domingo, 26 de julio de 2020

El suegro lo envicia... 30


El joven ex macho, todavía entregado a la lujuria como está, mira a Ken, avergonzándole un tanto el saber que espera encontrar en su mirada lujuria. Era algo que necesitaba, cosa que tal vez explicara su deseo por el fisicoculturismo, a anchar sus músculos y exponerse en diminutas y sensuales prendas mientras cientos de personas le recorrían con las miradas, recreándose en cada uno de sus músculos. Y Ken no le defrauda, mientras sigue hablando con su esposa, tiene atrapado en un puño su enorme mole bajo el pantalón, sonriéndole con deseo ante el espectáculo que estaban brindándole, como tiene que ser cuando en una habitación se ve a un tipo grande y guapo, conocido y medio familia para colmo, encular a un rubio y guapo chico musculoso que se revuelve como una porrista puta gozando de una noche con el todo equipo de futbol. Sin perder el hilo de su conversación, Ken baja el cierre de su pantalón, sacando en efecto una enorme pieza rojiza y dura, gruesa y nervuda. Era… hermosa. A Bobby la boca se le hizo agua y su culo se contrajo de deseos al verla, tan larga y erecta, tan deseosa de él.

Y quien lo gozaba es Fernando, que sonríe ante cada apretada violenta que ese dulce coño caliente que el joven tenía por culo le estaba dando. Saca casi toda su verga, hasta la punta, y le hala nuevamente las caderas, clavándosela, dejándole pegado totalmente a su pubis. Con roncos gruñidos, el brasileño comenzó un vaivén lento, profundo, rodeándole el torso con sus brazos y atrapando sus prominentes y duros pectorales, estrechándole contra sí, abrazándolo. La gruesa barra entra y sale estimulando al rubio fortachón que gime y jadea, totalmente entregado a la pasión por los hombres, putón como él solo, gozando de esa verga que despertaba tantas y tan poderosas sensaciones dentro de él. Y Fernando también lo siente, el sedoso, apretado y cálido tubo que se pega como ventosa a su miembro, halando, estimulando y succionándole de manera impresionante.

-¿Te gusta, Bobby? ¿Te gusta la verga canela de ese poderoso sudamericano? –le pregunta Ken, cubriendo por un segundo el teléfono, y Bobby tan sólo puede gemir, frente fruncida, ojos nublados, boquita abierta, casi como si algo le doliera, pero viéndose que goza como nunca cuando las caderas del otro van y vienen contra su culo goloso de machos.

-Este culo es maravilhoso, y tan faminto, creo que no se saciaría con nada. –se le sale el portugués. Y justo en eso llaman a la puerta.

-Servicio a la habitación. –anuncia una voz masculina y Bobby tiembla, retenido por Fernando contra su pecho, las manos de este sobre sus pectorales, los dedos atrapando sus pezones prominentes.

-¿Quieres otras vergas, Bobby, muchas más? Me parece que andabas falto de esto, ¿quieres el cuarto lleno de hombres dispuestos a satisfacerte y hacerte gozar?

Su boca estaba justo al lado del oído del rubio culturista que se estremece violentamente ante la idea, su culo cerrándose ferozmente sobre la gruesa y larga verga que lo penetra, mirando a Ken, aún al teléfono, subiendo y bajando el puño sobre la abultada verga erecta bajo el jeans. Deteniéndose un momento para cubrir el aparato.

-No, no necesitamos nada. –grita en dirección a la puerta, luego mira a su cuñado.- Déjate de inventos, siempre me hospedo aquí y no quiero rumores.

-Mierda… -gruñe Fernando, atrapando con sus dedos los erectos pezones del culturista, clavándosela hasta el fondo pero todavía empujando más.- Es una pena, este menino tiene un coño que haría delirar a la marina de mi país; es un coño muy hambriento de caralhos grandes como el mío. ¿Imaginas verle rodeado de vergas babeantes, atendiéndolas todas? Oh, sí Bobby, serías muy popular y feliz en las playas de mi país. –la gruesa verga canela, nervuda, sale casi hasta la punta, dejándola allí un momento, viendo los labios de ese culo buscándola, amasándola, volviendo a enterrársela.- Todos los años, mis cinco hermanos y yo tenemos una gran fiesta después de los carnivalle, puedes ir y ser nuestro huésped de honor. –ahora le cepilla con fuerza las paredes del recto, haciéndole gemir y estremecerse de emoción y gozo, abriéndole con fuerza.- Ellos joden putas con la misma fuerza que yo, pasaríamos toda la noche jugando con tu dulce coño apretado. Sus vergas son incluso más grande que la mía; su coño estaría tan lleno de sus carnes como de nuestros bebés, nos correríamos toda la noche dejándotelo bien lleno. Serías nuestro musculoso putito… -le gruñe al oído, y con sólo escuchar esas palabras, imaginarse siendo atendido por seis sementales brasileños, él en medio de ellos, todas esas trancas azotándole el rostro, provoca que Bobby se sienta mareado de lujuria, su culo totalmente mojado y ardiendo, atrapando y succionando con ganas cuando se retuerce contra el musculoso latino que no deja de penetrarle y recorrerle con sus manos grandes el poderoso torso.

En esos momentos Ken, sin dejar de mirarles, se puso de pie diciendo al teléfono:

-Okay, querida, pásamela. ¡Hola! –saluda al teléfono.- Si, está aquí. Espera, voy a pasártelo. –dice mirando a Fernando ahora, parándose de la cama, pero antes de dar ni un paso se bajó los pantalones y su gruesa barra de carne dura da un salto y se agita frente al culturista.- Cuñado, tu esposa quiere hablar contigo. –le tiende el aparato al ir junto a ellos.

Bobby pensó que el hombre se la sacaría, un pensamiento que le hace avergonzar un poco porque sabe que su culo lo extrañaría, pero este sólo le atrapa un hombro y le empuja hacia abajo. Ahora estaba encorvado, su rostro al nivel de la rojiza, gruesa y muy nervuda verga de Ken, con quien cruza una leve mirada, notándole la hermosa sonrisa antes de empujarla hacia adelante, la lisa, caliente y acuosa punta apretándose contra sus labios, que abre maquinalmente, estremeciéndose de anticipación, emoción que se intensifica mientras va penetrándole, abriéndose camino entre sus labios, aplastándose contra su lengua que deja llena de los, hasta hace poco, insospechadamente deliciosos jugos de hombre, rumbo a su garganta, mientras Fernando aún tiene ocupado su culo muy mojado.

El fogoso latino se detuvo un segundo para contestar, pero ese Bobby, totalmente enviciado por su suegro en el amor a las gordas vergas, no pudo quedarse quieto. Aflojando y apretando con su culo lo succionándolo con sus entrañas, yendo de adelante hacia atrás mientras devoraba con verdadero apetito el grueso tolete del hombre frente a él, que sonriendo le embestía levemente la cara sin importarle, aparentemente, que el marido de su hermana se la tuviera enterrada en el culo mientras este le hablaba por teléfono. Y no, Ken tan sólo le mira maravillado como está siempre todo hombre cuando ve cómo desaparece su tranca entre los labios de otro sujeto. El chico rubio cierra los ojos, transportado a todo un mundo de sensaciones poderosas cuando Fernando también comienza a cogerle, quedando atrapado entre esos dos fornidos machos y sus vergas que van y vienen.

Y mientras es embestido una y otra vez, Bobby no puede dejar de maravillarse de la forma en la cual Fernando habla con su mujer, la hermana de Ken, mientras le penetra una y otra vez. Lo siente, toda esa carne dura entrando y saliendo, desatando mil ecos en las paredes de su recto; pero no puede evitar un estremecimiento de vanidad cuando, apretando y ordeñándole con su culo, logra que su respiración y tono se enrarezcan. Con rapidez, Fernando se despide de ella y le pasa el teléfono a su cuñado, atrapándole las caderas al rubio fortachón y comenzando a cogerle en verdad, con fuerza y rudeza, llevando su tranca titánica hasta la garganta del muchacho, donde le parece que choca con la de Ken, quien atrapándole la nuca al joven, se deja caer de culo en el sofá, arrastrándole con él para que no deje de mamársela, como no quiere ningún hombre cuando se la chupaban no hasta que le saquen la leche, terminando de hablar con su hermana mientras el marido de esta le está perforando las entrañas con su palpitante y ardiente carne color canela.

-¿Qué tal ese coño ahora? –pregunta Ken a Fernando, terminando la llamada.

-Es tan jodidamente dulce, cuñado. –gime Fernando de nuevo, los dedos clavados en esa cintura, cogiéndole como si no pudiera controlarse.- Un musculoso menino en tangas de mujer, con un coño como este, es la muerte. Es el modelo perfecto para nuestra ropa. Ciertos clientes van a matar por desfiles privados. –jadea, clavándosela toda, los pelos contra sus nalga, empujando más.

Y es posible que si Bobby hubiese estado un poco más lucido y no gimiendo mientras sube y baja sus sensuales labios sobre la gruesa tranca de Ken, saboreando cada gota de jugo, y su culo estuviera siendo abierto, masajeado y estimulado por ese bate de carne dura que siente que ya ama, habría caído en cuenta lo que las palabras significaban para su futuro profesional. ¡Tenía trabajo! Pero eso era demasiada responsabilidad, pensar, discernir, cuando dos vergas jóvenes y totalmente excitantes estaban trabajándole así. Sobre todo su culo…

¡Oh, Dios, su culo! No sabe de dónde le viene ese apetito por las vergas en sus entrañas, sintiéndolas abrirle, llenarle, golpearle donde es, en la próstata; aunque sospecha que fue por su suegro, el padre de Alice, y su titánica barra que le hizo conocer todas esas sensaciones… Pero la atención del alto y musculoso hombre, quien debió ser también un culturista, le tenía al borde. El tolete salía y entraba, una y otra vez dentro de su redondo anillo, y sólo podía gemir, mecerlo, atraparlo, mientras salivaba sobre la verga del otro hombre, quien sonríe notando su putez, atrapándole por los cabellos con las manos y reteniéndole en su sitio mientras comienza a cogerle la boca con rapidez.

La respiración de Fernando se hace más y más pesada, estaba cerca de correrse, Bobby lo sabe porque la verga clavada en sus entrañas endurece y se calienta todavía más, y casi jadea de ansiedad, estaban a punto de llenárselo otra vez de leche, como su suegro y su cuñado le habían hecho ya tantas veces. Y ocurre lo increíble, jadeando como un toro, Fernando le atrapa el cabello, halándole, obligándole a dejar libre la roja y ensalivada verga de Ken, clavándosela toda, rodeándole luego la cintura con sus brazos y prácticamente alzándole en peso, la verga totalmente enterrada en su redondo culo lampiño, lanzando un alarido y corriéndose poderosamente, disparo tras disparo de espermatozoides que inundaron, llenaron y nadaron en el culo del culturista.

-AWWW… SI. TE FOLLO COCOTINHA… Tómala toda en tu coño caliente de puta. –grita agónico, sosteniéndole sobre su verga que tiembla violentamente mientras dispara su leche en ese culo que succiona, tomándose hasta la última gota, antes de que le dejara bajar, sacándosela del redondo agujero centímetro a centímetro, halándole los hinchados labios del culo, el semen cubriendo el miembro y goteando.

-¿Rico? –pregunta Ken, ojos brillantes de lujuria.

-Esplendido, cunhado. –sonríe jadeando, atrapando al culturista por un brazo, medio ladeándole, mostrando la recia espalda, las muy redondas nalgas, el hilo dental de regreso en su culo, mojándose de esperma, medio doblándole un poco por la cintura, ara mostrar más su entrada rojiza e hinchada, una visión enloquecedora, un tío grande en hilo dental y su culo goteando semen.- Aquí lo tienes, preparadito para ti. Llénale ese coño como tanto le gusta. –se lo ofrece, y Bobby traga, avergonzado del temblor de sus entrañas ante la posibilidad de tener también ese rojizo tolete grueso que babea de líquidos pre-eyaculares.

Moviéndose con avidez, Ken se pone de pie, atrapando una mano del fornido muchacho y le lleva hacia el dormitorio, arrojándole sobre la ancha cama, boca abajo. Bobby, temblando de emoción al ser tratado así, de manera exigente por el otro hombre, le siente atrapar sus tobillos, separando sus musculosas piernas, metiéndose arrodillado entre ellas y atrapándole las caderas con esas manos calientas y fuertes, alzándole un poco las redondas, firmes y turgentes nalgas, abriéndolas luego con sus pulgares, exponiendo todavía más el mojado e hinchado agujero, el cual no podía ser cubierto por el delgado y suave hilo de la braga de chicas. El joven rubio gruñe y jadea cuando el musculoso y pesado sujeto, semi vestido aún su torso, le cubre con su cuerpo, la verga dura y caliente frotándose de sus nalgas, y cuando Ken alza su propio culo, la cabeza de la tranca queda apuntando hacia el empapado hueco lleno de semen, pegándolo, frotándolo, untándoselo con la esperma de su cuñado, algo que seguramente estaba enloqueciéndole de lujuria por lo prohibido que era. La roja y lisa cabecita sube y baja, se presiona directamente y medio empuja, sobre el hilo, los labios de su culo temblando y abriéndose. Bobby enloqueciendo, meneando su trasero, buscándola… necesitándola mucho.

-Mierda, eres todo un puto, mira cómo se agitan los hinchados labios de tu coño hambriento de vergas. –le gruñe al oído, metiendo una mano y apartando el hilo sedoso, frotando directamente su glande, y Bobby gimiendo al sentir esa caricia suave y caliente, con eso, allí, algo que le tensa y llena de adrenalina y calor.- Lo quieres, ¿verdad? Tu coño goloso quiere ordeñármelo, ¿no es así? Quiere sacar la leche de mi verga dura. Vamos, tómalo… -todavía, burlón pero ronco de lujuria, le ordena.

Y Bobby pierde los tapones y la vergüenza, sus nalgas van y vienen, su agujero redondo, que boquea, se frota una y otra vez de ese glande, hasta que se detiene sobre él, su membrana halándola prácticamente, y cerrando los ojos, boca muy abierta, deliciosamente retenido contra ese colchón por el peso de un macho sobre sí, empuja decididamente su culo hacia atrás, empalándose a sí mismo, centímetro a centímetro del nervudo y rugoso tolete al tiempo que gime de gusto. Y mientras va tragándola, goterones del semen de Fernando van cayendo, el resto cuando lo llena totalmente con su gorda tranca palpitante. En ese momento mágico, los dos se tensan y detienen, la unión culo-verga totalmente consolidada. Ken la siente apretada, halada y chupada de manera impresionante, como nunca antes había sentido ventosa igual. Bobby se siente abierto y lleno, las paredes rugosas de ese maravilloso tolete estimulando, saciando pero también despertando aún más el hambre de su culo. Lentamente la tranca retrocede, el redondo anillo dejándole salir, la membrana de su culo acompañándola, manchas de semen todavía dejándose ver. Y regresa. Con todo su peso, casi aplastando los redondos glúteos. Para salir y entrar, ir y venir, cabalgándole en un mete y saca que va ganando velocidad y ritmo, su culo bien cepillado.

¡Dios!, gime el muchacho para sus adentros, temblando violentamente, bajando el rostro y mordiendo la gruesa colcha, su culo sufriendo espasmo y calambres que maravillan a Ken, mientras tiene esa especie de orgasmo anal que no entiende, pero que le encantan… y esclavizan. No lo sabe, no está consciente, o no tontamente, pero pasará el resto de su vida deseándolos, buscándolos, queriendo experimentarlos. Su suegro habría estado encantado de saberlo, que lo había conseguido totalmente. Le había enviciado.

Con los brazos separados, palmas sobre la cama aferrándose a la sabana, Bobby gime quedamente con los ojos cerrados, disfrutando ese clímax pero también presa de un incontenible deseo, de un placer intenso que solo aumenta y aumenta mientras Ken penetra una y otra vez su culo, rosando las paredes de su recto, tan sensibles, con su dura, caliente y nervuda tranca que lo abre. En un momento dado abre los ojos y ve a Fernando de pie al lado de la cama, su verga aún dura y apuntando hacia ellos mientras mira al marido de su hermana, y hermano de su propia mujer, cogerle. Los bofetones que la pelvis del hombre da contra sus nalgas son casi tan intensos como sus gruñidos roncos o los jadeos del rubio culturista.

-Te harías famosos en Río de Janeiro, Bobby. Todos los hombres grandes, viriles y musculosos harían cola para llenar tu coño insaciable; pero mis hermanos y yo te guardaríamos para nosotros, teniéndote sobre una enorme cama usando únicamente tus tangas de encajes. Te imagino en la playa, paseando así, agachándote para recoger algo, pero siendo una burla, un desafío de tu coño afeitado para todos los culturistas y futbolistas que llenan sus arenas. Creo que te tomarían entre varios, allí mismo, en la playa de Río, todos esperando su turno para hundir sus vergas en ti.

Esas palabras, que hacían temblar de lujuria y emoción a Bobby, también afectan a Ken, quien comienza a cogerle con mayor velocidad y rudeza, metiéndole bien adentro su verga. Sabía hacerlo, le gruñía contra el cuello que raspaba deliciosamente con la sombra de su barba al tiempo que metía las manos bajo su torso y atrapaba sus poderosos pectorales, pellizcando sus graníticos pezones mientras se lo clava todo y lo mueve de lado a lado, dándole duro sobre la próstata, haciéndole delirar bajo su peso. Y mareado, babeando un poco de tanto goce, el culturista se pregunta si Ken habría conocido a algún otro musculoso putito de culo alegre mientras competía; se notaba que sabía cómo estimular cada centímetro de piel. Era tanto el placer que le daba, que el muchacho aprieta su agujero con fuerza, lo quería tan tenso como fuera posible para cerrarse sobre la tranca de su nuevo macho para demostrarle lo agradecido que estaba, por las cogidas, pero también por el trabajo. Sabe que con su facha, su cuerpo enorme y musculoso, su rostro atractivo, estaba más que calificado para modelar, pero eso era lo menos que podía hacer, se dice cerrando y abriendo su esfínter sobre la gruesa barra.

-Oh, mierda… -le oye gruñir después de varios minutos, su cuerpo tensándose fieramente, gruñendo luego, mientras se corre una, dos y tres veces dentro del vicioso agujero del muchacho, quien eleva el rostro, ojos cerrados, mejillas enrojecidas, el rostro del chico que vive uno de los mejores momentos de su vida mientras siente como se dispara esa carga ardiente de semen en sus entrañas, una experiencia que todo chico saludable y bueno debe vivir.

-Qué coño, ¿verdad? –le pregunta Fernando a su cuñado.

-Mierda, si, es tan suave, tan apretado, succiona tan… ¡Ahhh! –exclama este, bien enchufado, sus bolas sobre las de Bobby, algo de esperma, de tanta que hay, escapando de su agujero.

-Es el apretado culo de un musculoso putito. Maldición, ya imagino la cantidad de tíos que desearían llenarle ese agujero de amor. –replica Fernando, su mano subiendo y bajando sobre su verga nuevamente erecta, mirando ávidamente como su cuñado abandona el cuerpo del musculoso chico, el hilo dental cerrándose sobre el agujero que mana su buena cantidad de semen. Es tanta que llena el aire con su aroma embriagador.

Sea como sea, se monta sobre el culturista, y sin medirse o pensarlo, se la entierra nuevamente. Es notable como la lisa cabeza amoratada se acerca, pega y frota de la gruta del amor de Bobby, de donde ha apartado el hilo dental otra vez, procediendo a metérsela, palmo a palmo, de manera firme, obligando al semen a desplazarse dentro del muchacho y fuera de su culo. La sensación es tal, para ambos, que se calientan todavía más. Bobby gime y cierra los ojos, sonriendo con el rostro de lado cuando el fogoso latino comienza a cogerle otra vez, dominado por unos bríos y unas ganas que, de estar más sereno y no tan caliente como puta en fiesta de universitarios, le haría preguntarse si no sería por meterla no sólo en el culo de otro hombre, un tabí para todo hétero, sino en uno que está lleno con los espermatozoides de su cuñado. Pero Bobby no puede pensar. Todo le marea, le eleva y flota mientras ese hombre grande le mete manos, le soba y acaricia, y ese clítoris que sospecha que tiene en su culo se dispara otra vez, haciéndole alcanzar nueva cumbres justo cuando Fernando se corre nuevamente en su culo pastoso. Es tanto su placer que ni cuenta se da cuando el hombre sale, quedando recostado, las piernas abiertas, las nalgas alzadas, el hilo dental volviendo a su lugar… el culo manando grandes cantidades de semen, las de las tres corridas que ha recibido, todo un espectáculo digno de admirarse.

Rato más tarde despierta, algo perdido, todavía boca abajo. Se levanta y contiene un jadeo, llevándose una mano atrás nota que aunque casi todo se ha secado, de manera pegostosa, todavía hay algo de líquido. Oye voces. Tomando una toalla, cubriéndose, se presenta frente a los dos hombres, vestidos y aseados, que toman algo mientras revisan cuadernos de especificaciones.

-¡Bobby!, has regresado a la vida. –ríe Fernando levantando la copa, ofreciéndole, pero el joven niega.

-Si, lo siento, yo… -ahora se siente inseguro.- Tengo el trabajo, ¿verdad?

-Claro. –ríe Ken.- Te lo ganaste desde que posaste, te queda bien lo que te pongas. Es lo que estamos buscando. Lo otro… bien, lo otro fue un bono. La semana que viene tenemos una presentación en el centro de convenciones deportivas, tendrás que lucir y exhibir suspensorios y bañadores, y pasar el día en la cabina, caminando alrededor de donde estará la gente que pueda interesarse en el producto, ¿estás de acuerdo? Por lo que pude ver, creo que llevarás a mucha gente a comprar. –se piso de pie.- Tengo que bajar y ver si llegaron algunas cajas, nos vemos, Bobby. Fue… todo un placer. –le dio la mano y salió.

Sonriendo, contento por lo del empleo y su primera presentación, también por lo saciado que había sido, Bobby se despide, quedando a solas con Fernando, quien al verle, eleve las cejas con interés.

-Dime, Bobby, ¿lo has hecho en un balcón, usando una tanga blanca, subirte sobre la verga de un hombre y ordeñársela con tu coño presintiendo que podrían estar mirándote, viendo lo puto que eres, lo goloso que es tu agujero, mientras grita por más? –parece retarle.

CONTINUARÁ... 31                                   


No hay comentarios:

Publicar un comentario