……
-Que puta. –gruñe Bull.
Bobby abre los ojos y mira al otro hombre que mira fascinado y divertido el espectáculo que ofrece el joven y rubio culturista de 250 libras de puro músculo, mostrando su culo afeitado que es abierto por una gruesa pieza venosa mientras tiene una faldita sobre su espalda. Por la mente del muchacho cruza una idea que casi le hace correrse, por verga y culo, ¿qué pensaría la gente que le ha visto en las exhibiciones de físico culturismo si le vieran ahora convertido en una musculosa perra que gusta de ordeñar vergas con su culo? La sola idea le excita de una manera oscura; cierra nuevamente los ojos e imagina que está en uno de esos escenarios, en cuatro patas y que Kent le cabalga mientras jueces, competidores y público en general les miran, vitorean y aúpan. Semejante imagen tiene el poder de hacerle trabajar con mayor ahínco sobre la verga del macho que lo llenaba y complacía. Su redondo, rojo y liso agujero iba y venía, abriéndose, cubriéndolo, chupándolo y apretándolo. Era un culo que sabía cómo trabajar a los hombres, y mientras lo hacía lo disfrutaba de una manera total.
Y semejante atención tuvo su recompensa, la respiración de Kent se espesa, su verga se llena más, ardiendo como lava, dura como una tabla, estremeciéndose todo mientras le atrapa con fuerza las caderas, enterrándole los dedos, dejándosela bien metida.
-¡AHHH! ¡MIERDA, TIO! Si, tómala, perra. Toma toda mi esperma caliente con tu coño. –grita, alzando el tenso rostro, mientras su tolete vomita su carga ardiente de semen, llenándole las entrañas al rubio culturista, el cual todavía continúa ordeñándola con los espasmo de su recto.
El roce, la leche, las manos que le sostienen, la punta de la verga contra su próstata… Bobby gime y siente que su culo se moja todavía más, recorrido como es por el orgasmo alcanzado por allí.
……
-¿No escuchas unos gritos? –pregunta Alice, terminando de subir las escaleras. Becky, a su lado, sonríe.
-Creo que alguien está tirando.
Y Alice tiene un mal presentimiento, tomando aire y aferrando el pomo de la puerta, abre…
-¡Oh, por Dios! –grita la joven abriendo mucho los ojos.
-¡Hey! ¡Cierra la maldita puerta! –grita la joven, toda roja de cara, jadeando, como tenía que ser al estar ensarta entre dos hombres, uno de ellos de espaldas sobre la cama, el otro a sus espaldas, los tres mirando hacia la puerta.
-Ay, lo siento. ¡Lo siento mucho! –gime Alice, enrojeciendo violentamente al captar que no era como pensó en un inicio que uno se la tenía metida por el culo y el otro por la vagina. ¡Las dos vergas estaban en su vagina! Becky la mira con la boca abierta.
-Natasha, ¿qué haces?
-¡Qué cierren la puerta! –exige y la obedecen.
Una vez de vuelta al pasillo, las dos mujeres se miran., impresionadas.
-Qué puta. –comenta Alice.
-Con Vincent y Patrick sólo tiran putas. –sentencia Becky, sin saber lo acertada que está al hablar de dos de los hombres que días antes habían enculado a Bobby en un sauna.
-¿Dónde diablos estará mi marido? –se mortifica.
-Esperemos que no con una como Natasha.
……
Jadeando de gusto, satisfecho, Kent finalmente retira su gruesa verga del culo de Bobby, desplomándose de espaldas sobre la cama, junto al rubio y cogido culturista, quien, como sorprendido todavía, lleva una mano atrás, tocándoselo, notando lo mojado de semen e hinchados que están los labios de su “coño”, con un pequeño chorro de leche caliente corriendo abajo por su muslo. Avergonzado, rojo de cara, se vuelve hacia Bull, quien le mira sonriendo sardónico.
-Se notas que te encanta… Dime, ¿estás listo para este ahora? –pregunta, agitando con una mano su monstruosa verga, riendo al notar el nuevo rubor del rubio, así como su mirada vidriosa.- Oh, si, la quieres. La quieres y mucho. Joder, ¡qué puta! Límpiate esa leche del culo, toma… -y algo despectivo le arroja su propio jeans, el que se quitó cuando deseaban que se probara la faldita.
El culturista lo hace, los oídos zumbándole. Era degradante, sabía que estaba mal lo que hacía, que su mujer estaba en algún lugar de esa casa mientras él se abría de culo como una perra en celo para que esos gañanes saciaran sus ganas, pero… No puede ocultar su propio deseo, mirar la rojiza y enorme verga le hace palpitar con deseo anticipado el culo, el cual ya titila mientras lo seca un poco. Mierda, tampoco era su culpa; fue el suegro quien le despertó esa hambre de güevos.
-¿Debo… debo sentarme en ella o qué? –pregunta Bobby al fin, incapaz de contenerse, deseando otro de esos increíbles orgasmos por el culo.
-Nada de eso, putita. Quiero que te eches sobre esa cama de espaldas y abras las piernas para mí. Quiero verte la cara mientras te cojo; mirarme en tus ojos cuando te llene con mi verga y derrame a mis futuros hijos dentro de ti.
Dios, era tan humillante, las palabras, el tono, lo que deseaba que hiciera. Eso lo piensa mientras rueda sobre la cama, de espaldas, atrapando sus propias rodillas con las manos, exponiendo al máximo ese agujero lampiño, rojizo, hinchado y palpitante que esperaba ser llenado con la dura y palpitante carne del macho que le arrancaría temblores y espasmos de placer.
-Joder, mira como le titila. –se maravilla Kent, voz soñolienta.
-Es un agujero hecho para dar goce a los hombres, y disfrutar mientras lo hace. –la voz casi reverente de Bull se deja escuchar ahora, mientras se inclina sobre la cama, llevando sus manos a esas nalgas redondas, los pulgares contra el agujero, abriéndolo todavía más.- Mierda… qué hinchado está por todos los güevazos que le diste. Y sin embargo se estremece de hambre, quieres que te lo llene, ¿verdad, nena? –sin esperar respuesta, caliente como él sólo, los oídos zumbándole de lujuria (un agujero abierto, tembloroso donde meter la verga sabiendo que se lo chupará con fuerza, ¿quién resistiría?), apoya la cabeza de su enorme tranca contra el abierto orificio, forzándolo, metiéndosele lenta pero indetenible, llenándole, raspándole, haciéndole gemir y alzar la rubia cabeza de la cama, jadeando por la sorpresa de ser cogido por una verga de semejante tamaño.- Hummm… cómo chupa y aprieta. Y es tan caliente y suave…
Se oye tan fascinado que Bobby le mira, su enorme pecho subiendo y bajando, el rostro rudamente hermoso y masculino sonriendo torvo, y Bobby sabe por qué. Seguramente lo ve en sus pupilas. La súplica muda, el deseo de que termine de llenarlo con todo, cogiéndole con fuerza, cabalgándole hasta hacerle venirse una y otra vez mientras le llena de leche. El muchacho grita cuando los casi treinta centímetros de verga le llenan, casi llegándole al abdomen, y más cuando se tiende sobre él, casi boca contra boca, sonriéndole.
-Tu coño es tan jodidamente apretado y dulce que entiendo que enloquezcas a los hombres, aún a los que nunca hemos pensado en joder así a otro carajo. Pero estás hecho para esto, Bobby, para enloquecer y seducir a los machos que desean llenar tu coño. Mírate, tan grande y musculoso, con esa maldita faldita, puedo imaginarte en una tanguita de hembra en los vestuarios, yo cogiéndote y los muchachos esperando su turno; sí es que me parece que eres la más rica porrista que se ha montado sobre mi verga jamás.
A diferencia de Kent que comenzó directamente llenándole el culo con su verga de manera impersonal, el rostro de Bull está cada vez más cerca de la cara del rubio culturista; juntando sus labios, el rudo tío metiéndole la lengua, se la atrapa y chupa de manera mordelona y salivosa, sonriendo al alejarse.
-Los labios de tu boca son tan dulces y gorditos como los de tu culo, bebé. –ronronea antes de volver a meter su lengua de manera intensa y apasionada, un beso obscenamente chupado, mientras su propio culo va y viene, sacando y metiendo su verga cogiéndole con fuerza.
Bobby gime dentro de su boca, mareado y excitando, tocándole por todas partes, atrapándole el cuello y bebiendo también de su boca. Un beso, el beso de un macho que le coge, una fantasía romántica que se había hecho en los últimos días y ahora ese enorme semental estaba brindándosela, y todo mientras su enorme, grueso y cilíndrico tolete va y viene, saliendo casi todo de su redondo y lampiño culo, halándole los labios del coño, para luego entrar, empujándoselos dentro, rozándole. Era tan largo y grueso, tan duro y caliente que las paredes de su recto se dilatan al máximo, aunque lo atrapan con hambre, dándole la bienvenida, siendo golpeado una y otra vez no sólo en su próstata, la cual es estimulada salvajemente por la enorme cabeza, sino en ese otro punto que no sabe ni qué es, pero que le hace desear más y más. Mientras Bull le coge, lamiéndole la lengua, recorriendo sus costados, llamándole perrita caliente y putona, Bobby sube y baja su culo como puede, apretándolo de manera increíble, casi haciendo reír a un jadeante Bull.
Las muy abiertas, redondas, roja y lampiñas nalgas del culturistas son golpeadas una y otra vez por la pelvis del macho que le coge, las bolas le golpean y al muchacho le parece increíble. En una de las echadas atrás, saliendo centímetro a centímetro del redondo culo, la verga sale toda, enorme y gruesa. Tiesa y hambrienta, frotando el glande del esfínter que titila salvajemente sobre él como besándole, la caricia enloquece a Bull que blanquea los ojos y la empuja otra vez, estremeciéndole sobre la cama.
Ese coño hambriento estaba dejándole seco, piensa el fornido macho mientras continúa cogiéndole y comiéndole la lengua, tanto que casi cae desmayado sobre el culturista, mientras éste continúa apretándosela y chupándosela con su culo ávido. Bobby se tensa al sentirla imposiblemente dura y ardiente, mojándole todo, y deja su boca, jadeando de manera entregada.
-Oh, Dios… -y arquea la espalda, mientras Bull le muerde el cuello, tomando un segundo aire y embistiéndole otra vez.
-Puta… puta… Eres una puta tan caliente… -le gruñe al cuello, lamiéndole, machacándole las entrañas con su barra grande.
-Mierda, ¡mírala! Esta perra brilla de lujuria. –medio ríe, ronco, Kent, sin apartar la mirada aunque parpadea bastante.
Bull apoya las manos sobre la cama, tensándose al máximo, echando la espalda hacia atrás, muy rígido, mientras su verga tiembla violentamente. Grita cuando la siente correrse…
El joven culturista grita también, arqueando la espalda, sintiendo como ese semen caliente corre por la dura carne, estallando en sus entrañas mientras su propio tolete explota, mojando sus abdómenes, pero también su pecho y barbilla, al tiempo que ese clítoris que teme tener en el culo comienza a vibrar, estremecerse y dispararle corrientes de orgasmos también.
Pero aún así, Bull empuja más, riendo cuando siente como su esperma llena, rebosa y resbala dentro de ese musculoso, enorme y guapo hombre, el cual continúa ordeñándole con su culo como anhelando hasta la última gota de semen caliente. El signo de las buenas putas, aquellas que aman la leche de sus machos. Pero hay algo que le encanta todavía más (¿y a quién no?), y retirando su enorme verga, dispara todavía un buen chorro de leche sobre el otro, alcanzándole en el cuello y la mejilla. Le gusta mojarles las caras de semen a sus nenas, pero ahora viendo a ese fornido tipo, manchado con su jugo, le parecía aún más caliente, como le ocurre a todo tío que se corre sobre la cara de otro. El cuarto huele intensamente a semen y Bobby tiembla de lujuria al recibirla.
Botando aire, ruidosamente, el hombretón cae al lado del jadeante rubio, quien mira hacia donde está Kent, el cual cerró los ojos y parece haber caído en un profundo sueño sobre la cama. Cosa que le sorprende un poco, imaginaba que aguantaría más, seguramente estaba cansado. Aunque Bull…
-Amigo, fue impresionante, pero mañana debo madrugar; tú sabes, para golpear el saco. Tengo una pelea cerca y debo practicar, así que debo descansar. –suspira acomodándose sobre la cama, impasible ante el amigo que ya ronca.- ¿Podrás encontrar la salida?
-Yo… claro… -se levanta de la cama, aturdido.
-No te sientas mal, bebé. Me encantaría cogerte toda la noche, pero… -bosteza.
-Entiendo. –y era cierto, toda una vida practicando una rutina le había enseñado a Bobby la importancia de la autodisciplina, también el jugar para el equipo.
Acomoda su franelilla, recordando ahora que Alice está en esa casa. Con bruscos manotazos se deshace de la faldita, no encontrando su calzoncillo tipo tanga, por lo que finalmente entra en el jeans, el cual se moja a la altura de su trasero con la leche que todavía mana, fuera de la que ya tenía de cuando limpió su culo hace poco. ¡Mierda!
Abre la puerta con cuidado mirando hacia las escaleras; escucha la música, las risas y conversaciones y se inquieta. Debía encontrar un cuarto de baño y…
-Bobby, ¿dónde estabas? –gruñe Alice a sus espaldas, rodeándole y enfrentándole, mirándole realmente molesta. Sexo. Su marido había estado practicando el sexo, lo sabía por las mejillas rojas y los ojos brillantes.- ¿Con quién te revolcabas, hijo de puta? ¡¿Quién es ella?!
-¿Qué? No, Alice, yo… -jadea, palideciendo.
-Mírate como estás, hueles a puro sexo. A… joder, ¡hueles a leche! –le mira desconcertada, acercándosele.- ¿Qué tienes en el cuello y la mejilla? –suena aguda, tras ella, Becky abre mucho la boca, como para responderle a pesar del shock, pero vuelve a cerrarla. La mujer alza una mano y casi le araña, tomando de eso, acercándoselo a la nariz.- ¡Es semen! –grita.- ¡Tienes la cara bañada de esperma! –grita sin poder contenerse, realmente atolondrada.
-No, no, espera…
-¿Pero qué coño…? –ruge roja de furia, ojos empañados de ira y sorpresa, mira la puerta y la abre aunque Bobby intentó impedírselo. En la penumbra es visible la silueta de dos hombres, dormidos, con sus vergas aún afuera. La mujer no puede procesarlo, siente que todo le da vueltas.
-¡Un marica! ¡Eres un marica! –grita, mirándole con furia, ojos llorosos ya.- ¡Me casé con un disfraz! ¡Te creí un hombre y no eres más que una marica! –acusa terrible y Bobby quiere morirse, oyendo como sube gente por las escaleras.
-Alice, no; por favor, no hagas esto. –suplica.- Amor… -intenta tocarla y ella con rabia se revuelve, alejándose, gritando a pesar de la gente que sube.
-¡No me toques con esas manos con las que tocabas las vergas de otros! –acusa; a sus espaldas, y a pesar de que los oídos de zumban de angustia, Bobby puede oír los cuchicheos y se vuelve como para decirles que se larguen, que allí no hay nada que ver. Es cuando Alice grita.- Mírate, tienes el pantalón mojado. El culo te babea leche, ¡la leche que esos hombres dispararon dentro de tu culo de marica!
-Alice, no… -Becky intenta calmarla.
-¡Es un marica! –insiste Alice, mirándola, como si no pudiera encontrar nada más que decirle. O no pudiendo procesar todo lo que ocurre. Su marido, el marido al que ama, es un marica cuyo culo está chorreando leche.
-Joder, amigo, ¿no sabes que hay que quitarse la leche una vez terminan de darte? –comenta jocoso un tipo al pie de las escaleras.
-¡Ay!, ¿experiencia? –replica otro y hay carcajadas, mientras Bobby horrorizado mira a Alice, con la mente en blanco.
-Alice…
-Esto vas a lamentarlo, hijo de puta. –terminan gritando con un enorme puchero, lanzándole leves manotones, embargada de furia, hasta que le empuja haciéndole retroceder a pesar del tamaño, casi corriendo entre las personas en las escaleras, algunos de los cuales le piden que se calme, que no es la primera que se casa con un tío que se derrite por otros hombres.
-Buena la has hecho, ¡mírala! –acusa Becky.- Su papá y su hermano van a joderte bien jodido. –y sale tras la amiga.
Tragando, sintiéndose infinitamente miserable, Bobby baja la mirada, diciéndose para sus adentros que así fue que comenzó todo. Cuando el suegro y el cuñado le jodieron. A duras penas contiene el llanto mientras la gente comenta, ríe, le aconseja qué hacer para no ser pillado otra vez por su mujer, otro comenta que menos mal no le encontró ensartado o la sangre llega al río. Todos hablan hasta que Bull grita que dejen dormir. Cerrando los ojos, caminando muy rígido, oloroso y manchado de esperma, Bobby, el pobre chico que gusta de las vergas, cruza entre esas personas preguntándose qué hará ahora.
Mierda, lo había perdido todo. Su matrimonio, su mujer. La casa. ahora estaba en la calle… con el culo adolorido y manchado de esperma. ¿Qué sería de su vida?
CONTINUARÁ... 23

No hay comentarios:
Publicar un comentario