Minutos más tarde estacionan en el Sports Bar elegido para pasar la noche. El bar estaba lleno, realmente concurrido por una ruidosa multitud de hombres escandalosos y medios ebrios. En cuanto entra, el grupo comienza a pedir tragos, y aunque no había pensado beber mucho, para mantenerse bajo control y de bajo perfil, a Bobby le insistieron tanto, que casi en seguida sintió su cabeza zumbando un poco por las copas. Pronto Kyle y Mark estuvieron discutiendo y compitiendo animadamente como les ocurre a tantos deportistas cuando se reúnen y beben, luchando por mostrar más bíceps o fuerza a la hora de ganar al pulso, convirtiéndose en el pequeño foco de interés de otros machos llenos de testosteronas que disfrutan los deportes, los tragos y la competencia. El resto había reservado un stand en una esquina, donde Tom bebía y Ben reía.
Bobby, algo mareado fue hacia ellos, escuchándoles hablar de sus años de competencias, notando como su suegro se volvía hacia otra gente, riendo y aclarando algún punto de sus relatos. Fue cuando el rubio culturista se sintió atrapado por Tom, quien le tomó una mano y tiró de él hacia abajo, terminando sentado, de lado, en su regazo de muslos musculosos y abdomen recio pero plano, mientras la gente alrededor parecía no notarlo, ocupados como estaban en sus cosas. Acalorado, mejillas muy rojas, el joven le mira sonreír… y lo siente. Nota como la verga de Tom endurece de manera escandalosa, gruesa, larga y caliente bajo sus nalgas. Esperando. Y Bobby, que más tarde pensaría que realmente debió estar mucho más tomado de lo que imaginaba, de alguna manera que el otro nota, relajaba su trasero, abre un poco sus nalgas y se refriega allí, sobre la dura verga. En ese local público, rodeado de machos alfas, su culo se frota, abre y cierra sobre esa barra lateralizada siguiendo la misma dirección de su raja interglútea.
El muchacho lo siente estremecerse, percibe como su verga palpita más y sabe que de poder hacerlo, Tom se la sacaría y la metería dentro de su culo allí mismo. Caliente, cerrando los ojos, respirando con agitación, Bobby se pregunta qué haría si ese hombre lo hiciera, sacársela y ofrecérsela, una de esas dulce y firmes barras duras de macho urgida de su agujero vicioso. Eso podría terminar en un gang bang, todos esos hombres contra él… La sola idea le hace tragar y su culo se moja totalmente.
Si, su suegro le había enviciado, no podía resistirse a la idea de pertenecerle a los machos, de sentir su culo… no, su coño, lleno por ellos. Y eso quiere ahora, en ese momento. Un hombre llenándole todo.
Finalmente nada ocurrió. Al menos allí. Continuaron tomando en buena medida y salieron todos dando traspiés, incluido Bobby. Todavía quejándose la mayoría al no poder ir a un bar nudista y poner sus manos, o vergas, en algún coño caliente, volvieron a casa de Ben, por el auto de Tom. El regreso fue infinitamente más ruidoso que la ida, y ya dentro de la vivienda tropezaban aún más unos con otros.
Bobby, muy poco dado al licor por la austera disciplina deportiva que siempre ha practicado y que se tomaba muy en serio, estaba bastante mareado, riendo e intentando tomar parte en todas las conversaciones. Mirándole, Tom salió de la casa rumbo a su auto y regresó poco después.
-Miren lo que tengo aquí, muchachos… -sonriendo mostraba una botella de tequila.- ¡Más disparos en la noche!
-Algo me dice que esta será una noche muy larga, y estoy muerto. –ríe Ben, negando con la cabeza.- Creo que me voy a la cama. –anunció mirando a su yerno, quien abre la boca.- Ha sido, de verdad, un día largo y pesado. Lo necesito. Dormir. –le aclara suave pero firmemente.- Hijito, ocúpate de nuestros invitados, asegúrate de que tengan todo lo necesario para divertirse. Buenas noches a todos. Y felicidades, Kyle. –se despidió de todos y se marchó a su habitación. Sintiéndose defraudado, y mucho, el rubio y musculoso culturista mira al resto del grupo y comprende que en verdad esos hombres grandes y fornidos no parecían dispuestos a dar por terminada la noche, la celebración, tal vez presintiendo que en cuanto Kyle se casara todo cambiaría entre ellos. Precisamente Tom estaba contando una historia de su hijo, de cuando era niño, y todos reían como locos al tiempo que se servían del tequila. Resignándose a lo inevitable, que esa noche no dormiría entre los poderosos brazos del padre de su mujer, Bobby va hacia el ventanal que da al patio y lo abre, para que entre algo de aire. En ese momento Mark, quien se terminaba un nuevo trago, miró hacia afuera. -¡Oye, hay una piscina! Tomemos un baño como en los viejos tiempos. ¡Wrecker del Swin!
-¿Mangueras de auxilio? –Bobby no estaba seguro de haber escuchado bien, parándose tras ellos, que miran hacia afuera.- ¿Qué es eso? –y su pregunta provoca la risa de Kyle, Mark y Bill.
-Así nos llamaban a nosotros tres en la universidad, mangueras de auxilio. Al menos todas las chicas lo hacían. –comenta Bill, los tres ríen nuevamente.- Si nos damos un chapuzón en la piscina podrás ver por qué lo decían. O podemos mostrarte. Vamos, chicos, y de aquí a las aguas. –y terminando la frase empieza a quitarse las ropas de su cuerpo fornido y musculoso.
Al tiempo que el joven rubio se preguntaba de qué hablaba, los otros dos le imitan. Finalmente se quitan los pantalones y Kyle, sonriendo, señaló su propia verga que le colgaba entre sus piernas.
-Mira, estas son nuestras mangueras de auxilio vial. ¡Las vergas más grandes de toda la escuela! –aclara con orgullo.
Bobby les mira con franco asombro, a pesar de estar en reposo eran instrumentos realmente grandes. Kyle definitivamente mostraba los genes de su familia; Mark no se quedaba atrás, aunque parecía algo menor. Sin embargo era Bill quien destacaba, dejándoles en vergüenza; aún suave, les sacaba una buena ventaja en largo, pero también en lo venoso de la carne negra. Estremeciéndose, el rubio culturista se pregunta cómo se verían las tres totalmente duras.
-Usemos la piscina; vamos, Bobby… -dice Tom, y terminándose una copa, se puso de pie y comenzó a desnudarse también, mostrando su instrumento de semental.
Mareado, y contagiado con la alegría del grupo y de la salida, también orgulloso de su propio cuerpo, Bobby se quita la franela, abriéndose el pantalón y bajándolo caer antes de recordar que…
-Joder, tío, ¿qué es eso que llevas puesto? –estalla de pronto Mark.
-¿Qué…? –si, en su estado de alegre euforia había olvidado el g string que se puso antes de salir con la esperanza de interesar a su suegro. Ahora estaba allí, rojo de mejillas, expuesto a las miradas de todos esos chicos, cuyos ojos recorrían su poderosa figura, piel dorada y lisa, envuelto brevemente por la diminuta prenda de encajes rojos; y hay que estar claros, varios tíos desnudos y medio cachondos mirando a otro en pantaleta siempre se interesan. Casi estalla en llamas cuando les oye reír, roncos.
-Maldita sea, Bobby, realmente te gusta presumir, ¿eh? Vamos a ver la parte de atrás. –continúa pidiendo Mark.
Es de imaginar que en este punto, Bobby estuviera mortificado y cohibido, pero la verdad es que estaba prácticamente ovulando. Ver a todos esos musculosos hombres desnudos le hizo desear mostrar su propio cuerpo. Bien, tal vez su verga no colgara de manera tan impresionante como las de ellos, pero, y enrojece más, de picardía, tenía otras cosas que impresionaban bastante, así que se volvió y arqueó la espalda, sus redondas y enromes nalgas duras medio abriéndose y dejando ver, cruzada por la tirita del g string, su redondo y totalmente depilado culo. El silencio que lo recibe es como una caricia. ¡Les había impactado! Todos esos hombres miraban con ojos oscuros su titilante agujero.
-Si, es un culo totalmente impresionante. –Tom hace el primer comentario.- Deben… verlos más de cerca, chicos.
-¡A la mierda la piscina! –exclama Mark, teniendo otra idea.- Lo que necesitamos ahora es el baile erótico que nos perdimos. –y Bobby traga saliva, mirándolos sobre su hombro, notando que la sugerencia parecía estar afectándoles ya que sus vergas parecían cada vez más largas y duras, las cuatro.- ¿Qué dices, Bobby? ¿Quieres ayudar a que la fiesta de despedida de soltero de Kyle pase al siguiente nivel? ¿Quieres probar a ver si puedes “bailar” para nosotros?
El joven se debate fieramente a lo interno, toda la situación le parecía alucinante, no debería… pero entrar a la piscina sólo garantizaba nados y bromas. Con un baile erótico para cada uno de ellos tal vez lograría… ¡Y él tenía tantas ganas de hombres!
-Okay, entro al juego. ¿Quién será el primero?
Mark corrió hacia la entrada y del equipo de sonido se deja escuchar música, regresando luego con dos sillas tomada del comedor, colocando una en el centro de la estancia y volviéndose hacia Kyle:
-Eres el novio, debes ser el primero en recibir los honores, amigo. Tu futura nueva esposa aclaró que nada de mujeres, pero no dijo nada de un musculoso tío de nalgas grandes.
-Okay, muéstrame lo que tienes, Bobby. –responde al fin, después de dudar un poco, acercándose y dejando caer su enorme cuerpo sobre la silla.
El resto de los hombres fueron por sillas y tomaron asiento alrededor, y Bobby, sintiéndose frío y caliente, se acercó al novio, su joven y hermoso cuerpo casi desnudo ahora al salir del pantalón y los zapatos, llevando únicamente la diminuta prenda femenina que parece atraer todas las miradas… y endurecer las vergas. Nunca antes había hecho algo como eso, bailar eróticamente, era comprensible que le dominara cierto nerviosismo, pero dándole la espalda a Kyle, y mirándole sobre un hombro, sus músculos grandes y fuertes, su enorme verga totalmente erecta ahora, cayéndole sobre el regazo, le hizo relajarse. Algo dentro de él se aflojó ante la visión del poderoso macho, y su suegro habría estado feliz de saberlo, o seguramente lo sabía: ver a hombres como esos, calentaba su culo y despertaba sus apetitos secretos. Estaba enviciado. Al ritmo de la música menea sus caderas de un lado a otro, sus nalgas redondas abriéndose y cerrándose, las tiritas de tela sobre sus caderas, la otra enterrada.
Sonriéndole cómo imagina hacen esas tías, a las que muy poco ha visto, se vuelve y va hacia el forzudo hombre joven; montando las manos sobre sus hombros anchos y recios, pega la pelvis y bajo abdomen de su cuerpo fibroso, frotándose, antes de dejarse caer así de frente sobre sus piernas, subiendo y bajando, bailando y ofreciéndose, frotándose piel contra piel. Y la mirada de Kyle, oscura, subía y bajaba sobre el dorado, liso y musculoso cuerpo del chico culturista, y este se moría de ganas porque el otro alargara el rostro y atrapara entre los dientes una de sus tetillas, mordiendo y chupando. Casi le duelen de las ganas que tiene. Pero el joven nada hace. Levemente mortificado, se vuelve sobre su regazo, ofreciendo a sus ojos la visión de su culo blanco, liso y cerrado, cruzado por la tira roja de satén. Cuando siente las enormes y fuertes manos de Kyle sobre sus caderas, controlándole como los hombres suelen hacer con sus tías, sabe que iba por buen camino, así que descendió, sus nalgas abriéndose sobre ese regazo, la lisa raja sobre esa verga que le estaba quemando, palpitando a lo largo de toda ella, y comenzó a frotarla, de arriba abajo con su raja también caliente. Lo notó, que ese tolete crecía más todavía, acariciada y sobada por sus nalgas abiertas. ¡Le estaba masturbando con su culo!
-Joder, amigos, miren ese culo… No, no es un culo, palpita y se abre. Es un hambriento coño. –le oye silbar, ronco y estrangulado.
Algo alterado ya, Bobby sigue meciéndose y frotándose contra el poderoso cuerpo del macho, su raja muy abierta sobre la larga verga tiesa, pero Kyle no terminaba de darse por enterado. Traga y contiene un jadeo, intentando que no se note que lo desea, que quiere que ese enorme bate de carne dura y palpitante abra su culo y lo llene, la sola idea le hace temblar de lujuria. Quiere, no, necesita un güevo ya. Desesperado, en un acto que haría sonreír a su suegro, toma con mano firme el duro y grueso tronco que palpita contras su palma, guiando la cabeza de este contra su agujero totalmente mojado y caliente, para darle ideas, urgido como estaba. Pero Kyle seguía sin dar el paso, tal vez temeroso de que su prometida se enterara de algo como eso. Mark, bufando, se pone de pie, acercándose a ellos.
-Kyle, ¿qué coño te pasa, hermano? ¿No sabes culear a una puta? Muévete de ahí y deja que te enseñe cómo se hace. –ordena, y saliendo de su regazo, Bobby se aparta, luego Kyle, cayendo el musculoso chico tatuado sobre la silla. Su verga estaba totalmente de pie, larga y dura, casi amoratada de sangre, ¡tatuada también!, dejando al rubio culturista con la boca abierta. Aunque no era tan larga como la de los otros, era sumamente gruesa. Un culo quedaría muy abierto sentado sobre ella, y la idea se lo mojó más. Era un arma contundente.- Okay, perra, ven aquí y por fin enséñanos de lo que eres capaz. Muéstranos cómo una puta como tú sabe mover su dulce coño sobre un hombre de verdad.
Le palpitó, el culo de Bobby casi parecía abrirse de anticipación. No tenía miedo de la tarea, pero con ese monstruo de grueso sabe que no será un camino fácil, tal vez debería pensárselo mejor y… Pero sabe que intenta engañarse, desde que esos hombres se desnudaron y vio sus güevos erectos, sólo una idea y un deseo dominan al chico rubio, montar sobre ellos, cabalgarlos una y otra vez, sentir que llenan su culo de carne dura, palpitante y maravillosa, para luego descargar litros y litros de semen caliente en lo más profundo de sus entrañas. Quiere eso, esas vergas, sentirlas, tomarlas, ordeñarlas con su agujero vicioso de machos. Desea las corridas en su interior, sentir los disparos golpeándole la próstata y él mismo sufriendo orgasmos en esos momentos.
Jadeando cae a hojarasca sobre el regazo de Mark, cuando este le hala, cara con cara, Bobby rojo, joven y hermoso en su brillo de excitación, rezumando el aroma que enloquece a los hombres, el de la perra en celo. Se tensa y casi gime cuando siente las manos grandes del joven macho tatuado caer sobre sus nalgas duras, recorriéndolas con codicia, caliente, seducido ya con la idea de enterrársela duro y a fondo en su apretado y cálido hueco que se la exprimiría. Las puntas de los dedos van a su raja, y acarician y frotan alisándole la entrada del culo, una caricia que hace trinar a todo a quien se la hacen, todavía cubierto por la suave tira de satén rojo. Uno de los dedos frota sobre la entrada misma, que tiembla bajo su roce, que palpita y se abre un poco, de manera manifiesta, invitándole a pasar. Y lo hace, ¿quién podría resistir esa incitación? Eso es la punta del dedo entrando y el esfínter cerrándose violentamente sobre él.
-¡Mierda!, he tenido un buen montón de coños en mis días, y esto que estoy sintiendo aquí… -el dedo entra otro poco, rodando en la entrada.- …Es una vagina de primera. ¿Serás una buena porrista caliente y harás muy feliz a Mark? –le pregunta, el dedo entando sólo un poco y saliendo, penetrándole levemente, enloqueciendo al rubio culturista, quien únicamente puede gemir y asentir con su cabeza, totalmente controlado por el hombre, al tiempo que cierra las manos sobre los duros y prominentes pectorales tatuados, estremeciéndose otra vez al sentir su fuerza. La recia musculatura de un hombre.- Estás tan caliente, putita… -el dedo entra todo y silba.- Tan mojada… Vamos, enséñamelo. –ordena, ronco, mirándole a los ojos.
Bobby no duda, sube y baja su culo, va y viene sobre el dedo, necesitado, abriendo la boca, apretándolo con sus entrañas, gimiendo cuando el otro lo flexiona en su interior. Mark lo saca, atrapa su verga y empuja la lisa y roja cabezota de su glande contra la entrada, sin apartar el hilo dental, presionando y presionando como si fuera a penetrarle, pero sin hacerlo, teniendo mal al chico que ya no puede esperar más por una buena verga penetrándole. Cuando la gigante cabeza le toca, frotándole, le enloquece más. La quiere aunque sabe que será difícil de tomarla. De hecho la idea general en esa sala era que no se podría.
-Métesela, cabrón… -grazna Bill, su verga titánica increíblemente llena. -Calma, perro, necesito algo para ayudarle, algo de lubricación. –informa Mark, mirando a Bobby a los ojos con una mueca libidinosa y burlona, golpeándole la entrada del culo, una y otra vez, con la roja cabeza de su gruesa tranca, quemándole y untándole de sus claros líquidos pre eyaculares..
-¡¿Papa?! –es cuando Kyle exclama.
Bobby no sabe por qué lo hace, perdido como está por las ganas que despiertan en sus entrañas ese glande liso y caliente, levemente mojado de líquidos pre eyaculares que se frota de su entrada. Pero lo averigua pronto. En medio de cierta sorpresa, Tom se agacha tras ellos, y su lengua ávida va hacia el rojo culito del culturista, luego de apartar el hilo dental, y comienza a metérsela, azotándole y lengüeteándole, con la verga de Mark casi apoyada contra su mejilla. Cuando Bobby gime por la caricia, su agujero se abre invitador y esa lengua le penetra, dejándoselo bañado en saliva. Cerrando aún más sus dedos sobre los pectorales de Mark, el rubio musculoso se deja llevar por la estimulante caricia, recordando lo mucho que a Tom le gusta comer de los coños… Los coños que su otro hijo, Frank, dejaba llenos de esperma caliente. Imagina que el maduro semental debía estar disfrutándolo mucho en esos momentos.
-Maldita sea, Kyle, a tu viejo le encanta comer coños, ¿eh?
-Ya lo había escuchado. –comenta este, fascinado por el cuadro de su padre, desnudo, fuerte y fibroso, inclinado entre las piernas de su amigo, con la gruesa verga de este rozándole la cara y metiéndole la lengua a otro joven tío por el culo. Y se notaba que le gustaba y sabía comerlo, se dice, viéndole meterle la lengua con sapiencia, haciendo gemir y estremecerse al chico culturista. Frank, su hermano mayor, sonriendo, siempre le decía que a su papá le gustaba meter la lengua en los coños de sus amigas, ahora se pregunta…
-Joder, haces un buen trabajo, Tom. –concede Mark, metiéndole fácilmente dos dedos a Bobby en el culo, siendo lamidos también por la lengua del papá de su mejor amigo.- Así ayudas a tus compañeros a que puedan meter sus vergas en el coño de esta putita, aunque podrías ayudarme más. –el tono provoca escalofríos en todos, sobre todo en Kyle, que observa con interés como su padre abandona el agujero tembloroso y mira al tío tatuado, que se agarra la gruesa tranca con la mano libre, agitándola.- ¿Por qué no te aseguras de ensalivar también mi verga? –y este, respirando algo agitado, mira la enrome mole que se levanta frente a él, gruesa, nervuda, palpitante. Caliente. Rápidamente mira a Kyle.
-Vamos, papá. Ayúdalo.
Antes de volver la lengua a culo de Bobby, Tom escupe sobre el glande de Mark, la saliva brilla, espesa, bajando muy poco. Y cerrando los labios sobre el tembloroso agujero depilado del chico rubio, succionando, mira el tolete a centímetros.
-No basta, Tom. –señala Bill, ronco, ojos oscuros de lujuria, sobándose su enorme instrumento.
Y lo hace, Tom, allí, frente a su hijo y los amigos de este, lleva su lengua a ese glande grueso, recorriéndolo, untándole la saliva. Escupiendo más y regándola, provocándole un estremecimiento en las bolas al más joven (joder, estaba bien caliente, y una lengua le recorría la cabecita, y era el papá de su amigo ahí presente, ¿qué se podía esperar?). Kyle, fascinado, siente que gotea también porque cree adivinar algo de su padre. No, lo sabe de cierto; aunque lo hace rápido, aunque parece que sólo unta la saliva para lubricar esa verga, sabe que su padre está saboreando los líquidos pre eyaculares de Mark, llenándose la lengua con ellos, degustándolos y tragándolos. Gustándole.
¿Mamaría güevos su padre? ¿Se atrevería a mamar el…?
CONTINUARÁ...32

No hay comentarios:
Publicar un comentario