-Esto lo compré para ayudarte, se me ocurrió después de oír lo tenso que te ponías antes de las exhibiciones y cómo Leo te ayudaba relajarte a veces. Como sé que no siempre él estará allí, o yo, te lo traje.
Abre la bolsa y saca un enorme consolador de goma, negro y venoso. Bobby enrojece aún más. Claro que él ha visto ese tipo de juguetes cuando entra a una tienda de sexo por preservativos, o para mirar (sólo eso), pero en realidad nunca pensó en comprar uno. Y menos para él. Tenía por lo menos veinticinco centímetros de largo terminado en una base de ventosa entre las dos bolas de goma. Ben se lo entrega y de manera maquinal lo toma, sorprendiéndose de lo pesado y grueso que era, apenas podía rodearlo con sus dedos, y parecía muy real.
Aún así Bobby no sabe qué decir o hacer, tan sólo lo mira como hipnotizado… atrapado por la grandeza de esa verga de goma hecha para culos ávidos de placeres extremos.
-¡A la mierda! –exclama Frank.- ¿Acaso es posible que semejante cosa quepa en su coño o en el de cualquiera? ¡Es demasiado grande!
-No subestimen a mi muchacho. –alardea Ben.- Lo he visto tomar y ordeñar otros más grandes. Vamos, hijito, muéstrele a la visita cómo lo monta y doma. Hay lubricante también en la bolsa.
Temblando por emociones poderosas y contradictorias, el joven culturista mira a los tres hombres, echados de culos desnudos sobre los muebles de la sala esperando que les brinde un buen espectáculo. Realmente no sabía qué hacer, pero cruza una mirada con su vicioso suegro y este eleva las cejas y medio mira hacia los otros dos que están sentados en el sofá, recordándole lo mucho que le debe a Tom.
Tragando saliva resignado, casi creyendo él mismo que no deseaba hacerlo en verdad, abre la bolsa y saca un tubo de lubricante, chorreando unos dos disparos sobre el enorme consolador y untándolo de arriba abajo, como masturbándole, dejándole brillante antes de llevar esa mano a su trasero, comenzando a aceitar también su culo.
-Lo haces mal, muchacho; si te gusta dar el culo debes aprender a lubricártelo. –se queja Ben, atrapándole por una muñeca y atrayéndolo, tomando el tubo y aceitándose tres dedos, obligándole luego a darle la espalda.- Dóblate…
Cuando Bobby, totalmente enrojecido, lo hace, siente la enorme y callosa mano de su suegro sobre una de sus nalgas, halándola, separándolas más, deslizando limpiamente dos dedos en su agujero rojizo y lampiño que se abre como una boca hambrienta. Los dedos van y vienen, deslizándose una y otra vez, logrando múltiples objetivos, siendo uno de ellos el lubricarlo, y se sabe que lo hace bien cuando un tercer dedo desparece en su agujero, en medio de las risas y silbidos de asombro de los otros dos.
-Así se hace, ¿ves?, lo tienes listo. –sonríe el hombre mirando a los otros dos.- El culo de mi yerno está listo para gozar como el coño de puta caliente que es. Me está halando los dedos, se nota que ya lo tiene hambriento de vergas grandes.
-Dios, ¡es tan puta! –jadea Frank, su verga temblorosa y goteante.
-No entiendo cómo aguanta tres dedos tuyos. –acota Tom, tragando saliva con la garganta seca ante el increíblemente cachondo espectáculo del hermoso y musculoso joven a quien el suegro, moreno y velludo, le penetra con sus dedos.
-Ya te lo dije, porqué es una enorme puta de coño caliente, ¿no es así, Bobby? ¿No estás ardiendo por las ganas de meterte ese consolador en tu vicioso culo para sentir alivio y placer? –le pregunta, chorreando maldad, sabiendo que al joven, aunque caliente, le avergüenza admitir en voz alta esas cosas, sobre todo frente a extraños.- Responde, bebé… ¿no te enloquece esto, tener los dedos del padre de tu mujer metidos en tu agujero ardiente? –y clava los tres dedos, profundo, y comienza a moverlos, haciéndole gritar de lujuria.- Habla o nada entrará esta noche en tu culo… -amenaza, enfrentando con ojos crueles la mirada confusa y nublada que su joven yerno le laza sobre un hombro.
-Yo… si… ¡Si!
-Eso es, ¿no se los dije? Toda una puta por ese culo. –informa a Frank y Tom, deslizando nuevamente los dedos hasta el fondo.- Si, está tan abierto y hambriento que impresiona. Vamos, yerno, danos un buen espectáculo. Demuestra el enorme gatito hambriento de vergas que eres. –ordena retirando sus dedos del aceitado culo y tomando de sus manos el consolador, fijándolo con la succión de la base sobre la mesita entre los muebles, dejando el enorme falo de goma erecto en medio de la sala.
Para ese momento tanto Frank como Tom se masturbaban con ganas, dejando que chorrerones de claros líquidos pre-eyaculares corran miembros abajo. Bobby tenía la mirada atrapada en sus fornidos torsos masculinos mientras sus brazos se flexionaban al ir arriba y abajo sobre sus gruesas vergas. Bien, era mejor comenzar, se dijo derrotado.
Dándoles la espalda se paró junto a la mesita; subiendo un pie sobre la misma y dejando la otra abajo, baja sus caderas hasta que la punta del consolador se frota de sus nalgas redondas; echándolas hacia atrás, su culo sobresale y queda sobre el liso glande. Todos contienen un jadeo de terrible excitación cuando aquel chico grande y musculoso empuja su culo hacia abajo, abriéndose y rodeando la cabeza de goma, metiéndosela aunque parece muy grande. La espalda del muchacho enrojece totalmente y Ben ríe.
-Miren, le gusta… está tan caliente que le avergüenza. Vamos, hijito, haga feliz a su papi y muéstreles a los invitados de qué es capaz.
El agujero va bajando, tragándose lentamente, palmo a palmo, el grueso güevo de caucho. Cuando lleva la mitad, gimiendo a pesar de que se muerde los labios para que no sepan cuánto le gusta, Bobby se detiene, disfrutando de la poderosa sensación de su culo distendido por el grosor del juguete. La punta le frota algo en su pasada y…
Sus piernas no aguantan y cae sentado, metiéndoselo todo, llenándose totalmente el culo con aquel consolador oscuro. Sus nalgas están ahora tan rojas como su espalda, pero aún así fue capaz de darle a esos hombres un espectáculo que les erizó la piel e hizo que sus vergas casi estallaran en leche: el esfínter parecía abrirse y cerrarse sobre el venoso tolete de goma succionándole más.
-Mierda, eso es lo más jodidamente caliente que he visto nunca, muchacho. –gruñe, ronco, Tom.- Mira, Frank; mira como sus hinchados labios se mueven sobre ese monstruo de goma. Maldita sea, Ben, no sé cómo todavía cargas con tu verga de burro. Si Bobby viviera en la misma casa conmigo y con Frank, estaríamos cabalgándole día y noche, metiéndoselas a toda hora, dejándole bien lleno de leche. No haríamos nada más hasta que se nos cayeran, ¿verdad, Frank?
-Coño, si, papá. –Frank estuvo de acuerdo, acariciándose su enorme verga sin apartar los ojos del redondo y lampiño culo cuando va y viene sobre el juguete sexual, uno que estaba llevando al pobre e inocente Bobby al frenesí sexual.
Tan sólo de escucharles hablar de lo mucho que le sodomizarían, se excita más, subiendo casi hasta el glande de goma y cayendo luego, atrapándolo con su agujero pulsante. Cerrando sus hermosos ojos azules, las mejillas imposiblemente rojas, Bobby subió y bajó sobre el falo de mentiras, el cual le abría las entrañas con un roce increíble y se frotaba contra ese punto extraño que le hacía desear gritar como puta, también golpeándole la próstata, empeorando de por sí una calentura que estaba matándole. Y mientras sube y baja, dándose placer por el culo, olvida todo lo demás. Va y viene ya indiferente a todo y todos, concentrado únicamente en las poderosas oleadas de lujuria y placer que le dominan.
-Dios, de verdad le encanta… -le sorprende la voz de Frank, no muy lejos de él.
El rubio abre los ojos, empañados de lujuria, labios rojos como pidiendo un güevo para chuparlo, y encuentra a los tres hombres de pie, vergas erectas y goteantes, todos con las miradas clavadas en su agujero vicioso.
-Su culo es… maravilloso. Lo siento por mi hija, pero el yerno está hecho para dar placer a los hombres mientras lo disfruta él mismo. –informa Ben, agachándose un poco y recorriendo con sus dedos los hinchados labios de ese culo masculino, el culo de su yerno, atrapándole por las caderas con manos duras, subiéndole y bajándole con fuerza sobre el juguete, logrando que Bobby se retuerza, arquee la espalda y gima como puta caliente. Su culo va y viene, cae con fuerza y todavía se frota de las falsas bolas.
-Mierda, nadie puede aguantar esto, ver a este rico putito disfrutar de su culo de esa manera. –grazna Tom.
-Yo no puedo… -gruñe Ben.
Y Bobby siente como sus manos grandes y fuertes le obligan a subir sobre el juguete, el cual va saliendo lentamente, centímetro a centímetro, hasta tener únicamente la puntica metida dentro de su culo. Es cuando jadea desconcertado, su suegro le alza de un todo, sacándole el consolador y sin mayores preparativos las rudas manos le echan hacia atrás y su culo abierto y titilando como extrañando su juguete, es abierto por la gruesa y nervuda verga del hombre, la cual se le entierra hasta las bolas que le golpean. Y Bobby grita ronco, babeando de gusto, débil de tanto placer y ganas, tantas que Ben debe sostenerle por los costados, teniéndole bien clavado con su verga babeante, disfrutando de como el muchacho se la aprieta, amasa y chupa con fuerza.
-Dios, míralo… -jadea Frank.
Pero Bobby no puede verle o entender muy bien que dice, desmayado de placer cuando esa verga increíblemente dura va y vienen llenándole el culo totalmente, regándole las entrañas con sus cálidos jugos, frotándole de una manera viva, intensa y maravillosa. El consolador se había sentido increíble, y ya lo amaba (¡su suegro fue tan bueno regalándoselo!), pero sentir la verga caliente de su propio suegro palpitándole en las entrañas le hacía gemir y delirar. Su culo era un mojado caldo de ganas que deseaba ese buen pedazo de carne dura por encima de todas las cosas.
-AHHH!!! ¡Eres todo un hijo de puta, hijito! –gruñe también desfalleciente, Ben.- Dios, si, es cierto que eres un enorme coño caliente. Me lo estás moliendo, pequeño. Se nota que amas tener mi verga llenando tu coño caliente. Todos tus enormes músculos están apretándome ahora con fuerza; tu dulce coño rosa quiere la leche de papá, ¿verdad? –le gruñe ronco a una oreja, teniéndole atrapado con sus musculosos brazos, cogiéndole con fuerza una y otra vez, ante la mirada delirante de los otros, a quienes el espectáculo del cuarentón robusto, velludo y masculino cogiéndose al rubio yerno, les parecía increíblemente sucio.
Sin responder, Bobby le mira, su rostro masculino y atractivo en cuyos ojos brilla la lujuria y el profundo deseo que siente por él, a sus espaldas nota el torso recio y ancho, velludo. Los otros dos hombres, medio agachándose, miran con fascinación cómo el culo se abre por la gruesa verga que lo penetra. Ben lo bombea lenta y profundamente, metiéndosela toda y todavía empujando más.
-Mierda… se siente tan bien… -gruñe Ben, mordiéndole una orejita rosa, metiéndole la lengua, cogiéndole ahora con golpes más enérgicos.- Eres el orgullo de tu papi, hijito…
El hombre juguetón como es, mientras va separándose de él, todavía penetrándole el culo al muchacho, se medio agacha, y casi antes de sacarle la cabeza de su güevo, le empuja nuevamente contra la del consolador, obligándole a empalarse casi sentándose sobre la mesita del café. Bobby gime sintiéndose lleno al máximo, subiendo y bajando su culo por iniciativa propia, estaba tan urgido que casi dolía. Nota como su suegro se aparta y Frank se coloca detrás, rodeándole el recio torso y atrapando sus tetillas graníticas y erguidas, pellizcándolas con fuerza, haciéndole gritar ronco, mientras su culo hambriento sube y baja todavía sobre el juguete de goma. Todas esas sensaciones le tienen mal, empeoradas cuando siente la tiesa y ardiente verga de Frank frotarse de su espalda.
-Tan puta… eres tan puta. –le gruñe el musculoso joven al oído, apretándole duro los pezones entre sus dedos índices y pulgares, mordiéndole el cuello, también enloquecido de lujuria frente al atlético chico de culo alegre.
Las manos del muchacho se abren y atrapan sus pectorales, pegándose totalmente de él, guiándole ahora sobre la tranca de goma, con empujones y halones salvajes, aumentando el ritmo ya que sirve de apoyo al rubio culturista, quien tiembla entre sus fuertes, nervudos y masculinos brazos. Es tanta la energía del muchacho que logra despegar el consolador de la mesita, gracias a que Bobby lo tiene firmemente atrapado con los labios hinchados de su culo. Cuando ocurre y Bobby gime, Frank suelta su agarre y le obliga a doblar la cintura, abriéndole de nalgas, mostrando en toda su grandeza y belleza su culo redondo y totalmente abierto por el oscuro juguete, chupándolo todavía, teniéndolo casi todo en su interior. Los otros tres hombres miran fascinados como el hambriento agujero lo amasa.
-Joder, Bobby, eres realmente una perra caliente. –gruñe Frank.- Si todos los chicos supieran del hermoso y apretado culo rico que tienes siempre listo para darle placer a los hombres, creo que no podrían evitar turnarse para cogerte sobre el escenario, en medio de las exhibiciones de culturismo, con el público aplaudiendo a rabiar y todos desesperados por tomar su turno y disfrutar de esta belleza. –mientras habla atrapa la base del consolador y comienza a retirarlo, luego lo mete cogiéndole lentamente, fascinando como todo hombre que de pronto se encuentra metiéndole algo a otro carajo por el culo, la mirada clavada en el vicioso agujero del muchacho.- Va a ser muy duro para mí posar junto a ti y no pensar en mi verga deslizándose dentro de tu coño rosa y suave, arrojándote en cuatro patas en frente de todos y cabalgarte hasta hacerte gemir y gritar mi nombre, pidiéndome más, que te convierta en mi puta, tú babeando y corriéndote sin tocarte, como una buena perra que ama las vergas grandes y duras.
-¿Quieres cogerlo? –pregunta Ben.- Está tan caliente y necesitado que creo que si está noche no le llenamos el culo de vergas y leche se va a morir de tristeza. Vamos Frank, con confianza. Mi yerno necesita que lo atiendan, que los hombres de verdad se ocupen de sus necesidades básicas.
-Claro, toda perra necesita de su macho. O machos. Es biológico, una de esas verdades de la vida. –aclara Tom.- Ben, amigo, tu chico va a hacer que ganes millones. Perdiste a un yerno y tu hija un marido, pero ganaste un delicioso coño siempre deseoso, y eso genera ganancias.
Bobby escucha, escandalizado y excitado, pero incapacitado para reaccionar mientras gime cuando Frank retira de su culo el grueso juguete, sabiendo que su entrada titila salvajemente en busca de más.
-¿Qué sea una puta profesional? –se burla Ben.- Ya veremos…
Aunque eso alarma a Bobby, no puede dedicarle mucho tiempo a la idea ya que Frank posiciona la punta de la sedosa y ardiente verga sobre su culo, presionando y metiéndose. El rubio cierra los ojos y contiene un jadeo de placer cuando siente como la gruesa barra va abriéndole camino en su interior y frotándole por dentro, toda, golpeándole donde es, para retirarse y entrar otra vez muy rápido, cada centímetro de güevo duro y caliente, mientras sus enormes manos lo mantienen retenido por los hombros.
-¡Jesús! ¡Qué culo! -jadea Frank, sorprendido y maravillado, sintiendo como cada palmo de su tranca es halada y tironeada por ese agujero ávido de amor de hombres.- Mierda, es tan… ¡Ahhh! Lo siento, Bobby, pero todos los chicos en el circuito de culturismo van a saber esto, que tienes el más dulce y… ¡hummm!, delicioso culo que pueda haber. Todos van a saberlo y van a querer convertirte en la perra de las exhibiciones. Prepárate a tener filas de carajos musculosos y sudorosos en pequeñas trusas esperando por enterrar sus vergas en tu cuerpo.
Esas palabras ahogadas de lujuria y placer de un hombre que le cepilla con fuerza el culo, son algo que podrían ponerle en evidencia frente a todos los tíos con quienes compite, arruinándole la vida… aún más… Pero a Bobby tan sólo le provocan escalofríos y que su culo chupe todavía más.
Estaba totalmente enviciado…
CONTINUARÁ... 26

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