domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 24


Aturdido, y mucho, Bobby lo hacen, deshaciéndose del jeans y buscando otros, pero Ben le atrapa la mano.

-No pensarás vestirte sin ducharte, ¿verdad? Y eso va a tener que esperar, quiero hablar contigo, sobre Alice. Ponte esto. –abre una gaveta de donde saca una pequeña roja trusa de exhibiciones.- Vamos a la sala.

-Pero suegro…

-Vamos. Tenemos que hablar. De lo que hizo, de lo que Alice ha resuelto y de lo que tendrá que hacer al respecto. –y sin más le monta una de sus callosas manos sobre una nalga semi cubierta, apretando posesivo, empujándole y sacándole del dormitorio rumbo a la sala.

-Suegro, yo…

-Mira, muchacho, entiendo. Mi hija se casó contigo creyendo que eras todo un hombre y resultaste un culo caliente que delira por los güevos. Esas cosas pasan. Pero mi hija estaba muy afectada. Tanto que no se quedó porque le dije que no podía arrojarte a la calle con lo que llevabas puesto, manchado y oloroso a semen. ¿Cómo ibas a llegar así a casa de tus padres? Qué se habrían enterado de todo. Mi hija está con esa amiga que me agrada tan poco, Becky; no puede ver a Tony porque prácticamente se saca las tetas de la blusa. Creo que es de las peligrosas, no quieren un polvo sino un marido. En fin, Alice estaba furiosa, fue cuando recordé ese curso de cocina que quería hacer en Francia y aquí mi amigo Tom, que estaba cuando llegó hecha un mar de lágrimas, me socorrió cubriendo los gastos del viaje y el alojamiento mientras ella se establece.

-¿Qué? ¿Francia? ¿Alice se va y me deja?

-¿Querías que se quedara armándote un escandalo a cada rato o pensabas que iban a dormir en la misma cama hablando de los hombres que les gustan? –es rudo mientras abre los brazos.- El caso es que no tengo dinero a mano para pagarle a Tom. Y no debo hacerlo. Alice es tu mujer y tú la jodiste cuando te dejaste agarrar bañado en esperma.

-Pero yo no tengo ni un centavo. –jadea.

-Puedes trabajar. Modelando. –acota Tom.- Tengo amigos que manejan agencias, o que conocen a dueños de agencias. No será difícil con tu cuerpo. –lo recorre.- Nunca te he visto en el escenario pero…

-No, descuida. El yerno tiene lo que hace falta para triunfar en el modelaje. –acota Ben, volviéndose luego hacia el yerno.- Vamos, muchacho, camiseta y zapatos fuera. Posa.

Aturdido por todas las noticias (Alice le deja, se va lejos, tiene que trabajar para pagar su viaje), Bobby sube los faldones de la corta camiseta y se la quita dejando al descubierto su torso musculoso y recio, destacando aún más la pequeña trusa sobre su enrome cuerpo. Los zapatos salen también y sintiéndose un tanto tonto en medio de esa sala vistiendo la breve prenda, la misma noche que su mujer la deja, comienza una rutina de poses. Casi puede sentir, excitándose un poco, las miradas de esos hombres sobre sus bíceps, pectorales, muslos y espalda. Pero especialmente sobre su culo de nalgas erguidas, alzadas y redondas, donde la tela de la trusa desaparecía casi toda, presionando contra su entrada cuando flexiona las piernas. Y no quiere pensar en lo grato que es eso, la suave presión contra su capullo.

-Parece tener todo lo apropiado para modelar. –grazna Tom antes de volverse a su hijo.- Frank, ¿por qué no posas junto a Bobby para nosotros? Creo que está tan bien constituido como tú.

El rubio culturista se extraña, aunque ya su vena de profesional se despierta, imaginando lo bueno que será practicar y mostrarle a esos sujetos que se había tomado muy en serio sus prácticas.

-No llevo ropa interior, papá. –se queja Frank.

-No hay problema… -sonríe Ben, tendiéndose hacia adelante y atrapando los tirantes de la trusa del yerno, rasgándolas y despojándole de ella.

-¡Hey! –se alarma y enrojece, totalmente desnudo ahora frente a esos sujetos que le miran con toda maldad.

Frank, sin esperar más, se levanta con prisa y comienza a quitarse sus ropas. Ya Bobby le había visto antes en distintos niveles de desnudez en las exhibiciones, pero ahora, lo sabe muy bien, es diferente y se estremece ante su enorme verga todavía no dura del todo, y aún así parecía competir en tamaño con la de su suegro. Uno al lado del otro comienzan a posar, lo básico, el doble bíceps, flexiones de tórax, pero el muchacho, conociendo uno de sus mejores atractivos aún de antes de ser enviciado por el suegro, deja notar su trasero contrayéndolo y levantándolo. Frank podía ser más grande que él en muchas zonas, pero Bobby sabía que sus nalgas atraían invariablemente la atención (cosa que, posiblemente lo piensa de pasada, fue lo que le metió en tantos problemas).

En un momento dado, Frank termina a sus espaldas, alzándose en todo su tamaño flexionando los brazos, mientras Bobby, doblando una rodilla y extendiendo la otra, queda más abajo.

-Frank, muchacho, acércate más para que podamos comparar. –sugiere imperativo Ben. Algo inquieto, Bobby lo nota moverse, muy cerca a sus espaldas, conteniendo un jadeo cuando siente la lisa, suave y ardiente cabeza de la verga del otro golpear sobre su costado, por lo que se alza, quedando la verga apuntando peligrosamente contra su raja interglútea.- Acércate un poco más, muchacho.

Ahora Bobby podía sentir realmente los pectorales del otro sobre sus dorsales, y la verga se encontraba justo entre sus cerradas nalgas, a lo largo. Bobby quiere mirarla pero sabe que no debe, así como debe controlar ese calor interno que comienza a abrasarle.

-Flexione la espalda, yerno…

Con el corazón desbocado, Bobby obedece, doblando la cintura y haciendo que sus nalgas se abran un poco y se deslicen de abajo arriba sobe la verga de Frank, ahora totalmente dura. Cuando termina la flexión, Bobby siente sobre su piel algo que le marea increíblemente, la verga de Frank cayendo sobre su baja espalda, ardiente y pulsante, mojándole un tanto con sus jugos que manan lentamente.

-Lo siento, hombre. –Frank croa.

-Esas cosas suceden, hijo. –interviene Tom, deslizándose a su lado.- Mierda, mira la entrada de ese culo. Se ve tan suave e hinchado. Debe ser por todas esas leches que le han depositado esta noche.

-Ya lo creo, papá. –concuerda Frank, los dedos de su mano recorriéndole la raja a Bobby, la punta de dos acariciando el redondo anillo, tirando de los hinchados labios.- Es suave y se nota que fue bien trabajado. –medio ríe para mortificación de Bobby, quien sabe bien lo que Kent y Bull le hicieron.

-Hijo, ¿te afeitaste el coño hoy? –pregunta Ben, acercándose y mirando también.

-Si, esta tarde… antes de ir para la fiesta. –reconoce, rojo de mejillas por la flexión y la vergüenza. La risa de los hombres le mortifica más.

-Se ve que ibas preparado para la acción, ¿eh? –comenta Tom.- Frank sólo se depila para las competencias y es bastante trabajo. tiene muchos pelos. Pero es bueno verte así, muchacho, tu coño se ve tan suavecito.

-Y lo es, debes sentirlo. –aclara el suegro del culturista.

El cual contiene un jadea cuando siente las enormes y callosas manos de esos dos hombres tocándole. Palpan la firmeza de sus nalgas, clavan los dedos en sus carnes, todos rumbos a su raja interglútea hasta que los pulgares de dos manos juegan, alisan y tiran de los labios de su culo.

-Hermoso. Realmente hermoso, muchacho. –gruñe ronco Tom.- Ben, tu yerno tiene un dulce y suave agujero color rosa. –y la punta de su pulgar empuja y empuja sin entrar.

Eso obliga a Bobby a contener un jadeo, notando ahora que Frank se apartó y tomó asiento en el sofá, a un costado de él, desnudo como estaba, con su verga totalmente roja y erecta golpeando sobre su regazo. Es cuando gime ya que dos dedos que sabe bien no pertenecen a su suegro, le penetran lentamente, hasta el fondo del todavía dilatado culo por las cogidas anteriores. Y una vez en su interior, ejerciendo presión, calientes y rígidos, esos dedos lanzan certeros tijerazos que se lo mojan de emoción.

-Vaya, papá, parece que estuvieras metiendo los dedos en el mojado coño de una chica. –comenta Frank con una risita.

Avergonzado aunque caliente, Bobby vuelve la mirada sobre un hombro, estremeciéndose ante la visión de esos dos hombres grandes y fornidos jugando con su culo palpitante ahora. Siente como Ben, su suegro, tira de los labios de su esfínter también, con una monumental erección bajo sus pantalones.

-Si, lo tiene bien mojado, como un coño todo ansioso… -grazna Tom.

-A mi yerno le gusta que los hombres jueguen con su coño, ¿no es así, Bobby?

-Si, señor. –contiene un jadeo cuando los dedos entran nuevamente.

-Maldita sea, Ben, no había querido creer lo que tu hija nos contó de su marido, pero es verdad, su culo responde con avidez a las atenciones. Increíble, un muchacho tan grande, fornido y musculoso, y su culo es el de una putita caliente. –jadea Tom mirando al otro hombre.- Oye, ¿te molesta si… me pongo más cómodo?

-Para nada. Adelante. Creo que también yo lo haré. –responde el suegro del muchacho, cada uno retirando sus dedos y procediendo a despojarse de sus ropas. Tom tenía un torso cincelado como el de Ben, y sus muslos eran musculosos.

Finalmente los dos hombres le regalan al rubio muchacho la visión de sus cuerpos velludos y masculinos con sus vergas totalmente erguidas. La de Tom rezumaba algo de líquidos de la roja seta que era su glande.

Totalmente avergonzado de sí mismo, pero ardiendo con ese fuego que quema sus entrañas, Bobby sabe que la desea. Quiere que esa nueva verga se hunda dentro de su culo empapado, cogiéndole y saciándole esa hambre de machos que ahora no le dejaba nunca. Nada más imaginársela enterrándosele, abriéndole y dilatándole, esa vaina que parece un clítoris en su culo se estremece. Y aunque no quiere, mueve su agujero con la esperanza de que ese hombre la deslice dentro. No puede mentirse, ni se detiene por el embarazo que le domina oyéndoles reír por sus movimientos, está listo para saltar sobre esa verga, sobre todos esos güevos, enterrándoselos y apretándoles para sentirse lleno. Logra que una de sus nalgas choque del glande de Tom, lo cual envía corrientazos de placer por todo su cuerpo, pero antes de que pueda hacer algo más, Ben le atrapa un hombro, deteniéndole y obligándole a enderezar la espalda, por muy frustrante que le resulte.

-Espera, muchacho, antes de todo este lio de hoy te había comprado un regalo, por ser un buen marido para mi hija, aunque ahora… -se muerde el labio, sus ojos chispeando de sarcasmo y lujuria.- Creo que te lo daré de todas maneras.

Antes de que Bobby pueda responder, el otro hombre abandona la sala rumbo al closet del pasillo; el rubio, rojo como un tomate, baja la mirada para no encarar a Tom y Frank. Ben regresa casi enseguida llevando en sus manos una enorme bolsa de compras.

-Esto lo compré para ayudarte, se me ocurrió después de oír lo tenso que te ponías antes de las exhibiciones y cómo Leo te ayudaba relajarte a veces. Como sé que no siempre él estará allí, o yo, te lo traje.

Abre la bolsa y saca un enorme consolador de goma, negro y venoso. Bobby enrojece aún más. Claro que él ha visto ese tipo de juguetes cuando entra a una tienda de sexo por preservativos, o para mirar (sólo eso), pero en realidad nunca pensó en comprar uno. Y menos para él. Tenía por lo menos veinticinco centímetros de largo terminado en una base de ventosa entre las dos bolas de goma. Ben se lo entrega y de manera maquinal lo toma, sorprendiéndose de lo pesado y grueso que era, apenas podía rodearlo con sus dedos, y parecía muy real.

Aún así Bobby no sabe qué decir o hacer, tan sólo lo mira como hipnotizado… atrapado por la grandeza de esa verga de goma hecha para culos ávidos de placeres extremos.

-¡A la mierda! –exclama Frank.- ¿Acaso es posible que semejante cosa quepa en su coño o en el de cualquiera? ¡Es demasiado grande!

-No subestimen a mi muchacho. –alardea Ben.- Lo he visto tomar y ordeñar otros más grandes. Vamos, hijito, muéstrele a la visita cómo lo monta y doma. Hay lubricante también en la bolsa.

Temblando por emociones poderosas y contradictorias, el joven culturista mira a los tres hombres, echados de culos desnudos sobre los muebles de la sala esperando que les brinde un buen espectáculo. Realmente no sabía qué hacer, pero cruza una mirada con su vicioso suegro y este eleva las cejas y medio mira hacia los otros dos que están sentados en el sofá, recordándole lo mucho que le debe a Tom.

Tragando saliva resignado, casi creyendo él mismo que no deseaba hacerlo en verdad, abre la bolsa y saca un tubo de lubricante, chorreando unos dos disparos sobre el enorme consolador y untándolo de arriba abajo, como masturbándole, dejándole brillante antes de llevar esa mano a su trasero, comenzando a aceitar también su culo.

-Lo haces mal, muchacho; si te gusta dar el culo debes aprender a lubricártelo. –se queja Ben, atrapándole por una muñeca y atrayéndolo, tomando el tubo y aceitándose tres dedos, obligándole luego a darle la espalda.- Dóblate…

Cuando Bobby, totalmente enrojecido, lo hace, siente la enorme y callosa mano de su suegro sobre una de sus nalgas, halándola, separándolas más, deslizando limpiamente dos dedos en su agujero rojizo y lampiño que se abre como una boca hambrienta. Los dedos van y vienen, deslizándose una y otra vez, logrando múltiples objetivos, siendo uno de ellos el lubricarlo, y se sabe que lo hace bien cuando un tercer dedo desparece en su agujero, en medio de las risas y silbidos de asombro de los otros dos.

-Así se hace, ¿ves?, lo tienes listo. –sonríe el hombre mirando a los otros dos.- El culo de mi yerno está listo para gozar como el coño de puta caliente que es. Me está halando los dedos, se nota que ya lo tiene hambriento de vergas grandes.

-Dios, ¡es tan puta! –jadea Frank, su verga temblorosa y goteante.

-No entiendo cómo aguanta tres dedos tuyos. –acota Tom, tragando saliva con la garganta seca ante el increíblemente cachondo espectáculo del hermoso y musculoso joven a quien el suegro, moreno y velludo, le penetra con sus dedos.

-Ya te lo dije, porqué es una enorme puta de coño caliente, ¿no es así, Bobby? ¿No estás ardiendo por las ganas de meterte ese consolador en tu vicioso culo para sentir alivio y placer? –le pregunta, chorreando maldad, sabiendo que al joven, aunque caliente, le avergüenza admitir en voz alta esas cosas, sobre todo frente a extraños.- Responde, bebé… ¿no te enloquece esto, tener los dedos del padre de tu mujer metidos en tu agujero ardiente? –y clava los tres dedos, profundo, y comienza a moverlos, haciéndole gritar de lujuria.- Habla o nada entrará esta noche en tu culo… -amenaza, enfrentando con ojos crueles la mirada confusa y nublada que su joven yerno le laza sobre un hombro.  

CONTINUARÁ... 25                                         


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