domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 20


-Parece que sólo seremos tú y yo. –Kent regresa a Bobby al presente.

-Así parece. –susurra, mirando todavía a Alice, hablando de su gran sueño de ir a Europa y aprender con los grandes de la cocina. Sabe que la mujer le adora, pero se pregunta si no estará algo arrepentida de una boda tan súbita.

-Vamos. No te queda el preocuparte. –le gruñe Kent, atrapándole un hombro y llevándole hacia un sofá, cayendo ambos en él.

Bobby se tensa, el muslo firme y musculoso de Kent se aplasta contra el suyo. Con la boca algo seca, el rubio culturista sigue con la mirada al grupo de chicos y chicas, en especial a Alice que ríe mientras habla con la tal Becky y un sujeto de tipo italiano que las mira como considerando proponerles montar un trio. La enorme mano de Kent cayendo en su espalda, le sobresalta, trayéndole al presente, reparando de pasada en la mirada brillante y húmeda del otro, preguntándose qué tanto habrá bebido ya Kent.

-¿Te dije lo bien que te ves? Esos pantalones se aferran muy bien a tu trasero, aunque me gustaban más aquellos shorts que llevabas en el gimnasio, abiertos sobre la raja de tu culo.

-Eh, si… -el muchacho se sonroja violentamente.- Eso fue un accidente.

-¿En serio? Es una lástima. Creo que tú paseándote por ahí con un shorts abierto sobre tu raja es una de las escenas más calientes que he visto. –se le encima un poco, y si, su aliento huele a alcohol.- Seguramente tienes un culo suave a los dedos y dulce al paladar. Dime, ¿muchos lo abren con sus lenguas? Apuesto que si.

-Yo… yo… -rojo de rostro, intenta ponerse de piel, pero Kent le hala por un brazo, echándole hacia atrás nuevamente, cayendo sobre la mano abierta que colocó allí. Bobby jadea. ¡Estaba sentado sobre la mano de Kent!

-¡Mierda! Tu trasero está tan caliente. –gruñe el atleta, mordiéndose el labio inferior, agitando con dificultad por el peso sólido del chico, los dedos bajo su culo.- ¿Así que este es el maravilloso coño rosado y lampiño que agota a los hombres del que tanto he escuchado?

Y los dedos se agitan, buscando la raja sobre el pantalón, y la mirada de Bobby se nubla, su respiración se espesa. Puede mirar a Alice que ríe y habla al otro lado del cuarto; Kent ya no le aferra, podía ponerse de pie y escapar de semejante agarre.

Pero no lo hace. Su culo palpita hambriento, necesitado de hombres, de enormes vergas erectas… de semen caliente llenándole y chorreando luego.

Necesita ser usado. Quiere servir a ese tipo, pero…

-Kent… -jadea.

-No te enrolles, Bobby, sólo digo que tu culo atrae a los hombres a cien metros a la redonda.

Por un segundo, Bobby le mira en shock. ¿Acaso Leo le había dicho algo, o fueron sus compañeros de equipo? Antes de que el joven pudiera contestar, el hombretón se tiende hacia él.

-Vamos amigos, no pongas esa cara. –le susurra al oído.- Lo que pasa es que me la pones dura. Desde que te vi con Leo no he podido dejar de pensar en tu dulce coño rosado y depilado, pero siendo yo quien te lo llena de güevo. –tomándole la mano, venciendo una ligera resistencia, la lleva a su entrepiernas, donde Bobby encuentras su enorme y gruesa verga serpenteando hacia su pierna abajo en el pantalón.

Tragando, Bobby aprieta, sintiéndola palpitar. Respirando por la boca, agitado, el joven recorre el salón con la mirada, viendo a Alice de lo más entretenida hablando con Becky y su amigo. Nadie más prestaba atención. Para el joven rubio fue una sorpresa, al volver el rostro, ver sonreír a Kent, todo creído, retirando su mano y echando la espalda hacia atrás… sin que él pudiera quitar la suya de la palpitante verga. Al contrario, su mano la acaricia de manera algo ruda, provocándole un suspiro, una sonrisa más ancha y que el tolete crezca más.

-Te gusta esto, ¿verdad? Acariciarle la verga a un hombre, sabiendo que se pone dura por ti. –le sonríe.- ¿Por qué no vamos a mi cuarto y fumamos un porro?

-No, vine con Alice y…

-Vamos, ella ni bolas te está parando. – le atrapa por un fornido brazo, tirando de él fuera del sofá, casi arrastrándole hacia unas escaleras. Suben, abre una puerta y agarrándole nuevamente una nalga al culturista le empuja dentro de la habitación oscura antes de encender las luces.

-¡¿Qué diablos…?!

-Amigo, ¿qué estás haciendo aquí? –grita Kent.

Bobby mira sobre la ancha cama a un tipo enorme y musculosos, desnudo sobre el colchón, con una sábana cubriendo únicamente la cintura y entrepiernas. Parecía un boxeador, con una sombra de barba de dos días y una nariz que debió ser fracturada más de una vez. Parecía haber estado durmiendo, y todavía mantiene los ojos cerrados.

-Llegué y entre por atrás, para encontrar gente acostada en mi cama. Debiste advertirles que la fiesta era abajo. Estoy agotado y me vine para acá.

-Se nota que te jodieron en el cuadrilátero anoche, ¿eh? –se burla Kent.

-Me duele todo. –el sujeto abre los ojos, reparando por primera vez en Bobby.- ¿Y este quién es?

-Bobby, un chico del gimnasio. –atrapa la baja espalda al recio culturista y le empuja más cerca de la cama.- Bobby, este es mi compañero de cuarto, Bull. –le sonríe al amigo.- Bobby y yo íbamos a fumarnos un porro.

-Genial, me vendría bien. –sonríe Bull, sentándose en la cama, bando las recias piernas.

Bobby repara en la sábana que resbala un poco sobre su cuerpo, hasta que ve los recortados bellos púbicos y el nacimiento de su verga, que parecía tan gruesa como su muñeca. El joven, con un estremecimiento, se pregunta si lo de Bull era en realidad su nombre, le iba por la apariencia o por el tamaño de la verga.

Bull, notando su mirada, le sonríe mientras le guiña un ojo.

-Bueno, ¿vamos a fumar o no? –pregunta.- Tengo uno listo aquí. –toma de la mesita de noche el cigarro de hierba, encendiéndolo y dándole una calada, dándoselo a Kent, quien también inhala con lentitud.

El hombre se lo entrega a Bobby, quien duda. En realidad él no fuma ni consume nada. Ha fumado hierba una o dos veces, claro, pero siempre le había resultado penoso. Como ahora, que comienza a toser y ponerse rojo. Bull se echa a reír.

-Duro, ¿verdad? Es de la buena. Ven, déjame que te ayude. –le llama con la mano. Bobby, de manera automática, camina hacia la cama donde Bull le atrapa una mano, halándole, haciéndole caer muy cerca de él sobre la cama.- Vamos, siéntate aquí… -prácticamente se lo monta en el regazo.- Usaremos el estilo disparo de escopeta.

El joven culturista no sabe de qué hablaba, atolondrado como está, sentado entre las musculosas piernas del hombre, sintiendo la enorme mano en su espalda. Le ve tomar el porro e inspirar profundamente, sin quitarle los ojos de encima y antes de que pudiera reaccionar el hombre atrapa su nuca, halando de él, pegando sus bocas de labios abiertos y exhalando el humo de la hierba. El rubio culturista aspira, sintiéndose mareado, tanto que tiene que sostenerse con una mano de los enormes pectorales de Bull, la otra va a su muslo caliente y duro. Aún con los ojos cerrados, disfrutando el leve mareo, el muchacho podría jurar que algo duro serpenteaba bajo su culo.

-¿Cómo estuvo? –le pregunta, ronco, sonriente, muy cerca, bañándole con su aliento.- ¿Mucho mejor? ¿Te gusto?

-Si… -jadea Bobby, rojo de mejillas, ojos muy abiertos, sin retirar sus manos del cuerpo de ese hombre viril y masculino, el cual volvía a rodearle la cintura, reteniéndole sobre su regazo, el culo sobre la dura verga que palpitaba y quemaba a pesar de aún llevar sus pantalones.- ¿Podemos hacerlo de nuevo?

-Por supuesto, bebé. –sonríe con un gruñido, dando otra calada y acercando su rostro, al cual acude Bobby con un leve jadeo, pero esta vez cuando las bocas se unen y el humo pasa de una a la otra, Bull empuja también su lengua cálida y húmeda. Es un beso vicioso, chupado y sucio que dispara la adrenalina por todo el cuerpo del joven culturista, el cual se siente atrapado por esos brazos musculosos, ese cuerpo recio y esa lengua que demanda. Finalmente, reuniendo las pocas fuerzas que le quedan, Bobby retira su rostro, ardiéndole las mejillas, jadeando por la boca abierta, tan sólo para encontrar la sonrisa burlona de Bull.

-Tengo que… Mi esposa… -jadea extraviado, echando su culo hacia atrás, intentando ponerse de pie, comprobando que había algo realmente duro bajo su trasero.

-No seas aburrido, amigo. –le interrumpe Kent, tomando el porro.- Terminemos con esto.

-Claro. –concede Bull, bajando sus manos a las caderas del rubio, halándole y obligándole a darle la espalda, montándole sobre su regazo, recibiendo el porro y aspirando dos veces, la segunda para Bobby a quien le come la lengua de manera íntima y exigente. Jadeando, Bobby le mira confuso, y más cuando el recio sujeto se vuelve hacia el amigo.- Entonces, Kent, ¿qué sucedió con Janice? Escuché que se cabreó contigo. ¿Qué hiciste que se fue tan molesta llevándose a su gente?

-No es mi culpa, hombre. Es que le dije no al plan que tenía para su fiesta temática de esta noche, un cambio de rol. ¡Era una mierda! Si las nenas quieren vestirse como nosotros usando el equipo de futbol americano, está bien. Pero no pueden pretender que estaremos en una fiesta usando ropas de porristas. ¡Soy el mariscal de campo, tío! No puedo vestirme como una animadora, incluso para una fiesta tonta. Mira… -abre una gaveta.- …Ella incluso de molestó en buscarme una falda donde entrara. –casi alarmado muestra la corta prenda tableada. Bull se echa a reír.

-Mierda, amigo, al menos debiste intentarlo por ella, así la “rompieras accidentalmente”. Ahora no tendrás su coño mínimo un mes. –y ríe, Bobby le imita de manera floja.

-¡Si, claro! –Kent gruñe.- Si crees que es tan divertido ¿por qué no te la pones tú? –y Bull ríe abiertamente ahora, Bobby, que ahora si está zumbando con la hierba, le imita.

-Mira. Bobby piensa que es gracioso. –comenta Bull, clavando los ojos en la nuca del culturista, sintiendo rico el peso del muchacho, de ese culo musculoso, sobre su regazo.- Apuesto que él si lo habría intentado para tener contenta a su mujer, ¿verdad, Bobby?

-¿Ponerme una falda? –Bobby parece alarmado por la idea, pero ríe de manera intoxicada.- Ella no me lo pediría.

-¿Y si te lo pedimos nosotros? –Kent le mira fijamente, tendiéndole el atuendo de porrista.

-Oye, no lo sé…

-Vamos, amigo. Anímate y lograrás que todos riamos un buen rato. Ya sabes, cosa entre panas. Anda… sólo un minuto. –Kent insiste.

Bobby duda, pero mareado como está, reconociendo lo amable que era el otro, quiere creer que no hay nada malo con la broma, que no puede hacerle daño. Levantándose del regazo de Bull, toma la faldita, metiéndose en ella y subiéndola sobre sus pantalones.

-Amigo, no, eso es trampa. –acusa Bull.- Tienes que salir primero de los pantalones para que se pueda apreciar el efecto del conjunto. No tienes que preocuparte de nada, aquí sólo hay chicos.

-Si, vamos, hombre. –interviene Kent, alzándole la faldita y desabotonando su jeans, halándolos con dificultad muslos abajo, dejándole rojo de cara y con la pequeña trusa azul eléctrica que difícilmente no sería tomada por una tanga elástica, la cual sería indecente aún en una exhibición de exhibicionistas. –Así está mejor. -gruñe con voz ronca, los ojos clavados en la pequeña prenda.

-Joder, ¡qué culo! –gruñe Bull a sus espaldas, y cuando Bobby se vuelve a mirarle le sorprende admirándole trasero, levantando con una mano un tanto la faldita, los ojos clavados en sus glúteos redondos y firmes apenas cubierto por la tanga, mientras su otra mano baja a su entrepiernas, tocándose, apartando un tanto más la sábana y exponiendo unos siete u ocho centímetros de su verga monumental surcada de venas.

A esas alturas, con Kent obligándole a dar dos pasos adelante, Bobby termina sin pantalones, en camiseta y con falda, con la pequeña trusa debajo. La falda era demasiado corta aunque intenta acomodarla. Si por delante queda justo por debajo de sus bolas, muy arriba en sus muslos recios, por detrás se acampana sobre sus nalgas alzadas, terminándose antes de cubrir, dejando a la vista de los dos jóvenes unos cuantos centímetros de la azulada trusa tipo tanga.

-A la mierda, Bobby, qué vista. –ríe Kent entre dientes.- Te ves impresionante. Tu enorme musculatura de culturista apenas queda cubierta. –y ríe mientras el otro se sonroja.- Con un hilo dental causarías furor en la fiesta.

-Amigo… -gruñe Bull, pero sin risa, presionando bajo la sábana su enorme y ya duro miembro que todavía no se dejaba ver del todo.- Ven aquí… quiero ver lo que tiernas para tu amigo Bull. Porque quieres enseñárselo a Bull, ¿verdad?     

 CONTINUARÁ... 21                                


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