Bobby se vuelve hacia un sujeto delgado, algo bajo, joven, que burlón les mira.
-Hay que revisar la calidad de la mercancía. –algo rojo de cara, Ken explica.
-Y se nota que hay calidad. –el chico sonríe, avergonzando aún más a Bobby, pero también halagándole.- Ya nos veremos… O eso espero, fortachón. –saluda con una mano y se aleja.
-Qué tío tan peculiar. –agrega Ken, acomodándose las ropas para ocultar la escandalosa erección.- Debería practicar algo de ejercicios.
Como sea, el hombre mantuvo la distancia, también porque la gente comenzó a llegar, a ver, a preguntar, y a recorrer al rubio culturista con la vista. Pronto eso estuvo lleno de mujeres atléticas, pero especialmente de hombres, que preguntaban cosas, a veces tocaban la tela, halando un poco más de la cuenta en la cintura del joven, y se vendió bastante. Más de lo que tenían pensado. Estuvo así hasta las tres de la tarde, después todo se calmó un poco más. Ya para las cuatro todo estaba muy tranquilo, sin embargo, Bobby no dejaba de mirar hacia el pasillo. Ben, su suegro, había dicho que tal vez pasara para ver cómo le había ido en su primer día de trabajo, y le esperaba.
Ben no apareció, pero a las cuatro y media le sorprendió ver llegar a Ned, el entrenador de lucha libre de la universidad que había conocido la semana pasada, venía flanqueado por dos enromes tíos más jóvenes. Parecían casi clones de él, con sus chaquetas universitarias que no disimulan que están cargados de músculos.
-Hey, Bobby, ¿cómo estás? –preguntó mientras le daba la mano al muchacho.- Te presento a Grant y Stan, dos hermanos que forman parte de mi equipo de lucha. Dedicados al físico culturismo también; querían ver la Expo y de paso como sabía que estabas aquí, por tu suegro, quise presentarlos.
-Okay… -algo confuso, Bobby apretó también sus manos, presentándose todos, pareciéndole al rubio que eran los típicos deportistas engreídos, mirando por encima de su cuerpo e intentando flexionar sus músculos sin parecer que lo hacían.
Grant se quitó la chaqueta, permitiéndole al rubio culturista echar un buen vistazo a su pecho ancho y fornido bajo la franela, a sus brazos musculosos; pero no le pareció que fuera tan magnífico, él bien podía competir con eso, aunque las piernas del otro parecían grandes bajo el jeans ajustado, el cual le marcaba la silueta de un buen bulto en la pelvis. Y no hay que ser muy duro con el chico por quedarse mirándolo, hay que recordar que su suegro le ha enviciado totalmente; ver a un hombre es mirarle el entrepiernas, notar un tolete en reposo es desear…
Enrojece cuando nota que Grant, sonrisa en los labios, le pilló mirándole.
-Así que modelas ropa… -intervino en ese momento el otro, su hermano, Stan.- ¿Siempre llevas cosas así? Maldita sea, mira que ese speedos es pequeño, más bien parece una tanga. Da la vuelta, por favor, me gustaría ver cómo queda por atrás. –pidió, como si estuviera considerando comprar algo así, e imaginarlo con una, altera la respiración de Bobby, quien se vuelve, con gracia y seguridad, su cuerpo también es sólido, grande y hermoso.- Saca culo para ver mejor. –y el rubio, llevando las manos atrás en sus caderas, como si posara en el escenario, le obedece alzando sus nalgas.- Joder, qué bien. –la voz era ronca.
Y el culturista modelo se pregunta, con un calorcillo interno, si se refería a la prenda o… Oye hablar en voz baja a los dos hermanos.
-Hey, amigo, ¿no podríamos mi hermano y yo probarnos algunos para ver? –pregunta Stan.
-No tenemos un probador, lo siento. –contesta el rubio, con tanto tino que Ken se acercaba en esos momentos con su esposa.
-Bobby, si son amigos tuyos puedes llevarlos al armario donde guardamos la mercancía que queda. –ofreció, cosa que hizo sonreír a Grant y Stan, como el joven pudo notar al verles.
-Me parece genial. –responde Grant, tomando algunas tangas de las que no vio el público (las que no usaba Bobby).
Precediéndoles, Bobby fue y estos le siguieron a la sala, igual que Ned, cosa curiosa, aunque, pensó el joven, seguramente el hombre estaba acostumbrado a verles en los vestuarios. Abrió la puerta y los cuatro entraron, cerrando Ned la puerta a sus espaldas. Afortunadamente había suficiente espacio. Alguien en la Expo había colocado una gruesa alfombra en el piso para cuidar los pies de los modelos. Dirigiéndose a una caja, el entrenador tomó asiento tranquilamente.
Al joven modelo le sorprende que tanto Grant como Stan se desnuden en seguida, sosteniendo en sus manos las pequeñas y elásticas tangas, estudiándolas como si fueran un problema de Matemáticas avanzada. Meten sus piernas y halan, quedando prácticamente bajo sus bolas y parecen tener dificultades para continuar.
-¿Cómo carajo funciona esto? –pregunta Grant.- Es tan jodidamente pequeña al frente. Vamos, amigo, ayúdame. –Bobby obedece, se acerca a ver cuál es el problema, debe ser amable con los posibles clientes, pero se detiene algo confuso; la verga del chico era casi demasiado grande para caber en la bolsa delantera de la prenda. No estaba dura, pero era gruesa y larga aún colgando.- Vamos, amigo, ayúdame…
¿Estaba ese chico realmente pidiéndole ayuda para esa mierda?, se pregunta el rubio culturista, viendo que el otro lleva las manos a sus caderas, esperando, así que la cosa parecía ir en serio. Extendiendo la mano, la envuelve en la base del pene, empujando hacia abajo, intentando acurrucarlo para cubrirlo con la telita. Stan, mirando, se echó a reír.
-Amigo, no sé si eso va a ayudar para que quepa, pero también yo necesito una mano. –dijo, y Bobby se volvió a mirarle, aún con el caliente trozo de carne de Grant en la palma. También él estaba medio metido en la tanga, esta atorada en sus muslos y esperando auxilio. Ned les miraba desde donde estaba sentado, algo abultando ya en sus pantalones.
Mientras, insólitamente, Bobby se afana más por acomodar la verga de Grant dentro de la parte delantera de la tanga, esta se pone más dura y larga, más difícil de maniobrar, ardiéndole en la palma de la mano, y cuando vino a darse cuenta se vio con un tolete venoso aún más grande que el de su suegro en las manos, mientras Grant respiraba más y más pesadamente, aparentemente desentendido de la dificultad para entrar en la prenda.
-Mierda, esto no funciona… -gruñó bajo y ronco.- Date la vuelta para ver nuevamente cómo debería quedarme.
-Okay. –el insensato culturista lo hace, viendo ahora hacía los otros dos, el pene de Stan se había levantado entre sus piernas con fuerza, el de Ned prácticamente palpitaba bajo su jeans.
Fue cuando sintió una mano grande de Grant en su hombro, inclinándole hacia adelante, arqueándole la espalda, cosa que echó sus nalgas escasamente cubiertas hacia atrás, y sintió los dedos de la otra mano recorrer etéreamente, con las puntas de los dedos, los contornos de la tanga sobre sus nalgas redondas y musculosas, es una caricia erizante, hasta que se metieron por uno de los bordes, corriendo bajo la tela hacia su raja, que recorrió dos o tres veces de arriba abajo antes de centrarse en su culo liso y afeitado.
-¡Es cierto! El entrenador nos dijo que te afeitabas por todos lados. –expresó en voz baja y ronca.
-Se los dije. –confirma Ned, volviéndose hacia una caja al lado, abriéndola y rebuscando en ella, sonriendo al encontrar una diminuta pantaleta de fantasía, tipo hilo dental, de encajes y con un mínimo lacito de regalo adelante.- Bobby, ¿por qué no modelas esto para nosotros? Esto se ve muy caliente.
-Creo que es para mujeres. –respondió el joven culturista, algo extraviado con aquellos dedos frotándose contra la entrada de su culo.
-Vamos, amigo. Es un juego. Sólo para los amigos, ¿eh? –la agitaba en su largo dedo.
-Yo… bueno. –aunque en verdad no estaba muy seguro de hacer eso en un almacén en el cual cualquiera podría entrar en cualquier momento, deseaba complacerle, así que toma la prensa y baja rápidamente la tanga que usa, metiéndose dentro de la delicada prenda, la cual, en la parte posterior, desaparece gloriosamente entre sus nalgas redondas y paraditas.
-¡Mierda! –bramó Grant, recorriéndole el joven, dorado y liso cuerpo musculoso vistiendo ese pequeño y sensual triangulo de tela sobre su pelvis. Bobby no pudo dejar de notar, mejillas rojas, que la impresionante verga del hombre joven se alzaba en toda su gloria frente a él, como una lanza de carne rojiza y tiesa.- Déjanos ver cómo te queda por detrás. –tragando en seco, Bobby lo hizo, sus glúteos firmes tragando aquella diminuta tira suave que casi era una etérea caricia. Casi pega un bote y jadea cuando las enormes manos del tío caen sobre sus glúteos, abriéndolos, separándolos para dejar que su hermano vea la tirita de la prenda que cruzaba heroica sobre su agujero.- Mira, Stan, ¿no es una vaina de encaje muy linda? Deberías comprarles algunas a tus dos novias. ¿Tienen ellas coños así? –retó, separando la tirita, mostrando el afeitado culo, cosa que hace parpadear a Bobby, llenándole de calor.
-Tenía razón, entrenador, es un lisito coño de atleta. –comenta este, sonriendo, mirando los rojos labios de ese agujero.
-Y espera a que lo toques. –responde Ned, sentándose otra vez y abriendo la cremallera de sus pantalones, halando y sacando su propio tolete enorme, venoso y pulsante.- Como buen entrenador de ustedes, chico, era mi deber presentárselos.
-Joder, Stan, espera hasta que toques este suave coño. –jadea Grant, recorriendo con un dedo la entrada de ese culo que titila salvajemente al tiempo que Bobby cierra los ojos antes la sensual caricia.- Este agujero parece de primera.
-Es de primera. Hace cosas que… -silba Ned, con admiración todavía.
-Ya quiero. –gruñe Stan, dejando caer la tanga que ni subió totalmente nunca, acariciándose una verga tan grande como la de su hermano.- Mi verga pide un coño caliente y mojado.
-¿Te gusta ser tocado así, Bobby? ¿Te gusta que tu musculoso coño de nena sea admirado por los hombres? –le pregunta Grant al culturista, tocándole y acariciándole con la yema de sus dedos.
-Se siente bien… -jadea con voz oscura y cargada de deseos.
-Quiero tu coño. –le ruge bajito, y así sería. Babea una hebra de saliva que cae sobre la entrada del rubio, cálida y viscosa, resbalando, untándolo luego con sus dedos, lubricando los labios de su agujero.
-Les recuerdo que estamos en una Expo. –Ned informa.
-Okay, entrenador, será rápido. –concede Grant, pero es un caballero, por eso se tiende un tanto sobre el rubio fortachón y le pregunta.- ¿Quieres sentir mi verga dura en tu suave coño, Bobby? –mirándole este a los ojos sobre un hombro, luego la verga palpitante y sintiendo. Grant sonríe.- ¡Genial!
La enorme y fuerte mano del atleta universitario cae sobre la recia espalda del culturista, empujándole suavemente, obligándole a caer en cuatro patas sobre la gruesa alfombra del almacén, y en esa posición, dorado y liso, dispuesto a lo que sea en tanga de mujer, la tirita sobre su agujero que titila, el chico era todo un manjar rico que pedía ser probado. Grant, de rodillas, se posiciona entre sus piernas y Bobby siente su presencia, su calor y aroma de hombre fuerte. El entrenador de los tíos, Ned, cae también de rodillas, a un lado de Bobby, tendiendo un brazo sobre sus caderas y con las manos separa aún más las nalgas, Stan se acerca y con un dedo aparta la tirita del hilo dental.
Bobby tiembla de lujuria, sabiendo que está mal, muy mal por arder así en manos de esos tres hombres que literalmente le soban. Casi gime, frunciendo la frente (lleva una semana sin sexo, ni su suegro ni su cuñado han querido tocarle para que se concentrara para el evento y se estaba quemando en su lujuria), al sentir la lisa y ardiente cabeza de ese güevo en su entrada. Esa pieza sube y baja, únicamente, sobre su culo y este estalla en llamas, casi abriéndose en flor para atraparlo.
-Joder, Bobby… -ruge Grant, voz cargada de lujuria, de ganas, como todo macho joven lleno de testosteronas ante tan erótico cuadro, la posibilidad de coger frente a un amigo de poder, como el entrenador, y su hermano.
Ante ese culo de nalgas separadas, apartada la tira del hilo dental, la lisa y rojiza cabeza se frota, quema, empuja y abre, penetrando el terso agujero, centímetro a centímetro hasta clavarle dos tercios de güevo.
-¡Ahhh…! -gimió Bobby, cerrando los ojos, el rostro de la adorable putez. Atrapándole las caderas, casi sobre los brazos del entrenador y su hermano, Grant termina de clavarle su palpitante barra en las entrañas, rozándolas y estimulándolas en todas su trayectoria. Y hay un violento espasmo, uno que parece una ventosa sobre la tranca, y que nota el hombre que lo coge.
-Mierda, ¡qué coño! –bramó el fornido joven entre dientes, empujándola más y más.
-Te gusta, ¿verdad, Bobby? –le pregunta Ned, y el joven le mira con mejillas rojas y ojos nublados de lujuria.- Eres un enorme chico con un coño suave y caliente que quiere vergas, ¿no es así, chico?
Por toda respuesta, el rubio culturista tan sólo pudo gemir, totalmente entumecido de gusto, cuando Grant comenzó a sacársela y metérsela con fuerza, su venoso e hinchado tolete clavándosele una y otra vez en las mojadas entrañas, su pelvis golpeándole, sus bolas también. Ese redondo agujero se abría y abraza vorazmente la dura mole de carne que lo penetraba, parecía demasiado chico, pero lo lograba, cubrir y abrazar todo el tolete en su vaivén.
-¡Qué puto! –jadeó Stan, ojos vidriosos, inclinado a un lado, viendo como la gruesa tranca de su hermano entraba y salía del agujero del chico rubio, el cual se estremecía, arqueaba la espalda y llevaba sus nalgas de adelante atrás, deseando más y más de ese güevo que tanto placer le brindaba mientras le cepillaba la pepa.- Joder, hermano, los pliegues de su culo están tan hinchados como los labios de un coño real.
-¡Es un coño! –jadea Grant, casi bufando desfallecido, sintiendo su tolete totalmente halado, apretado y chupado por las suaves, cálidas y húmedas entrañas. Bobby se lo estaba ordeñando de una manera impresionante.
-Déjame probarlo, carajo. –demandó Stan y Grant, jadeando, se retiró, haciéndole espacio. En seguida este cayó entre las musculosas piernas del rubio, apuntó su tolete y lo sumergió sin ceremonias dentro del muy dilatado y ardiente culo, el cual le tragó como si de un hambriento coño de puta universitaria se tratara.
Bobby bajó el rostro, todo él traspasado por esa poderosa ola de placer indescriptible que le recorría, que nacía en sus entrañas llenas de güevo y parecía despertar ecos en cada terminación nerviosa. El grueso y nervudo tolete, entrando y saliendo violentamente de su afeitado culo que se abría para él, aceptándolo, le brindaba todo el gozo que debería querer… Pero su suegro le había enviciado, le hizo adicto a los hombres de güevos grandes, a todos los güevos, y mientras se estremece, y cierra y abre su esfínter sobre el tolete del macho que lo cabalga, que lo coge con dureza, no puede dejar de mirar el miembro totalmente erecto de Ned, que babea, deseando probarlo esa tarde también. Ya lo ha penetrado un tío grande y sexy, el hermano de este estaba ahora llevándole a la gloria, y todavía soñaba con otro. Los quiere todos.
Atrapándole las caderas, clavando en la firme carne sus dedos, Stan pareció afincarse y comenzó a mecer su pelvis de derecha a izquierda, lanzándole el tolete de un lado otro dentro del recto, haciéndole gritar otra vez. No han pasado ni dos minutos cuando…
-Vamos, hombre, déjame probar otra vez ese coño. –se queja Grant.- No puedes cogértelo tú sólo para siempre. Quiero ese coño caliente.
-Acabo de empezar. –grazna Stan, metiéndoselo todo y rugiendo entre dientes cuando Bobby se lo ordeña con las entrañas.
-¡Es mi turno!
Al parecer ya Stan había captado, arrodillándose tras el rubio, presionando la cabeza de su tolete junto a la de su hermano, apuntando hacia el agujero ya ocupado. Bobby se tensa y abre mucho la boca, de donde sale un gemido que no es para nada dolor cuando la segunda verga va metiéndose, lentamente, forzándole un poco. Stan aprieta los dientes y empuja, Grant sonríe pesadamente, mirando a ese rubio puto, y detrás a su hermano, cuya enorme y dura verga siente contra la suya, caliente y palpitante. Y se la meten. Bobby cierra los ojos, una sonrisa torva de deleite en sus labios cuando las siente, las dos poderosas barras en su interior. Su culo totalmente lleno de machos, de vergas.
-¡A la mierda! –brama Stan, boca abierta de asombro, sin aliento, su duro tolete palpitando dentro de esas entrañas, pegado al de Grant.- No puedo creer que pueda tomar tanto.
-Es más puta que tus novias. Vamos a darle. –gruñe Grant, moviéndola un poco, rozando esas entrañas y el tolete de su hermano.
Y Bobby grita en éxtasis, totalmente lleno por esos sementales que bombean sus impresionantes miembros dentro de su culo abierto. Uno iba, el otro venía, todos golpeándole bien adentro, rozando las paredes de su recto. Stan se pega a su espalda, con una mano le cubre la frente y hala hacia atrás, con la otra recorre su torso, pellizcando sus tetillas erectas en medio de los abultados pectorales. Grant le atrapa la cintura, clavando sus dedos en él, y ambos intensifican sus metidas y salidas, sus cilíndrico toletes van y vienen sin detenerse, provocándole estremecimientos y gemidos a Bobby, quien casi parece desfallecidos entre los dos impresionantes hermanos que estaban serruchando su culo con fuerza. El joven y rubio culturista era la viva imagen de la putez, echando el torso hacia atrás, babeando un poco, uno de sus pezones apretado duro, las uñas marcando su cintura, los dos güevos entrando y saliendo ahora al unísono, los dos sementales empujando a un tiempo.
Desde donde está sentado, masturbándose, el entrenador ve al musculoso y rubio chico entre los dos poderosos hermanos, que bombean los enormes güevos dentro de su apretado culo, haciéndole gemir y estremecerse, casi chillando como una putita real, totalmente enviciado por los hombres. Son tíos grandes, poderosos, y gozan del sexo duro, rudo y caliente. La vista de los dos toletes casi saliendo para volver a enterrarse en el agujero, era una locura. Los dos hermanos tienen muecas victoriosas de guerreros en sus labios mientras empalan una y otra vez al joven entre ellos, sus vergas rozándose sin cesar.
-¿Eres una puta, Bobby? –oye a lo lejos a Ned, mientras comienza a llevar su culo de adelante atrás.
-¡Oh, Dios, sí! ¡Soy una puta! –chilla el muchacho, los dos güevos clavándosele en ese instante cuando se reconoce en toda su verdad. Es una puta.
Continuará... 39
