentamente.- Eso fue un accidente.

-¿En serio? Es una lástima. Creo que tú paseándote por ahí con un shorts abierto sobre tu raja es una de las escenas más calientes que he visto. –se le encima un poco, y si, su aliento huele a alcohol.- Seguramente tienes un culo suave a los dedos y dulce al paladar. Dime, ¿muchos lo abren con sus lenguas? Apuesto que si.

-Yo… yo… -rojo de rostro, intenta ponerse de piel, pero Kent le hala por un brazo, echándole hacia atrás nuevamente, cayendo sobre la mano abierta que colocó allí. Bobby jadea. ¡Estaba sentado sobre la mano de Kent!

-¡Mierda! Tu trasero está tan caliente. –gruñe el atleta, mordiéndose el labio inferior, agitando con dificultad por el peso sólido del chico, los dedos bajo su culo.- ¿Así que este es el maravilloso coño rosado y lampiño que agota a los hombres del que tanto he escuchado?

Y los dedos se agitan, buscando la raja sobre el pantalón, y la mirada de Bobby se nubla, su respiración se espesa. Puede mirar a Alice que ríe y habla al otro lado del cuarto; Kent ya no le aferra, podía ponerse de pie y escapar de semejante agarre.

Pero no lo hace. Su culo palpita hambriento, necesitado de hombres, de enormes vergas erectas… de semen caliente llenándole y chorreando luego.

Necesita ser usado. Quiere servir a ese tipo.       

CONTINUARÁ... 20                                          


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