martes, 22 de septiembre de 2020

El suegro lo envicia... 38


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Bobby se vuelve hacia un sujeto delgado, algo bajo, joven, que burlón les mira.

-Hay que revisar la calidad de la mercancía. –algo rojo de cara, Ken explica.

-Y se nota que hay calidad. –el chico sonríe, avergonzando aún más a Bobby, pero también halagándole.- Ya nos veremos… O eso espero, fortachón. –saluda con una mano y se aleja.

-Qué tío tan peculiar. –agrega Ken, acomodándose las ropas para ocultar la escandalosa erección.- Debería practicar algo de ejercicios.

Como sea, el hombre mantuvo la distancia, también porque la gente comenzó a llegar, a ver, a preguntar, y a recorrer al rubio culturista con la vista. Pronto eso estuvo lleno de mujeres atléticas, pero especialmente de hombres, que preguntaban cosas, a veces tocaban la tela, halando un poco más de la cuenta en la cintura del joven, y se vendió bastante. Más de lo que tenían pensado. Estuvo así hasta las tres de la tarde, después todo se calmó un poco más. Ya para las cuatro todo estaba muy tranquilo, sin embargo, Bobby no dejaba de mirar hacia el pasillo. Ben, su suegro, había dicho que tal vez pasara para ver cómo le había ido en su primer día de trabajo, y le esperaba.

Ben no apareció, pero a las cuatro y media le sorprendió ver llegar a Ned, el entrenador de lucha libre de la universidad que había conocido la semana pasada, venía flanqueado por dos enromes tíos más jóvenes. Parecían casi clones de él, con sus chaquetas universitarias que no disimulan que están cargados de músculos.

-Hey, Bobby, ¿cómo estás? –preguntó mientras le daba la mano al muchacho.- Te presento a Grant y Stan, dos hermanos que forman parte de mi equipo de lucha. Dedicados al físico culturismo también; querían ver la Expo y de paso como sabía que estabas aquí, por tu suegro, quise presentarlos.

-Okay… -algo confuso, Bobby apretó también sus manos, presentándose todos, pareciéndole al rubio que eran los típicos deportistas engreídos, mirando por encima de su cuerpo e intentando flexionar sus músculos sin parecer que lo hacían.

Grant se quitó la chaqueta, permitiéndole al rubio culturista echar un buen vistazo a su pecho ancho y fornido bajo la franela, a sus brazos musculosos; pero no le pareció que fuera tan magnífico, él bien podía competir con eso, aunque las piernas del otro parecían grandes bajo el jeans ajustado, el cual le marcaba la silueta de un buen bulto en la pelvis. Y no hay que ser muy duro con el chico por quedarse mirándolo, hay que recordar que su suegro le ha enviciado totalmente; ver a un hombre es mirarle el entrepiernas, notar un tolete en reposo es desear…

Enrojece cuando nota que Grant, sonrisa en los labios, le pilló mirándole.

-Así que modelas ropa… -intervino en ese momento el otro, su hermano, Stan.- ¿Siempre llevas cosas así? Maldita sea, mira que ese speedos es pequeño, más bien parece una tanga. Da la vuelta, por favor, me gustaría ver cómo queda por atrás. –pidió, como si estuviera considerando comprar algo así, e imaginarlo con una, altera la respiración de Bobby, quien se vuelve, con gracia y seguridad, su cuerpo también es sólido, grande y hermoso.- Saca culo para ver mejor. –y el rubio, llevando las manos atrás en sus caderas, como si posara en el escenario, le obedece alzando sus nalgas.- Joder, qué bien. –la voz era ronca.

Y el culturista modelo se pregunta, con un calorcillo interno, si se refería a la prenda o… Oye hablar en voz baja a los dos hermanos.

-Hey, amigo, ¿no podríamos mi hermano y yo probarnos algunos para ver? –pregunta Stan.

-No tenemos un probador, lo siento. –contesta el rubio, con tanto tino que Ken se acercaba en esos momentos con su esposa.

-Bobby, si son amigos tuyos puedes llevarlos al armario donde guardamos la mercancía que queda. –ofreció, cosa que hizo sonreír a Grant y Stan, como el joven pudo notar al verles.

-Me parece genial. –responde Grant, tomando algunas tangas de las que no vio el público (las que no usaba Bobby).

Precediéndoles, Bobby fue y estos le siguieron a la sala, igual que Ned, cosa curiosa, aunque, pensó el joven, seguramente el hombre estaba acostumbrado a verles en los vestuarios. Abrió la puerta y los cuatro entraron, cerrando Ned la puerta a sus espaldas. Afortunadamente había suficiente espacio. Alguien en la Expo había colocado una gruesa alfombra en el piso para cuidar los pies de los modelos. Dirigiéndose a una caja, el entrenador tomó asiento tranquilamente.

Al joven modelo le sorprende que tanto Grant como Stan se desnuden en seguida, sosteniendo en sus manos las pequeñas y elásticas tangas, estudiándolas como si fueran un problema de Matemáticas avanzada. Meten sus piernas y halan, quedando prácticamente bajo sus bolas y parecen tener dificultades para continuar.

-¿Cómo carajo funciona esto? –pregunta Grant.- Es tan jodidamente pequeña al frente. Vamos, amigo, ayúdame. –Bobby obedece, se acerca a ver cuál es el problema, debe ser amable con los posibles clientes, pero se detiene algo confuso; la verga del chico era casi demasiado grande para caber en la bolsa delantera de la prenda. No estaba dura, pero era gruesa y larga aún colgando.- Vamos, amigo, ayúdame…

¿Estaba ese chico realmente pidiéndole ayuda para esa mierda?, se pregunta el rubio culturista, viendo que el otro lleva las manos a sus caderas, esperando, así que la cosa parecía ir en serio. Extendiendo la mano, la envuelve en la base del pene, empujando hacia abajo, intentando acurrucarlo para cubrirlo con la telita. Stan, mirando, se echó a reír.

-Amigo, no sé si eso va a ayudar para que quepa, pero también yo necesito una mano. –dijo, y Bobby se volvió a mirarle, aún con el caliente trozo de carne de Grant en la palma. También él estaba medio metido en la tanga, esta atorada en sus muslos y esperando auxilio. Ned les miraba desde donde estaba sentado, algo abultando ya en sus pantalones.

Mientras, insólitamente, Bobby se afana más por acomodar la verga de Grant dentro de la parte delantera de la tanga, esta se pone más dura y larga, más difícil de maniobrar, ardiéndole en la palma de la mano, y cuando vino a darse cuenta se vio con un tolete venoso aún más grande que el de su suegro en las manos, mientras Grant respiraba más y más pesadamente, aparentemente desentendido de la dificultad para entrar en la prenda.

-Mierda, esto no funciona… -gruñó bajo y ronco.- Date la vuelta para ver nuevamente cómo debería quedarme.

-Okay. –el insensato culturista lo hace, viendo ahora hacía los otros dos, el pene de Stan se había levantado entre sus piernas con fuerza, el de Ned prácticamente palpitaba bajo su jeans.

Fue cuando sintió una mano grande de Grant en su hombro, inclinándole hacia adelante, arqueándole la espalda, cosa que echó sus nalgas escasamente cubiertas hacia atrás, y sintió los dedos de la otra mano recorrer etéreamente, con las puntas de los dedos, los contornos de la tanga sobre sus nalgas redondas y musculosas, es una caricia erizante, hasta que se metieron por uno de los bordes, corriendo bajo la tela hacia su raja, que recorrió dos o tres veces de arriba abajo antes de centrarse en su culo liso y afeitado.

-¡Es cierto! El entrenador nos dijo que te afeitabas por todos lados. –expresó en voz baja y ronca.

-Se los dije. –confirma Ned, volviéndose hacia una caja al lado, abriéndola y rebuscando en ella, sonriendo al encontrar una diminuta pantaleta de fantasía, tipo hilo dental, de encajes y con un mínimo lacito de regalo adelante.- Bobby, ¿por qué no modelas esto para nosotros? Esto se ve muy caliente.

-Creo que es para mujeres. –respondió el joven culturista, algo extraviado con aquellos dedos frotándose contra la entrada de su culo.

-Vamos, amigo. Es un juego. Sólo para los amigos, ¿eh? –la agitaba en su largo dedo.

-Yo… bueno. –aunque en verdad no estaba muy seguro de hacer eso en un almacén en el cual cualquiera podría entrar en cualquier momento, deseaba complacerle, así que toma la prensa y baja rápidamente la tanga que usa, metiéndose dentro de la delicada prenda, la cual, en la parte posterior, desaparece gloriosamente entre sus nalgas redondas y paraditas.

-¡Mierda! –bramó Grant, recorriéndole el joven, dorado y liso cuerpo musculoso vistiendo ese pequeño y sensual triangulo de tela sobre su pelvis. Bobby no pudo dejar de notar, mejillas rojas, que la impresionante verga del hombre joven se alzaba en toda su gloria frente a él, como una lanza de carne rojiza y tiesa.- Déjanos ver cómo te queda por detrás. –tragando en seco, Bobby lo hizo, sus glúteos firmes tragando aquella diminuta tira suave que casi era una etérea caricia. Casi pega un bote y jadea cuando las enormes manos del tío caen sobre sus glúteos, abriéndolos, separándolos para dejar que su hermano vea la tirita de la prenda que cruzaba heroica sobre su agujero.- Mira, Stan, ¿no es una vaina de encaje muy linda? Deberías comprarles algunas a tus dos novias. ¿Tienen ellas coños así? –retó, separando la tirita, mostrando el afeitado culo, cosa que hace parpadear a Bobby, llenándole de calor.

-Tenía razón, entrenador, es un lisito coño de atleta. –comenta este, sonriendo, mirando los rojos labios de ese agujero.

-Y espera a que lo toques. –responde Ned, sentándose otra vez y abriendo la cremallera de sus pantalones, halando y sacando su propio tolete enorme, venoso y pulsante.- Como buen entrenador de ustedes, chico, era mi deber presentárselos.

-Joder, Stan, espera hasta que toques este suave coño. –jadea Grant, recorriendo con un dedo la entrada de ese culo que titila salvajemente al tiempo que Bobby cierra los ojos antes la sensual caricia.- Este agujero parece de primera.

-Es de primera. Hace cosas que… -silba Ned, con admiración todavía.

-Ya quiero. –gruñe Stan, dejando caer la tanga que ni subió totalmente nunca, acariciándose una verga tan grande como la de su hermano.- Mi verga pide un coño caliente y mojado.

-¿Te gusta ser tocado así, Bobby? ¿Te gusta que tu musculoso coño de nena sea admirado por los hombres? –le pregunta Grant al culturista, tocándole y acariciándole con la yema de sus dedos.

-Se siente bien… -jadea con voz oscura y cargada de deseos.

-Quiero tu coño. –le ruge bajito, y así sería. Babea una hebra de saliva que cae sobre la entrada del rubio, cálida y viscosa, resbalando, untándolo luego con sus dedos, lubricando los labios de su agujero.

-Les recuerdo que estamos en una Expo. –Ned informa.

-Okay, entrenador, será rápido. –concede Grant, pero es un caballero, por eso se tiende un tanto sobre el rubio fortachón y le pregunta.- ¿Quieres sentir mi verga dura en tu suave coño, Bobby? –mirándole este a los ojos sobre un hombro, luego la verga palpitante y sintiendo. Grant sonríe.- ¡Genial!

La enorme y fuerte mano del atleta universitario cae sobre la recia espalda del culturista, empujándole suavemente, obligándole a caer en cuatro patas sobre la gruesa alfombra del almacén, y en esa posición, dorado y liso, dispuesto a lo que sea en tanga de mujer, la tirita sobre su agujero que titila, el chico era todo un manjar rico que pedía ser probado. Grant, de rodillas, se posiciona entre sus piernas y Bobby siente su presencia, su calor y aroma de hombre fuerte. El entrenador de los tíos, Ned, cae también de rodillas, a un lado de Bobby, tendiendo un brazo sobre sus caderas y con las manos separa aún más las nalgas, Stan se acerca y con un dedo aparta la tirita del hilo dental.

Bobby tiembla de lujuria, sabiendo que está mal, muy mal por arder así en manos de esos tres hombres que literalmente le soban. Casi gime, frunciendo la frente (lleva una semana sin sexo, ni su suegro ni su cuñado han querido tocarle para que se concentrara para el evento y se estaba quemando en su lujuria), al sentir la lisa y ardiente cabeza de ese güevo en su entrada. Esa pieza sube y baja, únicamente, sobre su culo y este estalla en llamas, casi abriéndose en flor para atraparlo.

-Joder, Bobby… -ruge Grant, voz cargada de lujuria, de ganas, como todo macho joven lleno de testosteronas ante tan erótico cuadro, la posibilidad de coger frente a un amigo de poder, como el entrenador, y su hermano.

Ante ese culo de nalgas separadas, apartada la tira del hilo dental, la lisa y rojiza cabeza se frota, quema, empuja y abre, penetrando el terso agujero, centímetro a centímetro hasta clavarle dos tercios de güevo.

-¡Ahhh…! -gimió Bobby, cerrando los ojos, el rostro de la adorable putez. Atrapándole las caderas, casi sobre los brazos del entrenador y su hermano, Grant termina de clavarle su palpitante barra en las entrañas, rozándolas y estimulándolas en todas su trayectoria. Y hay un violento espasmo, uno que parece una ventosa sobre la tranca, y que nota el hombre que lo coge.

-Mierda, ¡qué coño! –bramó el fornido joven entre dientes, empujándola más y más.

-Te gusta, ¿verdad, Bobby? –le pregunta Ned, y el joven le mira con mejillas rojas y ojos nublados de lujuria.- Eres un enorme chico con un coño suave y caliente que quiere vergas, ¿no es así, chico?

Por toda respuesta, el rubio culturista tan sólo pudo gemir, totalmente entumecido de gusto, cuando Grant comenzó a sacársela y metérsela con fuerza, su venoso e hinchado tolete clavándosele una y otra vez en las mojadas entrañas, su pelvis golpeándole, sus bolas también. Ese redondo agujero se abría y abraza vorazmente la dura mole de carne que lo penetraba, parecía demasiado chico, pero lo lograba, cubrir y abrazar todo el tolete en su vaivén.

-¡Qué puto! –jadeó Stan, ojos vidriosos, inclinado a un lado, viendo como la gruesa tranca de su hermano entraba y salía del agujero del chico rubio, el cual se estremecía, arqueaba la espalda y llevaba sus nalgas de adelante atrás, deseando más y más de ese güevo que tanto placer le brindaba mientras le cepillaba la pepa.- Joder, hermano, los pliegues de su culo están tan hinchados como los labios de un coño real.

-¡Es un coño! –jadea Grant, casi bufando desfallecido, sintiendo su tolete totalmente halado, apretado y chupado por las suaves, cálidas y húmedas entrañas. Bobby se lo estaba ordeñando de una manera impresionante.

-Déjame probarlo, carajo. –demandó Stan y Grant, jadeando, se retiró, haciéndole espacio. En seguida este cayó entre las musculosas piernas del rubio, apuntó su tolete y lo sumergió sin ceremonias dentro del muy dilatado y ardiente culo, el cual le tragó como si de un hambriento coño de puta universitaria se tratara.

Bobby bajó el rostro, todo él traspasado por esa poderosa ola de placer indescriptible que le recorría, que nacía en sus entrañas llenas de güevo y parecía despertar ecos en cada terminación nerviosa. El grueso y nervudo tolete, entrando y saliendo violentamente de su afeitado culo que se abría para él, aceptándolo, le brindaba todo el gozo que debería querer… Pero su suegro le había enviciado, le hizo adicto a los hombres de güevos grandes, a todos los güevos, y mientras se estremece, y cierra y abre su esfínter sobre el tolete del macho que lo cabalga, que lo coge con dureza, no puede dejar de mirar el miembro totalmente erecto de Ned, que babea, deseando probarlo esa tarde también. Ya lo ha penetrado un tío grande y sexy, el hermano de este estaba ahora llevándole a la gloria, y todavía soñaba con otro. Los quiere todos.

Atrapándole las caderas, clavando en la firme carne sus dedos, Stan pareció afincarse y comenzó a mecer su pelvis de derecha a izquierda, lanzándole el tolete de un lado otro dentro del recto, haciéndole gritar otra vez. No han pasado ni dos minutos cuando…

-Vamos, hombre, déjame probar otra vez ese coño. –se queja Grant.- No puedes cogértelo tú sólo para siempre. Quiero ese coño caliente.

-Acabo de empezar. –grazna Stan, metiéndoselo todo y rugiendo entre dientes cuando Bobby se lo ordeña con las entrañas.

-¡Es mi turno!

-Nos discutan, chicos. –interviene Ned.- Les diré qué hacer… -y Bobby, que le oye a pesar de la nube de sexo y lujuria que le envuelve, se estremece todo.- Grant, siéntate sobre la alfombra y deja que Bobby se suba a tu verga, que se clave en ella. –hay un estallido de risitas de este, de emoción. Joven obedece, y cuando Stan, a regañadientes se la saca del culo, el rubio culturista va, se monta a hojarasca sobre la pelvis del otro y baja su culo. Grant se aferra la gruesa verga y el agujero depilado va tragándoselo, lentamente, apretándolo a cada palmo, y los dos hombres jadean.- Bien, Stan, ve tras Bobby y…

Al parecer ya Stan había captado, arrodillándose tras el rubio, presionando la cabeza de su tolete junto a la de su hermano, apuntando hacia el agujero ya ocupado. Bobby se tensa y abre mucho la boca, de donde sale un gemido que no es para nada dolor cuando la segunda verga va metiéndose, lentamente, forzándole un poco. Stan aprieta los dientes y empuja, Grant sonríe pesadamente, mirando a ese rubio puto, y detrás a su hermano, cuya enorme y dura verga siente contra la suya, caliente y palpitante. Y se la meten. Bobby cierra los ojos, una sonrisa torva de deleite en sus labios cuando las siente, las dos poderosas barras en su interior. Su culo totalmente lleno de machos, de vergas.

-¡A la mierda! –brama Stan, boca abierta de asombro, sin aliento, su duro tolete palpitando dentro de esas entrañas, pegado al de Grant.- No puedo creer que pueda tomar tanto.

-Es más puta que tus novias. Vamos a darle. –gruñe Grant, moviéndola un poco, rozando esas entrañas y el tolete de su hermano.

Y Bobby grita en éxtasis, totalmente lleno por esos sementales que bombean sus impresionantes miembros dentro de su culo abierto. Uno iba, el otro venía, todos golpeándole bien adentro, rozando las paredes de su recto. Stan se pega a su espalda, con una mano le cubre la frente y hala hacia atrás, con la otra recorre su torso, pellizcando sus tetillas erectas en medio de los abultados pectorales. Grant le atrapa la cintura, clavando sus dedos en él, y ambos intensifican sus metidas y salidas, sus cilíndrico toletes van y vienen sin detenerse, provocándole estremecimientos y gemidos a Bobby, quien casi parece desfallecidos entre los dos impresionantes hermanos que estaban serruchando su culo con fuerza. El joven y rubio culturista era la viva imagen de la putez, echando el torso hacia atrás, babeando un poco, uno de sus pezones apretado duro, las uñas marcando su cintura, los dos güevos entrando y saliendo ahora al unísono, los dos sementales empujando a un tiempo.

Desde donde está sentado, masturbándose, el entrenador ve al musculoso y rubio chico entre los dos poderosos hermanos, que bombean los enormes güevos dentro de su apretado culo, haciéndole gemir y estremecerse, casi chillando como una putita real, totalmente enviciado por los hombres. Son tíos grandes, poderosos, y gozan del sexo duro, rudo y caliente. La vista de los dos toletes casi saliendo para volver a enterrarse en el agujero, era una locura. Los dos hermanos tienen muecas victoriosas de guerreros en sus labios mientras empalan una y otra vez al joven entre ellos, sus vergas rozándose sin cesar.

-¿Eres una puta, Bobby? –oye a lo lejos a Ned, mientras comienza a llevar su culo de adelante atrás.

-¡Oh, Dios, sí! ¡Soy una puta! –chilla el muchacho, los dos güevos clavándosele en ese instante cuando se reconoce en toda su verdad. Es una puta.

Continuará... 39                                               

El suegro lo envicia... 37



-Las quieres las dos, ¿verdad, putita? –le pregunta Walt, notando los violentos espasmos de ese apretado, suave y ardiente agujero alrededor de su verga, sacándosela, empujándole hacia su amigo sentado en la cabecera de la cama, la verga erecta entre sus piernas.- Súbete en ella, nena.

Temblando, el joven y musculoso rubio casi gatea, pasa una de sus piernas a hojarasca sobre el hombre, mejillas algo rojas de vergüenza por la sonrisa del otro, pero aún más de calentura, y su culo redondo e hinchado desciende, pega de la lisa cabeza, se tensan ambos porque eso siempre es rico y excitante, y se lo va clavando palmo a palmo. Bobby no puede evitar el jadeo de alivio gozoso que escapa de su boca cuando la siente penetrando. Sentirse lleno con una enorme pieza de hombre le hacía delirar.

-¡Qué puto! –grazna Ned, apretando los dientes cuando ese culo lo atrapa.

-Y hay para todos. –sentencia Ben, sonriendo.- Vamos, Walt, mi chico necesita de sus hombres. 

Escucharles tiene a Bobby totalmente enloquecido, su culo va y viene, jadeando al sentirla tan adentro, llenándole con su dureza, sus palpitaciones, calores y jugos; cuando las rudas manos del hombre atrapan su cintura se siente en la gloria.

-Joder, Bobby, me encanta tu coño dulce y caliente. –le gruñe Ned a la cara, sus bocas muy cercanas mientras las abiertas y musculosas nalgas del rubio van y vienen sobre el grueso tolete que se clava entre ellas, el güevo de un hombre de verdad, idea que hace delirar internamente de lujuria al muchacho.

Arrastrándose sobre la cama, Walt se les acerca, y por el espejo, el rubio culturista le ve atrás, apoyando una de las grandes manos abiertas sobre su espalda, echándole hacia Ned, sus bocas casi rozándose, mientras baja el rostro hacia sus nalgas, hacia su sedoso y ocupado culo. Y en un momento cuando subía, retirándose totalmente de la gruesa verga de Ned, la sintió, los labios de Walt cayendo sobre su culo, lamiéndolo y chupándole… Seguramente encontrando algo del semen dejado allí por su amigo Ned poco antes.

-Hummm… si… -le oyen gemir mientras recorre con su lengua ese culo afeitado.- Mierda, me encanta comer coños y el tuyo es increíble. Sé que a Tom también le gusta, y podría apostar que probó el tuyo. –sigue pasando la lengua, para un segundo después provocarle un espasmo y un gemido a Ned cuando le recorre la lisa cabeza de su güevo, y Bobby, ojos en el espejo, le vio lamerlo de arriba abajo, antes de atraparlo con la mano y empujárselo otra vez por el culo.

-Parece que tu hermano y tú han compartido algunas chicas, ¿eh? –pregunta Ben, desde donde está sentado, masturbándose con la imagen de todos esos hombres calientes por el sexo y las guarradas.

-Claro que sí. –responde Walt.- Nos gusta usar juntos algún dulce coño, y comerlos cuando están algo… condimentados. Él lo ha hecho por mí, saborear un humeante coño usado por mí, y yo he probado su salsa en otros. Cosas de hermanos, hombre. Si nos estamos cogiendo a alguna chica al mismo tiempo, sentir las vergas pegadas y frotándose se siente del carajo. Todo tío debería probarlo. –continua acomodándose contra la espalda del rubio, atrapándole con las manos los musculosos pectorales, apoyando la cabeza de su verga contra el agujero ya ocupado.- Coger a una putita junto a tu hermano o tu mejor amigo, los dos a un tiempo, haciéndola gemir de gusto, los dos llenando, abriendo, rozándose…

-Menos charla y más acción. –aconseja Ben, divertido ante la visión de su joven yerno subiendo y bajando su afeitado culo sobre la gruesa barra de aquel desconocido.

-¿Crees que podrás manejar esto, perra? –le pregunta Walt al oído.- ¿Quieres dos vergas grandes en tu caliente coño de putita?

Recorrido por poderosas olas de placer como era por las cogidas que la verga de Ned le daba, y la perspectiva de más placer, Bobby no responde, tan sólo incrementa el ritmo de sus idas y venidas sobre la verga en su culo al tiempo que echa la cabeza hacia atrás, apoyándola en un hombro de Walt. Quien lo toma como un sí, y lo siguiente que sabe el rubio culturista es que la cabeza de esa otra verga se presiona contra la de su amigo, abriéndose paso, metiéndose, extendiendo al máximo su agujero y colándose. Bobby grita de gusto, ojos cerrados cuando la siente deslizarse también en sus entrañas, metiéndose, casi alcanzando la de Ned, las dos quietas, clavadas, pulsando y quemando en su culo vicioso que ama, que en verdad ama, sentirse lleno de hombrías.

Les oye gruñir, seguramente por el roce que su recto les daba, o porque por la posición las venas de sus toletes se frotan, y cada uno sentía el güevo de su mejor amigo; como sea, al rubio fortachón solo le queda gemir agónicamente cuando esos toletes van y vienen, uno se lo mete cuando el otro se la saca y la sensación de los dos poderosos machos trabajándole el vicioso culo le obligan a gemir, a casi sollozar de intenso placer.

Bobby no puede dejar de gritar ronco, de placer, mientras esos dos gruesos cilindros de carnes duras entran y salen de su blanco, casi ovalado y depilado culo. Walt gruñe contra su oreja mientras le coge y le atrapa los pezones erectos, acariciándoselos y pellizcándoselos, mientras Ned se echa hacia atrás, las manos tras su nuca, y parece que le sale más güevo. Y las sentía, las dos, muy profundamente metidas en sus entrañas. Totalmente perdido de placer, siendo atendido como todo chico calentorro merece; se echa hacia adelante, cargando con Walt, y recorre con las manos el recio torso del otro.

-Eso es, perra. Siente mi cuerpo, acarícialo mientras te jodo ese coño vicioso de putita de secundaria. –resopló este con una sonrisa.- Vamos, así, toca a tu enorme papi mientras te folla el coño. Eres un musculoso putito bonito. –le dice mientras le coge más, medio agitando su culo sobre la cama, incrementando los gemidos del muchacho, también los roces con la verga de Walt.- Oh, mierda, mírate. Cómo te gusta estar así, ensartado entre dos machos, cogido tu dulce coño hambriento. Verte me pone más caliente.

-¿Te gusta? ¿Te gusta mucho? –le pregunta entre gemidos Walt.

-Hijito, enséñales qué clase de putito eres. –se oye la voz de Ben.

Y Bobby, ensartado entre esos dos hombres, comienza a subir y bajar su culo sobre los dos gruesos toletes, apretándolos duramente, él mismo gimiendo de gusto ante las sensaciones que lo recorren.

-¡Mierda! –exclaman a dúo Walt y Ned, sorprendidos y maravillados, sus trancas nunca habían sido tratadas de esa manera.

Eso hace sonreír más a Bobby, orgulloso. Esos hombres poderosos no eran nada para él, podía con los dos. Y más.

-Muchacho, debería llevarte a mi universidad y dejar que todo el equipo de lucha intente reproducirse llenando tu coño con sus leches sobre las colchonetas del gimnasio. Son bastante, todos grandotes, sus vergas también. Y te gozarías cada una. Apuesto que en una competencia podrías atender también a los chicos del equipo contrario, con todo y sus entrenadores. Vamos, muéstranos lo que una chica como tú quiere.

Mientras le escucha, Bobby tiene que luchar aún más intensamente para vencer el mareo de erotismo que lo envuelve, pero respondiendo. Su culo va y viene, apretando, halando, chupando de los dos gruesos güevos que ahora se mueven acompasadamente, luchando por ver quien se mete más adentro. La cama chilla mientras se agita por los tres hombres que se menean. Si, loco de gozo al sentirse tan lleno de machos, Bobby usa las rodillas para ir y venir, pero también Ned, atrapándole por la cintura otra vez, empuja su verga, igual que Walt. Los tres van y vienen, los brillantes cuerpos grandes se agitan en aquel hermoso ballet de bolas y güevos, de machos gimiendo, de fuerza masculina totalmente desatada. Bobby casi chilla cuando Walt, apretándole duro los pezones, casi le muerde en un hombro mientras le gruñe:

-Mierda, que coño tan rico, nena. Toma, aquí tienes algunos de mis bebés para ti, quiero que mis espermatozoides naden en tu vientre. –le ruge.

El atractivo culturista rubio jadea con ojos cerrados y una sonrisa en los labios, sintiendo como la ardiente leche de ese hombre estalla, con violentas pulsadas escapa bañándole, y como sigue dándole güevo, sin detenerse mientras se corre junto a su amigo, esa leche sale de su agujero resbalando por el tolete de Ned y bañándole las bolas.

¿Fue eso tan excitante para Ned como para Bobby? No se sabe, pero mientras el semen de Walt todavía resbala por su falo, Ned ruge, aprieta los dientes y se la clava toda, hasta el fondo, todavía sintiendo los aspamos de la del amigo. Y Bobby apretó su agujero, con una sonrisa ávida, gritando ronco al sentir la esperma manando otra vez de ese tolete, llenándole más, las paredes de su recto nutriéndose, ese clítoris que tiene allí estallando en otro orgasmo poderoso.

-¡Joder! –brama Walt con un silbido, retirándose de ese culo tan lleno, estremeciéndose del roce con la verga de Ned.

-Qué caliente eres, chico. –gruñe Ned.

-Gracias, señor. –enrojece el muchacho, orgulloso, levantándose, su culo chorreando la leche mezclada de esos dos machos, cayendo de panza sobre la cama.

-Amigo, tu yerno… -le dice Walt a Ben, el cual se pone de pie, acercándose.

-Lo sé. Cuando mi hija lo trajo a casa supe que sería un apasionado amante de los hombres y sus vergas grandes. –mientras habla hace gemir con caricias a Bobby entre dientes, una sonrisa soñolienta en su cara, agotado, boca abajo sobre la cama. Y sin embargo tensándose cuando el suegro le acaricia los redondos glúteos, unos dedos metiéndose en su raja, acariciándole el enlechado culo hinchado.- Buen trabajo, hijito. Lo has hecho realmente bien; pudiste tomar esos dos toletes con sapiencia. Has hecho que me sienta muy orgulloso de ti. –esas palabras erizan al muchacho, quien alza la mirada, notándole la verga dura y rojiza entre las piernas.

-Gracias… papi.

-¡Joder, Walt! –exclama de pronto Ned, mirando su reloj de pulsera.- Tenemos que regresar si queremos estar listos para la boda. Nuestras esposas deben estarse preguntando dónde estamos y qué estamos haciendo que tardamos tanto.

Ambos salen de la cama y se visten rápidamente, hablando con Ben, despidiéndose, el hombre acompañándoles a la salida. Bobby, tomando una almohada enrolla sus fuertes brazos alrededor de ella, cerrando los ojos con una sonrisa de satisfacción sexual. Les oye a los lejos, despidiéndose todavía, la puerta cerrándose. Se siente bien adormilándose con su culo goteando lentamente el semen de aquellos dos hombres que le habían usado. Bueno, usado no, él bastante que había gozado entre sus cuerpos, sobre sus vergas.

Casi duerme cuando siente un cuerpo pesado cayendo sobre él, y cómo una verga dura, gruesa y caliente busca, encuentra, frota (incluida la leche que sale) y se mete dentro de su culo, fácilmente por lo untado que está de semen, totalmente, hasta los pelos púbicos, las bolas cayéndole sobre las nalgas. Aún con los ojos cerrados, el rubio culturista gime, alzando su trasero, buscando el tolete y amasándolo.

-¡Ahhh!, por fin tengo a mi musculosa nena que tanto amo. –ruge Ben contra su oído, su peludo culo subiendo y bajando mientras le sacaba y metía la gruesa verga del redondo culo de donde mana el semen de otros.- Pasé por aquí esta mañana antes de irme para el trabajo y te vi con esa pequeña tanga tipo hilo dental de mujer, toda embarrada de esperma. Durante todo el día en la construcción en lo único que podía pensar era en tu coño hinchado y en cómo quería llenarlo con mi verga y dejarlo rebosante con mis espermatozoides. Me encanta ver como se lo das a nuestros amigos, como te lo llenan de vergas y de esperma porque sé que te hace bien, que te sientes realizado y satisfecho como debe sentirse todo chico bueno que goza su sexualidad; pero me gusta más cuando soy yo quien coge tu cuerpo grande de musculoso culturista con un agujerito rosa que necesita ser atendido. Tu coño le pertenece a tu papi, hijito.

Al escucharle, Bobby se sintió totalmente caliente, pleno, incluso mejor que cuando otra gruesa verga le llenaba. Con esfuerzo empieza a empujar su culo con más fuerza contra el tolete de su suegro, quien se frota de él, que mete sus manos y atrapa entre los dedos abiertos sus pectorales, alcanzando sus pezones, pellizcándolos mientras le coge una y otra vez, aplastándole contra la cama, delirando los dos de gusto. Y ojos cerrados, sonriendo suave, el muchacho disfruta de los besos del hombre sobre su cuello, al tiempo que se pone imposiblemente rígido, su verga pareció arder en llamas, y carga tras carga su suegro le llenó nuevamente el culo de semen. Sentirlo chocar de las paredes de su recto, quemarle, resbalar en su interior, le hizo gemir de gusto, corriéndose a su vez sobre la cama, ladeando el bonito rostro, justo lo suficiente para recibir un beso apasionado, mordelón y chupado de su suegro.

-Tu coño es realmente algo serio, hijito… -le gruñó ronco, poniéndose de pie, dándole una palmadita en el trasero.- Descansa, perezoso, pero mañana salimos temprano para el gimnasio. Tienes una semana para prepararte para tu nuevo trabajo modelando trajes de baño en la convención de la próxima semana.

-¿Qué?

-Tu jefe llamó mientras dormías. Ya te toca. Sé que te irá bien, tu cuerpo… -calla, mirándole todavía de panza en la cama, las nalgas rojizas, el culo botando leche.- Vas a triunfar, hijito.

……

La semana pasó con rapidez y pronto Bobby se encontró recibiendo un telefonema de su nuevo jefe, Ken, quien le dio todos los detalles. Expandiendo sus mercados fuera de los bañadores, pensaba presentar una línea más directa con los ejercicios, así que alquiló un Stand en un evento de Expo/Culturismo, y deseaba que el joven rubio modelara prendas interiores diseñados por su esposa, Terry, quien estaría en el evento.

El trabajo no sonaba difícil, y aunque para cualquiera debía ser algo intimidante la idea de pasar toda una mañana vistiendo en público únicamente chica ropa interior para demostrar cómo se veían, no lo era para ese mocetón forrado de músculos que estaba tan orgulloso de su cuerpo. Al contrario, estaba emocionado.

Cuando llegó a la Expo, Ken le recibió con sonrisas y le llevó al almacén que habían alquilado para las cajas de ropas a vender, si las prendas gustaban, diciéndole que podía cambiarse y dejar allí sus ropas, tendiéndole una chica prenda negra. Tomándola, Bobby se encontró con una tanga negra, pequeña pero estándar de lycra. Ya totalmente emocionado, se desnudo, se metió dentro de la pequeña prenda acomodándosela bien sobre su magnífico cuerpo y fue al Stand, consciente de las miradas que le seguían; sus hombros, pectorales, muslos y espalda eran muy vistos, pero siendo su trasero, redondo, duro, apenas contenido por la tanga, el que ganaba toda la atención.

-Hey, Bobby, no creo que conozca a mi esposa todavía, Terry. Cariño, este es Bobby.

-Muy apuesto. –sonrió ella, tendiéndole la mano al joven con algo de inconsciente coquetería femenina; de cintura estrecha, piernas largas, grandes tetas y muy rubia, era bonita.

-Un placer. –respondió Bobby mirándoles en conjunto; juntos conformaba una hermosa pareja.

Charlaron de algunas cosas hasta que ella salió de detrás de la barra del Stand para ir a revisar la competencia, especialmente en lo referente a la ropa femenina. Una vez a solas, Ken le recorrió de arriba abajo con la mirada para comprobar cómo se veía el traje. Se le acercó por detrás y metió un dedo por el borde en la baja espalda, recorriéndola lentamente.

-¿No está demasiado apretado? –le preguntó con voz oscura por sobre un hombro.

-No, está bien. –le contestó Bobby, respiración algo afectada, y más cuando esa mano comenzó a deslizarse dentro de la tanga, los dedos recorriendo sus nalgas bajo ella, la palma caliente, rumbo a su raja, frotándole sobre el culo.

-Se siente bien… La tela es de calidad. –le oye susurrar ronco, dos dedos rastrillando de arriba abajo sobre su ojete, que sabe ya comienza a titilar. Y lo hacía allí, tras la barra de un Stand prácticamente abierto por todas partes, con su esposa cerca, fuera de muchas otras personas que van y vienen.- Te afeitaste el culo… que bueno. –y la punta de uno de ellos desaparece entre los jóvenes pliegues de ese culo que se abre, lo acepta y lo hala, con Bobby, mejillas muy rojas, jadeando contenido.

-Vaya, ¿se divierten? –la pregunta les sobresalta.

Continuará... 38                                               

El suegro lo envicia... 36

 -Tranquilo, bebé, toda es para ti… -es la ronca y gozosa respuesta.

-Joder, ¡se la metiste toda! –se asombra Walt, ojos muy abiertos.

-Oh, mierda, si, sabe cómo acomodarla… -ruge bajito Ned, las rudas manos atrapando las caderas del muchacho, su güevo enterrado hasta los pelos en aquellas entrañas calientes y suave que le succionan y halan de manera intensa.- Tu hermano estaba en lo cierto, este es un coño increíble dulce y apretado. –suspira ruidosamente.- Dios, ¡cómo aprieta y chupa! –su panza va de adelante atrás, sin moverla de sus entrañas, pero la siente más aprisionada.

Jadeando quedo, boca abierta y ojos nublados, Bobby mira el reflejo en el espacio, su cara de puto caliente y los dos enormes hombres detrás de él, uno de ellos aferrando sus caderas mientras le embiste, de adelante atrás, medio ladeado, cogiéndole con fuerza, estimulando sus entrañas, dándole donde es. Y por sus gestos, el joven culturista entiende que eso era lo que fueron a buscar. No el auto. Seguramente Tom, hermano de Walt, les habría contado sobre toda la loca diversión que tuvieron la noche anterior y se habían acercado buscando obtener un poco para sí mismos; tener y encular por todos lados al guapo y joven culturista rubio que adora las vergas en su culo sedoso.

La idea debería ser degradante, considera por un segundo Bobby, su musculoso cuerpo estremeciéndose con fuerza sobre el colchón por los ímpetus de las embestidas del grueso y tieso tronco en su agujero, pero no se queja. No puede porque está totalmente enviciado. Había pasado toda la mañana caliente soñando con lo ocurrido la noche anterior, aquellas cuatro enormes piezas masculinas enterrándose en sus entrañas, jodiéndolas y dejándolas llenas de semen caliente, y eso le tenía a punto para recibir más, admite sonriendo un momento, cerrando los ojos, quedándose muy quieto, apretando mucho sus nalgas, siendo totalmente consciente de la nervuda y rugosa tranca que se desliza en su recto, estimulándole, calentándole, excitándole de manera intensa, dándole en ese aparente clítoris de culo que tiene y sobre la próstata. Estaba nadando en hormonas y ganas, y el enorme sujeto maduro a sus espaldas estaba totalmente dispuesto a gozar del rubio y hermoso muchacho culón.

Le daría algo en qué pensar, se dice el joven culturista, totalmente abierto y lleno por la enorme y gruesa verga que dilata intensamente su esfínter, las bolas de este descansando contra su piel, así que prensó aún más sus nalgas y su agujero, de alguna manera, se abrió y cerró como unos labios sobre un helado pero sobre el cilíndrico tolete, ordeñándolo con fuerza.

-¡Coño! –grazna maravillado Walt, mirando, su verga goteando.

-Oh, Dios, es…-Ned enrojece todo, volviéndose hacía su compinche mientras siente que ese agujero va a arrancarle la verga con sus haladas.- Amigo, espera hasta que sientas este coño apretado trabajándote la verga. Este chico es una putita de lo más talentoso. –se la saca un poco, la membrana totalmente unida a ella, empujando otra vez, su venosa y palpitante moles rozándole las paredes del recto, haciéndole gemir.- ¿Te gusta sentir mi enorme verga en tu coño, muchacho? ¿Tu coño de puto musculoso disfruta de la buena verga de un hombre, hijo?

-Hummm… sí, señor. –jadea el chico rubio, cara roja, brillantes los ojos lujuriosos cuando ese tolete sale y regresa, dándole sabroso.- ¿Podría… podría darme más fuerte, por favor? –oye risas.

-Pero qué puto. –es la respuesta del hombre, así como una nalgada y el incremento de las cogidas, un frenético mete y saca que le arranca otro gemido mórbido de lujuria al musculoso joven.

Las nuevas embestidas le hacen gemir de una forma tan entregada a ese uso, que Walt se acerca más, acariciándose la verga y viéndole el agujero tan lleno de masculinidad. Cuando Ned saca su tolete, lentamente para que el chico disfrute de su paso, Walt extiende la mano y con los dedos recorre el agujero rojizo, abierto, hundiendo uno de ellos en su ardiente interioridad.

-De verdad que parece un coño caliente. –susurra con asombro.- Mira esos labios hinchados.

-Y es un coño de los buenos, de los deseosos de hombres. –gruñe Ned, tendiéndose sobre el muchacho, la punta de su verga rojiza pegando del agujero ya ocupado por un dedo, que se retira.

Atrapándole al joven culturista los fornidos brazos, empujándolos hacia su cabeza, quitándole todo apoyo, presionándole los hombros sobre el colchón mientras su gruesa y dura verga, que quema con fuerza, Ned se abre camino en su sedoso culo ávido de más, porque era un culo realmente necesitado de eso, del consuelo que sólo la verga de un macho puede ofrecer. Y así, inmovilizándole, obligándole a tensar cada musculo (cosa que excita a Bobby quien se mira de costado en el espejo), le coge, sacándosela y metiéndosela con fuerza, cabalgándole duro, sin piedad, como todo hombre desea coger a sus perras, haciéndolas gemir de gusto en el proceso.

Y justo en ese momento es perfectamente audible, a pesar de los quejidos de la cama, de los gemidos de Bobby y los gruñidos de Ned, la puerta de la calle abriéndose y alguien silbando alegremente que entra y lega al pasillo.

-Bobby, estoy en casa, ¿dónde estás, muchacho? –oyen la voz de Ben. Y aunque tanto Walt como él vuelven las miradas a la puerta cerrada, Ned no se detiene, no puede, no con ese culo ardiente y succionante que estaba dándole las haladas y apretadas de su vida, por lo que sigue metiéndola y sacándosela rítmicamente.

-¡ESTOY EN MI HABITACIÓN! –grita el joven, voz estrangulada, todo tenso por la posición, todo tembloroso por el placer que siente.

-Okay, muchacho. Voy a tomar una ducha. Tal vez luego podamos salir, ¿no? –oyen la respuesta, momentos después la ducha corriendo.

Sabiendo que estaba cogiéndose a aquel musculoso muchacho mientras su suegro estaba en la otra habitación, pareció enloquecer a Ned, quien incrementó de manera entusiasta, rítmica y fuerte sus embestidas sobre el rojizo culo abierto. Su tranca casi amoratada de sangre entraba y salía con propiedad, rozándole, llenándole, dándole duro, y Bobby sólo podía gemir quedo, ojos cerrados, rostro ladeado, sonriendo para sus adentros, suponiendo acertadamente qué era lo que excitaba tanto al otro, cogerse al yerno de un tío que andaba por ahí, seguramente imaginando que hacía algo muy eróticamente sucio y secreto, ¡gozar del culo del marido de la hija de otro! Obviamente ignoraba que Ben le había visto siendo jodido una y otra vez.

El colchón se agitaba todo, y endureciendo su agujero alrededor de la rígida barra pulsante, Bobby abre los ojos, casi bizcos, mientras sufre uno de esos clímax de culo que no entiende, pero tan reales como intensos y maravillosos, uno que le llena de infinito placer, tanto que su agujero es como una verdadera ventosa cerrada sobre la pieza que le penetra. Y Ned lo siente, abriendo muchos los ojos y bocas, mirando ese atractivo y emputecido rostro contra la cama, sintiendo su miembro increíblemente halado, sobado y trabajado. Sin embargo, aunque Bobby podía estar sufriendo un orgasmo, su culo no afloja su presa… quería ordeñar la esperma caliente de ese macho rudo tras él. Y quería hasta la última gota de ese semen que se estaba ganando.

-¡OH, MIERDA! –ruge el hombre, olvidada toda precaución.- ¡Qué coño! –y la empuja toda, casi cayéndole encima, reteniéndole por las muñecas, hundiéndole en el colchón aún más.- Tómala toda, nena grande. Toma toda mi esperma en tu coño caliente de putita. –y gruñe bizqueando también, su verga imposiblemente dura disparando carga tras carga de semen dentro del apretado, sedoso y succionante agujero que parece movilizarse cuando lo percibe, a lo lejos oye los gemidos quedos del musculoso chico al sentirlo, su leche ardiente llenándole todo.- Si, tómala, goza toda mi leche en tu coño de musculosa puta.

Cada disparo lanzado por la violenta pulsada de la verga se sintió de forma intensa en las estimuladas entrañas del rubio muchacho, casi golpeándole sobre la próstata, llenándole totalmente. Dios, cómo le gustaba eso, sentir la semilla de los hombres nutriéndole así, sus espermatozoides nadando.

-Ah, fue… fue… -graznas Ned tras el muchacho, soltándole las muñecas, deslizando fuera, suave, su inmensa verga todavía medio morcillona empapada en su propio semen que regó un poco antes de abandonar el sedoso estuche del muchacho. Se pone de pie, y todavía gotea algo de esperma.

-Vaya, hijito, ¿otra reunión con chicos? Estás volviéndose muy parrandero. –se oye una voz desde la puerta, que fue abierta sin que nadie lo notara, y tres pares de ojos se vuelven para encarar a Ben, desnudo a excepción de una corta toalla alrededor de su cintura, sus enormes pectorales, hombros y brazos húmedos de la ducha.

-Oye… -grazna Ned, algo confuso ahora.

-¿Te gustó disfrutar del culo del marido de mi hija? –pregunta irónico, y los tres sujetos madurones se miran.

-Mucho. –ríe Ned y Walt le imita.- No quisimos faltar al respeto. Pero este chico… -abre los ojos y toma aire, recordando cómo le encontraron al llegar, desnudo y acariciándose el culo en la piscina.- Espero que no te moleste que… nos tomáramos algunas libertades.

Ben les mira por un segundo y luego ríe también, acabando con la poca tensión presente; después de todo no había nada qué discutir, eran tres machos alfa en presencia de un sumiso chico guapo y saludable que necesitaba ser tomado, que disfrutaba ser tomado, que exhalaba un aroma que enloquecía a los hombres.

-Por supuesto que no. Me gusta que mi yerno se divierta. Es un chico dulce que ha vivido mucho tiempo sin ejercer su sexualidad, cosa que no es sana. Ahora sí. Y no los culpo, mi muchacho tiene el coño más bonito, caliente y suave que jamás se verá. –tranquiliza, acercándose a la cama, recorriendo con un dedo la raja de su yerno, recogiendo algo de semen y empujándoselo en el agujero ávido, que titila sobre la punta de su dedo.- ¿No se siente genial cuando se la empujas duro y hondo por el coño? –pregunta y Walt le mira con sorpresa.

-¡Gran Dios, ¿has jodido el culo de tu yerno, el marido de tu hija?! ¡Me gustaría ver eso!

-Te gustaría, ¿eh? –contesta Ben, antes de renunciar a la toalla y dejar ver en toda su grandeza la venosa, dura y brillante verga. Siempre estaba lista la pieza de ese hombre para coger.- Vamos, hijito… los señores quieren ver.

Mirándole sobre un hombro, Bobby, cuyo culo sufre un violento espasmo, por fin iba a recibir lo que llevaba días esperando (la verga de su “papi”), se moviliza sobre manos y rodillas, elevando su agujero y acercándolo al poderoso macho, rumbo a sus caderas, hasta que su goteante ano, abriéndose y cerrando, presiona contra el glande del grueso y largo tolete, roce increíble, mientras Ben permanecía muy quieto, manos en las caderas, mirándole con una sonrisa de orgullo y lujuria (bien sabía que sería así de putito cuando comenzó a trabajarle).

Mirando a los otros dos, fascinados ante el espectáculo, Ben siente como Bobby empuja más las nalgas y como los labios de ese culo parecen abrazar la punta de su verga, casi halándola, metiéndosela centímetro a centímetro dentro del usado agujero caliente lleno de esperma. Y mientras se la va metiendo, por fin después de tantos días de abandono, Bobby, totalmente enrojecido, gime con total pasión, atrapándola toda, sintiéndola pulsar y llenarle de calor y jugos las entrañas. Se retira un poco, apretándola, y regresa succionándola con todo, antes de comenzar un ir y venir de locura, deseando el roce, la auto cogida, llenando el ambiente con sus gemidos roncos y las palmadas de sus nalgas contra las caderas de su suegro, ofreciendo a la visita un espectáculo caliente y sucio.

-Este chico… -granza Walt, ojos lujuriosos clavados en ese redondo agujero que se abría de alguna manera para tragar la gruesa mole de carne que lo penetraba.

-Es un gran chico… mi chico… -asiente Ben, dándole una fuerte palmada y Bobby alza la cabeza dejando escapar un gemido totalmente lleno de lujuria.- ¿Y cómo van los preparativos para la boda? –les pregunta mientras el muchacho va y viene sobre él, enculándose con fuerza sobre la dura, larga y gruesa verga de su suegro. Y así comienzan a hablar, mientras la visita miraba al rubio y musculoso culturista empalarse a sí mismo.

Y nuevamente, con lo muy putito, o muy viciado o apasionado que había terminado siendo, Bobby decide que quiere más. Si, puede satisfacer a esos hombres con su musculoso culo, puede brindarles un gran espectáculo mientras va y viene sobre la gruesa verga de Ben, pero también quiere que este se sienta satisfecho. Ahora sabe que también tiene dones, no es sólo un coño caliente (así lo pensó, un “coño”), necesitado y urgido de ser llenado por los hombres. También podía dar…

Muy lentamente va ascendiendo sobre la larga tranca de su suegro, palmo a palmo, apretando con fuerza, sintiendo contra las increíblemente sensibles paredes de su recto el pulsar de cada vena de la dura y ardiente lanza de carne. Cuando llega a la punta, sintiendo el engrosamiento del glande, tira de él con los labios hinchados de su culo. Tomándose su tiempo, dándole apretadas con el esfínter, comienza a descender lentamente, nuevamente sintiéndolo recorrer sus entrañas, rozándose, abriendo, llenándole de pulsante carne, tomándolo todo. Ben gruñe de satisfacción y eso hace sonreír al joven, quien comienza a ir y venir sobre ella de manera frenética, dándole las apretadas de su vida, para hacerle gozar, pero también para disfrutar el roce y las pulsaciones de la titánica barra contra las paredes de su recto. Es todo un espectáculo verle tomar y soltar ese instrumento enorme. pero, sobre todo, comprobar lo puto que es, lo mucho que necesita de un güevo caliente y duro en sus entrañas.

Walt, mirada fija, se acerca más, su tieso tolete muy erecto y goteante frente a él, bajando una mano de dedos abiertos, posándolos a los lados del muy abierto agujero, cuya membrana sale y entra mientras continúa empalándose, y aprieta, atrapando levemente el tolete de Ben, el cual latía con fuerza mientras aparecía y desaparecía dentro del rubio y musculoso culturista.

-¿Hay esperma tuya en el coño de mi muchacho? –Ben le pregunta.

-No, todavía no. –responde Walt. Ben, dando un paso atrás, retira su tranca del titilante agujero abierto de su yerno.

-Anda, toma tu turno. Vale la pena. –se lo ofrece.

Estaba “prestándole” a otro carajo, se dice Bobby, cara roja y transpirada, sabiendo que debería sentirse muy humillado, pero su culo sólo puede palpitar más a la vista de la tercera tranca que puede tomar en esos momentos. El tercer güevo grande y babeante que llenará su coño hambriento. Vuelve la clara y bella mirada al frente, y por el espejo ve al hermano de Tom agarrándose la verga, colocándose detrás de él, y empujársela toda, de golpe, en las entrañas. Se desliza, dura y caliente, y las paredes de ese recto sedoso y apretado lo cubren, halan y aprietan.

Walt, quien parecía un hombre algo callado hasta ese entonces, al sentir ese culo cerrarse hambrientamente sobre su falo, dándole semejante chupada, deja escapar un ronco gemido de sorpresa y gusto. Por Dios, el culo de ese muchacho rubio y musculoso era algo realmente serio, podía sentir cada palmo de su tranca totalmente estimulada y trabajada. ¿Serían así los culos de todos los chicos deportistas?

-Oh, mierda, ¡pero qué coño! –ruge, atrapándole con manos firmes las caderas, sacándola y metiéndosela duro, halándola casi hasta el glande para luego enterrarle cada palmo de gruesa y nervuda barra en las entrañas, una y otra vez, sintiéndose en la gloria, amando, como hace todo hombre, cuando oye al chico gemir de placer, arqueando la recia espalda, gozando sus cogidas.- Tómala toda, putita de coño alegre, toma toda mi verga. ¿Te gusta, chico grande? ¿Te gusta sentir mi hombría llenándote y dándote gusto? Eres un culturista de músculos grandes pero tienes un coño ávido de machos bien caliente, muchacho. –y embiste, una y otra vez, llenando el cuarto de las bofetadas pelvis contra nalgas.- Tómala, nena, tómala toda por tu coño dulce…
Ben, le mira a través del espejo, sus ojos se encuentran, sonríe leve, va y toma asiento en un sillón al tiempo que acaricia su erección. El chico rubio entiende, su suegro, su hombre, quiere un espectáculo; comienza a ir y venir contra la pelvis de Walt, machacándole la verga con su culo, atrapándola de manera intensa, ladeando sus nalgas para sentirla por todos lados, como sólo saben hacerlo unos cuantos.

-Joder, amigo, tu yerno es… -Walt se la clava duro, empujando más, mirando a Ben.- ¿No te molesta que a tu yerno…?

-No, amigo, me gusta ver que mi muchacho la está pasando bien. Pasó mucho tiempo con un complejo de heterosexual, ahora es libre para ser una putita que goza de las vergas de los verdaderos machos. Su coño dulce y caliente, siempre mojado, necesita de mucha masculinidad. –informa.

-Mierda, si, es tan puto. –ladra Ned, escuchando lo que hablan, viendo el hermoso cuadro del atractivo, saludable y musculoso joven rubio moviéndose entusiasta mientras su culo es abierto una y otra vez por la gruesa verga de su amigo.- Quiero más de eso… vamos, Walt, haz espacio y vamos a clavárnoslo entre los dos. Le sacaremos la mierda de tantos güevazos… -amenaza.

Y Bobby gime, tensándose sobre la cama, presa de otro clímax anal, exhalando su aroma a perra en celo que termina con los escrúpulos de Walt, quien asiente. Iban a cogerlo entre los dos. Dos machos para él, y la idea le hace nadar en endorfinas como siempre. Las ordeñaría para su suegro, las trabajaría y las agotaría y Ben miraría su culo abierto manando un verdadero río de semen caliente.

Ben sonríe, como si le adivinara; si, Bobby era una puta. Su putita. Y lo sería para siempre.

-Vamos, señores, menos charlas y más movimientos. Llénenle el coño de vergas a esa putita caliente… -les anima.

Continuará... 37