domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 28


-Mierda, no hay dudas que amas sentir un buen tolete en tu dulce coño, ¿no? –gruñe Ben contra su oreja, halándole y obligándole a caer contras su torso.- Desde que Alice te trajo a casa supe que tras toda esa fachada de chico grande y fuerte, de musculoso culturista, se ocultaba un coño ansioso de güevos. Ahora lo sé y me hace muy feliz. ¿Sientes mi felicidad, hijito? –pregunta alzando sus caderas, enterrándosela toda en las entrañas.- Sabía que te meterías en problemas hoy, Bobby. Pude habértelo dicho antes de salir. Notaba tu mirada hambrienta en mi entrepiernas o en la de Tony cuando salía del baño envuelto en una toalla. Debí decirte que te masturbaras enterrándote dos dedos en el culo, dándote gusto. Pero no quise entrometerme tanto, y mira, tu mujer, mi hija… -y le mete la lengua en el oído mientras le obliga a subir y bajar su culo ardiente.- …Te pilló cubierto de la esperma que tanto te gusta. De cierta forma todo es culpa mía. –se la empuja más, obligándole a quedarse quieto, tan sólo ordeñándosela con los músculos de su recto.- Debí cogerte una y otra vez, saciarte, pedirle ayuda a Tony para dejar tu culo ahíto de semen y que no salieras a meterte en problemas. Pero en fin, a lo hecho pecho. Ahora mi hija sabe que eres una puta, está lejos y debes mucho dinero, ahora trabajarás para pagarlo y tú y yo podremos discutir tu permanencia en esta casa. Si no fuera por Tony, que seguramente también deseará probar y llenar tu culo, te mudaría a mi cuarto… -y le muerde el cuello.- ¿Te gusta eso, Bobby, ser una puta ahora? ¿Ser mi putita?

-Dios, suegro… -y los dedos pellizcan fuerte sus pezones para corregirle.- Si, papi, me encanta sentirme lleno con tu verga. Soy tu putita de coño caliente.

-Lo sé, hijito. Sé que te encanta sentirte lleno de güevo y que eres toda una puta. Hago que lo admitas por tu propio bien, nunca debes engañarte otra vez creyéndote un hombre. Ahora ¿estás listo para recibir algunos de los bebés de tu papi en tu coño afeitado y hambriento?

-¡SI, PAPI! ¡Llénamelo con tus bebés! –grita Bobby cuando el hombre, riendo y gruñendo, le entierra la dura verga en lo más profundo y comienza a disparar sus cargas de sabor.

Mientras le llena el culo de leche, al muchacho le parece que esa verga está aún más gruesa y dura. Es cuando aprieta con su culo de manera inconsciente, deseando prologar esas palpitaciones y recoger todo ese semen, el sello distintivo de las buenas putas. Y se corre también, su propio tolete se vacía dentro de la tanga de mujer, su culo tiene otro de sus orgasmos, tan intenso que Ben gruñe de placer al sentirse tan apretado.

Se quedan así, quietos, los brazos de Ben envolviéndole con afecto y control. Ese culo rico era suyo ahora. Había logrado más de lo que buscaba al principio, alejar al muchacho de su hija (no por egoísmo, desde el principio lo supo faltón), y ahora le tenía para que fuera su hembra en casa. El coño caliente que siempre esperaría por su verga.

Lo había enviciado…

……

Cuando despierta al día siguiente echado de panza sobre su cama, muy estirado, Bobby olvida por un momento todo lo ocurrido el día anterior, que su mujer le abandonó por encontrarle bañado en semen de otros hombres y que dos amigos de su suegro, padre e hijo, le usaron junto a este. Con pulso algo tembloroso lleva la mano a su trasero, todavía viste la tanga de mujer que su suegro le regaló. Se tantea la raja sobre la tela y siente el pegoste de la leche seca, la esperma que su suegro depositó en su culo vicioso para cerrar la jornada mientras él se corría de manera impresionante.

Cierra los ojos y mete la mano dentro de la tanga, tanteando sobre su entrada, su culo está hinchado e inflamado. Tragando saliva y abriendo los labios entierra un dedo, todo, y debe apretar los dientes pero aún así deja escapar un jadeo. Lo mueve de adentro afuera y se estremece todo. Si, estaba hecho todo un puto, no era extraño que su mujer le abandonara, por marica; ni era descabellado que su suegro se viera obligado a llenarle el culo de güevo para medio calmarle y que no andara saltando por ahí sobre otros hombres. Mete dos dedos y gime mordiéndose el labio, cara contra el colchón, los hunde profundamente mientras piensa en su suegro que era tan bueno, que le quería tanto, como a un hijo, que le había permitido quedarse a pesar de todo. Ben, tan fuerte y masculino era un hombre tan… los dos dedos van y vienen con rapidez mientras jadea. No piensa, quiere… tan sólo quiere…

Tragando otra vez se pone de pie y va hacia la puerta, despojándose de la tanga, su verga erecta babeando, su culo totalmente mojado. Va al cuarto del suegro y no le encuentra. Casi gime de frustración. Huele a comida y baja a la cocina. Se dice que por café, pero sabiendo que sólo desea una buena cogida por la mañana. El suegro se lo merecía por ser tan maravilloso…

¡Mierda! El hombre no está. Hay un desayuno preparado y una nota:

“Hola, bebé dormilón. Llamó el amigo de Tom, ese que desea ver si sirves para modelo, el tal Ken. Él y su esposa quieren conocerte antes del fin de semana. Espero verte esta tarde en el gimnasio. Tu papi”.

Botando aire tomó su desayuno, metió algunas cosas en su bolsa de gimnasia y salió a recorrer una que otra agencia para ver si se presentaba algo.

…….

Una llamada le confirmó que los amigos de Tom deseaban efectivamente recibirle, eso le alivió por un lado y le llenó de inquietudes por el otro. Sabía que se veía bien, ¿pero sería suficiente? Esa secreta inseguridad, así como las ganas de quemar energía le llevaron mucho al gimnasio durante esos días en espera de la cita. Su suegro le advirtió que no se agotara antes de la entrevista de trabajo, pero no podía contenerse. Sabía que se veía bien y no debía exagerar, pero la idea de la cita de trabajo, de comenzar algo en concreto a lo que tal vez pudiera dedicarse profesionalmente, le emocionaba demasiado también. Por ello hubo días que fue dos veces a ejercitarse. Deseando agotarse emocionalmente.

Sin embargo algo había cambiado totalmente en su vida, lo sabía. Ahora no podía dejar de notar a otros tíos, grandes y musculosos, increíblemente desarrollados, e imaginar que atrapaba sus vergas con su boca o su culo. No sabe exactamente cuándo ocurrió esa transformación, pero así fue. Le costaba mucho, a veces, apartar los ojos de un par de muslos recios y surcados de venas, algo que le provocaba calorones, unos que le avergonzaban todavía, en su culo. Pero no quería caer en eso; si iba a comenzar de nuevo, tal vez brillar en el modelaje, debía cuidar su imagen y su reputación.

Así que resistía titánicamente las miradas mórbidas de Leo y Kent, también la de otros sujetos que hablaban entre sí de manera animada y que se congelaban, miradas fijas en sus redondas y turgentes nalgas, cuando se cambiaba en los vestuarios. Era como si algo en él les llamara y despertara a las bestias dormidas entre sus piernas. Le costaba no mirarles, no alzar un poco su culo e invitarles. Dios, ¿cómo fue que se trasformó en una perra en celo por ese culo? Qué suerte que el suegro era comprensivo, también él se había mantenido apartado, sin recriminaciones ni reproches por haber resultado ser sólo un musculoso mamagüevos. Cosa que por otra parte le angustiaba…

Si, quería una buena reputación, pero también su cuerpo necesitaba atenciones, su culo ardía literalmente. A veces no podía cerrar los ojos sin imaginar a un tío enorme de verga erecta y babeante frente a él, ordenándole que se echara en cuatro patas y él obedeciendo tembloroso esperando la penetrada. Por suerte podía liberar tensiones y quemar energías con el grueso y largo juguete que su suegro le regaló, ¡y vaya que lo usaba! Eso era salir a alguna diligencia, o al gimnasio, diciéndose que esa tarde no lo haría, para regresar corriendo a casa, depilarse todo lo depilable, tomar una buena ducha, agarrar su consolador e ir a la piscina.

Totalmente desnudo, asegurándolo a alguna mesita o al trampolín de la alberca, se tendía sobre él, gimiendo de anticipación cuando la suave cabeza de goma le frotaba, forzándolo y metiéndoselo centímetro a centímetro a pesar de lo grueso y largo, atrapándolo todo con sus entrañas viciosas, gruñendo mientras posaba las nalgas sobre la superficie donde lo fijó esa vez. Bien abierto, sintiéndose lleno, cerraba los ojos dejando salir el aire lentamente, como liberado, sintiéndolo bien adentro, rozándole la próstata y ese clítoris que teme tener por allí. Luego subía y bajaba lentamente, su anillo rodeándolo de manera salvaje, hambriento de más, un culo joven hecho para ser llenado de vergas calientes y duras, babeantes y repletas de esperma. Era un lindo, culón y fuerte joven que necesitaba desesperadamente de los machos, pero no podía permitírselo abiertamente. Todavía.

Imaginarlo, él frente a un sujeto de cuya verga brotara un claro hilillo de líquidos pre-eyaculares, era todo lo que necesitaba para sentirse mojado, lubricado, facilitándole ese sube y baja ansioso que le transporta al cielo. Gemía ruidosamente aunque se había prometido no hacerlo, sospechando que el señor Dickens, el vecino, le espiaba. Y si que había mucho que espiar en ese chico rubio de ojos claros, muy joven, muy fornido y forrado de músculos, subiendo y bajando su redondo culo depilado sobre el grueso juguete de goma, notándose en su mirada nublada y mejillas rojas que lo estaba gozando mucho, que era un chico que disfrutaba plenamente de los placeres anales.

Esa idea, el ser visto así por otro sujeto que se quedaría mirando, ojos lujuriosos, verga erecta deseando ser él quien penetrara su culo, hacía temblar al joven culturista de manera intensa. Mientras se encula ahora, totalmente y todavía restregándose casi sobre la base del juguete, el rubio deja volar su mente, imagina a Ben y Tony, padre e hijo, su suegro y su cuñado, regresando del trabajo y encontrándole así, los dos riendo, vergas ya duras, cayéndole encima y obligándole a todas sus exigencias, unas que él satisfacería cabalmente.

Y la cosa se le da… en parte.

La espalda tensa y transpirada, rojos los omoplatos, la cintura estrecha que se abre en las dos redondas y plenas nalgas que circundan el redondo culo que sube y baja con ganas y frenesí sobre el juguete fijado al trampolín es lo primero que ve el joven. La ronca risa hace que Bobby grite de sorpresa, pediendo el apoyó y cayendo sentado con las piernas por fuera de la plancha… con el dildo totalmente enterrado en su culo.

-Cuñado, dale un descanso, te va a salir un callo. –se burla Tony… ojos mórbidos y continuando su camino.

Bobby todavía boquea un poco, algo adolorido al haber caído así, pero no se engaña, el estremecimiento de su verga que estalla en leche, y de su culo que sufre peores y más potentes espasmos, le indican que se corrió de manera intensa.

……

A la hora de la cena, muy mortificado debe escuchar las risas y burlas de Tony sobre su culo goloso y hambriento.

-¿Por qué no recoges todo, Bobby? –le indica Ben, y aunque no está muy de acuerdo con ello (últimamente había tomado para sí tareas que generalmente desempeñaba Alice), obedece. Una vez a solas, el hombre fue más duro con su hijo.- Déjale en paz, dale un descanso tú.

-Pero, papá, ¡Bobby quiere güevo caliente y duro por ese culo! –se exaspera.- ¡Está que arde! Déjame…

-No. –es tajante, aunque no severo.- Sal y búscate a una de tus perritas…

-¡Mierda! ¡No es justo! ¿Ahora sólo tú vas a cogértelo?

-No es eso, hijo. Hay que… -bota aire.- No es una simple puta, ¿okay?

-Huele como tal. Y fuiste tú quien le despertó el hambre por los güevos, no te me hagas el inocente y considerado ahora. Esto que pasa es tu culpa.

-Bobby ha tenido esa hambre de vergas desde siempre, aunque él no lo sabía, tan sólo… -se encoge de hombros.- Se lo mostré. Le guié hacia el sendero que la vida debió llevarle hace tiempo ya. Un tío, un primo o un amigo de su casa, cuando muchacho, debió follárselo hasta hacerle gritar y correrse sin tocarse; hacérselo ver, que era un buen marica y vivir orgullosamente de acuerdo a ello. Ser un chico como todos, oliendo suspensorios en el colegio y lamiendo a sus amigos en el cine, vivir abiertamente con sus preferencias y ya. Lo de él y Alice fue un accidente, una desgracia que ocurrió por eso. Era tan sólo un chico confundido que se creía heterosexual, viviendo una mentira que le insatisfacía. Y a la larga también lo haría con mi hija. Ahora ella está donde debió al graduarse del colegio, estudiando en París algo que le gustaba, y Bobby sabe que es una… si, digamos que una putita dulce, bella, enorme, musculosa y ávida de güevos. Salió bien para todos.

-No para mí, debiste verle con esa vaina en su culo… pedía a gritos un macho. Y me dolió de lo dura que se me puso, pero como no quieres que le toque…

-Lo imagino, pero es necesario; no lo toques, no por ahora.

-¿Pero por qué? –gimotea, entre exasperado y frustrado.

-Va a una entrevista de trabajo, el cómo le vaya puede decidir su futuro, y necesita dinero para cubrir los gastos de mi hija y pagarme lo que me hizo botar cuando se casaron. Hay que dejarle en abstinencia para que, de ser necesario, estalle en toda su putesca intensidad en plena cita. –informa. El otro le mira con la boca abierta.

-¿Estás pensando que si alguien quiere su culo, y él esta muy caliente, lo dará y le contratarán? –ríe. Ben sonríe, alzando una ceja y viendo hacia la cocina.

-Hay que ayudarle a ayudarse… Y ya lo dijiste: huele como todo una puta.

……

El día de su reunión con Ken y su esposa, los amigos a quienes les recomendó Tom, Bobby despertó lleno de expectativas. Se depiló como siempre y duchó bien. Estaba inquietando, mucho, por lo que pensó en relajarse un poco utilizando su juguete (que ahora sólo usaba en la intimidad de su habitación), y ya tenía un dedo metido en su culo, echado de lado sobre la cama, cuando Ben golpeó a su puerta.

-¡BOBBY, ¿qué haces?! ¡Vas as llegar tarde a tu cita de trabajo! Ya es casi la hora.

-¡Voy! –gritó sonrojado, reparando de pronto en lo tarde que era.

Con movimientos febriles, ahora si totalmente nervioso, se mete dentro de unos ajustados jeans desteñidos, reparando de pasada que no se puso ropa interior, pero sin importarle mucho, se dice mientras toma una bonita y ajustada franela azul mangas largas que arremanga sobre sus fuertes antebrazos. Los tenis sin calcetines, los dedos por su rubio y brillante cabellos terminaron el trabajo. Y pensó que se veía bien, realmente bien, pero ¿lo suficiente como para modelar?

La dirección que le habían facilitado era de un buen hotel donde la pareja solía alquilar (más tarde lo supo) una suite cuando estaban en la ciudad para vender sus modelos. Nervioso toma el ascensor hasta el cuarto piso, encontrando el número de habitación y llamando con los nudillos. La puerta se abre dejando espacio a un hombre enorme y musculoso que llenaba el marco.

-¿Bobby? Soy Ken, amigo de Tom, encantado de conocerte. Anda, pasa…

Haciéndose a un lado le deja entrar. Al muchacho se sorprende lo amplio y lujoso de la habitación, por la ventana ve hacia la piscina. Momentáneamente le da la espalda al otro, pero Bobby tiene una certeza… ese sujeto, Ken, tiene la mirada fijamente clavada en su culo redondo y pleno bajo el jeans. Y eso le hace tragar un poco, calentándose de manera traicionera.

CONTINUARÁ...29


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