domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 29


El día de su reunión con Ken y su esposa, los amigos a quienes les recomendó Tom, Bobby despertó lleno de expectativas. Se depiló como siempre y duchó bien. Estaba inquietando, mucho, por lo que pensó en relajarse un poco utilizando su juguete (que ahora sólo usaba en la intimidad de su habitación), y ya tenía un dedo metido en su culo, echado de lado sobre la cama, cuando Ben golpeó a su puerta.

-¡BOBBY, ¿qué haces?! ¡Vas as llegar tarde a tu cita de trabajo! Ya es casi la hora.

-¡Voy! –gritó sonrojado, reparando de pronto en lo tarde que era.

Con movimientos febriles, ahora si totalmente nervioso, se mete dentro de unos ajustados jeans desteñidos, reparando de pasada que no se puso ropa interior, pero sin importarle mucho, se dice mientras toma una bonita y ajustada franela azul mangas largas que arremanga sobre sus fuertes antebrazos. Los tenis sin calcetines, los dedos por su rubio y brillante cabellos terminaron el trabajo. Y pensó que se veía bien, realmente bien, pero ¿lo suficiente como para modelar?

La dirección que le habían facilitado era de un buen hotel donde la pareja solía alquilar (más tarde lo supo) una suite cuando estaban en la ciudad para vender sus modelos. Nervioso toma el ascensor hasta el cuarto piso, encontrando el número de habitación y llamando con los nudillos. La puerta se abre dejando espacio a un hombre enorme y musculoso que llenaba el marco.

-¿Bobby? Soy Ken, amigo de Tom, encantado de conocerte. Anda, pasa…

Haciéndose a un lado le deja entrar. Al muchacho se sorprende lo amplio y lujoso de la habitación, por la ventana ve hacia la piscina. Momentáneamente le da la espalda al otro, pero Bobby tiene una certeza… ese sujeto, Ken, tiene la mirada fijamente clavada en su culo redondo y pleno bajo el jeans. Y eso le hace tragar un poco, calentándose de manera traicionera.

Nervioso se vuelve y le mira, es grande. Era un sujeto enorme y musculoso, se pregunta si alguna vez habría practicado culturismo, habría sido una sensación con su aire viril, su mandíbula cuadrada y sus intensos ojos azules. No quiere ni imaginarle en tanga, aceitado, no era cosa de…

-¿Y tu esposa? ¿Está aquí también? –pregunta para romper el silencio y la tensión que ese hermoso hombre masculino despierta en él, algo que nunca antes le ocurría, pero que ahora era moneda corriente.

-No; por desgracia, no. La llamaron de emergencia, un asunto familiar con su hermana Tammy. Pero mi concuñado, el marido de Tammy, está aquí. También él trabaja en la empresa. ¡Fernando, Bobby está aquí! –llama y por la puerta que da al baño aparece otro tío grande, este de piel cobriza oscura y ojos castaños.

Al igual que Ken, estaba muy sólidamente constituido, y al joven y rubio culturista le parecía más impresionante ya que el sujeto le sacaba fácilmente tres pulgadas de altura, a él, que ya era alto. Para colmo, el hombre traía como única vestimenta una toalla, no muy larga, atada a su cintura estrecha; aparentemente había estado duchándose, cosa que le permite al joven darle una buena mirada a su cuerpo firme, así como a sus pectorales anchos.

-Encantado de conocerte, Bobby. –dice Fernando con voz cantarina donde flota cierto acento que el rubio no logra ubicar, tendiéndole la mano y apretando con fuerza.

-Fernando es del Brasil, y será allí donde venderemos buena parte de nuestra colección. Los brasileños usan en las playas un montón de cosas diminutas y sexy, lo que hace tan atractivas sus costas, como no se hace aquí donde somos más pacatos. Está convencido de que con esta colección vamos a hacernos ricos. –medio ríe Ken.

Bobby piensa que si todos los brasileños eran como Fernando, totalmente cómodo medio desnudo frente a dos tíos, uno su concuñado, el otro un completo desconocido, realmente no eran nada tímidos. Allí estaba él, la toalla baja en sus caderas, mostrando el nacimiento de su pubis de una manera que atrapaba la vista. Algo azorado, Bobby eleva el rostro para verse pillado por el sonriente y atractivo latino que le guiña un ojo y metiendo los dedos en la toalla, la baja un poco más, provocándole un estremecimiento al joven en la columna cuando se ven sus pelos púbicos rizados y oscuros.

-Tú no eres tímido, ¿verdad, Bobby? Con un cuerpo como el tuyo sería una tontería no dejarlo ver. –comenta el latino.

-No… -sonríe el joven, y era cierto, sobre todo teniendo en cuenta que solía exhibirse prácticamente desnudo frente al público.

-Eso me agrada, a la gente de mi país le gusta la gente así, cómoda con lo que tiene. –responde, dejándose caer sobre un sofá cercano, la toalla encogiéndose más, mostrando lo que parecía una enorme y cobriza serpiente de carne por debajo del dobladillo, y que pega del asiento.

-Bien, comencemos… -llama Ken, sacando de su aturdimiento al muchacho, a quien le costó apartar la mirada de esa buena pieza de carne exótica, que imagina crecería enorme como una boa.- Empecemos con esto… -dice abriendo una caja sobre la mesa central y sacando una pieza negra.- Este es nuestro traje de baño hilo dental estándar. –tomándolo, Bobby mira hacia la puerta del baño.- Hazlo aquí, después de todo esa prenda no cubre mucho que se diga. –informa riéndose.

Sacándose la camiseta, Bobby muestra su fornido y esbelto torso lampiño, sus tetillas algo erectas ya. Baja sus pantalones y cuando se dobla para sacarlos de sus piernas, oye un silbado de Fernando, sentado en el sofá detrás de él.

-Bichano doce. –le dice a Ken, quien vuelve a reír.

No sabiendo portugués, Bobby no puede hacer otra cosa que suponer que le sorprendió con lo bien trabajado de su cuerpo. Sin querer perder más tiempo se mete dentro de la pequeña y elástica prenda oscura, tirando de ella hacia arriba, conteniendo una sonrisa ante lo bien que se siente cuando rueda sobre su piel, cubriéndose adelante, metiéndose la tira posterior entre sus nalgas redondas y musculosas, que parecían más sensibles que nunca.

Se vuelve hacia los hombres para mostrarla. Era bastante estándar a decir verdad, como la mayoría de las cosas que algunos culturistas usaban en competencias más privadas, aunque él jamás lo hubiera hecho, y muchos menos usar algo como eso en una playa.

-Date la vuelta. –Fernando le pide, así que lo hace, mostrando su culo alzado a los ojos de esos dos hombres otra vez. Queriendo saber qué les parecía, Bobby mira sobre su hombro para encontrar la mirada intensa del latino fija en su culo.- Se ve realmente bien, Bobby. –gruñó en voz baja antes de halar un poco más su toalla, la verga algo más morcillona.

Ken no estaba prestando atención ya que estaba buscando algo más en la caja, aunque también su verga parecía más evidente bajo los vaques ahora. Tal vez fue eso lo que hizo que, tremendo, Bobby echara un poco más su culo hacia atrás, abriéndolo y dejando ver la delgada franja de tela oscura que le cruza la raja. Y los ojos de Fernando relucen con lujuria.

-Okay, Bobby, vamos a probar con esto ahora. –dijo Ken, entregándole una tanga diferente.

El joven se quita la primera, dándoles otra vez la espalda, consiente del peso de esos ojos sobre sus nalgas y, especialmente, clavadas en su culo cuando se dobla para meterse en la nueva prenda, tirando de ella con esfuerzo para que suba por sus musculosos muslos lampiños, que casi la frenan, enrollándola, apenas llegando a sus caderas, muy baja por el frente y por atrás, muy metida entre sus glúteos, presionando de una manera algo inquietante contra su culo cuando se mueve. Era demasiado pequeña, incluso más de lo que alguna vez hubiera usado dentro o fuera del escenario, cosa que la hace preguntarse dónde un hombre usaría una cosa como esa.

-Se ve bien. –comenta ronco Ken.

-Es pequeña. –expresa mirándola sobre sus caderas.

-No, Bobby, es perfecta. ¿No te parece, Fernando?

-En Brasil causará sensación. –está de acuerdo este.- Es una pieza magnifica para que un chico como tú, vaya a la playa, Bobby; resalta increíblemente por lo breve sobre tu cuerpo grande y fornido, en especial tus nalgas.

-No lo sé…

-En serio. Mira, Bobby, en Brasil estamos muy orgullosos de mostrar nuestras nalgas. Nos encanta ver un buen culo, un enorme culo como el tuyo, sea de hombre o mujer. Tú serías muy popular en nuestras playas usando eso, la gente se mataría por untar bronceador sobre todo tu cuerpo, en especial sobre tus nalgas.

Ken se le acercó y pasó un dedo por debajo de la correa alrededor de su cintura.

-Te queda bien, pero si te molesta… ¿está muy ajustado? -le pregunta, quemándole con su toque.

-No… Se siente bien, de hecho. -Bobby traga, mejillas rojas, entendiendo que sus palabras podrían tener muchos significados. Pero la verdad es que esa prenda era demasiado poca cosa, se sentía como si no llevara nada puesto.

-Ven, déjame ver. -Fernando le llama desde su asiento en el sofá. Bobby obedece.- Date vuelta. -cuando lo hace, el joven culturista siente su dedo debajo de la correa, exactamente como hizo Ken, antes de detenerse un segundo y luego bajar, dedo flexionado, dentro de la tirita que se metía entre sus nalgas redondas y firmes. Bobby tiembla, tragando, cuando el otro separa la tirita dejando al descubierto su culo, uno que sabe que también está temblando, cosa que se intensifica cuando el dedo flexionado cae, recorre y alisa los pliegues de su entrada.- Te afeitas el culo, ¿eh? Imagino que a muchos les encanta. Tienes una piel suave aquí… -informa mientras mete media falange, como si tal cosa, dentro del agujero de otro hombre, frente a su concuñado, rotándolo un poco.- Si, lo tienes muy suave para ser un hombre tan grande, amigo.

Bobby no puede hacer o decir nada como no sea temblar con frío y calor mientras ese enorme sudamericano juega con la entrada de su culo, metiendo un centímetro de su grueso dedo, rotándolo, sacándolo, atormentándole. Porque ese tío sabía que usar así la entrada de su agujero estaba enloqueciéndole. Le mira sobre un hombro y nota como su verga está muy cerca de estar totalmente erecta, fuera de la toalla, venosa y gruesa, la cabeza brillante y lisa. Y la boca se le seca al culturista, no era su culpa, ahora sabe el placer que esas piezas masculinas podían darle a un musculoso coño como el suyo.

Mientras tanto, lanzándoles breves miradas, Ken continuaba revisando su caja de muestras cuando Fernando le dice algo en portugués.

-No sé si podrá. -responde el primero, mirando al rubio culturista en hilo dental, el cual está algo agitado mientras su concuñado juega a meterle medio dedo por el culo.- El chico no ha modelado antes.

-¿De qué se trata? ¡Sea lo que sea puedo hacerlo! -exclama el joven forzudo, realmente ansiado conseguir ese trabajo.

-Bien, tenemos algunas otras prendas que nos gustaría ver exhibidas, pero por lo general las modela mi esposa. Como ella no ha llegado no hemos podido hacernos una idea de cómo lucirán… ¿Tú podrías meterte en algunas de ellas, algo rápido, para que Fernando y yo pudiéramos hacernos a la idea de cómo quedarán? -pregunta Ken.

-Okay, puedo hacerlo. -dice Bobby, algo ansioso, quiere ese trabajo. Imagina que será un hilo dental tan pequeño como el que está usando, pero el que Ken le tiende es incluso más pequeño. Era una prenda tipo leopardo adelante y a los lados, terminado también en punta atrás, así que más bien parecía que no estaba usando nada. Preguntándose qué clase de tío usaría eso, se lo coloca, sabiendo que para lo que cubría bien podría andar simplemente desnudo. Aunque no puede negar que la suavidad elástica, y la presión, se sentía muy bien. Era estimulante. -¿Dónde usan estas cosas los chicos?

-¿Chicos? -Fernando ríe entre dientes, ojos clavados sobre el fornido y joven culturista. También Ken ríe- No, Bobby, eso es para que lo usen las chicas sexy. El propósito es que los hombres las vean y se pongan bien calientes imaginando sus coños apretados y mojados, ¿no te parece que funciona? A mí me excita. Anda, pasea frente a nosotros y exhíbelo.

-Esa prenda se vende muy bien en Brasil. -informa Ken, mirándole fijamente.- Realmente resalta el culo y logra excitar.

Intrigado por su voz pastosa, Bobby mira hacia el hombre, sorprendiéndose al ver que está tan emocionado como el marido de la hermana de su esposa, cosa evidenciada por la gruesa verga que le serpentea por una pierna de los vaqueros que lleva. Tal vez estaba imaginando a su esposa usando esa pequeña prenda, piensa el joven, o tal vez era por lo estimulante que era para la mentalidad masculina el tamaño y forma de la misma. Ninguno de los dos parecía preocupado por mostrar sus erecciones, y el rubio muchacho dentro de la diminuta tanga imagina que debe ser costumbres del país sudamericano.

Fernando dice algo en portugués de nuevo y Ken comienza a buscar dentro de su caja de prendas para mujeres, para sacar nuevamente una putería.

-Es el último. –le dice al tiempo que le entrega a Bobby una pieza más pequeña todavía. Era básicamente un g-string, el frente no era más que un pequeño triangulo de encaje rojo, con un lacito de satén en él, el resto era tiritas de raso. El musculoso y enorme joven rubio ni siquiera sabe cómo va a ponerse eso.

Justo en ese momento sonó el teléfono móvil de Ken y este se volvió para ver quién era.

-Es mi esposa. Quiero aprovechar esta llamada para decirle algunas cosas que se me han ocurrido viéndote, Bobby. Fernando, ¿puedes ayudarle a ponerse eso? Sabes mucho de tangas… -dice sonriendo alejándose un poco, cayendo en una silla y hablando por teléfono.

El sudamericano se pone de pie, dispuesto a ayudar el rubio culturista. Ahora estabas totalmente duro, su enorme verga está de pie formando una barra recta desde su toalla de donde sobresale, nervuda y rojiza oscura, una gota de líquido pre seminal brillando en la punta. Le separa bastante las piernas, abriendo sus nalgas y tomando el g-string fue tras el muchacho, colocando sin atrapar totalmente su sexo con la parte delantera, cruzándole las caderas con las suaves tiritas, atándolas en la mitad de su baja espalda gracias a un pequeño y satinado aro, luego se arrodilló y alcanzó la que pendía entre sus piernas, alzándola, metiéndola entre sus firmes y redondos glúteos, atándola de las otras dos, quedando su mirada y aliento justo a la altura del culo. Quedándose allí.

Intrigado y algo estremecido como debe ser cuando otro sujeto está casi respirándote en el culo, Bobby mira sobre su hombro y le encuentra admirando su redondo agujero apenas cubierto por el suave hilo de tela, antes de llevar dos dedos gruesos y largos, frotándolos sobre la prenda y el tembloroso culo mismo. Y esos dedos acariciándole allí, en su lugar más secreto, aunque ya profanado varias veces, le tenía temblando. Algo avergonzado de todo lo que pueda pensarse de él, todavía, eleva la mirada y encuentra a Ken observándoles con ojos brillantes, atrapándose, sobándose y apretando su propia erección aún bajo el pantalón. Seguía hablando por teléfono y se acariciaba con rudeza la silueta de un miembro también enorme.

El muchacho estaba algo confuso, no creyó que fueran gay, y estaban casados, uno con la hermana de la mujer del otro y… Contiene un jadeo y su mente se congela cuando Fernando comienza a besar suave y cálidamente sus redondas, blancas y lisa nalgas, casi con adoración. Le sintió meter el rostro entra ellas, resollándole sobre el culo, el cual se contrajo, ganándose una risita ronca y baja del otro, que empujó su boca y comenzó a besarlo. Bobby tragó en seco, abriendo la boca, totalmente dominado por esa nueva lujuria que su suegro había despertado en él y que le hacía sentir vivo como nunca, recibir las atenciones, adoración y las caricias de hombres grandes y fuertes, viriles y llenos de testosteronas que se enloquecían con su enorme cuerpo de culturista adorador de vergas. Fernando, susurrando algo en su portugués latinizado, le aparta nuevamente la tirita del g-string, y hunde su boca, besándole el lampiño y rojo culo, metiéndole la lengua cuando se abre cuan flor recibiendo el sol, besándole y lamiéndole con una intensidad que marea al rubio chico fortachón. El cobrizo latino succionaba ruidoso, su lengua caliente y mojada se metía con habilidad, y Bobby sólo puede gemir, sus piernas muy tensas, soportando todo ese placer increíble.

Se sentía tan bien tener a ese enorme macho atrapándole las caderas con sus manos mientras le comía el culo, con Ken caliente, mirándole lujurioso desde su sillón, mientras vestía únicamente aquella pequeña y sexy prenda de encajes, que Bobby temblaba, excitado a límites intensos. Tenía que responder, lo sabía, así que arquea la espalda y sus nalgas sobre salen, se abren invitadoras, atrapando con ellas el guapo rostro de Fernando. Este, de manera entusiasta, le mojaba el culo mientras se lo chupaba de manera ruidosa, tanto que los labios de ese coño que su suegro decía que tenía allí, se habían hinchado. Los pulgares del brasileño caen sobre el tembloroso agujero, halando, abriéndoselo más, sonriendo al verle temblar, sabiendo que ese rojizo huequito travieso necesitaba ser atendido, y sacando la lengua, medio enrollada, fue penetrándole profundamente, gozando de sentirle estremecerse y tensarse, de oírle gemir de manera entregada, como siempre hace un chico caliente cuando otro hombre juega con su culo.

Finalmente el brasileño se puso de pie, sin soltarle el hilillo de la sexy prenda, cayendo la toalla y el hongo hinchado que era la cabeza de su verga se metió como con vida propia entre las nalgas del rubio culturista, quedando el rojo glande a un lado del hilo, frenándola ahora que Fernando la soltó, y rozando la entrada de su culo. Quemándole a ambos de una manera intensa, algo que sólo conoce un hombre que ha sentido un glande así de cerca, u otro frotándola contra un tembloroso culo que desea ser llenado. Y el hombre ríe bajito y ronco.

-Deberías ver esto, ken, es increíble…

Y lo era, el culo del muchacho temblaba y prácticamente se abría rodeando levemente el hermosos glande liso y brillante, el cual se empuja un poco más, tensando al muchacho que gime de placer anticipado, echando más el culo atrás, abriéndolo, rodeando el nabo de esa cabeza, medio penetrándose. Dios, lo necesitaba tanto, pensó Bobby. Necesitaba sentirse abierto y lleno con aquella verga titánica. Necesitaba que un hombre le diera lo que su suegro y su cuñado le negaban, el cabalgarle hasta hacerle alcanzar esos orgasmos intensos e internos. Está caliente, y mojado, está necesitado de macho, lo sabe…

-Parece que la quiere, cuñado… -sonríe Ken apartando por un segundo el teléfono, acariciándose de manera intensa la tranca. Deseándolo. No puede negarlo. La idea de ver a su concuñado metiéndosela a ese sujeto, haciéndole gemir de placer, como a una puta caliente, era una imagen muy poderosa, como lo sería para cualquiera.

-Si, este culo necesita un güevo caliente y duro… -conviene Fernando, tangando un poco, las caricias firmes del anillo, de la membrana de entrada de ese culo, abrazándole y halándole la punta de su miembro, le tienen enloquecido. Tensándola con su abdomen la hace ir y venir, medio azotándole.- Dímelo, chico culón, ¿la quieres? ¿La quieres llenándote las entrañas? –y le frota una y otra vea, sin entrar.

-Si, la quiero… -casi gime, frente arrugada de lujuria, mirándole sobre un hombro.- Por favor…

Con manos firmes, Fernando le atrapa la cintura, halándole hacía sí a un tiempo que empuja su verga dentro del urgido culo del muchacho bonito, grande y musculoso, encontrándolo sedoso, cálido y apretadito, acariciándole, sobándole y ordeñándosela de una manera intensa. Cosa que lo hace jadear mientras se la mete hasta los pelos, reteniéndole allí, sintiendo como se la trabaja duramente. ¡Santa Madre, ese culo era cosa sería!

Y Bobby gime también, tiene que hacerlo, era barra de carne dura, gruesa y larga estaba quemándole, podía sentir las pulsaciones de cada vena contra las paredes de su recto y la sensación estaba volviéndole loco de goce, era sencillamente increíble. O le parecía a él, entregado como estaba al dios güevo.

El joven ex macho, todavía entregado a la lujuria como está, mira a Ken, avergonzándole un tanto el saber que espera encontrar en su mirada lujuria. Era algo que necesitaba, cosa que tal vez explicara su deseo por el fisicoculturismo, a anchar sus músculos y exponerse en diminutas y sensuales prendas mientras cientos de personas le recorrían con las miradas, recreándose en cada uno de sus músculos. Y Ken no le defrauda, mientras sigue hablando con su esposa, tiene atrapado en un puño su enorme mole bajo el pantalón, sonriéndole con deseo ante el espectáculo que estaban brindándole, como tiene que ser cuando en una habitación se ve a un tipo grande y guapo, conocido y medio familia para colmo, encular a un rubio y guapo chico musculoso que se revuelve como una porrista puta gozando de una noche con el todo equipo de futbol. Sin perder el hilo de su conversación, Ken baja el cierre de su pantalón, sacando en efecto una enorme pieza rojiza y dura, gruesa y nervuda. Era… hermosa. A Bobby la boca se le hizo agua y su culo se contrajo de deseos al verla, tan larga y erecta, tan deseosa de él.

Y quien lo gozaba es Fernando, que sonríe ante cada apretada violenta que ese dulce coño caliente que el joven tenía por culo le estaba dando. Saca casi toda su verga, hasta la punta, y le hala nuevamente las caderas, clavándosela, dejándole pegado totalmente a su pubis. Con roncos gruñidos, el brasileño comenzó un vaivén lento, profundo, rodeándole el torso con sus brazos y atrapando sus prominentes y duros pectorales, estrechándole contra sí, abrazándolo. La gruesa barra entra y sale estimulando al rubio fortachón que gime y jadea, totalmente entregado a la pasión por los hombres, putón como él solo, gozando de esa verga que despertaba tantas y tan poderosas sensaciones dentro de él. Y Fernando también lo siente, el sedoso, apretado y cálido tubo que se pega como ventosa a su miembro, halando, estimulando y succionándole de manera impresionante.

-¿Te gusta, Bobby? ¿Te gusta la verga canela de ese poderoso sudamericano? –le pregunta Ken, cubriendo por un segundo el teléfono, y Bobby tan sólo puede gemir, frente fruncida, ojos nublados, boquita abierta, casi como si algo le doliera, pero viéndose que goza como nunca cuando las caderas del otro van y vienen contra su culo goloso de machos.

-Este culo es maravilhoso, y tan faminto, creo que no se saciaría con nada. –se le sale el portugués. Y justo en eso llaman a la puerta.

-Servicio a la habitación. –anuncia una voz masculina y Bobby tiembla, retenido por Fernando contra su pecho, las manos de este sobre sus pectorales, los dedos atrapando sus pezones prominentes.

-¿Quieres otras vergas, Bobby, muchas más? Me parece que andabas falto de esto, ¿quieres el cuarto lleno de hombres dispuestos a satisfacerte y hacerte gozar?

CONTINUARÁ...  30                                            


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