Perfecto.
El rubio muchacho ya no duda, ese ardor en sus entrañas es mayor que su vergüenza o reparos, y se monta ahora sobre Eduardo, jadeando cuando la venosa verga pega de su culo, abriéndose camino con dificultad porque es enorme. Pero Bobby logra metérsela y grita cuando se sienta sobre las caderas del otro, totalmente empalado con su verga, mientras la suya tiembla y bota grandes cantidades de líquidos que Tony, sonriendo, atrapa con los dedos y le obliga a chupar. Y Bobby lo hace, sintiéndose totalmente caliente, como nunca antes lo había estado con una mujer, mientras sube y baja su culo hambriento sobre ese tolete. Va y viene gimiendo bajito mientras lame los dedos del cuñado, ese güevo duro en sus entrañas es tan estimulante que se pregunta cómo nunca antes lo había probado.
Raúl exige que vuelva y Bobby, mareado, lo hace, turnándose por un rato de uno al otro, cabalgando sobre los dos rudos latinos, que son cuñados, para colmo de calenturas. Los dos hombres gruñían mientras el joven rubio, ojos muy apretados y mordiéndose los carnosos labios rojos, subía y bajaba con loco ímpetu, como vaquero sobre potro, disfrutando el sentir las duras vergas bien adentro de su culo muy abierto ahora. Cuando se levanta de las piernas de Eduardo, después de subir su esfínter lentamente, bien apretado para sentirle la verga palpitándole en la entrada, Tony le atrapa por un brazo.
-Es mi turno de disfrutar nuevamente de tu culo ávido, cuñadito. Verte siendo jodido por mis amigos me ha dado una buena calentura. –dice antes de obligarle a caer sobre manos y rodillas en el piso, en las cuatro patas. Rápidamente se posiciona tras él y le clava su larga verga profundo en ese culo rojo y abierto que titilaba pidiendo más.
Bobby gime cuando esa dura barra comienza a golpearle duramente en las entrañas. Está tan caliente que quema. Cierra los ojos y alza el rostro mientras debe asentarse bien sobre sus manos para no caer hacia delante mientras el cuñado le cabalga con fuerza.
-Oh, si, cuñadito, lo tienes tan rico. Sexo contigo… ¡Hummm! Cómo había extrañado este dulce agujerito que se desperdicia con mi hermana. He estado pensando en ti toda esta semana, metido dentro de tus pequeñas tangas, todo mojado en aceites, musculoso y fuerte. Un enorme tío cuyo culito es rosado, lampiño y suave como el coño de una nena; y como el coño de una nena siempre deseoso de un hombre que le meta un güevo enorme. Mira, mira, cuñadito, mira lo caliente que me tienes. –gruñe ronco, con esa verga más dura y ardiente por segundos, atrapándole el rubio cabello al muchacho y halándolo, azotándole una de las turgentes nalgas, mientras su verga rojiza va y viene, rápido, duro, metiéndose toda dentro de la pequeña boca hambrienta que era ese sedoso culito.- Oh, si, cuñadito… Eres la mejor perra que he probado nunca. Tu culo es de… Hummm… provoca cogerlo y cogerlo…
El muchacho tiene que gemir cuando su cuñado le atrapa fieramente las caderas, clavándosela hasta los pelos y dejándola allí, mientras grita y se estremece al tiempo que se descarga en sus entrañas. El rubio siente las cálidas oleadas de leche, y gruñe alzando el rostro cuando, sin pensarlo, aprieta salvajemente su anillo alrededor de la verga, chupándola más.
-Si, eso es, cuñadito. Exprímeme cada gota de leche, joder… Chupa con tu culo cada gota de la leche que quieres. Oh si, eres de los que le gusta tenerlo mojado de esperma, papá tenía razón. -aprueba mientras termina de correrse en sus entrañas. Jadeando, pulgada a pulgada va sacando su barra hasta que únicamente la cabezota queda presa y la mueve un tanto, para que los labios de ese culo la soben todavía un poquito más, antes de sacarla finalmente.
-Dios, ¡cómo le gusta una verga a este rubio! Trae tu culo nuevamente aquí, muchacho. –Raúl gruñe, con los ojos brillantes.
El joven culturista jadea todavía en cuatro patas, rojo de vergüenza y excitación. Es cuando su suegro interviene.
-Vamos, muchacho, puedes hacerlo. Sabes que quieres más vergas. No sientas reparo. Sírvete lo que tanto deseas. Es tu cumpleaños, ¿no?
Todavía dudando, mentalmente ya que su cuerpo estaba más que listo, el joven culturista vuelve a subir al regazo del enorme latino, pegando el culo de la cabeza de aquella verga, bajando lentamente, sintiéndola quemarle. Entra fácil, la esperma de Tony le lubrica bien, y algunos goterones chorrean verga abajo. Al caer sentado en su regazo, Bobby gimió, pero no fue nada comparado a lo que jadeó cuando Raúl contrajo sus muslos, empujando todavía más su verga. Comenzó a agitarle, arriba y abajo sobre su barra, y esa barra le daba donde era.
-Apúrate, compadre… -jadea Eduardo.- También quiero más de ese culo de putico rico.
-¿Por qué no lo tomas ya? –pregunta Ben, ojos brillando infernales, mirando a su yerno, quien abre mucho sus dulces ojos azules.
Eduardo se levanta, sonriendo torvo, la mirada fija en esas nalgas abiertas por donde entra y sale el nervudo güevo de su cuñado Raúl. Bobby sintió su enorme, callosa y ardiente mano en el centro de su espalda empujándole hacia adelante hasta que su pecho chocó con el de Raúl. Lo siente atrás, la sedosa cabeza del güevo frotándose de su entrada ya ocupada, empujando y empujando contra el de Raúl. El rubio grita, sintiéndose muy abierto, cuando la gruesa tranca comienza a deslizarse también en sus entrañas.
El joven físico culturista tiembla todo, sintiéndose penetrado por las dos gruesas, duras y nervudas vergas en su culo que arde. Era más de lo que el muchacho había sido abierto alguna vez, es decir, cuando su suegro le cabalgó el culo con su verga. Los dos hombres jadean bajo, sus güevos muy metidos, muy quietos los dos, dándole tiempo de acostumbrarse. Pasado un minuto justo, Bobby dejó de sentirse adolorido, más bien se sentía lleno como nunca. Y le encantaba, se notaba en su mirada vidriosa de lujuria. Raúl le observa con los ojos muy abiertos, casi tomándose el aliento del muchacho.
-A la mierda, hombre, tu culo de putito si que está ajustado ahora. –luego mira a Eduardo.- Joder, puedo sentir las venas de tu verga palpitando contra las venas de la mía.
-No te emociones…
Lentamente, riendo un poco por el comentario, Raúl comienza a moverse. Eduardo también. Los dos hombres alternaban sus güevos en el apretado agujero, uno subía y el otro bajaba, haciendo que Bobby gruñera entre dientes, bañado en transpiración. El joven podía sentir cada uno de esos güevos, frotándolo, rascando las paredes de sus entrañas. Los toletes iban y venían turnándose, metiéndose por momentos dentro del muchacho, mientras aplastan sus nalgas y lo abren al máximo llenándole todo. Ese culo no solo los aceptaba sino que los apretaba y halaba de una manera que les hacía gemir.
Raúl estaba tan excitado por el culo del muchacho (no quiere pensar en el roce de la otra verga junto a la suya, algo que le estremecía), que flexiona sus musculosos brazos y le atrapa, atrayéndole, besándolo y lamiéndolo por todos lados. Su lengua entra en la boca de Bobby y se traga sus gemidos de agónico placer cuando una de las vergas se le clava en lo más hondo. Y besar a ese carajo no le repugna, era suciamente excitante. Y no solo para él, puede notarlo también en la mirada oscura de su cuñado Eduardo.
-¿Estás bien, hijito? –Ben pregunta nuevamente desde su asiento.- ¿Esas dos vergas no lastiman tu dulce culo?
-Oh, suegro… -gime el muchacho, reparando en una ceja alzada del otro.- Oh no, papi; se siente taaaannnn bien. Estoy tan lleno de güevos. ¡Ahhh…!
-Ya lo veo, muchacho. Tu culo está bien estirado ahora, ¿verdad? Y te encanta. Se nota que te gusta que esos dos hombres alternen sus vergas en tu culo. Si, dos vergas enormes sólo para ti. Eres todo un putito grande y musculoso, ¿no?
-Si, papi… -y gime cuando Eduardo le rodea la cintura y Raúl atrapa con las manos sus nalgas y comienzan a cogerle al unísono, rítmicamente, los dos güevotes adentro, bien adentro, afuera y regresando segundos después con fuertes embestidas.- ¡AHHH!
-Eso es, muchacho, disfrútalo. Goza de esos hombres que quieren cogerte a conciencia y dejarte ese culo bien untado de semen. Es lo que te gusta, es lo que deseas ser, una putita bella y caliente que se muere por los hombres, ¿no es así, hijito?
-Joder… -Eduardo respira cada vez con mayor dificultad en la oreja del muchacho.- Estoy listo para correrme, Bobby. Voy a llenarte ese culo con unos cuantos de mis espermatozoides. Tal vez te preñe. ¿Qué dices tú, Raúl?
-¡Ahhh! Si, hermano. Estoy a punto de acabar igual. ¿Listo?
Los dos hombres gruñen ahogadamente y meten sus vergas profundamente en el culo del joven culturista, quien grita, se tensa y arquea mientras siente como las dos trancas se calientan al máximo y tiemblan, imposiblemente duras, y comienzan a bañar con leche ardiente sus entrañas. A este le parecía que eran baldes de leche que eran derramadas en su interior, mientras sus güevos parecían más grandes ahora.
Y Bobby no puede evitar correrse también, quedando mareado, exhausto, aprisionado y ensartado entre los dos musculosos machos velludos y viriles. Tan sólo vuelve al presente cuando siente el ardor de las vergas retirándose de su culo. Eduardo, apoyándose en los hombros del muchacho, todo tembloroso por la fuerza del orgasmo, se deja caer en la silla cercana. Raúl aún retiene a Bobby por las nalgas, muy abiertas, y es posible ver en toda su grandeza el rojo, lampiño y ahora abierto culo que, tembloroso, deja caer toda esa esperma. Y todo el mundo sabía que no había visión más cachonda que un culo de hombre exudando lentamente el semen de otro. U otros.
-¿Te sientes bien, hijo? ¿Esos hombres han sabido satisfacerte como lo mereces? –le pregunta el suegro, casi afectuoso.
-Si… -traga saliva, jadeante, rojo de cara.- Creo que si… papi.
-¿Por qué no vienes aquí y le enseñas a tu papi tu culo dilatado y lleno de leche, hijito? Muéstrale a tu papi todo lo que has gozado con los amigos que trajo para que celebraras tu cumpleaños. Por cierto, bebé… no me has dado las gracias por este regalo. Ven, enséñale y dile a tu papi lo feliz que eres siendo una putita caliente… Dile a tu papi que quieres ser una putita para siempre.
CONTINUARÁ... 7

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